deargukkie_ A

Taehyung conoce a Jungkook, un aspirante a novelista, el día de su mudanza programada a través del país. Su inesperada atracción los lleva a pasar el último día de Taehyung en Los Ángeles juntos, y su azarosa vida se convierte en la inspiración creativa que Jungkook siempre ha buscado para su novela. Con el transcurso del tiempo y en medio de las diversas relaciones y tribulaciones de sus vidas separadas, continúan encontrándose en la misma fecha cada año. Hasta que un día Tae se encuentra inseguro de sí Jungkook está diciéndole la verdad o inventando una realidad perfecta por el bien del último giro de la trama. *ESTA HISTORIA NO ES MIA* Todos los derechos a su autor.


Fanfiction Juegos Todo público.

#namjin #yoonmin #kooktae #vkook #taekook #kookv
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Capitulo Uno

Soy translúcido, acuático.

A la deriva, sin rumbo fijo.

Ella es un ancla, hundiéndose en mi mar.

Benton James Kessler



------------------------------------PRIMER NUEVE DE NOVIEMBRE----------------------------

Taehyung


Me pregunto qué tipo de sonido haría si estrellara este vaso contra el costado de su cabeza.

Es un vaso de vidrio grueso. Su cabeza es dura. El potencial para un enorme y lindo pum está allí.

Me pregunto si sangraría. Hay servilletas en la mesa, pero no de las buenas que pudieran absorber mucha sangre.

Así que, sí. Estoy un poco sorprendido, pero sucederá —dice.

Su voz hace que mi agarre se tense alrededor del vaso, obligándolo a que se quede en mi mano y de verdad no termine contra el costado de su cráneo.

¿Tae? —Se aclara la garganta e intenta suavizar sus palabras, pero aun así se dirigen hacia mí como cuchillos—. ¿Vas a decir algo?

Apuñalo la parte hueca de un cubo de hielo con mi pajilla, imaginando que es su cabeza.

¿Qué se supone que diga? —murmuro, asemejando un niño malcriado, en vez del adulto de dieciocho años que soy—. ¿Quieres que te felicite?

Mi espalda choca contra el asiento detrás de mí y cruzo los brazos contra mi pecho. Lo miro y me pregunto si el remordimiento que veo en sus ojos es resultado de decepcionarme o si simplemente está actuando de nuevo. Sólo han pasado cinco minutos desde que se sentó, y ya ha convertido su lado de la cabina en su escenario. Y una vez más, me veo obligado a ser su audiencia.

Sus dedos tamborilean los costados de su taza de café mientras me mira silenciosamente por varios segundos.

Tap tap tap. Tap tap tap. Tap tap tap.

Cree que eventualmente cederé y le diré lo que quiere oír, pero no ha estado a mi alrededor lo suficiente en los últimos dos años para saber que ya no soy ese chico.

Cuando me rehúso a darle importancia a su presentación, eventualmente suspira y deja caer los codos sobre la mesa. —Bueno, pensé que estarías feliz por mí.

Sacudo la cabeza rápidamente. —¿Feliz por ti?

No puede estar hablando en serio.

Se encoje de hombros, y una sonrisa presumida toma el control de su ya irritante expresión. —No sabía que lo tenía en mí para ser padre de nuevo.

Una ruidosa explosión de risa incrédula se escapa de mi boca. —Soltar esperma en la vagina de una mujer de veinticuatro años no hace a un padre—digo, con algo de amargura.

Su sonrisa presumida desaparece, se inclina hacia atrás y ladea la cabeza. Ese era su movimiento preferido cuando no estaba seguro de cómo reaccionar frente a las cámaras. —Sólo luce como si estuvieses contemplando algo profundo y será suficiente para casi cualquier emoción. Triste, introspectiva, compungida, compasiva. — No debe recordar que fue mi profesor de actuación la mayor parte de mi vida, y esta mirada fue una de las primeras que me enseñó.

—¿No crees que tengo el derecho de llamarme a mí mismo un padre? — Suena ofendido por mi respuesta—. ¿Qué me hace eso tuyo, entonces?

Trato su pregunta como retórica y apuñalo otro pedazo de hielo. Con mucha habilidad lo deslizo por mi pajilla y luego lo meto en mi boca. Lo muerdo con un ruidoso e indiferente crujido. Seguro no espera que le conteste esa pregunta. No ha sido un “padre” desde la noche en que mi carrera como actor se paralizó cuando tenía sólo dieciséis. Y si soy honesto conmigo mismo, ni siquiera estoy seguro de que haya sido un gran padre antes de esa noche. Éramos más como un profesor de actuación y su estudiante.

