maryg255 Mary Galdámez

“Criaturas sobrenaturales habitan la tierra” Un ser que ha vivido durante casi cien años. Lyan Kim es un dulce e inocente chico. Sus rasgos asiáticos son causa de muchas miradas; sin embargo, es considerado un chico raro, no solo por el hecho de ser demasiado femenino, si no por su característica soledad. Pero lo que nadie sabe, es la enorme responsabilidad que está sobre sus manos y las maravillosas y brillantes alas que revolotean entre sus hombros. Cada cien años ocurre un gran evento. Un hada es unida con un mortal. Lyan es el encargado de seguir con el linaje familiar, sin embargo, su prometido Christian no parece ser su verdadera pareja, lo que lo lleva a alejarse del importante vampiro. Jeremy Landry, un joven y guapo mitólogo ha estado presenciando extraños sucesos, pero cuando un ser con brillantes y hermosas alas se presenta en sus sueños, su vida se ve envuelta en un extraño y maravilloso mundo que jamás creyó conocer. Código de registro: 2006044309695 Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0


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Prólogo

“Siempre supe que estaría a mi lado, que a pesar de las dificultades nuestro amor sería lo suficientemente fuerte para sobrevivir y estar juntos; y que a pesar de todo… siempre permanecería en sus sueños”


-Hadas, criaturas mágicas y de la mitología griega. Eran consideradas una bendición de la naturaleza debido a su inigualable poder de concebir. Se cree que a principios de los años cincuenta habitaban en los antiguos pueblos de Inglaterra. Sin embargo, con el paso de los años han ido desapareciendo, convirtiéndose solamente en una de las tantas leyendas- Jeremy Landry admiró perplejo la pequeña imagen en su portátil.

Desde muy joven había sido amante de las historias mágicas y de fantasía. Y ahora a sus veintiocho años de edad era uno de los más famosos mitólogos. Había entrado a la universidad a la corta edad de 18 años, siendo considerado de esa manera como el joven prodigio de la institución. Siempre había amado los cuentos de hadas. Y ese era el motivo por el cual había elegido su carrera.

Su abuelo había sido uno de los más importantes de la escuela de antropología en la universidad, y el que lo había instado a entrar en la carrera, imponiéndose aún en contra de los deseos de su propio hijo de que fuera un gran médico.

Y allí estaba él ahora, sin dormir tres noches y a punto de perder la poca paciencia que le caracterizaba. Y todo por ese maldito sueño. Jeremy siempre se había considerado un creyente innato de los significados de los sueños, sin embargo, ninguno le había quebrado tanto la cabeza como ese. Como mitólogo estaba acostumbrado a tener sueños con más de alguna de las criaturas de su estudio, pero nunca con una tan poderosa.

Entrecerrando los ojos frente a la laptop continuó bajando en busca de más información. Terminando por rendirse cuando no encontró nada más de su interés. ¿Es qué el saber el significado de los sueños con un hada era tan difícil? Al parecer si lo era. Cerrando su portátil observó la hora, 11 p.m. Lo mejor sería que durmiera un poco, pues al día siguiente tenía una junta importante sobre una excavación.

Con pasos cansados se dirigió hasta su habitación, se quitó los pantalones lanzándolos hacia algún lugar de la habitación y se tiró a la cama. Estaba agotado, tanto física como mentalmente. Su padre siempre le había dicho que estaba loco. Pues desde que tenía memoria recordaba el tener sueños extraños, y que tiempo después se cumplían, provocándole cierto temor en algunas ocasiones.

Dando un largo y enorme bostezo, Jeremy se aferró a una de sus almohadas, dejando de pensar. El sueño le estaba ganando la partida, haciendo que poco a poco fuera perdiendo la conciencia y cayera en un profundo sueño.

-¡Ayuda! Por favor ¡Que alguien me ayude!- Jeremy abrió los ojos completamente asustado cuando aquella voz volvió a invadir su mente de nuevo. Todo a su alrededor se encontraba a oscuras, y le impedía el ver a su alrededor. Hasta que los gritos volvieron nuevamente -¡Por favor! Te necesito-

Sintiendo como un escalofrío le recorría el cuerpo, Jeremy vio como poco a poco una luz resplandeciente comenzaba a inundar el lugar. Siempre había sido lo mismo desde la primera vez que había escuchado las voces dentro de su cabeza, aquella luz aparecía y segaba todo a su alrededor con su belleza, para después mostrar unas enormes, brillantes y preciosas alas.

