outofgalaxy Moon Rise

Una desgracia que la marcó de por vida. Un pasado que quería olvidar pero no podía. El amarillo estaba presente en su mente, grabado a fuego en su retina. La perseguía a donde quiera que fuera haciéndola infeliz. ¿Podrá superarlo? Omegaverse Esta novela contiene lenguaje explícito y escenas subidas de tono. Contiene escenas fuertes no aptas para menores. Esta historia es 100% mía. Cualquier copia u adaptación requerirá de mi consentimiento. Es un fanfic, los personajes que aparecen no guardan ningún tipo de relación con la realidad.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

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5 años antes


Sentía como el ardor en mi pecho se expandía por todo mi tronco, impidiéndome coger una profunda respiración que me permitiera continuar a la misma velocidad que hace unos cuantos metros. Mis piernas dolían, y los pinchazos en mis muslos no habían tardado en presentarse, provocando la necesidad inminente de parar en seco mi carrera. Apoyé mis magulladas manos en mis muslos, observando la sangre que salía de estas a causa de los raspones que me había hecho cuando caí precipitada por aquel barranco del bosque, que por la oscuridad de la noche no había visto. Mis sentidos se encontraban nublados, estaba desorientada y bastante asustada.


Hace un par de días fue la tan esperada ceremonia de presentación. Con 16 años recién cumplidos me habían nombrado omega, y con ello habían empezado todos mis problemas. Habían llegado varios alfas de la manada vecina, aliada a la nuestra, dispuestos a firmar un acuerdo entre manadas en el que se permitiera intercambiar omegas entre ambas. La ceremonia de presentación les sirvió a ellos como excusa para estrenar su reciente acuerdo.


Y aquí me encontraba yo. Huyendo despavorida de uno de los alfas de la manada vecina. Huyendo de lo que probablemente sea mi sentencia de muerte.


— No puedes huir de mí pequeña lobita— corrí a esconderme detrás de la maleza. Mi pequeño cuerpo de adolescente me permitía quedar completamente cubierta por los matorrales que se extendían en la amplitud de aquel claro al que había llegado. — ¿Quieres jugar?— su risa socarrona provocó que escalofríos recorrieran toda mi columna vertebral. Mi loba se encontraba hecha una bolita temblando de todo el miedo que tenía.

Mis ojos se ubicaron en un pequeño hueco entre la maleza, y fui testigo de como aquel gran alfa se paraba en medio del claro. Una sonrisa cruzó por su rostro cuando su cabeza giró inesperadamente hacia los arbustos en donde estaba escondida. Transcurrieron apenas unos segundos antes de que pudiera ser consciente de su agarre. Sentí como me lanzó por los aires, y después el impacto del tronco de un árbol en mi columna. Caí al suelo, retozándome en el inmenso dolor que se había iniciado en mi espalda. Una queja salió de mis labios junto a las lágrimas que había intentado desesperadamente evitar que cayeran.


— Me encanta que me lo pongas díficil lobita— su mano agarró mi pelo obligándome a mirarlo a la cara. Sus ojos dorados delataban la diversión que le ocasionaba el momento. — Creo que tu dulce olor te ha delatado— me volvió a lanzar por los aires llevándome hasta el centro del claro dónde nos encontrábamos. Mis lágrimas no dejaban de bajar por mis mejillas. Mi loba había comenzado a llorar de impotencia, se veía sometida y no podía hacer nada por defenderse sin resultar peor de lo que ya nos encontrábamos. — ¿Sabes algo?—su voz rasposa hizo que levantara mi nublada vista, viendo a duras penas como sus botas negras se aproximaban a grandes zancadas hacia mí. — Me lo voy a pasar extremadamente bien contigo, lobita.


Con una mano me giró haciendo que quedara boca arriba, colocándose él encima mío mientras olisqueaba mi cuello. Comenzó a repartir besos por este, provocando que me retorciera debajo suya con intención de que me soltara. Con mis manos intenté separar su pecho de mí, pero él era más fuerte que yo, demasiado, y el miedo que me nublaba no me dejaba pensar con más claridad alguna forma para escapar de sus garras. Agarró mis manos en un rápido movimiento, colocándolas encima de mi cabeza, impidiéndome cualquier intento por empujarle lejos de mí. Con su mano libre me arrancó mi ajada camiseta, quedando solo en un sujetador negro.


— Por favor...— gimoteé. — Déjame en paz...suéltame.


— Cállate— un golpe en mi mejilla izquierda hizo que girara la cara de sopetón. Su mano libre giró mi cara, sacándome un gemido de dolor por la presión, y me obligó a mirarle a los ojos, unos ojos amarillos llenos de lujuría y determinación. — Haré que me recuerdes toda tú vida lobita.

Y tenía razón. Lo recordé por el resto de mi vida.

26 de Enero de 2021 a las 23:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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