eloi-valls1610040951 Eloi Valls

Dos pueblos en guerra y todo un mundo expectante, a la espera. Hace mas de cien años que se produjo La Expulsión y no pueden permitir que ninguno de los dos salga triunfante. Por otro lado, Sahasa, hija de un pensador clandestino de Jhala, es enviada por éste para encontrar civilización más allá de la montaña y poder encontrar El Indicador, para poder restaurar la cordura a la civilización. Pero la guerra se está terminando, y los demás estados estan al acecho. Conseguirá Sahasa su objectivo?


Fantasía Medieval Todo público.

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Prólogo

“Se habla de aquel tiempo como La Guerra de la Montaña. Pero es mas complejo que eso. Al pueblo de Brrti ya le iba bien que se pelearan. Eran las tierras del emperador pero este no estaba dispuesto a involucrar sus recursos en una empresa que al fin y al cabo terminarían ellos mismos. Todo el mundo quería ver desaparecer a los pueblos de la montaña pero creían que la guerra no duraría mucho mas y no le veían ninguna ventaja en actuar. No se sabe exactamente como terminó la guerra ni que sucedió en los próximos cien años. Pero en lo que todos los historiadores concordamos es que la guerra terminó y uno de los bandos salió vencedor. En las décadas siguientes la tasa de mortalidad fue muy grande en todo el mundo, lo que lleva a diversas suposiciones. Atacó algún estado de la montaña a los demás pueblos del mundo? No sabemos si sabían de su existencia ni si tenían suficiente poder para hacerlo. Solamente podemos llenar huecos. Sucedió una guerra a nivel mundial para apropiarse de las primeras materias de sus gentes? No sabemos nada, no hay datos exactos. Los escritos se perdieron y los arqueológicos no nos dicen nada. Es un hecho que de momento, ha quedado en el olvido”

“Los misterios de la antigüedad”

Diario “El curioso” Edición del 2487 D.E (después de la expulsión)



Funga, capital del imperio de Brrti 150 D.E

Una figura encapuchada subía una escalinata muy larga. Era un día soleado, cosa extraña en el gran imperio del emperador eterno. Era la segunda vez en la semana que el emperador lo llamaba para obtener noticias de la situación en la montaña. Al parecer se estaba poniendo nervioso o al menos era lo que el mensajero del monarca creía. Estaba sudando. Era muy largo el trayecto de su residencia hacia el palacio y el no permitir el uso de caballos hacia que la llegada fuera complicada. Hacia mas de 150 años que no se permitían animales de carga en la capital. Después de La Expulsión los emperadores siempre habían intentado tener a los animales como mas lejos posible, al fin y al cabo, habían sido sus enemigos en tro tiempo.

Cuando llegó al palacio contempló las grandes puertas que lo custodiaban y los guardias que la defendían. Eran totalmente inútiles, nadie atacaba la capital desde antes de La Expulsión, pero Petrus, el emperador actual, consideraba que por ahí por donde andaba tenia enemigos a la vista. Se acercó a sus guardias.

-Cinte, mensajero oficial del rei -era una formalidad que se presentara. Los guardias sabían perfectamente quien era pero por ordenes del emperador todo el mundo se tenia que presentar a los guardias antes de poder acceder a sus aposentos. Los guardias asintieron y se giraron abriendo la puerta de par en par para dejar a la vista un grandioso espacio oscuro solamente iluminado por los cuadros colgantes de la pared que tantas veces había visto ya. Petrus no necesitara mas luz que la que relucía de los cuadros aunque sus criados siempre habrían preferido tener muchas mas lamparas para hacer el trabajo.

Los siguió y después de estar veinte minutos andando contemplando los cuadros se encontraron delante de otra puerta con todo de clavos puestos a su alrededor. Era un simple adorno, no era para nada funcional, pero el emperador lo puso como muestra de poder, para acongojar a sus visitantes. Funcionaba. Hacia generaciones que las diversas dinastías hacían ostentación de poder para garantizar su autoridad. Eso en ocasiones funcionaba pero eso no había evitado continuos golpes de estado. Desde La Expulsión ya llevaban ocho dinastías diferentes en el imperio, pero la actual, la Cara, estaba consiguiendo mantener el poder a base del miedo pero también de contentar a los nobles.

Abrieron las puertas y se encontraron con la misma escena de siempre. Otro espacio grandioso, iluminado solo por los cuadros, y decenas de bailarines haciendo sus pasos para contentar al emperador. Este al verlo entrar, les ordenó que se detuvieran y los despidió, marchándose por unas puertas laterales siguiendo un orden muy concreto.