Jeremy las miró anonadado, eran hermosas. Su suave color ámbar parecía cobrar vida ante cada revoloteo, y el fino polvillo que desprendía de ellas le daba aquel toque etéreo que lo dejaba atónito. Con algo de temor, Jeremy se acercó. Quería tocarlas, pero tenía miedo de que, al hacerlo, volvieran a desaparecer como las anteriores veces. Sin embargo, la voz volvió a deslizarse a su alrededor.

-Por favor… sálvame- sintiendo el miedo en cada palabra, Jeremy no lo dudó.

Con toda la delicadeza que encontró se acercó, a manera de no asustar a la criatura. Mirando asustado cuando no desapareció y la imagen por fin se hizo completamente visible. Temblando como una pequeña hoja en el otoño, un pequeño cuerpecillo apareció antes sus ojos, siendo alumbrado por el resplandor de las alas.

Jeremy se acercó aún más, gimiendo asombrado cuando la luz le mostró por fin el rostro de la criatura. Con resaltados pómulos, labios menudos y rojos como una cereza, ojos grandes, tiernos y de un color verde azulado, poblados de una maraña de rizadas y largas pestañas, cejas brillantes y tupidas, y una hermosa y larga cabellera rubia como el sol; aquella criatura delicada era la más hermosa e inigualable que jamás se hubiera imaginado tener el placer de conocer.

Lentamente, y con cautela para no asustarla, Jeremy la tocó. La pequeña criatura tembló. Su delgado cuerpecito parecía temblar de frío ante sus manos, empezando por el hecho de su desnudez. Los ojos de Jeremy la escrutaron con curiosidad y cierto deseo.

Era hermosa, tenía unas manos delicadas y suaves, cubiertas por unos apenas perceptibles vellos rubios en su piel. Las piernas, torneadas y blanquecinas eran un deleite para sus ojos, mostrando su inigualable altura. Todo en si era hermoso, hasta que llegó a su sexo. Los ojos de Jeremy se abrieron con asombro, y para que negar: temor.

Aquella hermosa criatura de los dioses, aquella preciosa hada no era nada más y nada menos que un hombre. Un delicado y pequeño hombre, con una belleza más grande que la de cualquier mujer. Jeremy retrocedió asustado. Él no recordaba haber leído sobre eso ¿O sí? Quiso recordar entre todos los libros de la mitología griega que había estudiado, pero no recordaba haberlo visto en alguno.

Lentamente y como si supiera lo que sus ojos podrían hacer, el pequeño niño hada se giró para mirarlo. Sus grandes y azulados ojos se clavaron en los suyos y cuando dieron un pequeño pestañeo, todo terminó para Jeremy. Sintió como su piel hormigueó de deseo, erizándole los vellos de todo su cuerpo. Sus palmas picaron, y algo dentro de su pecho provocó que los latidos de su corazón se aceleraran, causándole una pequeña taquicardia.

-¿Quién eres?- Él pequeño niño abrió sus labios, sin embargo, ninguna respuesta fue pronunciada, comenzando poco a poco a desaparecer. Jeremy lo miró asustado -¿Qué está pasando? ¡No te vayas!- mirándolo completamente angustiado antes de terminar por desaparecer, el chiquillo susurró.

-Sálvame… solo tu amor podrá salvarme- Jeremy parpadeó confundido, para después ver como terminaba de desaparecer.

El fuerte estruendo del viento golpeando sobre la ventana fue lo que trajo a Jeremy de regreso a la realidad. Completamente agitado y con la frente sudorosa su acomodó sobre el espaldar. ¿Qué rayos había sido todo eso? ¿Salvarlo? ¿Su amor? ¡Ok! Ahora sí que pensaba que todo eso era una locura. Pero, aunque tratara de buscarle una buena explicación, había algo que no dejaba de torturarlo:

Solo tu amor podrá salvarme...

19 de Enero de 2021 a las 00:05 0 Reporte Insertar Seguir historia
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