C
Carmen Levin


Le odiaba, me habían enseñado a odiarle a él y a todos los de su especie desde pequeña; pero el recuerdo de sus suaves labios sobre los míos no dejaba de perseguirme. Ahora no debía preocuparme por eso, y, sobre todo, no debía dejar a mis sentimientos interponerse. Ahora que le tenía frente a mí debía matarle.


Ciencia ficción Futurista Todo público.
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El cálido

Siempre me he hecho la misma pregunta, ¿cómo había empezado todo?, ¿Cuándo había empezado la rivalidad entre fríos y cálidos?, pero ninguna de estas preguntas parecía tener respuesta. Cada vez que preguntaba a mis superiores según crecía, me miraban con mala cara y en algunos casos, me sermoneaban de forma muy violenta por ello, hasta que aprendí a no preguntar y mantener la boca cerrada. Parecía ser que era algo que no debíamos preguntarnos, tan solo teníamos que saber que eran nuestros enemigos y debíamos matarlos, a todos y cada uno de ellos, sin excepción. Quien tuviera piedad, sufriría las consecuencias.

Dormía plácidamente en mi cama cuando unas manos comenzaron a moverme con fuerza, yo no quería despertarme no había dormido bien en las últimas dos semanas y el cansancio que sentía era demasiado fuerte como para abrir los ojos.

-¡Alisha despierta!

Oí la voz de mi capitán. Inmediatamente y por mucho que me costara, me levanté de la cama y me puse firme, intenté no cerrar los ojos.

-No he podido dormir bien durante varios días-intenté excusarme. Mi capitán dio un paso hacia atrás para alejarse de mí tras haberme levantado. Cuando le miré pude percibir su sorpresa al haberme encontrado dormida, pues era algo que no solía pasar, siempre llegaba con tiempo a allí a donde tuviera que ir.

-Han sido unos días duros-me contestó-. Pero no podemos permitirnos ningún despiste.

-Lo siento, no volverá a pasar.

-Eso espero-dijo y se tranquilizó-. Ahora vístete y ven al centro de exámenes en una hora-mi capitán se dio la vuelta y salió de la habitación. Yo me senté varios minutos en la cama, luego me levanté y anduve hacia un armario blanco como todo en la habitación. Lo abrí y saqué un traje blanco ajustado que cubría todo el cuerpo hasta los pies haciendo de zapato. Abrí la cremallera he introduje el pie derecho con suma delicadeza para que la tela no se arrugara, luego el izquierdo. La cremallera desapareció y el traje se cerró ajustándose a mí cuerpo. Caminé despacio hacia un espejo, me hice una coleta alta y la sujeté con un aro ancho de metal plateado parecido a una pulsera. Alcé el brazo y miré la hora en el reloj que estaba incrustado en la muñeca derecha del traje. Quedaban menos de veinte minutos para la hora a la que mi capitán me había dicho, así que me di la vuelta y salí de mi habitación.

Los pasillos estaban repletos de gente vestida con el mismo uniforme que yo, estos debían de dirigirse a entrenar o a algún examen, mientras que aquellos que estaban cómodamente sentados hablando o no les tocaba entrenar iban vestidos con ropa de colores fríos con distintos tonos azules, grises, algunos oscuros y el resplandeciente blanco.

Desde que nacíamos nos entrenaban para matar, para matar a, como nosotros les llamábamos, los cálidos, nuestros enemigos desde hacía tanto tiempo que nadie lo sabía realmente. Habíamos sido criados para desear su muerte más que nuestra propia vida, pero por desgracia no podíamos matarlos, no directamente. Tan solo tenemos oportunidad de hacerlo cuando entramos en la sala de batalla, una zona donde nos enfrentábamos lanzándonos una esfera que congelamos o calientan según quien la sujete. Nadie sabe de donde proviene esa esfera, que en algunos casos puede haber más de una, tan solo aparece en un bando o en el otro, y es la única cosa que puede pasar al bando contrario , porque si alguno de nosotros cruza el límite, mueres al momento. La esfera, al terminar cada batalla se desintegraba

Nadie que conozca ha visto suceder esto, pero al parecer hace mucho tiempo alguien lo atravesó y murió al instante. Si la esfera, lanzada por el enemigo, te toca, la piel queda quemada, en mi caso y en el resto de mis compañeros; en el caso de un cálido, su piel se congela como un tempano de hielo. A pesar de esto tan solo eran unos pocos los que conseguían entrar al equipo de batalla que se enfrentaba a los cálidos, para ello había que pasar muchas y complicadas pruebas; a una de las cuales me dirigía en ese momento

Aun me costaba andar por el sueño que tenía y sentía que me iba desmallar en cualquier momento; pero no lo hice y seguí andando. No había podido desayunar esa mañana y la tripa me rugía.

