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William y David son unos gemelos que fueron abandonados por su madre poco después de nacer. Ellos lo comparten todo: ropa, juguetes, amigos, el cuerpo y un fatídico destino. Aclaraciones: Es un fanfic de Harry Potter en el que me he copiado gran parte del primer y cuarto libro para introducir a los personajes y la historia. No aparece Harry, solo se les nombra o se les hace referencia. Voy a modificar muchas partes del mundo. Seguramente para los fans no sea demasiado agradable. Espero que lo disfrutes.


Fanfiction Películas No para niños menores de 13.

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Los siameses

Un grupo de niños de entre ocho y once años se encontraban en el patio trasero de un caserío, situado en una montaña lejos de cualquier ciudad, discutiendo sobre a que deberían jugar aquella soleada mañana.


—¿Otra vez al futbol? —se quejó David—. ¿No podemos jugar a algo distinto para variar?


—Ayer jugamos a voleibol y anteayer a las vaquillas —le respondió su hermano gemelo, Will—. Tampoco pasa nada por jugar a futbol hoy.


—Lo que pasa es que no quiere jugar a nada, él prefiere quedarse sentadito en un banco —dijo Elena.


Nada más apareció Elena, Will se quedó embobado mirándola. Él pensó: “Pero que belleza griega. Y no es para menos teniendo en cuenta esa piel blanca, perfecta y suave como el mármol, que no se broncea ni se enrojece por los rayos del sol besando su piel. Su cabello dorado, fino, largo y ondulado meciéndose al andar como un mar de oro. Sus brillantes ojos azules como el océano, de un color tan bonito que te pierdes en él, como en el océano. Sus labios rosados en forma de corazón. Es tan perfecta.


Por favor, que tenemos once años, no vayas pensando cosas extrañas, pensó David al escuchar los pensamientos de su hermano.


—¡Juguemos al futbol! —exclamó Will, ignorando lo que pensaba su hermano.


—Ni si quiera somos once—dijo David, intentando convencerlos para no jugar.


—No vamos a jugar un partido oficial, así que relájate, de todas formas tú no vas a querer participar activamente —dijo Elena.


—¡VIENE UN COCHE NEGRO! ¡VIENE UN COCHE NEGRO! —gritó Jack corriendo desde la parte delantera del orfanato.


Los niños se extrañaron. Ellos conocían todos los coches que pasaban por allí, casi siempre eran coches grises o blancos de los villanos de una villa cercana al caserío donde estaba ubicado el orfanato. Tampoco recordaban que los familiares que iban a visitarlos tuviesen un coche negro.


—¡Pueden estar buscando a un niño! —exclamó Will feliz.


Él siempre había querido tener una familia. Le daba igual que fuesen una pareja joven, vieja, del mismo sexo, de distinto sexo, se quisiesen o solo quisiesen tener un hijo que criar. Él tan solo quería tener una familia grande y cariñosa. Por otra parte, David consideraba que ya la tenían. Su director, Rubén Sena Sena, era como un abuelo olvidadizo que les contaba sus batallitas adornadas con muchas, muchísimas, flores. Y su hija Lili Sena se encargaba de ellos como una madre amorosa. Los quería a todos por igual.


Que David recordase, ella había estado cuidándolos desde que eran pequeños. Su primer y único recuerdo de cuando era un bebé, era con ella. Él la quería como a una madre, aunque ella, cada vez que le llamaba mamá, se encargaba de recordarle que no lo era, que tan solo era su tía Lili y que su madre estaba allí afuera, viviendo una vida sin ellos.


—O niña —replicó Elena.


—O un par de niños —dijo Jack.


—Bueno, no sabremos a que han venido hasta que vayamos a ver —termina diciendo Will, impaciente por ir de una vez a ver quién se bajaba del coche negro.