Una de sus manos se abre paso por los costosos folículos de cabello implantados que limitan su frente. —¿Por qué haces esto? —Se ha puesto cada segundo más enojado por mi actitud—. ¿Estás molesto por que no fui a tu graduación? Ya te lo dije, tuve un conflicto de horarios.

No —respondo sin emoción—. No te invité a mi graduación

Se echa hacia atrás, mirándome con incredulidad. —¿Por qué no?

Sólo tenía cuatro entradas.

¿Y? —dice—. Soy tu padre. ¿Por qué demonios no me invitarías a tu graduación de secundaria?

No hubieras venido.

No sabes eso —responde.

No viniste.

Rueda los ojos. — Bueno, por supuesto que no lo hice, Tae. No me invitaron.

Suspiro profundamente. —Eres imposible. Ahora entiendo por qué mamá te

dejó.

Su cabeza se sacude ligeramente. —Tu madre me dejó porque me acosté con

su mejor amiga. Mi personalidad no tuvo nada que ver con eso.

Ni siquiera sabía qué responderle a eso. El hombre no tiene absolutamente nada de remordimiento. Lo odio tanto como lo envidio. De alguna manera, desearía ser más como él y menos como mi madre. Él no es consciente de sus tantos defectos, mientras que los míos son el punto focal de mi vida. Mis defectos son lo que me despiertan en la mañana y lo que me mantienen despierta todas las noches.

¿Quién ordenó el salmón? —pregunta el mesero. Sincronización impecable.

Levanto mi mano y él coloca el plato frente a mí. Ya ni siquiera tengo hambre, así que muevo el arroz alrededor con mi tenedor.

Oye, espera un segundo —Miro al mesero, pero su comentario no está dirigido hacia mí. Está mirando fijamente a mi padre—. ¿Es usted…

Oh, Dios. Aquí vamos.

El mesero golpea la mesa con su mano y yo salto. — ¡Lo eres! ¡Eres Kim Jaehyun! ¡Interpretaste a Max Lee!

Mi padre se encoge con modestia, pero sé que no hay nada modesto en este hombre. Aunque no haya interpretado el papel de Max Lee desde que el show salió del aire hace diez años, aún actúa como si fuese lo más grande de la televisión. Y la gente que lo reconoce es la razón por la que aún responde de esta manera. Actúan como si nunca antes hubiesen visto un actor en la vida real. ¡Esto es Los Ángeles, por Dios! ¡Todos aquí son actores!

Mi humor por apuñalar continúa mientras maltrato mi salmón con el tenedor, pero luego el mesero me interrumpe para preguntar si les tomaría una foto.

Suspiro.

Me deslizo del asiento a regañadientes. Él intenta darme su teléfono para la foto, pero levanto mi mano en protesta y comienzo a caminar pasando junto a él.

Tengo que usar el baño— murmuro, alejándome de la mesa—. Sólo tómate una selfie con él. Adora las selfies.

Corro hacia el baño para encontrar un momento de respiro de mi padre. No sé por qué le pedí que se reuniera conmigo hoy. Podría ser porque me mudaré y no lo veré por Dios sabe cuánto tiempo, pero esa ni siquiera es excusa suficiente para obligarme a mí mismo a pasar por esto.

Abro la puerta de la primera casilla. La cierro con seguro detrás de mí y saco un papel protector de asientos del dispensador y lo coloco sobre el asiento del inodoro.

Una vez leí un estudio sobre las bacterias en los baños públicos. El estudio en la primera casilla de todos los baños demostró ser el que tenía la menor cantidad de bacterias. La gente asume que la primera casilla es la que más se utiliza, así que la mayoría va a otra. Yo no. Es la única que uso. No siempre le he tenido fobia a los gérmenes, pero pasar dos meses en el hospital cuando tenía dieciséis años me dejó un poco obsesivo-compulsivo cuando se trata de higiene.

Termino de usar el baño y me tomo al menos todo un minuto en lavarme las manos. Las miro fijamente en todo momento, rehusándome a mirar hacia el espejo. Evitar mi reflejo se vuelve más fácil cada día, pero aún logro verme brevemente mientras estiro la mano por una toalla de papel. No importa cuántas veces me he visto en el espejo, aún no logro acostumbrarme a lo que veo.

Levanto mi mano izquierda y toco las cicatrices que van a lo largo del costado izquierdo de mi rostro, sobre mi mandíbula y bajando por mi cuello. Desaparecen debajo del cuello de mi camisa, pero bajo mi ropa, las cicatrices recorren toda el área izquierda de mi torso, deteniéndose justo debajo de mi cintura. Recorro con mis dedos las áreas de piel que ahora parecen cuero arrugado. Cicatrices que me recuerdan constantemente que el fuego es real y no sólo una pesadilla de la que puedo obligarme a mí mismo a despertar con un pellizco en el brazo.

