v_m_jimenez V. M.

Jarom, un joven convertido en duende como castigo de un hada. Exiliado del mundo de los duendes, atado al bosque por un tesoro que debe entregar para poder librarse del castigo, sin poder ser visto por los humanos que no creen en los duendes y sin poder morir. Condenado a la soledad y sin entender la razón por la cual asesina a todo aquel que toque su tesoro. Una joven llamada Rachel, con una vida complicada, descubre al duende y él está obligado a cumplirle un deseo. Pero, ¿realmente quién es Rachel? ¿Qué secretos descubrirán?


Fantasía Fantasía urbana Todo público.

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El encuentro


Estaba descansando como siempre al pie de un árbol del bosque que se estremece ligeramente por el viento frío de la época. Cuando mi padre y los jornaleros toman la siesta después del almuerzo, aprovecho y me adentro en el bosque para buscar nuevos lugares en los que pueda sentarme e imaginar miles de historias fantásticas. Es lo más relajante que puedo hacer, ya que en mi vida todo es trabajo y más trabajo.

Siempre he creído en las hadas y en creaturas fantásticas que habitan en los bosques. Muchas veces he escuchado historias en el pueblo sobre personas que han visto seres hermosos o extraños en estos bosques; es algo que yo siempre he querido experimentar, pero por más que me adentro en el bosque y paso un largo tiempo sentado o acostado al pie de un árbol, no he corrido con la suerte de ver algo que no fueran animales silvestres moviéndose de un lado a otro.

No importa lo mucho que tarde, creo fielmente que un día correré con la suerte de ver algo maravilloso en este bosque y ese día mi padre quizás crea también en lo que dicen aquellas personas en el pueblo porque hasta la fecha solo recibo sus regaños e insultos por andar en el bosque "perdiendo el tiempo", como dice él.

Un ruido extraño me hace renunciar a la agradable siesta; abro mis ojos alarmado. Quizás hoy será el gran día que había esperado. Me pongo mis botas lentamente para no hacer ruido y espantar a lo que sea que está produciendo el ruido. Me coloco de pie y aferrado al tronco del árbol asomo mi cabeza por un lado en dirección de donde proviene el sonido.

Unos arbustos se mueven y mis ojos están esperando con ansias ver al hada que produce todo el alboroto. Mis manos tiemblan y la emoción recorre mi cuerpo erizando mi piel. Cuando por fin creo que veré algo impresionante, dos ardillas salen del arbusto peleando entre ellas.

—Rayos —mascullé, decepcionado por aquello.

Otro día en el cual me lleno de emoción porque pienso que mi suerte ha llegado pero como siempre algún animal es el creador del alboroto. Mi padre tiene razón, estoy perdiendo el tiempo buscando seres imaginarios que jamás aparecerán.

Me pongo en marcha de vuelta a mis labores cotidianas, maldiciendo en mi mente el tiempo que pierdo en el bosque todos los días.

Cuando voy a mitad de camino escucho un grito a pocos metros de donde me encuentro. De seguro es algún animal y no iré en esa dirección, tal vez es un oso con su almuerzo o en su búsqueda y no quiero ser parte de su comida.

Mis pasos continúan por aquel camino entre los arbustos, ramas rotas y hojas secas. Se puede escuchar el crujir de las ramas y las hojas en cada paso que doy a pesar de mi suave desplazamiento.

Vuelvo a escuchar el grito pero esta vez es mas audible y me doy cuenta de que no se trata de un animal. Es un grito humano.

Un grito de una mujer en apuros.

Me dirijo rápidamente hacia donde proviene aquel grito. Estoy actuando por inercia porque en otras circunstancias lo más lógico es que me alejara del problema, que aun no sé cuál es, pero estos gritos son de los que no se puede ignorar, esos que sacan a la luz el coraje que llevamos por dentro.

Me desplazo velozmente pero a la vez evitando hacer tanto ruido para no prevenir a lo que sea que esté atacando a la mujer. Saco una pequeña espada de acero (de aproximadamente veinte centímetros), de la funda que cuelga en mi cinturón y lo sostengo en mi mano derecha.