Corrieron hacia la parte delantera del orfanato y se escondieron detrás de la pared del caserío. Asomaron un poco sus cabezas para ver como un hombre y una mujer bajaban del coche. Ambos eran igual de altos, tenían la misma cara, se les marcaban los músculos de igual forma, sus pieles bronceadas estaban por el sol, sus manos eran callosas y por toda su piel se podían ver cicatrices. ¿Serán militares?, pensaron los niños al ver el aspecto de la pareja.


—No parece que vengan a adoptar… —dijo Elena. Todos pensaron lo mismo que ella al verlos, eran demasiado jóvenes.


—¿Puede que vengan a donar? —preguntó Will, no muy convencido, ya que eran muy jóvenes y no creían que tuviesen ni trabajo.


—¡Juguetes nuevos! —exclamó uno de los niños.


—¿No te vale con todos los juguetes que tenemos? —más que una pregunta, fue una queja de Will. Él ya estaba cansado de tantos juguetes.


—Están rotos.


—Los de bebé están rotos, pero el resto están bien —dijo David—. Nosotros los hemos cuidado, espero que tú también los estés cuidando.


—Dan tiene razón, tenemos juguetes y ropa de buena calidad para parar un tren. Tampoco necesitamos muebles nuevos o algo similar —dijo Will.


—Bueno… la gente no suele saber qué es lo que necesitamos exactamente. Puede que hayan venido a informarse —dijo Elena.


—También pueden haber venido a ver cómo pueden dejar a un bebé recién nacido aquí.


—Dan, siempre te pones en lo peor.


La pareja llamó a la puerta. El director Sena no tardó mucho en abrírsela. A pesar de ser un hombre mayor, se movía con mucha agilidad.


—Si el director en persona los ha recibido, deben ser importantes —dijo Will.

—No escucho lo que están hablando. Estamos demasiado lejos —se quejó Elena.


El director Sena los invitó a entrar. Él los guió hasta su despacho.


—Vamos —dijo Elena.


Todos corrieron hacia el almacén al lado del despacho del director del orfanato. Esta habitación tenía una falsa pared, ya que era parte del despacho del director. Él consideró que su despacho era demasiado grande y necesitaban más espacio de almacenamiento, así que partieron el despacho. Esta pared era más delgada, y los niños lo sabían, por lo que iban a escuchar lo que hablaba el director Sena y con aquella pareja de desconocidos.


Will colocó su oreja, como el resto, pegada a la pared para escuchar, como los cotillas que eran.


Estuvieron en completo silencio durante lo que les pareció media hora, hasta que el la mujer habló:


—Espero que les haya informado debidamente de su ascendencia. Con el escaso tiempo que queda, gracias a usted, dudo mucho que podamos enseñarles lo más importante.


—No os preocupéis, mi hija se ha encargado de contarle los cuentos y las leyendas —dijo el director—. Además de que han aprendido suficiente inglés y francés como para manejarse. No saben mucho de la cultura, pero saben defenderse hablando.


—Eso es insuficiente. Además de que has hecho que tengamos menos tiempo para estar con nuestros sobrinos. Solo quedan unos meses para que vayan a Howgarts.


—Dejemos esta pequeña y molesta conversación que no nos interesa y vayamos a lo importante: confirme que los papeles están en regla y nos los podremos llevar a casa —dijo hombre.


—Sí, todos los papeles están en regla. Todo está correcto… Pero ya han pasado muchos años con todos nosotros, irse por unos meses a un lugar desconocido para luego volver a marcharse a otro lugar desconocido… ¿No lo veis un poco innecesario? ¿Estáis seguros de llevároslos con vosotros?


—Sí, somos sus tíos y queremos que estén con su familia. Eso también lo quieren sus padres —dijo la mujer—. Además, hace semanas que le llamamos para decirle que los preparase para cuando llegásemos. Pero como con siempre, no has hecho caso a nuestros mensajes.


—Puede que seamos un poco jóvenes, y demasiado inexpertos, pero ahora que somos lo suficientemente mayores, nos gustaría hacernos cargo de nuestros sobrinos y enseñarles sobre la familia- dijo el hombre intentando relajar los ánimos.