Miré a varias de las chicas con las que en alguna ocasión tuve que enfrentarme en un examen y del que salí herida múltiples veces. Una de ellas me miró y avisó al resto que enseguida me miraron, en sus miradas pude sentir como se reían por dentro intentando no expulsar esas risas al exterior. Un par de metros más allá pude identificar el centro de exámenes que en esta ocasión al ser del nivel alto no era de color blanco sino de color azul. Allí se hacía hoy el examen que decidía quien, y quien no, entraba en el equipo oficial, los de mayor rango. El que jugaba con verdadero riesgo contra los cálidos.

Por fin empezaba a acercarme a la puerta cuando una chica pelirroja, algo más alta que yo me empujó con fuerza al suelo. Me quedé ahí tirada esperando que me pidiera disculpas o algo por el estilo, pero no hizo nada. Fui a levantarme cuando me empujó golpeándome de nuevo contra la pared.

-Hola, perdedora-dijo una voz. Abrí los ojos con dolor y miré arriba, vi a la misma chica parada junto a mí con dos chicas más a su lado. Aparté la cara de ella cuando olí su asqueroso aliento.

-¿Qué tal?-contesté sin saber al cien por cien que me hablaba a mí. Lo único que me preocupaba en esos momentos era que llegaba tarde a él examen. Por fin pude levantarme del suelo.

-¿A dónde vas?, no hemos acabado de hablar contigo-cuando esa chica dijo eso supe que no iba a ser fácil escapar de esa situación.

-Tengo una prueba importante a la que acudir-le contesté-.Pero puedes seguir luego, si te parece bien.

-A la hora de la comida. En los vestuarios-no contesté nada y me escapé de las otras dos chicas pasando entre sus brazos.

Abrí la puerta y me di cuenta de que ya habían empezado, en una parte de la sala estaba un grupo formado de dos chicas y tres chicos apuntando a los cilindros de metal de color azul oscuro con cuchillos plateados desde la otra punta de la sala. Mientras que no muy alejados de ellos estaba otro grupo solo de chicos practicando el congelar las esferas al lanzarlas, a un lado sobre un tatami había barias parejas turnándose para pelear. En el centro de la sala se encontraba mi capitán hablando con otro de otra clase de entrenamiento que al ser de un par de rangos superiores el color de su uniforme era de color azul. Al cerrarse la puerta, emitió un desagradable chirrido que hizo que todos los presentes se giraran en dirección a mí. Mi capitán junto con el otro anduvo hacia mí despacio mientras parecía estar hablando con el otro hombre.

-¡Seguid entrenando!-grito mi capitán. Todos se volvieron y continuaron con lo que estaban haciendo. Mi capitán se detuvo frente a mí con el otro hombre de pelo engominado.

-Capitán Blake, esta es mi lanzadora estrella. Alisha.

Un hombre poco mayor que mi capitán se me presentaba. Tenía la cara arrugada y su pelo era casi todo canas.

-Es un placer conocerla.

-Está bien-dijo mi capitán antes de que yo pudiera decir nada.-Creo que Alisha y yo deberíamos hablar un segundo antes de la batalla de esta tarde.

-De acuerdo. Un placer conocerla -repitió el hombre y se fue por la puerta por la que yo había entrado.

-¿Qué batalla?-pregunté empezando a ponerme nerviosa.

-La de esta tarde.

-Una batalla de entrenamiento.

-No-contentó mi capitán haciendo a los nervios volver de nuevo-.Una batalla de verdad, contra nuestros enemigos de verdad.

-Pero, no estoy preparada. Todavía no me he pasado la prueba.