Cinte se acercó, los guardias ya echados a un lado y se arrodilló a cinco pasos de la gran estructura donde se sentaba su majestad. Era un hombre alto vestido con pieles de animal grande. Como era bien sabido en todo el imperio, los nobles y el emperador llevaban ropas hechas con pieles de animales de gran estatura. Era la moda y lo llevaba siendo desde la expulsión. Por otro lado, a la gente corriente se le estaba prohibido llevar este tipo de ropajes. Cinte estaba mirando el suelo pero no le hizo falta contemplarlo para percibir la apariencia de su señor. Siempre llevaba las mismas ropas. Una túnica hecha de piel de león y unos pantalones confeccionados con piel de hipopótamo. Llevaba una barba rubia espesa que le cubría casi todo el rostro, el cual estaba cubierto de cicatrices, hechas al nacimiento según el linaje al que pertenecía. Cinte era muy pequeño a su lado. Aunque también llevaba ropas de animales grandes, de hienas en su caso, no estaban tan trabajadas como las de su soberano. Este llevaba también collares que habían pertenecido cada uno de ellos a uno de su antecesor. Justamente cuando lo estaba pensando, los movió.

-Sabes porque te he llamado. Mis consejeros están ansiosos por la situación que se esta produciendo entre Cirakai y Jhala. Se están poniendo nerviosos y un poco pesados, y no me gustaría matarlos por eso. Son muy útiles -lo miró, sus ojos verdes los escrutaron de arriba a abajo, él ya con la cabeza levantada -hay nuevas noticias de la montaña?

Cada día era lo mismo. El emperador, aun tener el control total del imperio necesitaba tener a sus consejeros totalmente informados. Poseían su cargo de forma hereditaria, siempre había sido así y por lo tanto habían estudiado toda su vida para ser útiles y servir a su rey. Este no podía hacer política sin sus consejos. Y ellos estaban siempre muy preocupados. La situación en la montaña no había cambiado. Cirakai y Jhala llevaban desde La Expulsión enfrentados porque Cirakai quería apropiarse de los recursos que poseía Jhala para comerciar. El problema es que esa gente no quería comerciar con nadie de este planeta, y eso el emperador y sus consejeros también lo sabían. Después de 40 años estos dos pueblos seguían en guerra pero al parecer el reino de la parte alta de la montaña, Cirakai, estaba tomando ventaja contra sus enemigos. El imperio de Brrti estaba a la espera para que esas refriegas se saldasen con un vencedor para que cuando este se hiciera con el poder, estuviera tan débil para conquistar la montaña entera y evitar la situación que había llevado a La Expulsión.

-Mi señor -su voz era suave, como correspondía que debían hablar todos los siervos ante su majestad -al parecer Cirakai esta tomando cada vez mas ventaja. Llevan así una semana según mis espías. Aunque ya sabe que la situación puede haber cambiado. -volvió la cabeza hacía bajo otra vez. Mas allá de los límites de la montaña había un desierto de unos cinco kilómetros, en el cual había unas tempestades que complicaban el avance, por lo tanto, las noticias tardaban en llegar al gran imperio eterno.

-Muy bien puedes retirarte -dijo el emperador,, haciendo un gesto para que los bailarines volvieran a entrar.

-Hay mas señor -los bailarines se detuvieron al entrar esperando ordenes. Petrus no dijo nada aunque le devolvió la mirada su mensajero. Hizo un gesto, al que este correspondió correctamente. -según mis espías hay un estudioso entre los ciudadanos de Jhala.

-Eso es imposible.

-Según mis contactos su majestad, corren los rumores de que hay un estudioso que promulga que mas allá de las montañas, de sus fronteras hay mas civilización aparte de la suya. También, según mi informante, se dice que tiene una hija y otros aliados que quieren ir mas allá de la montaña para encontrar el antiguo Indicador.

-De acuerdo, esto es nuevo. Vuelve a enviar a tus espías...

-Perdone que le interrumpa señor pero ya lo he hecho. Ante tal noticias he supuesto que le interesaría tener nuevas cuanto antes. -Se levantó. Comprendía que después de esto no necesitaría que siguiese hablando. Después de La Expulsión todos los estados permanecían unidos, ya fueran dictaduras, imperios o democracias, porque tenían un enemigo en común. Y estas noticias que el le transmitía podía hacer que volviese.

Petrus volvió a mover sus pulseras de oro y Cere se retiró. Su trabajo estaba hecho y mañana probablemente lo volverían a mandar a llamar. La situación se estaba poniendo interesante, y con esta nueva noticia que le había transmitido, las cosas empezarían a calentarse aún mas.

7 de Enero de 2021 a las 17:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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