—Bueno… legalmente no puedo deteneros. Según nuestras normas, como sois sus familiares, podéis haceros cargos legalmente de ellos, pero es algo un tanto…


—A usted no le tenemos que dar explicaciones de por qué los tuvimos que dejar en un orfanato, lejos de su familia, ya se lo diremos a ellos cuando llegue el momento. Ahora llámelos lo antes posible para que nos los podamos llevar a casa —la mujer no gritó, ni parecía que estuviese molesta. Ella habló de forma clamada, pero por la pequeña falta de emoción en sus palabras, David pensó que estaba enfadada.


—Bien, iré a por ellos, pero es mejor que os preparéis para verlos.


—¿Cree que no lo sabemos ya? —dijo ella ofendida.


Los niños salieron rápidamente de la habitación para que no los pillase espiándolos y se dirigieron al salón.


Al llegar al salón, los niños se sentaron en el suelo y uno fue a por una baraja de cartas, para fingir que estaban jugando y el director no sospechase nada. El director no tardó en llegar. Todos se giraron a verlo ansiosos por saber de quienes estaban hablando y con la esperanza de que fuese sobre ellos.


Ojala estuviesen ablando de nosotros, pensó Will.


Todos en la habitación sabían que el viejo director solía tardar en hablar, pero más de uno pensó que aquella vez lo estaba haciendo a propósito para crear suspense y ver en sus caras si los habían estado espiando. Los niños aguantaron como pudieron sus ganas de gritar para que dijese de una vez los nombres de los afortunados que se irán con una familia.


—William y David, acompañadme.


“¡Sí! ¡Vamos! Tenemos una familia por fin”, pensó Will. David no dijo nada, pero no hacía falta. Estaba triste por tener que separarse de quienes consideraba que eran su familia. “Espera, ¿eso significa que no nos han adoptado y nos encontramos en un orfanato en una montaña lejos de todo por qué no querían que nos intentasen adoptar?”


Tiene pinta, pensó David en respuesta.


Inmediatamente, Will se movió para ir a encontrarse con su familia. Estaba emocionado y feliz. Nada más se vio en un reflejo, los nervios y las inseguridades surgieron. Él se paró, obligando a su hermano a pararse delante del cristal. Will se puso a arreglarlos, tanto a él como a su hermano, compulsivamente para verse lo mejor posible.


Somos niños, ¿no debemos vernos desastrosos?, pensó David


Quiero darles una buena primera impresión. ¿Estamos guapos?


Siempre.


Ja, ja, ja. Tienes razón. Somos guapísimos.


El director les abrió la puerta. Nada más los vio, la mujer no pudo evitar sorprenderse. Al ver esto, David lo interpretó como que estaba sorprendida por ellos, porque estaban pegados por la cabeza. Sin embargo, ella se levantó y quiso ir a abrazarlos. David dio un paso atrás al ver a una desconocida acercándose y Will dio uno hacia delante, recibiendo a la desconocida.


—Pero mira que altos estáis. Se nota que sois hijos de nuestra hermana. Son altos para su edad.


—¿Nos parecemos a nuestra madre?


—No, en absolutamente nada. Sois mil veces más guapos que vuestra madre.


—Hermana, creo que deberíamos presentarnos antes. Los niños no saben quiénes somos —dijo el hombre. Con sus ojos señalaba a David, quien intentaba apartarse pero, como Will no quería, no podía hacer nada.


—Hola chicos, yo soy Ana y él es Aitor, mi hermano. Somos vuestros tíos, los hermanastros de vuestra madre. Puede que no nos parezcamos mucho, pero ya os explicaremos todo en el coche, de vuelta a casa.


