akan3 Marcelo Ayala

buscando el sentido de la vida por entre la lluvia.


No-ficción Todo público.
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caminamos

- ¿Y vos qué vas a hacer al terminar el colegio? - La luz del sol atravesaba el vidrio de las ventanas, reflejándose en los pupitres desaliñados, las sillas levantadas y la puerta abierta. Dos muchachos parecían ir a sus respectivas casas, por el mismo camino. El primero en salir tuvo que cuidar su cabeza para que no fuese golpeada con el marco superior de la puerta (ya había sucedido antes, bastantes veces), en el camino casi se tropieza consigo mismo... Él iba a aprovechar el momento para bromear sobre cómo se le arruinaría el peinado, ya que el suyo no era exactamente "ordenado". El segundo en salir no debía preocuparse de que le pasasen cosas como esa; para compensar su... "no-altura" él cuidaba mucho su apariencia: se podía ver no solo en su apariencia, sino que al hablar y al caminar se notaba un ademán perfeccionado.

- Pfftt - Dio unas pequeñas carcajadas sarcásticas, el del cabello descuidado - ¿Qué hace cualquiera? ¿Qué hacemos todos? ¿Qué tanto importa lo que hagamos, si es que al final nos espera una inevitable, cruel, y estúpida muerte? Siento yo que es medio imbécil siquiera hacer "algo" en este mundo tan sinsentido.

Los dos empezaron a bajar las escaleras que llevaban al primer piso del instituto. El muchacho alto siempre se quejaba, en forma de broma, del tener que bajar desde el último piso, decía que esas escaleras harían que valga la pena simplemente tirarse a ver si sobrevivía el viaje; sería más rápido, decía él.

- Estoy 97,5% seguro de que todo eso fue una forma elegante de decir "no sé" - Rió un poco, y pasó su mano por entre su propio cabello, quién sabrá el porqué. Volvió su mano al bolsillo, para que imitará a la otra, para combinar tal vez.

- ¡Sí, pero eso no cambia que lo que dije es verdad! - Dijo el "Primero". Podían los dos escuchar la charla de los demás alumnos del instituto, riendo perdidos en sus propias conversaciones, en sus propias vidas. Algunos de ellos interrumpían sus charlas para saludar al "Segundo", y quién sabe, tal vez incluso para hacer una pequeña conversación. El Primero solía esperarlo, ya que le parecía más divertido ir con alguien de camino a casa; pero a veces otras personas lo solían acompañar al de buena apariencia... El Primero solía incomodarse un poco, ser acompañado por extraños.

Después de la última pequeña conversación, y empezando a alejarse del colegio, el Segundo retoma la conversación.

- Ah, bueno... Supongo que sí. - Admitió, después de pensarlo un rato. - ¿Pero no te parece aburrido hacer nada?

- Uhm, sí. - El desaliñado llevaba sus manos al aire, columpiándolas casi como un niño (pero no tanto). A veces solía usarlas para taparse de la luz del sol dramáticamente o para jugar con su vista, tapando parcialmente la de un ojo para ver cómo terminaría viendo. - Sí, claro, supongo que sí.

- Pero bueno, regresando al verdadero tema - Al Segundo nunca se le olvidaría un tema de conversación - ¿No tenés pensado nada, de verdad?

- Uhh... - Con la mirada hacia al piso mientras caminaba, el Primero dio una ligera patada a una lata vacía de cerveza, la cual fue hacia otro lugar tal vez para ser pateada por otra persona - Nah, no sé. Es que se me hacen aburridos los trabajos de oficina... Eso o tal vez mi ego quiere hacer que me crea alguien especial, alguien que "merece" más; porque, si te soy sincero, seguro que sabés que soy una persona muy, muy conformista. Si pudiese vivir este año por siempre, probablemente lo haría...

- ¿Por lo que creés que estarías satisfecho con un trabajo así? - Preguntó el más bajo, interesado.

- Si es que el sentimiento de culpa se fuese... probablemente sí? - Respondió; o, bueno, dio algo parecido a una respuesta. - Ese sentimiento que me dice "¿No diste tu mejor esfuerzo para llegar a algo mejor y estás feliz? Sos un fracaso, pelotudo."

- ¿De donde creés que viene ese sentimiento? - Preguntó antes de advertir a su amigo de que había un cartel adelante, el Primero solía golpearse con ese cada tanto - Ah, cartel.

- Ahhhh, gracias, gracias. - Dijo mientras reía un poco, y se agachaba un poco para no tener que pasar el ridículo una vez más - No sé, ¿Tiene que venir todo de algún lado, aunque sea? Tal vez está ahí porque sí, porque lo heredé o algo. Sería injusto, pero la explicación menos complicada suele ser la acertada, y no es como que la realidad en sí sea justa, jaja...

- Tenés razón, quién sabe - Respondió el Segundo.

Como iban a cruzar una avenida tuvieron que concentrarse un poco menos en la conversación y más en no ser mutilados por algún automóvil. Caminaron un rato en silencio. El más alto pasaba sus manos por las plantas y los arboles, y sentía la belleza en el tacto; pareciese como un niño pasando la mano por algún portón de metal para hacer ese ruido repetido tan característico de la niñez, tan juguetón y curioso.