Era todo un honor que mi capitán considerara que no era necesario que pasara ninguna prueba para pasar al equipo oficial, pero yo no estaba de acuerdo. Se me daba medianamente bien, pero había conseguido llegar a donde estaba a base de practicar una y otra y otra vez, al igual que el resto y por eso tenía que ser tratada como el resto; además, no quería ganarme enemigos por favoritismos.

-Ah habido un cambio de planes, no creemos que sea necesario hacerte el examen.

Me había quedado casi sin habla.

-Sí, si que es necesario, como a todo el mundo.

- Alisha. Estás preparada desde hace meses. No es necesario hacerte ningún examen.

-Pero eso sería injusto para todos los demás. Se dejan la piel entrenando para que luego a mí me cojan sin hacer casi ni la mitad de esfuerzo.

-Ni una queja. Te veo mañana después de la comida en la sala de batalla.

Mi capitán salió por la puerta.

-¡Seguid entrenando!-grito por último, no entendí por qué mi capitán había vuelto a gritarles lo mismo a sus alumnos, cuando se lo había gritado antes le habían hecho caso. Me quedé varios minutos pensando, volví la cabeza hacia los grupos de entrenamiento y me di cuenta de que todos me estaban mirando.

Salí lo más rápido que pude de allí cuando noté un ácido subiéndome por la garganta. Salí corriendo, me había dado cuenta de que iba a vomitar.

Entre en el vestuario de las chicas y me encerré en una de los baños individuales que había, abrí la tapa del váter y vomité. Hoy unas risas y a varias chicas caminando y quedarse paradas frente a mí. Aun así no hice caso. La puerta de mi baño se abrió de golpe, alguien me golpeó con fuerza contra la pared, pude darme cuenta de quién era al oler ese pestilente hedor.

-Recuerdo haber quedado a la hora de comer-dije levantándome del suelo.

-Yo no lo recuerdo-dijo la que parecía ser la líder-. ¿Os acordáis vosotras?-les preguntó a las demás que contestaron que no moviendo la cabeza de un lado al otro. La chica al frente me dio una patada en la costilla tirándome al suelo de nuevo. La situación había llegado a unos límites en los que ya no podía mantenerme firme o simplemente disimular que no sentía dolor, tenía que salir como fuera de esa situación.

-Debéis de estar cansadas, dejadlo para mañana.

-Te equivocas. Estamos perfectamente.

-¿No te parece un poco injusto uno contra tres? Debes de sentirte muy agradecida de que ellas puedan hacer el trabajo por ti.

-Cállate-rujió la chica.

-¿Por qué?, ¿acaso me equivoco?

-¡Cállate!-gritó. La chica empezó a pegarme patadas y a esa se unieron las otras dos.

Mientras me pegaban pensé en como acabaría esta situación, yo muerta o con suficientes heridas como para no moverme nunca más, quizás estaba exagerando un poco. En la segunda opción decidiría que me mataran, prefiero eso a pasar el resto de mi vida quieta como una estatua. Pero oí una voz.

-Capitán-susurré aunque no pareció que lo hubiera dicho muy bajo porque las tres chicas se apartaron de mí y salieron corriendo. Noté a alguien arrodillarse en el suelo a mi lado.

-Capitán-dije despacio.

-Alisha no debiste dejar que te pegaran-dijo mi capitán. Yo alcé las manos.

-Sabes de sobra que la lucha no es mi fuerte-dije con dolor apoyándome contra la pared. Mi capitán sonrió.

-Han venido ya los de enfermería. Me ocuparé de las tres personalmente…-negué con la cabeza como pude por el dolor

-Estoy bien-dije volviendo a negar con la cabeza. Mi capitán se levantó del suelo. Lo último que vi fue al equipo de enfermería levantarme y dejarme sobre una camilla.

Las tres chicas me estaban golpeando con fuerza, yo quería defenderme, pero por más que lo intentaba no conseguía mover un solo músculo. Solo me quedaba esperar a que alguien viniera y me sacara de esa situación, pero por más que esperaba nadie parecía venir en mi ayuda.

Desperté, desperté y me encontré en mi habitación tumbada sobre mi cama. Estaba desnuda pero una manta gris me cubría. Pasé la mirada por la habitación preguntándome a donde diablos había ido a parar mi ropa hasta que me encontré con el capitán, apoyado contra la puerta de la entrada.