“No nos parecemos en nada. Puede que nuestro color de piel sea similar, nosotros también somos blanquitos de piel, la cual tiene demasiada facilidad para broncearse. Seguramente ya seamos más morenos que ellos solo por haber pasado un rato bajo el sol. Nuestro cabello es castaño oscuro y nuestros ojos marrones, mientras que los suyos son oscuros. Nuestras narices, ojos y orejas son distintas. Pero si los papeles dicen que son los hermanos de nuestra madre, debe de ser así. Además, aunque no quisiésemos ir con ellos, no es como si pudiésemos hacer algo, tan solo tenemos once años.”, pensó David.


¿Para qué querría alguien unos siameses? Dan, no seas tan paranoico.


Para nada… Para nada...


—Yo soy William, pero todos me llama Will, y él es David, pero todos le llaman Dan. Para que os acordéis de quien es quien, lo llamaron David para recordar que es la derecha. David, derecha.


—¿Por qué Dan?


—Porque nuestro viejo director, Romeo, leyó mal su nombre. Pensábamos que era Daniel pero resulta que en los documentos oficiales pone David. Lo sabemos desde hace poco, pero tampoco es como si hubiesen cambiado las cosas para él y tampoco se queja mucho. Responde a ambos nombres por igual.


—Oh, debe ser un poco complicado adaptarte a un nuevo nombre.


—Bueno, todos seguimos llamándolo Dan, así que no hay mucha diferencia de antes. Solo hay problemas con los desconocidos, a los que les tenemos que explicar esta pequeña anécdota. ¿Sois mellizos?


—Sí. Yo soy la mayor.


—Y te crees que por haber nacido un par de minutos antes eres mayor —dijo Aitor. Él miró a su hermana enfadado, más que por rencilla entre hermanos, porque Aitor estaba cansado de esas chiquilladas—. Por suerte, vosotros tenéis la ventaja de no tener estas estúpidas discusiones de niños pequeños.


—En realidad yo soy el mayor. A mí me dieron la palmadita en el culo para respirar antes que a él. Y me la dieron tan fuerte que se me ha quedado marca.


Ana lo miró con escepticismo.


—No solo tenemos el video de vuestra cesárea, el cual demuestra que nosotros os dimos la palmadita; sino que recuerdo cada pequeño detalle de aquel momento. Teníamos doce años. Estuvimos semanas practicando con muñecas para daros una palmadita en el culito tan sincronizada, que fuese a la vez. Ambos nacisteis al mismo tiempo. Me aseguré de que el medico lo escribiese correctamente.


—Mi hermana me obligó a practicar con ella el dar la palmadita para sincronizarnos a la perfección.


—Ese video es súper satisfactorio de unos mellizos prácticamente idénticos, con la misma ropa, dándole una palmadita en el culo a unos siameses recién sacados de su placenta.


Al escuchar a Ana, David se dio cuenta de por qué no se sorprendieron al verlos o de por qué quiso abrazarlos nada más verlos. También se dio cuenta por primera vez de un sentimiento que tenía reprimido hacia sus padres, comenzó a sentir odio hacia ellos. Will lo notó y no dijo nada, ya que muy en el fondo también lo sentía, pero quería una familia más que nada en el mundo y no quería comenzar aquella relación con mal pie, así que no dijo nada. Ignoró aquellos sentimientos e ignoró los de su hermano.


—Recuerdo todo de aquel momento. Recuerdo que entre los dos pesabais poco más de siete kilos. También sé que medíais unos cuarenta centímetros largos. Además, yo te la di a ti, Will. Sé perfectamente que tú no tienes ninguna mano marcada en tu culo.


—Eso díselo a mi culo.


Will hizo que se girasen y se bajó un poco los pantalones, junto con los calzoncillos, para mostrar una marca rojiza sobre su culo.


-Efectivamente, tiene una marca de una mano marcada en su culo- dijo Aitor sorprendido.


—En realidad, la tenemos los dos. Parece ser una marca de nacimiento- dijo inmediatamente David para aclararlo. Él hizo lo mismo que su hermano para mostrar una marca idéntica en el mismo lugar.


