Cuento corto
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La casa estaba ubicada sobre una pequeña colina rocosa, era de dos plantas cuyas paredes estaban hechas de barro, el techo era de paja y a dos aguas para que la lluvia no estropeara la construcción, a su alrededor habían algunos árboles resistentes al inclemente sol y estaba algo alejada de las chacras, cerca había un pozo y un riachuelo verduzco lleno de ranas.

Hacía ya varios años ya, habían vivido allí una familia numerosa y alegre, pero un día estos descidieron migrar a la ciudad y dejar la casa al cuidado de uno de lo hijos, por un tiempo el hijo cuidó la casa y se dedicó comerciar en las ferias del pueblo productos artesanales que hábilmente elaboraba en su cálido pero solitario hogar.

Finalmente el chico se hartó y abandonó aquella casa para volver con sus parientes, desde aquella vez nunca nadie volvió a entrar en aquel recinto.

Nadie hasta hoy, pues un muchacho de veintitantos años que se encuentra oculto detrás de un árbol se ha quedado observando la casa de barro, es un ladrón y espera encontrar algo de valor en el interior, camina con sigilo, aunque practicamente no hay necesidad de ello en un lugar tan apartado, cuando queda ante la puerta principal de la vivienda, se da cuenta de que esta es de metal. Entonces deja caer al suelo un bolsón de tela que traía colgando en la espalda, en el mismo estan diversas herramientas, entre ellas alambre, un alicate, una cizalla y un martillo.

Con gran habilidad el ladrón logra forzar la puerta, el interior esta semi obscuro y puede percibir un fuerte sensación a humedad en el ambiente, hecha una mirada al suelo, se da cuenta de que es un piso tosco de cemento, hay polvo por todas partes y empieza a estornudar, decide entonces abrir las ventanas para dejar entrar la luz y el aire, al hacerlo puede ver con más claridad y respirar mejor.

Las habitaciones de la planta baja son grandes y decoradas con antiguos muebles de principios del siglo xx, al entrar en uno de los dormitorios ve que las camas siguen como el día en que las dejaron, eso si con una gruesa capa de polvo sobre las mantas y sobre estas algunas plantas diminutas.

El muchacho revisa toda la planta baja y no encuentra nada valioso para él, así que descide revisar la segunda planta, antes de hacerlo mira el reloj de su celular, este marca las tres de la tarde, descide apresaurarse, pues si tarda demasiado tiempo inspeccionando deberá dejar la jornada para el día siguiente.

Los viejos escalones de madera crujen peligrosamente cuando el ladrón pone los pies en ellos, pero al final no sucede nada y consigue alcanzar la segunda planta. Una vez allí se le eriza la piel, pues ve todo de color blanco y negro, piensa que tal vez se trata de la luz que no puede ingresar porque las ventanas estan empañadas de polvo al igual que en la planta baja, abre las ventanas, al hacerlo siente que hay algo detrás de él, gira unos centímetros la cabeza y logra apreciar en el suelo una silueta amorfa de lo que parece ser un humano, no quiere voltear pues intuye que lo que séa que se halla detrás de él
o es un hombre o animal, aquella cosa parece desear que el ladrón voltee, lo siente, lo precibe, el muchacho no lo piensa más y se arroja por la ventana hacia afuera, termina lastimado, pero no de consideración, pues ha caido en un montículo de tierra blanda, adolorido y gimiendo se levanta, coge sus cosas y emprende la huida caminando lo más rápido que puede, de pronto se siente extrañamente mareado y cae al suelo inconciente

A la mañana siguiente el chico despierta a un costado del riachuelo, con la parte inferior metida en el agua, esta algo desorientado, de pronto siente como cosquillas en su ombligo, se sube la ropa que llevaba puesta y para su sorpresa se da cuenta de que son gusanos, saca sus piernas del agua y se levanta aterrado, sacudiéndose con violencia, se quita toda la ropa y no se la vuelve a poner hasta que esta seguro de que no hay más gusanos, se viste de nuevo y entonces ve un saquillo azul dentro del agua de estos brotan gusanos, su rostro palidece, y entonces ve la casa que había intentado robar el día anterior, sus recuerdos afloran y espantado, huye a toda velocidad por entre las chacras y los árboles.

Desde aquel día, aquel hombre nunca volvió a robar y se transformó en un hombre de bien, además formó un hogar y una linda familia. Y aunque contó esta historia, muy pocos le creyeron.

FIN.


12 de Enero de 2021 a las 20:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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