-¿Dónde está mi ropa?-fue lo primero que dije.

-Tuvieron que quitártela para examinarte-respondió apartando la mirada de mí. Me di cuenta de lo extraña que era la situación y me tapé todo lo que puede con la manta. Ninguno de los dos dijo nada hasta que intenté levantarme tapándome con la manta, pero él me tiró un traje parecido al que llevaba puesto todos los días que entrenaba. Solo que este tenía una raya ancha en el contorno de los brazos y piernas que no parecían hacer nada, sino que estaban ahí de decoración.

-Tu nuevo uniforme.

-¿Nuevo?-dije sorprendida-.No lo veo diferente al otro excepto por estas…líneas.

-Lo entenderás cuando te lo pongas.

Dicho esto, mi capitán salió de mi habitación tan rápido como si intentara huir de algo. Yo me puse el uniforme como lo hacía con el antiguo que tenía, cuando cerré la cremallera desapareció como en el otro y se ajustó a mi cuerpo como también hacia el otro. Esperé un par de segundos a ver si pasaba algo distinto, pero no pasó nada.

-Pues vaya-dije algo decepcionada, pues pensaba que algo pasaría, pero no. Se empezó a oír un zumbido en el aire y luego una voz robotizada de mujer.

-Alisha, por favor preséntese en la sala de batalla dentro de dos minutos.

-Hora de irse-dije intentando aparentar entusiasmo, algo que no se me daba muy bien. En vez de salir por la puerta por la que salía siempre y por la que se había salido mi capitán salí por otra muy distinta que apareció de la nada en la pared. En un lado de la puerta había una especie de mini teclado con números del 1 al 9. Volví a oír esa voz.

-Por favor introduzca su número en el equipo de batalla-levanté el brazo y pulsé con la mano izquierda los números 3772. Una especie de mini cámara alargada con un punto en medio salió del centro de la puerta. Del interior del agujero salió una lucecita verde que más tarde reconocí como un escáner. Me repaso de arriba abajo y luego volvió a hablar-. Alisha Montana, equipo de batalla. Edad 17.

La puerta se abrió y me di cuenta de que daba con un cilindro de cristal que también se abrió dejando vía libre para que pudiera pasar. Entre y la puerta se cerró de golpe.

-Buena suerte.

En ese momento el cilindro en el que iba metida empezó a descender a toda velocidad y luego frenó en seco. La puerta se abrió.

Salí de la cabina con ganas de vomitar, aunque más tarde se me pasó. En frente de mí había pequeñas lucecitas alargadas.

Empecé a andar. No entendía por qué estaba todo oscuro, no había oído hablar nunca de una batalla a oscuras, era prácticamente imposible. Las luces se iban apagando al quedarse atrás. Llegué a una puerta azul luminosa, puse la mano en la puerta y se abrió al instante. No oía nada, no veía nada, pero entonces unos pitidos similares a lo que sería un tambor empezaron a oírse y algo en el cielo se iluminó, miré hacia esa despampanante luz y vi un número, 8. Ese número empezó a cambiar al cabo de dos segundos; 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Fue entonces cuando supe a que se había referido el capitán.

Las extrañas líneas del traje se encendieron, eran del mismo color que las luces que se habían encendido cuando había salido de la cabina.

-¿Con que era esto?-dije moviendo los brazos observando como la luz iluminaba mi brazo y un poco a mi alrededor; no solo se encendieron las luces de mi traje, sino también las del resto de mis compañeros.