—¿Por qué se lo has dicho? Estaba asustada.


—Por eso mismo se lo he dicho.


—Que os parece si recogéis vuestras cosas y nos vamos, tenemos asuntos que atender antes de que empecéis el siguiente curso escolar. Ya nos contareis muchas cosas de camino a casa. Y ya os contaremos cosas de la familia. Seguramente os preguntáis por qué os dejamos en este orfanato. En el coche os lo contaremos todo.


—Tampoco es como si tuviésemos algo nuestro... —dijo Will.


—Llevaros la ropa de vuestra habitación —dijo el director—. Voy a hablar con vuestros compañeros para explicarles la situación.


—Vamos a ayudaros —dijo Aitor—. ¿Tenéis maletas?


—No —respondió Will—. Nunca las hemos necesitado.


—Por suerte hemos traído unas maletas. Voy a por ellas. Ana ve con ellos a recoger su ropa.


—¡Venga, vamos! —exclamó Will emocionado.


Él salió feliz del despacho y se dirigió a su habitación. Allí se encontraron con Elena sentada en la cama, con una foto de ellos tres entre sus manos. El marco en el que se encontraba la fotografía estaba vació, en la mesita de la cama de los gemelos.


—Vosotros habéis sido los elegidos…


—Somos sus familiares, no los elegidos —dijo David—. Ellos han venido a por sus sobrinos.


—Bueno, sí, lo que sea. Lo importante es que no nos vamos a volver a ver.


—¿Cómo que no nos vamos a volver a ver? —preguntó escandalizado Will. David se lo esperaba, así que no estaba sorprendido. Aunque sí que estaba triste por no ver con tanta regularidad a quienes ha llegado a considerar como a sus hermanos—. ¿No los vamos a volver a ver? —le preguntó a Ana.


—No te preocupes Will, os traeremos de vez en cuando para que volváis a jugar juntos y podéis veros por video llamada o escribiros mensajes. Existe internet —dijo Ana—. No es como en mi época, donde no todos tenían internet o un teléfono u ordenador para comunicaros de forma instantánea. Hay muchas aplicaciones de mensajería instantánea gratuitas, al igual que aplicaciones para hablar. Incluso podéis jugar por internet.


—Somos huérfanos —dijo Elena.


Antes de que David le pudiese replicar, Ana dijo-: Sí, lo sé, al igual que sé que os dan donaciones muy jugosas para que tengáis ropa comida, material escolar e incluso juguetes el día de vuestro cumpleaños. También sé que tenéis más de un par de buenos ordenadores para estudiar. Despídete de tus amigos, que tenemos prisa. Esta noche hablareis por video llamada.


—Era obvio que nos fuesen a dejar comunicarnos —dijo David—. No es como si pudiesen evitarlo. Siempre y cuando tengamos un teléfono, podremos hablar.


—Es verdad, la tía Ana nos va a dejar mantenernos en contacto. Solo que ya no viviremos juntos —dijo Will. David sabía que iba a pasar eso. Sabía que Will estaba tan feliz por ser “adoptado” y salir del orfanato, que no se había dado cuenta de todo lo que significaba para él y para sus hermanos en el orfanato, sus amigos de la escuela y sus amigos de la villa. Will se dio cuenta de que toda su vida iba a cambiar drásticamente.


—Will, no llores, todo va a estar bien, volveremos a vernos —dijo Elena. Ella lo abrazó para intentar evitarlo, aun así lloró.


David estaba muy confundido. No podía distinguir sus sentimientos, sus emociones y sus pensamientos de las de su hermano. Se empezó a sentir abrumado. No podía gestionar tocos aquellos sentimientos. No sabía quién era quien. Y lo mismo le comenzó a pasar a su hermano Will. Él comenzó a sentir sus inseguridades y su terror. Ambos empezaron a hiperventilar.