- Ah, sabés, siempre me gustó el arte - Mencionó el Primero, para luego quedarse callado un rato y levantar la mirada - Bueno, bueno... De hecho me encantaron un montón de cosas... Me "encantan" un montón de cosas. Pero luego de disfrutarlas un rato me doy cuenta de que no son algo de lo que "viviría", ¡Y aún si quisiese vivir de ellas, no sería lo suficientemente bueno en ninguna! "Jack of all trades, master of none", supongo.

El Segundo se quedó callado por un rato, no lograba encontrar respuesta a eso. Caminaron, escuchando el ruido de lo que les rodeaba; personas de la calle, haciendo lo que podían para seguir viviendo, para poder comer algo... O tal vez el tráfico apurado como siempre, mirando al "algún día"; un futuro que nunca vendría, realmente. El alto miraba todas estas cosas sintiéndose culpable: "Mirá cómo se esfuerzan ellos, cómo darían lo que fuese para estar en tu situación, y vos seguís llorando como un estúpido por no saber qué hacer con tu vida".

- Mentira - Dijo de repente el Segundo, cortando el silencio que hablaba de más. El Primero se sorprendió al escuchar una respuesta que vino de la nada. "¿Habrá escuchado mis pensamientos?" pensaba él, riéndose un poco de la ridicula situación que se imaginaba. - Debe haber algo que te guste de verdad, entre todas esas cosas que te distraen. Creo conocerte; no estarías viviendo si no fuese por ese "algo" que hace tu vida algo pasable, ¿O me equivoco?

- Bueno, no te equivocás exactamente; pero cabe destacar que también vivo por curiosidad, por ver en quién me convertiré si es que sigo respirando. - Después de decir eso, el Primero lanzó una pregunta al viento. - ¿Qué sentido tendría acabar una vida llena de tantas posibilidades?

- Descansar. - Dijo, de forma un poco cruda, el Segundo.

- Ah, perdón, esa no fue mi... - El Primero se disculpaba con un ritmo errático, algo herido y apenado por sus propias palabras.

- Bueh. No, no te disculpes, que de la nada traje ese tema.

Caminaron en silencio un poco más.

- Yo los admiro, en cierta forma - El Primero tenia una débil sonrisa en su rostro, una opaca emoción. - Aún pensando en... eso, el suicidio; aún pensando en eso, todos los días hallan una forma de seguir viviendo, una forma de seguir sonriendo sinceramente, de despertarse a aguantar un día más. Los admiro muchísimo.

- Yo también - Dijo el Segundo, sin cambiar su expresión, mirando al sol escondiéndose entre las nubes, para descansar un rato. - Yo también.

El por siempre cambiante cielo se transformaba una vez más, y sus colores cambiaban y todo se hacía algo nuevo. Las nubes adoptaban un color rosáceo anaranjado, y volaban algunos pájaros hacia sus casas, tal vez.

- ¿Sabés? Supongo que a veces sí pienso en acabar con mi vida... - Empezó a confesar el Primero - A veces la curiosidad no es suficiente para darme ganas de seguir respirando. Al final lo único que me mantiene con los pies en el suelo es mi imaginación; suelo imaginar cada tanto cómo sería todo si muriese, cómo terminaría mi familia, mis seres queridos. Imagino que les haría demasiado daño y que nunca se recuperarían completamente de su terrible perdida.

El Segundo simplemente asentía.

- Es gracioso, porque siempre he dicho que en este mundo hay que ser egoísta. - Decía el Primero, y cerró sus ojos por un momento. - Pero al final... lo único que hace que siga con vida es mi empatía. ¡Y lo peor es que no sé si eso es bueno! Quién sabe, tal vez mi empatía situacional es solo una estrategia más para que siga sufriendo.

- Realmente no sé qué voy a hacer - Bajó su mirada, pensante - Siento que todo se me está escapando...

- ¿Cómo así? - Preguntó el Segundo.

El Primero ideó bien sus palabras antes de finalmente responder; era un tema algo sensible, le parecía importante expresarse lo mejor que pudiese. Ese era uno de sus sueños, poder ser completamente comprendido.

- Los últimos 4 años de mi vida he tratado de encontrar algo a lo que dedicarme, algo de lo que pudiese trabajar todos los días sin sentir que mi vida pierde su sentido. No llegué a encontrar nada. - Cruzaron la calle, la cual se inundó en bocinas y motores por un momento, dando tiempo al Primero para que piense mejor sus siguientes palabras - Soy una persona que cambió bastante, creo.

- Estuve interesado en muchas cosas, desde pequeño. Que se note que, para cada interés que cite aquí, fueron llegando como fases.

- Uhh... ¿A qué te refieres con fases, exactamente?

- Mmmm... - Comenzó el Primero a articular sus palabras - Es como que vivía máximo un año creyendo que esa era mi razón de ser, cuando al parecer no terminaba siendo así. Todas me siguen interesando, pero como simples hobbies o cosas a admirar; la animación, la escritura, la cocina, la pintura, el dibujo, y la música.

