eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

Una chica tiene una maldición: quien la mira a los ojos muere y, en su soledad, ira descubriendo misterios de su verdadera identidad.


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Espuma de mar

Rodeado por hermosas montañas que no tocaban nunca el cielo, y por un rio cristalino tan helado como antiguo mausoleo, podias ver el castillo negro que soberbio se levantaba a la periferia del antiguo Londres.

No era su amargura, ni su extraño color, lo que hacia que lentamente retrocedieras al verlo, sino la chica vestida de oscuros tules cual suspiro de noche que, posada sobre un enorme ventanal, la luna contemplaba.

Mas de un curioso, la salvaje naturaleza habia atravesado para contemplar su belleza, siempre la veian de la misma forma: vestida de negro, tocando con sus dedos el ventanal y mirando con triste semblante la luna que frente a ella se levantaba.

La historia de Lucinda habia pasado por la boca y oidos de todos los crueles ciudadanos de la aldea, y nunca faltaba aquel que por maldad modificaba su historia.

Lo cierto es que la chica habia nacido entre lujos y ambiciones, en el oscuro castillo que su padre habia construido y que llevaba el mismo nombre que ella.

Desde el dia de su nacimiento claro estaba que la chica tenia algo diferente, especial. Pero no fue hasta que lucia cumplio cinco anos que esto se hizo evidente.

En el regazo de su padre se encontraba la pequeña, jugando como de costumbre cuando en un delicado gesto, tomo la niña el rostro de su padre y lo miro fijamente.

Tal era la belleza de la mirada de la niña: oscura como la noche, profundo como lo eterno, fija como el infinito e hiriente como el mas funesto infierno, que el hombre comenzó a derramar inconsolables lagrimas, mientras la niña no cesaba la penetrante mirada.

Era tan hermosa que simplemente lo mato.

Se ahogo entre sollozos , pronto entre gritos.

El corazón le ardía y sentía como un funesto fuego helado le recorría el cuerpo, hasta desvanecerse.

Los sirvientes, insólitos, levantaron a la confundida niña, y nunca mas se hablo de lo sucedido.

La madre de Lucinda murió al poco tiempo de causas naturales. Cada vez mas evidente se hacia la densa soledad que envolvía a la joven, hasta que al cumplir los 18 años, la soledad y el silencio fueron sus únicos aliados en un enorme mausoleo que se camuflaba en la noche.

Había intentado en repetidas ocasiones negar su naturaleza, dejándose llevar por los incontables muchachos que se le pretendían ante su inmortal y mortal belleza.

Pero siempre era lo mismo, a la hora de un mínimo acercamiento, los ojos de la chica reflejaban lo mas bello de las nobles tristezas, haciendo romper el corazón mas fuerte y provocar desconsoladles lagrimas que ahogaban y desvanecían aun al corazón mas valeroso.

Tal era la pena de la chica que, en ocasiones, acompañaba los gritos de sus victimas con los propios. Y, entre lagrimas, veía disolverse otro fallido intento de lo que pudo haber sido una bella historia.

Luego de poder afrontar su extraña naturaleza, solitaria paseaba por las calles de Londres, con el estricto deber que se había inculcado de no hablar con nadie, ni mirar a nadie.

Unos grandes y oscuros lentes le cubrían los hermosos ojos, pero estos no hacían que dejara de ver los semblantes de ira y asombro que maquillaban los rostros de los incomprensibles ciudadanos.

Tal fue el miedo y rechazo hacia su ser que, que presa parecía quedarse en el enorme castillo, donde su único contacto con el exterior era un inmenso ventanal al que cada noche se dirigía para contemplar a una luna tan distante y bella como en efecto, ella lo era.

Curiosos se dirigían al ventanal cada noche, para contemplarla, pero la chica se limitaba solamente a mirar la luna.

Fue una noche donde el viento parecía danzar con sus sentimientos, cuando decidió la joven salir de su tan amarga prisión aunque sea por una noche.

Corrió hacia la orilla de las cristalinas aguas que rodeaban el castillo y comenzó a adentrarse en sus profundidades sobre una vieja canoa. Cuando estuvo en medio de lo infinito y lo suficientemente alejado de todo, se quito los oscuros lentes que cubrían su alma y contemplo su reflejo en las calmadas aguas que hacían de espejo al cielo.