Vuelvo a escuchar otros gritos a medida que me adentro más en el bosque, como indicio de que estoy muy cerca.

Me quedo congelado por el panorama que tengo a pocos metros. En un arroyo están cuatro creaturas de mediana estatura, piel arrugada y magullada por el paso del tiempo; con orejas puntiagudas y una risa chillona y macabra. Sostienen una red en donde está atrapada una mujer que intenta desesperadamente escapar. Las bestias dejan caer la red al agua por un tiempo y luego la suben; es como si se divirtieran a causa del sufrimiento de esa mujer.

Aprieto mi pequeña espada con fuerza y siento como mi mandíbula se tensa y mis pupilas se dilatan a causa del miedo y la rabia que tengo por dentro. Tomando todo el coraje que me produjo la desagradable escena, corro hacia las horribles bestias.

—¡Déjenla en paz, miserables bichos! —escupí aquellas palabras y luego aprieto mis dientes.

Las creaturas voltean somprendidos y con una risa malévola dos de ellos vienen a por mí. No retrocedo a causa de la escena, sino que me lanzo en contra del primero sosteniendo osadamente la espada.

Intento imaginar mi pelea con un oso salvaje el verano pasado, esto debe ser igual, no tengo que temer a las extrañas y repugnantes figuras que vienen en mi contra.

El primero intenta clavar sus afiladas garras en mi costado pero lo esquivo a toda velocidad. Consigo hacer un corte profundo en el hombro de este y me preparo para dar el segundo golpe pero el bicho se aleja lanzando al cielo un chillido ensordecedor. Por su herida un líquido negro repulsivo comienza a salir haciendo que la bestia se revuelque como si por dentro de su desagradable cuerpo corriera fuego quemando sus entrañas.

Aprovecho la distracción y me voy en contra del segundo, el cual se mueve a toda velocidad esquivando la espada. Sus filosas garras pasan por mi antebrazo y ocasiona que aulle de dolor.

Aún sangrando por la herida, me enfrento a este con toda la rabia y el dolor que me produjo su ataque. Mi espada solo logra hacer un corte entre su ceja y parte de su mejilla. Al igual que el primero, la pequeña herida emana el líquido negro que hace que produzca chillidos horrendos y con sus manos sostiene con pánico su rostro. Sin entender mucho aprovecho la situación y con un segundo ataque clavo la espada en su pecho…, sobre su corazón.

Su aullido espanta a todos los pájaros que se hallaban en los árboles, quienes con prontitud se retiran de los alrededores. La bestia cae al suelo como el primero y de pronto su asqueroso cuerpo se convierte en ceniza.

Los otros dos que sostienen la red la dejan caer y se marchan del lugar llenos de espanto. Corro al arroyo para rescatar la red en donde está la mujer. La saco con brusquedad por la celeridad con la que necesitaba hacerlo antes de que se ahogue.

Coloco a la mujer en la orilla y quito la red que la atrapaba con ayuda de mi espada. Ella al parecer se ha desmayado o tal vez se ahogó. Arrodillado a su lado agacho mi cabeza hasta que mi oído queda encima de su nariz. Siento su respiración, a pesar de que es muy suave me indica que está viva.

Muevo mis manos hacia sus hombros y estremeciéndola la observo hasta que sus ojos se abren y desesperada me aparta de ella.

Mis pupilas se dilataron en extremo y mi boca forma una gran "O" cuando la mujer en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en una pequeña figura de aproximadamente quince centímetros e impulsada por unas alas brillantes se desplaza alejándose de mí.

—¡Es un hada! —Grito, asombrado por este acontecimiento que tanto había esperado.

Es un hada y ahora se está adentrando en el bosque y pronto la perderé de vista para siempre.

Al ponerme de pie corro en la dirección que ella ha tomado y pese al dolor que se esparce por todo mi brazo no me detengo para revisar la gravedad de la herida que aquel bicho extraño me ha causado. Corro como si no hubiese un mañana; no puedo dejar que esa hermosa creatura que he rescatado se escape, quiero saber algunas cosas y solo ella me puede ayudar. Observo el destello que ella va dejando a su paso y cuando pienso que ya estoy cerca, una terrible punzada en mi pecho me hace caer entre las hojas y ramas que yacen en el suelo.