- Pero, como he gastado mi tiempo intentando mejorar en todo eso, no sobresalgo en nada; no soy lo bastante bueno en nada, no soy bueno en nada. Soy distraído, torpe, ni siquiera soy tan inteligente; y lo peor es que siempre me pongo a sobrepensar todo y me abrumo con cualquier cosa. Incluso las tareas me son difíciles de hacer, por el simple hecho de que me parecen demasiado.

- Tener que dejar el colegio ya es demasiado para mí, dejar de poder juntarme y charlar contigo de esta forma, dejar de poder tomar chocolate caliente a las cinco de la tarde; si es que además de eso debo tener que aguantar el trabajar y estudiar, no sé qué pasará conmigo. - La vida en el rostro del muchacho se hacía trizas una vez más. Le pesaba el pecho, le costaba hallar un ritmo correcto de respiración - Realmente no siento que pueda llegar a ser nada, jamás; moriré junto a ese sentimiento que me dice que me estoy quedando atrás.

El Segundo miraba hacia adelante, con las manos en sus bolsillos, con su misma expresión en blanco. Empezó a hacer frio, así que sacó un abrigo de su mochila y se lo puso.

- ¿Trajiste algo para abrigarte? - Preguntó, mientras acomodaba bien la capucha apoyada en su espalda, para luego llevar sus manos a los bolsillos de su campera. - Últimamente el clima ha estado demasiado inconsistente, estúpidamente inconsistente.

Reía el Primero, mientras sacaba algo de su respectiva mochila; en vez de arrodillarse y hacer que su mochila se apoye contra el suelo (como lo hizo el Segundo), simplemente la volteó y se la puso al revés, para que estuviese en frente suyo mientras caminaba.

- Sísí, no te preocupes.

El viento sonaba. Un color blanco, de repente, empezó a dominarlo todo en el cielo. Debajo de todas las nubes grises, las personas empezaban a preocuparse; empezaban a correr hacia sus hogares, empezaban a cerrar sus negocios, empezaban a esconderse. Entre llovizna, los dos seguían caminando a su mismo ritmo.

- Yo creo - El segundo comenzó a decir, para luego titubear un poco. - ...No, realmente lo sé. Vas a poder seguir.

- Los cambios están en todos lados. - Aclaró él. El Primero regresó a tener esa mirada medio-muerta, observando la nada. - En cada pequeña decisión que hacemos, o en cada decisión que hacen por nosotros. Siempre le tenemos miedo a avanzar, creo yo; Desde ir a la escuela por primera vez, o pasar de la primaria a la secundaria. Siempre hay algo de lo que estar preocupado, algo que temer.

- Pero simplemente seguimos. - Los dos recibían sobre sus hombros la recién naciente lluvia, esa que a veces incluso parece ahogarte. Ellos seguían caminando. - Con ese nudo en el estómago, avanzamos.

- Porque en el fondo todos sabemos que, si es que la cagamos, el mundo no va a explotar. - Con pequeñas palmadas en su espalda, el Segundo intentó reconfortarlo. Vestía una sonrisa practicada, perfeccionada. - El mundo no va a explotar.

El Primero sacó una menta de su bolsillo, y la puso en su boca. Empezó a tener náuseas, solía pasar cada tanto.

Su mirada, aún medio-muerta, se sentía culpable: ¿Por qué no podía sentirse mejor? ¿Por qué le mareaban las palabras de su amigo?

- Supongo que no, jaja... - Echó unas carcajadas vacías. Sus piernas parecían no tener fuerza, quería descansar.

Pequeños cristales escapaban de sus ojos, se deslizaban por sus mejillas, colgaban de su mentón y conocían al suelo. No entendía porqué no podía respirar correctamente; no entendía porqué su garganta estaba tan enredada. Se sentía como un desastre.

El Segundo no sabía qué hacer, así que apartó la mirada, silencioso.


Los ruidos de la lluvia inundaron el resto del viaje, tan ensordecedor, tan estático. El Primero sintió que, si se descuidaba, las gotas atravesarían su pecho.


- Al parecer, ya llegamos.

- ¡Parece que sí! - Dijo el Primero, sonriendo.

- ¿Vas a estar bien? - Su mirada seguía apartada, no se atrevería a mirarlo a la cara de nuevo, después de no haber podido ayudarlo.

- Probablemente no. - Entre carcajadas, respondió.

- Mientras juguemos Brawlhalla más tarde, por mí está bien. - Su expresión no había cambiado. Pensó por un momento en lo incoherentes que eran sus palabras. - No quiero que mueras antes de que lleguemos a diamante.

- Hoy empieza mi carrera como Nix profesional. - Su risa se alejaba poco a poco, de camino a la puerta de su casa.

- Todo lo que pido es que no bajemos a oro en el proceso.

- Ya veremos~ - Cerró la puerta.


El Segundo, en silencio, siguió observando la nada; después de unos segundos, suspiró y siguió caminando.


8 de Enero de 2021 a las 13:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Marcelo Ayala solo un chico de 18 años que hace música, y al parecer también escribe.

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