Estuve vendado por meses después del incendio, sin poder tocar la mayor parte de mi cuerpo. Ahora que las quemaduras ya se curaron y sólo tengo cicatrices, me encuentro a mí mismo tocándolas obsesivamente.

Las cicatrices se sienten como terciopelo estirado, y sería normal que estuviese tan repugnado de cómo se sienten como lo estoy de cómo se ven. Pero en vez de eso, en realidad me gusta cómo se sienten. Siempre estoy subiendo y bajando mis dedos ausentemente por mi cuello o brazo, leyendo el Braille1 en mi piel, hasta que me doy cuenta de lo que estoy haciendo y me detengo.

No debería gustarme ningún aspecto de la cosa que me arrancó la vida debajo de mis pies, incluso si es simplemente la forma en cómo se siente debajo de las yemas de mis dedos.

La forma en que luce es otra cosa. Es como si cada uno de mis defectos estuvieran resaltados en color rosado, puestos en exhibición para que todo el mundo los vea. Sin importar cuánto intente esconderlas, están ahí. Siempre estarán ahí. Como un recuerdo permanente de la noche que destruyó las mejores partes de mí.

No soy de los que se fijan mucho en las fechas o los aniversarios, pero cuando me levanté esta mañana, la fecha de hoy fue el primer pensamiento que vino a mi mente. Probablemente porque fue el último pensamiento que tuve antes de quedarme dormido anoche. Han pasado dos años desde el día en que la casa de mi padre fue envuelta en el fuego que casi reclama mi vida. Quizá esa sea la razón por la que quería ver a mi padre hoy. Quizá esperaba que lo recordara, que dijera algo para reconfortarme. Sé que se ha disculpado lo suficiente, pero ¿cuánto puedo perdonarlo de verdad por olvidarse de mí?

En promedio, sólo me quedaba en su casa una vez a la semana. Pero le había escrito esa mañana para hacerle saber que me quedaría esa noche. Así que uno pensaría que cuando mi padre accidentalmente prendió su propia casa en fuego, vendría a rescatarme de mi sueño.

Pero no solamente eso no sucedió, se le olvidó que estaba allí. Nadie sabía que había alguien en la casa hasta que me escucharon gritar desde el segundo piso. Sé que se siente muy culpable por eso. Durante semanas se disculpó cada vez que me veía, pero las disculpas se volvieron tan escasas como sus visitas y llamadas. Aún siento mucho resentimiento, aunque desearía no hacerlo. El incendio fue un accidente. Sobreviví. Esas son las dos cosas en las que intento enfocarme, pero es difícil cuando pienso en eso cada vez que me veo a mí mismo. Pienso en eso cada vez que alguien más me ve.

La puerta del baño se abre, y un hombre entra, me mira y luego rápidamente retira la mirada mientras se dirige hacia la última casilla. Debió haber elegido la primera, señor.

Me veo una vez más en el espejo. Solía usar mi cabello corto, pero ha crecido mucho en el último par de años. Y no sin razón alguna. Paso mis dedos entre los largos y oscuros mechones de cabello que he entrenado para que cubran la mayor parte del lado izquierdo de mi rostro. Halo la manga de mi brazo izquierdo hasta mi muñeca y luego levanto el cuello para que cubra la mayor parte de él. Las cicatrices son apenas visibles de esta manera, y en realidad puedo tolerar verme a mí mismo en el espejo.

Solía pensar que era guapo. Pero ahora el pelo y la ropa no cubren lo suficiente.

Escucho la cadena del inodoro, así que rápidamente me giro y me dirijo a la puerta antes que el hombre pueda salir de la casilla. Hago lo que puedo por evitar a las personas la mayoría del tiempo, y no porque me dé miedo de que miren fijamente mis cicatrices. Los evito porque no las miran. El segundo en que la gente me nota, retiran la mirada igual de rápido, porque tienen miedo de parecer groseros o que juzgan. Sólo por una vez, sería genial que alguien me mirara a los ojos y mantuviese mi mirada. Ha pasado tanto tiempo desde que ha sucedido eso. Odio admitir que extraño la atención que solía obtener, pero lo hago.

Salgo del baño y me dirijo a la mesa, decepcionado de aún ver la parte posterior de la cabeza de mi padre. Estaba esperando que hubiese tenido algún tipo de emergencia y le hayan pedido que se fuera mientras estaba en el baño.