Mi respiración se acelera en gran manera y el dolor que comenzó en mi brazo ahora se desplaza por todo mi abdomen haciendo que mi corazón golpee mi pecho aceleradamente.

Observo mi brazo que se va obscureciendo, igual que una hoja cuando se marchita.

Este es mi fin, lo puedo sentir.

Mis párpados se hacen pesados y sin más mis ojos se cierran dejándome sumido en una profunda y peligrosa obscuridad en medio del bosque, mientras un ardor insoportable se desplaza por cada centímetro de mi cuerpo.

Poco a poco voy abriendo mis ojos; la luz que traspasa los grandes árboles choca contra mis ojos y me hace cerrarlos nuevamente. El ardor que antes corría por mi cuerpo ahora se concentra en la herida de mi brazo y como cosa extraña también está desapareciendo.

Una especie de polvo se introduce en mis fosas nasales causando que de un estornudo logre despertar completamente.

No logro creer lo que mis ojos están presenciando: la pequeña hada está cerca de mi brazo herido rociando una especie de polvo blanco y dorado. De pronto, otro estornudo se hace presente y otro y otro. Mis ojos se cristalizaron y mi abdomen se contrajo por causa de los muchos estornudos.

—Parece que te dio alergia el polvo de hadas —musitó, elevando una de sus diminutas cejas—. Ya casi está —se refiere a la herida que ahora se está cicatrizando—, solo resiste unos minutos.

Estoy atónito, necesito que alguien me pellizque porque en serio creo que estoy soñando. Quizás mi obsesión por las hadas me está jugando una mala pasada.

—¿Eres real? —Pregunto, buscando una respuesta concreta que disipe mis dudas.

Ella me mira con cierto recelo, como si no cree lo que le estoy preguntando.

—Sí, soy un hada de los bosques —declara, con aires de superioridad.

—¡Esto es grandioso! —Exclamé de emoción—. No sabes lo mucho que ansiaba este momento. Tantos años viniendo al bosque y por fin… Por fin conozco un hada.

—Lo sé, llevo años esquivándote —bufó frunciendo el ceño—, si no fuera por ti, esos miserables duendes no me hubiesen atrapado. Tengo que entrar al bosque en mi forma humana por si acaso me veías no te alarmaras y me siguieras—. Me señaló y apretó sus labios haciendo una línea —Tú…, tú eres el culpable de muchas de mis penurias.

Estoy tan confundido, ¿cómo se supone que yo sea el culpable? Acabo de salvarle la vida y tiene el descaro de culparme. Ya entiendo por qué he escuchado que las hadas tienen un genio del demonio.

—¿De qué hablas? Acabo de salvar tu vida—. Le muestro mi herida con cierto drama—. Y casi muero en el intento.

—Y yo acabo de salvarte de una dolorosa muerte. Las garras de un duende envenenan tu cuerpo, ¿acaso no sabes eso? —Preguntó haciendo un mohín.

—No, yo no sé mucho de esos horribles duendes. Mi obsesión siempre han sido las hadas —refuté—. Siempre he sabido que esos bichos existen pero no me interesaba tanto conocerlos… Solo quería conocer un hada —confieso, encogiéndome de hombros.

Ella me mira con cierta lástima. De pronto su diminuto cuerpo se transforma en el de aquella mujer que estuvo a punto de morir a manos de unos duendes.

—Y acabas de conocer a una en sus dos formas —comentó soltando un suspiro. Se sienta a mi lado—. Gracias por salvarme.

La miro a los ojos, mostrando confusión. Hace un momento parecía estar enojada conmigo y ahora se ve inofensiva. Es extraño, pero en su forma humana parece más inofensiva que en el diminuto cuerpo.

Me quedo en silencio admirando todo de ella, no por morbo, sino porque quería conservar el recuerdo de algo que añoro. Su piel blanca se ve tan perfecta; mi piel es blanca pero al lado de ella luce opaca. Su larga cabellera negra adorna muy bien su cabeza, como un manto oscuro cubriendo una bola de nieve.