Miré hacia ambos lados, a pesar de que no podía ver bien las caras de mis compañeros ya que las rayas del traje acababan debajo de los hombros y la luz que desprendían no alumbraba del todo la cara,pude darme cuenta de que todos miraban a un mismo sitio. Miré hacia el frente y enseguida pude darme cuenta de a dónde miraban, los trajes del enemigo también se habían encendido solo que su color era un naranja intenso digital. Uno estaba delante, a un par de metros más atrás pero delante de mí, podía sentir como me miraba y su sonrisa, iluminada por la luz de su traje, cuando de repente en la oscuridad vi su mano moverse hacia adelante. No reaccioné hasta darme cuenta de que la esfera se dirigía hacia mí. Me agaché al instante cayendo al suelo sobre las manos, mire al frente y de nuevo pude ver la sonrisa de mi enemigo, no entendía porque sonreía, no había conseguido darme. La esfera calló a mi lado, antes de levantarme mire hacia atrás y vi a uno de los míos caer muerto al suelo, por mi culpa había muerto. Cogí la esfera con furia y me levanté, apreté con fuerza la esfera hasta poder notar que se había congelado. Ni siquiera me concedí un determinado tiempo para apuntar, estaba siendo guiada por la furia y la incansable necesidad de venganza. Pegué un salto y antes de tocar el suelo lancé la esfera que con éxito se clavó en el corazón de mi enemigo que al instante se desplomó. Vi a uno mucho más grande que por la forma de respirar podía saber que estaba furioso le vi coger la esfera del suelo. Este otro la lanzó en dirección a mí. Estaba tan concentrada en la sed de venganza que cogí la esfera en el aire y se la devolví quemando su pierna derecha. Esa sombra con rallas naranjas se desplomó cayendo al suelo con verdadera fuerza. Lo miré determinadas veces, decidí matarlo a la próxima vez que consiguiera la esfera. Otra esfera salida de la nada me pillo desprevenida quemándome parte de la cara. Solté un grito ahogado y me puse la mano en la cara intentando aliviar el ardor que sentía. Miré hacia el frente y oí una risa, inmediatamente miré de un lado a otro pero no conseguía descifrar de quien procedía, pues todos mis enemigos no dejaban de moverse de un lado a otro de su campo al igual que mi equipo. Volví a sentir ese mismo dolor en el brazo izquierdo, me habían vuelto a dar. La misma luz que había visto al entrar se iluminó en el cielo pero esta vez empezaba desde un número más alto, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Todas las luces se apagaron incluidas las de los trajes, mientras yo sufría y gritaba de dolor, unos brazos robustos junto a otros más delgados me sujetaron y levantaron. Más tarde noté como me subían a una camilla que se perdía en la oscuridad.

Algo se clavó en mis brazos y cuello, abrí un poco los ojos y miré hacia abajo mientras sufría, unas agujas algo más grandes que una mano estaban clavadas en mi piel. Miré un poco más abajo y pude ver un tuvo que iba unido a las agujas. En ese momento vi un líquido amarillento ascender por él tuvo hasta las agujas, cuando ese líquido entro en mis venas me provoco un dolor mucho más doloroso que provocó que empezara a retorcerme intentando soltarme, pero no podía porque estaba atada a la camilla en la que estaba tumbada. Ese debía de ser el suero que se inyectaba para curar las quemaduras de la batallas.

Así fue un día tras otro, batallas, heridas, agujas, dolor. Me presenté en la oficina de mi capitán, cansada de todos los días lo mismo, quería dimitir dejarlo e irme para siempre. Golpeé varias veces con fuerza la puerta.

-¿Quién es?-se oyó del interior.

-Quiero dejarlo-la puerta se abrió de inmediato. El capitán estaba sentado en la silla de su escritorio mientras parecía ordenar unos papeles.

-Pasa Alisha. ¿Qué quieres?

-Me has oído. Dimito, ya no lo aguanto más.

-Con que eso era lo que te pasaba.

-¿Desde cuándo las batallas son a oscuras?

-No podemos saberlo con exactitud, depende de si el día…-El capitán se calló antes de acabar la frase

-¿El día?-pregunté frunciendo el ceño. ¿Cómo que el día? Allí no había sol, nunca lo había habido y la Tierra se había extinguido, no había modo de saber o tener una referencia del tiempo fuera de donde estuviéramos metidos exactamente.

El capitán se removió incómodo en la silla antes de volver a hablar, pero yo hablé primero.

-No puede saberse si hace… sol-acabé sorprendida por la palabra que había salido de mis labios-.¿O si?-Un pensamiento comenzó a formarse en mi cabeza, pero no llegó a manifestarse a tiempo pues el capitán lo impidió.

Se levantó con tanta fuerza de la mesa que unas cuantas hojas se cayeron, me miró fijamente.

-Ya basta-casi gritó-. Y ahora vete tienes otra batalla en 15 minutos.