Al verlos así, Elena se levantó y agarró a los gemelos, cada una de sus manos estaba en el hombro de uno de los gemelos. Apretó con fuerza los hombros arrugando la fotografía y haciéndoles daño. Aquello los hizo centrarse en Elena.


—Una vaca gorda vestida de uniforme pasea por el prado —dijo ella alternando su mirada con la de los gemelos—. Una vaca gorda vestida de uniforme pasea por el prado —repitió lentamente para que la entendiesen y se fijasen solo en sus palabras—. Una vaca gorda vestida de uniforme pasea por el prado.


—Una vaca gorda vestida de uniforme pasea por el prado —repitió David. Aquellas frases tenían un efecto mágico en David. Aquellas palabras relajaban su mente.


Una vez David se calmó, Will dejó de sentir terror y fue más fácil para él volver a la normalidad.


—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Ana.


Elena le hizo una señal a Will para que le contase mientras ella seguía repitiendo aquellas palabras junto con David.


—Nosotros somos gemelos siameses unidos por la cabeza que tiene, también, unidos sus cerebros. Normalmente no es nada demasiado invasivo. Sin embargo, nuestro doctor nos ha comentado que nuestros cerebros se están desarrollados de una forma extraña, como algunos otros casos en siameses de nuestro tipo. Desde pequeños podemos mover el brazo interno del otro a placer. Y poco a poco fuimos sintiendo y controlando más partes del cuerpo del otro. Siempre y cuando el otro no ofrezca mucha resistencia. Ahora podemos escuchar los pensamientos el uno del otro, y sentir los sentimientos el uno del otro. Podemos sentir con el cuerpo del otro y mover el cuerpo del otro. A Dan le cuesta mucho gestionar todas las emociones de los dos y, cuando se pone así, termina abrumándome. Nos retroalimentamos el uno al otro y terminamos ambos hiperventilando del miedo o con abrumadora euforia.


—Entonces… no os pueden separar…


—En realidad, nuestro doctor quiere separarnos antes de los dieciocho. Mucho antes si es posible. Esto es debido a unos problemas bastante graves. Resulta que mi corazón está latiendo por los dos corazones y sus riñones están funcionando por los dos pares. Es algo bastante malo para nosotros. Además de que pueden surgir más complicaciones. Así que está preparando una cirugía especial para cortar el último cordón umbilical.


—Aquí están las maletas —dijo Aitor, entrando a la habitación con dos bolsas de deporte vacías.


—Intentemos hacer esto corto —dijo Ana.


Los tíos se pusieron a recoger la ropa, mientras los sobrinos iban a despedirse de los otros niños del orfanato. A pesar de tener una fuerte conexión con todo ellos, de haberse criado con ellos, de haber crecido con ellos, David no se sintió tan abrumado y triste como esperaba que estaría al despedirse. Sabía que no era un adiós para siempre, pero nada iba a ser igual.


Los niños del orfanato lloraron sin parar mientras veían el coche negro llevarse a sus amigos.


—Ahora que estamos solos —dijo Will—, ¿nos contáis que es lo que pasó para que terminásemos en un orfanato en una montaña de Valencia? Y lo más importante, ¿podemos seguir tirando petardos en Asturias? Solo en Fallas.


—Sí, por supuesto —dijo Ana sin pensárselo dos veces—. Nadie se va a quejar, no hay ni un solo vecino a kilómetros a la redonda.


—Genial —dijo Will—. ¿Cómo se llaman nuestros padres? Ni si quiera sabemos eso.


—Vuestra madre se llama Tina Lawson y vuestro padre Gregorio Casa Cebolla. Vosotros no os parecéis en nada a vuestra madre. Vuestro padre es caucásico y vuestra madre… no lo tenemos claro, pero tiene la brida mongólica, así que supondremos que procederá de esa zona de Asia.


—¿Qué es eso? —preguntó Will curioso.