Voltea para verme y sus ojos verdes brillantes se encuentran con los míos y levanta sus cejas.

—¿Ya terminaste de admirarme? ¿O necesitas ver más? —Se pone de pie y cruza sus brazos.

Me levanto sacudiendo las hojas que se quedaron pegadas a mi pantalón y me pongo delante de ella.

—Lo siento, —mojo mis labios—. No quise incomodarte, es solo— vacilo antes de continuar—… Es la primera vez que veo un hada y quiero recordarte para poder dar una descripción detallada de ti.

Después de escuchar lo último, toma una bocanada de aire y me mira con reproche.

—Todos los humanos son iguales. Siempre quieren ser especiales a costa de otros. Por culpa de eso ya casi no nos mostramos a ustedes, porque en seguida van y les cuentan a otros y vienen a infestar nuestro bosque en la búsqueda de aquella hada—. Me mira con el entrecejo fruncido—. ¿Sabes lo horrible que es que muchos humanos te estén asechando y no poder salir libremente por el bosque? Ya me veo anunciando que no podremos salir porque un humano me vio y ahora avisará a otros.

Demonios, no sabía lo mal que era para las hadas que nosotros las buscáramos. Ahora entiendo el porqué no había tenido la oportunidad de ver a una. Ellas se esconden de nosotros.

—No sabía que era tan malo querer verlas—. Hago un gesto de tristeza.

—El problema no es que nos vean; es su ambición de querer tener a un hada para que sea su sirviente o cambie su repulsivo estado de miseria.

Para nadie es un secreto que las hadas son hermosas, poderosas y poseen una gran fortuna que pueden compartir con el hombre que ellas elijan para formar una familia. Muchos hombres ansían ser escogidos en algún momento por una hermosa hada, pero en mi caso, solo deseaba tener la oportunidad de conocer una como lo estoy haciendo en este momento.

Este pequeño acontecimiento es grande para mí, porque en toda mi vida nunca hubo un antecedente tan maravilloso y peculiar, y sé que ahora todo será diferente para mí; este será un recuerdo que voy atesorar en mi corazón para siempre.

—Entiendo eso, pero quiero que sepas que mi intención no es esa, yo…, yo solo quería conocer a un hada y gracias a ti lo he conseguido —le brindo una cálida sonrisa.

—Eres un joven afortunado, joven Bradley —sonríe sin despegar sus labios.

—¿Cómo sabes mi… —no pude terminar de formular la pregunta porque ella me interrumpe.

—Todas las hadas de este bosque conocen al joven que a diario viene al bosque en busca de un hada —su voz delgada y con cierto cantar combina con sus delicados movimientos como si estuviera danzando entre las nubes.

Me quedo impresionado con su respuesta. Las hadas me conocen, saben de mi existencia. Mi corazón rebosa de tanta alegría y lo más probable es que mis mejillas estén coloradas de tanta emoción.

—Mi padre y amigos no van a creerme cuando les cuente.

Ella me mira con el entrecejo fruncido y aprieta sus labios. Al parecer lo que acabo de decir no fue de su agrado.

—Claro, ve y cuéntale a todos…, ya estamos acostumbradas a las estúpidas búsquedas de cientos de hombres en el bosque —declaró con sarcasmo—, tendremos que resguardarnos como siempre o quizás desaparecer de este lugar.

—Oh no, no quiero que hagan eso. Solo quiero que mi padre sepa que todos estos años no fueron en vano y que por fin pude no solo conocer a un hada, sino que también pude ver duendes —aclaro.

—¿Por qué siempre deben dar a conocer las cosas que les pasan? ¿Por qué no pueden atesorar algo para ustedes mismos?

Sus preguntas me llevan a la reflexión por un momento.

—Es cierto, siempre queremos que los demás sepan de nuestra gran fortuna—. La observo mientras ella toca los pétalos de una flor—. Solo quería que mi padre supiera que las tontas creencias de su hijo sí son reales y que todo este tiempo en el bosque no fue una pérdida de tiempo como dice él —mi voz se fue desvaneciendo a medida que completaba la oración.