Es triste que prefiera ser recibido por una cabina vacía que por mi propio padre. El pensamiento casi me hace fruncir el ceño, pero de repente soy distraído por el chico sentado en la cabina por la que estoy a punto de pasar.

Normalmente no noto a las personas, teniendo en cuenta que hacen todo lo posible para evitar el contacto visual conmigo. Sin embargo, los ojos de este chico son intensos, curiosos y están mirándome directamente.

Mi primer pensamiento cuando lo veo es Si tan solo esto fuera hace dos años.

Pienso eso mucho cuando me encuentro con chicos que posiblemente podrían atraerme. Y este chico definitivamente es lindo. No de una manera típica de Hollywood, como muchos de los chicos que habitan en esta ciudad. Todos ellos tienen el mismo aspecto, como si hubiera un perfecto molde para un actor de éxito, y todos están tratando de encajar en él.

Este chico es todo lo contrario. Su sutil barba no es un trabajo de arte simétrico. En cambio, su barba es delgada y desigual, como si él pasara la noche trabajando hasta tarde y en realidad no tuvo tiempo para afeitarse. Su cabello no está estilizado con gel para darle el aspecto desordenado, de recién-salido-de-la- cama. El cabello de este chico de hecho está desordenado. Tiene mechones de cabello color chocolate por la frente, algunos de ellos erráticos y salvajes. Es como si se hubiese despertado tarde para una cita y estaba demasiado apresurado para molestarse en mirar a un espejo.

Tal aspecto descuidado no debería ser atractivo, pero eso es lo que me parece tan llamativo. A pesar de que parece que él no tiene ni un ápice de egocentrismo, es uno de los chicos más atractivos que he visto nunca. Creo.

Podría ser simplemente un efecto secundario de mi obsesión con la limpieza. Tal vez anhelo tan desesperadamente el tipo de descuido que este chico exhibe que estoy confundiendo celos por fascinación.

También podría pensar que es lindo simplemente porque es una de las pocas personas en los últimos dos años que no aparta inmediatamente la mirada en el momento en que mis ojos se encuentran con los suyos.

Aún tengo que pasar por su mesa con el fin de llegar a mi cabina detrás de él, y no puedo decidir si quiero apresurarme con el fin de quitarme sus ojos de encima, o si debo caminar en cámara lenta para que pueda empaparme de la atención.

Su cuerpo se mueve cuando comienzo a pasarlo, y su mirada se convierte en demasiado al instante. Demasiado invasiva. Siento mis mejillas sonrojarse y un hormigueo en la piel, por lo que bajo la mirada a mis pies y permito que mi cabello caiga delante de mi cara. Incluso jalo una hebra de él a mi boca con el fin de bloquear más de su vista. No sé por qué su mirada me pone incómodo, pero así es. Hace tan sólo unos momentos, pensaba en lo mucho que extraño ser observado, pero ahora que está sucediendo, sólo quiero que aparte su vista.

Justo antes de que él esté fuera de mi visión periférica, miro en su dirección y atrapo el fantasma de una sonrisa.

Él no debe haber notado mis cicatrices. Esa es la única razón por la que un chico como él me hubiera sonreído.

Ugh. Me molesta que incluso yo piense así. No solía ser este chico. Solía tener confianza, pero el incendio desvaneció hasta la última gota de mi autoestima. He tratado de conseguirlo de nuevo, pero es difícil creer que alguien alguna vez podría encontrarme atractivo cuando ni siquiera puedo mirarme en el espejo.

—Eso nunca aburre — dice mi padre cuando me deslizo de nuevo en la cabina.

Subo la mirada hacia él, casi olvidé que se encontraba aquí. —¿Qué nunca aburre?

Él agita su tenedor hacia el camarero, que ahora está de pie junto a la caja registradora. —Eso —dice—, tener fanáticos. —Mete un bocado de comida en la boca y comienza a hablar con la boca llena—. Entonces, ¿de qué querías hablar conmigo?

¿Qué te hace pensar que quería hablar contigo sobre algo en particular? —Hace un gesto sobre la mesa. —Estamos almorzando juntos. Obviamente, necesitas decirme algo.

Es triste que a esto haya llegado nuestra relación. Saber que un simple almuerzo tiene que ser algo más que un hijo con ganas de ver a su padre.

—Me voy a mudar a Nueva York mañana. Bueno, esta noche, en realidad. Pero mi vuelo no es hasta tarde y no aterrizo oficialmente en Nueva York hasta las 10.

19 de Enero de 2021 a las 02:41 0 Reporte Insertar Seguir historia
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