-De acuerdo-dije y salí por la puerta.

Estaba confusa, no sabía cómo actuar en esa situación, nunca mi capitán me había hablado de esa manera ni tampoco nadie que hubiera conocido.

Repetí lo mismo que varios días atrás, me puse el traje, esa extraña voz me avisó para que fuera yendo hacia la puerta y repitió el mismo proceso.

-Por favor introduzca su número en el equipo de batalla-yo pulse el número 3772 y luego salió el escáner-.Alisha Montana. Edad 16 años-la puerta se abrió y pase con intención de no oír sus últimas palabras. <<Buena suerte >>Me dije cuando la cabina salió disparada hacia abajo.

Salí de nuevo con ganas de vomitar, algo que nunca pararía de hacer ya que nunca me acostumbraría a la velocidad de la cabina cuando descendía. Algo me dijo antes de mirar al frente que de nuevo la batalla sería a oscuras puesto que cuando miré hacia adelante vi que todo estaba oscuro como la primera vez que bajé.

-Genial-dije y miré a tras pensando en irme y no volver, pero ya era imposible, una vez que se baja no se puede subir hasta que la batalla no hubiera concluido. Miré al frente y caminé despacio sin ir demasiado rápido y abrí la puerta. Entre y vi en el frente a mi enemigo y a mi alrededor mis compañeros. Tenía la impresión de que siempre llegaba tarde, cada vez que entraba estaban todos preparados. Miré al frente y como siempre vi a mis enemigos, aunque se podría decir que más bien veía las rayas de color naranja en sus trajes. Entonces hubo un destello de luz que me obligó a cerrar los ojos de golpe.

Abrí los ojos, cuando lo hice me di cuenta de que no había pasado nada excepto que podía ver sin ningún problema a mi alrededor. Podía ver a mis compañeros, todos erguidos mirando hacia una misma dirección. Al frente. Copié su gesto y miré al frente. Los cálidos estaban frente a mí en las mismas posiciones que cuando estábamos a oscuras, excepto uno que se había movido de un lado al otro de la pista. Esa persona estaba apoyada contra la puerta por la que se entraba y salía. No podía verle el rostro debido a que mis ojos todavía no se habían acostumbrado a la fuerte luz. Lo que pude distinguir fueron pequeños rasgos de la cara, su cabello corto era de un negro azabache y sus ojos...Me distraje mirando al cielo al oír el pitido de siempre y al ver los números. 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. En el momento en el que vi el número cero miré de nuevo a esa persona y me di cuenta de que era un chico tras acostumbrarse mis ojos a la luz. Sus ojos eran de color verde intenso, de este color verde que no se encuentra en ningún objeto o ser vivo sino en la imaginación.

Me había quedado demasiado tiempo contemplando sus ojos como una posesa, pues enseguida note el calor de la esfera lanzada contra mí de parte de ellos. Me di cuenta a tiempo, lo suficiente como para coger la esfera en el aire antes de que pudiera dañarme como la primera vez. La luz me sofocaba los ojos lo suficiente como para no ver nada, pero a pesar de ello pude distinguir al lanzador que me había disparado. Era alto y esbelto de ojos negros y pelo marrón como la mayoría de ellos, me miraba sonriente de arriba abajo. Pude sentir la presión de mis compañeros sobre mí, sabía que en sus mentes solo pensaban cosas como, dispara, ¿a que estas esperando? Las ignoré y decidí seguir observando aunque no podría hacerlo mucho más ya que si la esfera no era utilizada desaparecería y la batalla terminaría. Decidí apuntar al más inocente de todos ellos, luego me ocuparía del que me había intentado matar. Encontré a esa persona, era un chico un par de años más joven que los demás. Ese chico algo asustado escondiéndose detrás de aquel que me había lanzado la esfera por primera vez. Me quedé con su cara. Sabía que sería difícil matarle ya que estaba detrás de él otro que no dejaba de mirarme preguntándose cual sería mi próximo movimiento. Fue entonces cuando lancé la esfera. Cuando fui a lanzar la esfera hacia otro cálido el alto y esbelto del principio se movió para coger la esfera en el aire pero hice un movimiento rápido y giré el brazo dejando caer la esfera sobre el chico más joven.