—Los ojos rasgados que tienen los chinos, los japoneses, los coreanos y los mongoles. Una marca heredada por las conquistas de los mongoles —explicó Aitor.


—Continua tía Ana.


—Tina es nuestra hermana mayor e hija del primer marido de nuestra madre. Ella se parece más a su padre y nosotros al nuestra madre. Ellos se divorciaron y luego se casó con nuestro padre. Nuestra relación con nuestra hermana nunca fue la mejor. A parte de la diferencia de edad, ella estaba enfadada con su madre por divorciarse de su padre para casarse con el nuestro, el cual la maltrataba física y mentalmente. Aunque nadie lo dijese, todos sabemos que se casó con él por su dinero. Fue gracioso saber que aguantó a su rico segundo marido durante años solo para que se muriese después de cierto suceso, arruinado y encima se enterase de que, el padre de nuestra hermana, se había vuelto rico y famoso poco después de divorciarse. Literalmente debía esperar un poco para obtener la fama y el poder de un hombre.


—¿Nunca se le ocurrió trabajar por ello?


—No, ella era una mujer muy desagradable en ese aspecto. Sin embargo, cambió un poco después de años de maltrato. Ella se volvió una mujer más adulta y agradable. Sobre todo después de que Tina volviese a casa para retomar nuestra relación. Tina nunca intentó hacer nada para retomar el contacto con nuestra madre. Nuestra madre intentó retomar el contacto sin conseguir nada. Quien ayudó a que retomasen el contacto fue vuestro padre. Él la convenció para que nos diese una oportunidad, al menos para que conociésemos a nuestra hermana mayor. Gracias a él, pudimos tener una hermana mayor que nos cuidó y se hizo cargo económicamente de nosotros, ya que nuestra madre nunca supo cómo obtener dinero. Trabajar nunca fue una opción válida para ella.


—Aunque no lo parezca, fue una muy buena madre —dijo Aitor—. Ella siempre antepuso nuestro bien estar al suyo. Gracias a ella, nuestro padre nunca nos pegó. Realmente, vuestro padre era alguien impresionante.


—Poco después de que vuestros padres se casasen y creyésemos que era un final feliz, Gregorio empezó a actuar de una forma extraña. Empezó a hablar solo, como si alguien estuviese con él. Empezó a ver cosas que no estaban allí y a interactuar con esas cosas. Un día, simplemente se marchó. Gregorio desapareció sin dar explicaciones. Hasta el día de hoy, vuestra madre sigue buscando a vuestro padre.


—¿Papá tenía esquizofrenia? —preguntó David con el corazón roto. Él siempre había pensado que sus padres lo abandonaron, y sí, lo abandonaron. Pero nunca pensó en las razones que los habían llevado a aquello. Después de escuchar la verdad, ya no podía odiar a sus padres. Ninguno de los dos podía.


—Puede ser, o cualquier otra enfermedad que afecte al cerebro. Debimos haberlo llevado en contra de su voluntad a un hospital.


—¿Y nosotros donde entramos?


—Poco después de que Gregorio desapareciese, vuestra madre se dio cuenta de vosotros. Como vosotros necesitabais atención especial, nosotros no podíamos cuidaros (acabábamos de comenzar el instituto) y nuestra madre estaba empezando a mostrar síntomas de alzheimer, tuvo que dejaros en un orfanato. A día de hoy, nuestra madre ha muerto, Tina sigue buscando a vuestro padre y nosotros nos vamos a hacer cargo de vosotros.


—Ahora veréis el problema con el director Sena y por qué mi hermana estaba enfadada.