—Te diré algo —se gira para verme a la cara; sus verdes ojos miran directamente los míos como si lo que va a decir se trata de algo muy serio e importante—, si le cuentas a alguien que viste a un hada no podrás verla jamás. Así que piénsalo bien, ¿quieres que otros se enteren o quieres seguir conservando el privilegio de verme? Ahora, debo irme.

En un destello de luz su cuerpo pasa de ser el de una mujer de aproximadamente un metro sesenta y ocho de estatura a uno de quince centímetros. Mis ojos se agrandaron y mi piel se eriza; aun sigo sin creer todo esto y por un momento pienso que se trata de un sueño del cual despertaré pronto.

Antes de verla desaparecer entre los árboles, grito:

—Espera, ¿cuál es tu nombre?

Ella se detiene por un momento y me observa como si se tratara de algo que esperaba.

—Elina —grita con aquella diminuta voz y desaparece prontamente entre los gigantescos árboles.

Me quedo en medio del asombro y el temor: Asombro por lo que mis ojos habían presenciado y temor de despertarme y que nada de esto fuese verdad. Pongo mi mano en el tronco del árbol que está a mi lado para sostenerme. Mi respiración está un poco acelerada.

—Elina —me digo en voz baja y sonrío de inmediato.

Tomo varias bocanadas de aire y me echo a correr hacia donde creo que está mi casa, porque al perseguir a Elina me adentré más de lo normal, pero gracias al caudal que pasa muy cerca puedo saber qué dirección tomar de regreso.

Han pasado tres días desde que conocí a Elina, un hada de los bosques... Y aquel sentimiento que me invadió aun lo conservo inerte en mi interior. Pasé mucho tiempo en el bosque y mi padre se enteró porque cuando regresé con una gran sonrisa de oreja a oreja, él me esperaba con una cara larga, mirada enfurecida y su entrecejo fruncido marcando más las arrugas de su frente.

Su enojo era tan grande que apenas me acerqué a él me dio un golpe en la mejilla, arrancándome aquella sonrisa de la cara. Aunque no pude sonreír más por un día por el dolor que me causaba y para no ganarme otro golpe en la otra mejilla, la felicidad que tenía por dentro seguía fluyendo cual cascada en tiempo de lluvia. La verdad, me merecía aquel golpe; debí suponer que mi padre no iba a estar contento de que lo haya dejado solo con los jornaleros y aun peor, dejarlo solo con mi madre, ella está muy enferma y requiere de mucho cuidado.

Mi madre enfermó hace dos meses, según el médico de Pensilvania, debe ser tratada cuanto antes por un médico en Iowa, que está como a cinco días en un carruaje tirado por dos caballos. Nuestro problema no es llevarla hasta allá, sino que el tratamiento que requiere es poco común y muy costoso y para una familia pobre como nosotros está muy lejos de ser adquirido.

Si tan solo pudiéramos conseguir una buena cosecha esta temporada, podríamos obtener un poco más de la mitad del costo del tratamiento y sin importar venderíamos ciertos inmuebles y nuestros animales para completar el dinero. Mi padre y yo trabajamos muy duro cada día para que la cosecha sea un éxito, pero es tan agotador por solo contar con la ayuda de dos jornaleros cuando en realidad necesitamos como doce. La idea es no contar con tanta mano de obra para no tener que gastar mucho dinero, sin importar lo mucho que tenemos que trabajar.

Para mí, mi madre es lo más importante que tengo y el simple hecho de pensar que muera me tortura el alma y el dolor en mi corazón se hace presente. Y sé, que para mi padre perderla sería un golpe muy duro… Para él mi madre y yo somos lo único que tiene y nos ama con toda su vida. Por eso es normal que me haya golpeado, se supone que debo estar trabajando y a cada hora debo ir a verificar a mi madre y atenderla, pero soy joven, me cuesta mucho el trabajo que estoy haciendo porque nunca había hecho el trabajo de tres personas a la vez y aparte atender en lo que puedo a mi madre y ayudar a preparar nuestras comidas.

Siempre que mi padre va al pueblo por algunas cosas o cuando toma su siesta, es cuando aprovecho de entrar al bosque, es el único tiempo que tengo para descansar y despejar mi mente de todo lo que me aflige día tras día, y bueno…, sin perder las esperanzas de ver a un hada en el rato que paso en el bosque.