Se quedo allí un rato tendida, contemplando su reflejo y borrándolo de a momentos con la punta de sus dedos, jugando con el agua fría. Ya cuando entre sueños se iba envolviendo, un delicado movimiento que inclino un poco la canoa hacia el lado contrario la hizo despertar.

Lanzo un grito y se hizo para atrás bruscamente, cosa que casi hizo que cayera al ocenao mas calmo que nunca. Pero su semblante de pánico se convirtió rápidamente en admiración al contemplar a la hermosa y por ende extraña criatura que en el otro extremo de la canoa, sentado, la observaba desde hacia rato.

Un ángel de blancas cedas había descendido desde su trono al contemplar el reflejo de la chica en el agua que daba al cielo.

De largos y castaños cabellos era, y de unos ojos cuya esencia parecía provenir del mismo océano que los rodeaba.

El aire se colmo de un silencio que dejaba al descubierto el delicado sonido distante de las olas en la orilla.

Entre ambos seres que fijamente se miraban, parecía haber una guerra entre la luz y la oscuridad, ambas vestidas de infinita belleza.

Pero al fin se percato la joven de la extraña situación y con un veloz movimiento se coloco los lentes sobre sus ojos, pues no soportaría corromper tal perfección.

Pero, en un gesto delicado, sintió Lucinda las frías y tersas manos del ángel sobre las suyas, que hicieron detener dicho movimiento. En silencio siguieron contemplándose.

La miseria, el engaño, el dolor, y lo evidente de un mundo imperfecto parecieron apaciguarse en ese breve momento.

Al percatarse de que su maldición le era inmune a la bella criatura, se lanzo la joven a sus brazos, para sentir por un momento la calidez de un mundo sin sentido.

Pero esto no pudo ser. El ángel con un veloz movimiento extendió sus blancas alas emplumadas y quedó suspendido en el aire, adyacente a la canoa.

Lucinda quedo tendida en el asiento donde hacía un rato el ángel reposaba.

Se levanto pesadamente mientras la criatura de blanco volvía a sentarse ahora, en el otro extremo de a canoa.

Al contemplar el desconsuelo en el semblante de la joven, repuso el ángel:

- Mi bella Lucinda, de angelical o infernal semblante, tu belleza me ha deslumbrado y baje de mi alto trono, cosa que no se me es permitido, tan solo para percatarme de que espejismo no era lo que en el agua se reflejaba. Presa de una maldición eres. A tu nacimiento tu belleza deslumbro a toda criatura del cielo y del infierno. Pero atrajiste la envidia de un demonio que habita en las profundidades de la ciudad de fuego y era considerada como el ser mas bello en apariencia. Por este motivo, te condeno a tal belleza que mataría a cualquier mortal y de esta forma jamás podrías enamorarte. Es por eso que tus ojos son inmunes en mi, pero si me tocas, me desvaneceré con la misma rapidez que el suspiro de un poeta.

Los astros parecían brillar mas que nunca, iluminaban el bello rostro de la chica, como pretendiendo acentuar su asombro ante las palabras del ángel . El viento parecía danzar con la larga cabellera de ambos seres.

La chica con semblante iluminado contesto:

- Ni la mas mortal maldición será tan terrible si puedo deslumbrarte, oh bello ser, aunque sea una noche. He vivido inmersa en un mundo incomprendido, te lo ruego, las noches bastaran con tan solo contemplarte y disfrutar tu compañía

- que las noches nos sirvan de sabanas - contesto el ángel - la luna de testigo y el mar de mensajero, pues da por echo, mi adorado Lucinda, de que ni una noche mas pasaras en soledad. Rema, cuando el sol se oculte hasta aquí, que yo a pesar de lo establecido, bajare del cielo para darte un beso imaginario. Y, en las noches de tormenta, cuando tu humilde embarcación no pueda llegar hasta este punto en el infinito y, abrazado por altas mareas te encuentres... dejaré caer una lagrima en honor a tu ausencia que, como blanca espuma de mar, acariciara tus bellos pies en la orilla.

Y es así, como la luna es testigo de como en noches de tormenta, el bello ángel derrama una lagrima por la ausencia de su amada, y le dedica su amor en la orilla... en forma de espuma de mar.

21 de Enero de 2021 a las 01:52 0 Reporte Insertar Seguir historia
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