—Nosotros le dijimos a vuestra madre que queríamos hacernos cargo de nuestros sobrinos cuando cumpliésemos la mayoría de edad. Ella nos convenció para que esperásemos a que nuestra madre muriese antes de hacernos cargo de alguien más que necesita cuidados especiales y mucha atención. Ella le comunicó a vuestro director que en algún momento próximo os llevaríamos a nuestra casa, pero no quitaría las donaciones al orfanato. Hace un año le dijimos que íbamos a prepararlo todo en nuestra casa para que estuvieseis cómodos, y que nos dijese lo que íbamos a necesitar. No nos respondió ni la primera vez, ni ninguna de las veces que le pedimos esa información. Ni esa, ni ninguna otra. No nos quiso informar sobre nada, ni si quiera sobre los trámites para ser vuestros tutores legales. Tuvimos que contactar con vuestra madre, la cual está a tomar por culo en medio de la nada. Ella nos envió inmediatamente la dirección y una forma de contacta con su abogado para que nos diese toda la información necesaria y agilizase los procesos para ser vuestros tutores legales.


—Sí… nuestro director es demasiado mayor y su hija es nuestra única cuidadora. Somos pocos pero ellos deben de limpiar una casa donde los más mayores éramos nosotros. Ahora es Elena. Seguramente ensuciamos más que limpiamos.


—Si hay muchos bebés, es bastante difícil mantener una casa limpia. Los sirvientes de nuestra casa siempre estaban quejándose por lo bajo de eso. Los perdimos a todos gracias a cierto incidente.


—¿Sirvientes?


—Will, piensa un poco.


—Para eso te tengo a ti.


Will se pasó un rato en silencio, moviendo los ojos de un lado a otro. Siempre hacía eso cuando intentaba recordar algo que no había vivido él o supiese. Will se puso a mirar hacia arriba, eso siempre significaba que intentaba acceder a la mente de David.


—¿Estas intentando mirar en mis recuerdos? —preguntó David, ofendido porque su hermano no respetase su privacidad.


—Nuestros recuerdos.


—Si tú no estabas atento y no te enteraste, no son tus recuerdos. Estos son mis recuerdos. Además, ¿por qué crees que puedes hacer eso?


—Si podemos escuchar nuestros pensamientos, ¿por qué no podríamos mirar en los recuerdos del otro?


—Da igual, te lo diré. Nuestra madre da donaciones a nuestro orfanato y ha mantenido a una familia entera. Creo que tiene un excelente trabajo que le da mucho, pero que mucho dinero.


—¿Sois ricos?


—No exactamente, clase media alta más bien. Vuestra madre se ha encargado de todo el dinero de la familia desde que nuestro padre murió. Si no fuese por ella, o hubiésemos perdido todo —dijo Aitor.


—Bueno jovencitos, ahora que sabéis toda la historia familiar, creo que ha llegado el momento de comentaros algo importante. ¿Sabéis que son los magos?


—Sí —dijo Will emocionado—. La señorita Sena nos ha contado muchas historias de magos y nos ha contado anécdotas de ella en un internado en Francia. Dice que es la mejor escuela de magia del mundo.


—Pues somos magos y Hogwarts es la mejor escuela de magia. Vosotros vais a ir este año a esa escuela a aprender magia.


—¡Guay! —exclamó feliz Will. Desde hacía mucho esperaba que le confirmasen lo que sospechaba.


—Y una mierda.


—¿No os han pasado cosas extrañas?


—Bueno… nuestro doctor ha dicho que nuestros cerebros han crecido de una forma extraña. Se están uniendo cada vez más.


—Excepto eso, aunque puede ser…


—Nunca nos hemos caído, ni si quiera cuando éramos pequeños, siempre recuperábamos el equilibrio mágicamente —continuó Will —. Además, cuando nos caímos por las escaleras, no nos pasó nada. Ni si quiera un moratón. Contadnos cosas sobre la magia.


—Eso lo aprenderéis en Hogwarts, un internado mágico ubicado en Escocia. Allí lo aprenderéis todo. Por desgracia, no hemos conseguido sacaros del orfanato a tiempo para poder enseñaros durante mucho tiempo inglés. Para que no tengáis problemas con los nativos.


—No pasa nada tía Ana, nos vamos a meter en problemas igual.

18 de Marzo de 2021 a las 20:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
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