Ver a Elina no solo llenó el deseo del niño que llevo dentro sino que aumentó mis esperanzas; no me pasan cosas buenas muy seguido y el hecho de haberla visto es símbolo de buena suerte y por eso estoy feliz. De seguro las cosas van a cambiar para bien y por fin podré vivir como un joven que solo quiere tener una vida normal.

En estos tres días me ha tocado trabajar más duro como castigo por desobedecer las órdenes de mi padre y pese al agotamiento que tengo por fuera no detiene la alegría que está en mi interior, "perder el tiempo en el bosque" como dice mi padre, me permitió ver algo extraordinario. Estoy deseando cada día poder tener la oportunidad de entrar al bosque pero no sería buena idea, además, los jornaleros me espían por órdenes de mi padre.

Hoy el clima no ha sido el mejor y solo deseo que el sol termine de meterse para ir hasta la casa y tirarme sobre mi colcha a descansar. Ya faltan unas semanas para empezar a recolectar las manzanas y estamos seguros de que podremos llevar a mi madre hasta Iowa y que allá la van a curar.

Por fin el sol se metió lo que nos dice que el día de trabajo terminó y ahora podremos descansar.

Camino lentamente a dejar las herramientas en la bodega. Estiro mis brazos y me inclino de un lado a otro para estirar mi espalda que está doliendo a causa de la posición en la que estuve gran parte del día. Mis ojos se cristalizan al dejar escapar un bostezo.

Mi padre me da dos ligeras palmadas en la espalda para felicitarme por la buena labor del día. Me voy directo a mi habitación y enciendo las velas de un candelabro para iluminar mi habitación y poder despojarme de esta ropa; debería darme una ducha pero ya mis piernas no dan para más. Me acuesto en mi colcha mirando el techo, pensando en tonterías y sobre todo recordando a Elina.

Me despierta los gritos de angustia de mi padre quien me llama desde su habitación. Corro a ciegas y tropiezo un par de veces hasta llegar a la habitación de mis padres. Él está de rodillas apretando la mano de mi madre y llorando. Mi temor se hace presente pensando lo peor y mis ojos se llenan de lágrimas instantáneamente.

—¡Está ardiendo en fiebre! —Exclama mirándome en la penumbra de la habitación.

—Debemos traer al médico —musito acercándome a ella.

—Está obscuro, debemos esperar que amanezca para que puedas ir a buscarlo, pero me temo —su voz se quebranta en gran manera y no puede finalizar la oración.

—No lo digas —rogué inmediatamente—. Ella va a estar bien—. Miro lo pálida que está y lo débil que se ve su cuerpo. No puedo evitar llorar—. Tenemos que intentar mantenerla con vida.

Mi padre asiente y continúa cambiando un pedazo de tela mojada que le había colocado en la frente. Yo me encargo de preparar un brebaje para ayudar a bajar la fiebre.

Apenas comienza a amanecer y es suficiente la espera para mí; preparo mi caballo, lo monto y me dirijo al pueblo en busca del médico. Voy con el corazón acelerado y con los nervios de punta. El frío congela mis manos que tiran de las cuerdas que sujetan al caballo y apenas en el alba puedo distinguir el camino debido a la neblina.

Necesito llegar rápido y traer al médico, no puedo permitir que mi madre muera… No puedo.

20 de Enero de 2021 a las 20:12 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Leon G Leon G
Buena narración, desenlace magnífico, personajes bien descritos, ortografía impecable, uso correcto de los guiones. Me ha encantado este primer capítulo. Me gustan mucho las historias que te dejan en suspenso para dejarte con mas ganas de seguir el próximo capítulo. Necesito saber que sucede con la madre. Espero que Elina sea fuerte para lo que se podría avecinar. Gracias por traer tan magnífica historia a Inkspired. Mis felicitaciones.
January 30, 2021, 20:34

  • V. M. V. M.
    Oh, muchas gracias por leer, por dejar un hermoso comentario y la reseña. En serio estoy muy agradecida con usted, espero le guste toda la historia. January 30, 2021, 20:56
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