El alto y esbelto alzó la mirada y pude identificar el odio y la sed de venganza que sentía en ese momento hacia mí. Miré al resto de los cálidos y todos tenían la misma mirada. Entendía porque, era comprensible que se pusieran furiosos por lo que había hecho, yo también lo estaría si ellos hubieran matado a uno de los míos. Tuve que admitir en mi mente que lo que había hecho era una crueldad, seguramente en un mundo sin batallas ni nada parecido lo que acababa de hacer sería un crimen, pero este no era el caso, ellos eran mis enemigos y no se debía tener piedad.

El chico de antes estaba serio. Pude notar que movía de arriba abajo algo en su mano. Fijé más la vista y pude darme cuenta de que tenía la esfera en sus manos, una esfera que probablemente se dirigiría hacia mí más rápido de lo que creía. Me quedé paralizada por el miedo, había algo en su mirada que me hacía dudar de mi misma y de mis dotes en la batalla. Sentía que iba a matarme en cuestión de segundos y que no iba a hacer nada para impedirlo. Vi su mano moverse hacia adelante con más tranquilidad de la que debería tener en estos momentos de tensión. La esfera se acercaba cada vez más a mí y yo no hacía nada para evitar que me tocara.

Un resoplido seco me acarició el lado lateral del cuello de tal forma que no me dio tiempo a asimilarlo. El chico de pelo negro y ojos verdes dejó de sonreír y me miró más fijamente que antes pero esta vez empecé a asustarme de verdad. Desvió la mirada un momento detrás de mí. Giré la cabeza y vi que había matado a uno de los nuestros, volví la cabeza de nuevo. Una lágrima se escapó de mis ojos cuando le miré de nuevo. Había querido matarme, y si era así, ¿por qué había fallado a propósito? Todos mis compañeros empezaron a moverse de un lado a otro esquivando los tiros de sus contrincantes, ahí empezó la batalla, pero yo estaba demasiado asustada como para mover un solo músculo. Miraba y volvía a mirar ese rostro que apenas me hacía caso ya.

Había podido ver el susurro de mi enemigo en la batalla anterior. Ese chico de pelo negro y ojos verdes que no dejaba de mirarme en todo momento, me había dicho algo antes de salir de la sala de batalla, el suave movimiento de sus labios cuando él me habló. Hubo algo en los ojos de ese chico aparte del ardiente color verde que me despistó por completo.

Antes de entrar en mi cápsula para volver a mi habitación como todos los demás retrocedí sobre mis propios pasos y corriendo me dirigí hacia la sala de batalla. Cuando la puerta se abrió entré corriendo y me paré casi al tocar la línea del campo enemigo ahogando un grito al ver que por poco podría haber muerto. Miré hacia ambos lados y allí estaba ese extraño chico tumbado boca arriba balanceando en el aire lo que parecía ser una esfera de metal de color oro.

-¿Por qué no cruzas?-me preguntó el chico mientras jugaba con la esfera. Su voz me sonó dulce a la vez que brusca. Fui a responder pero me pare, era una estupidez responder a esa pregunta puesto que el como yo deberíamos saberlo.

-¿Por qué no cruzas tú?-le pregunté poniéndome a la defensiva. El chico paro de lanzar la esfera al aire, durante un par de segundos se quedó hay parado mirando al techo. Se levantó del suelo y dejó la esfera que rodó un par de metros más allá. Empezó a andar hacia mí con toda tranquilidad como si no tuviera miedo de morir, cuando pasase el límite de su mundo moriría al instante. Mi corazón empezó a latir con fuerza sin saber porque, pero no quería que él pasase el límite, no quería que muriera.

-Por favor-empecé a susurrar cada vez que se acercaba a mí-.Por favor-decía cada vez más alto. Pero el chico no parecía hacerme caso, seguía andando despacio hacia mí como si no pudiera oír nada de lo que le estaba diciendo.

El corazón cada vez me latía más rápido, mis ojos comenzaban a ponerse húmedos. Vi su mano acercarse hacia mí y me desmallé.

La mañana siguiente me había despertado confusa en un sofá de una de las salas que había para pasar el rato, había ido con rapidez a mi habitación, sin saber que había pasado y me había cambiado. Había intentado recordar que había pasado para que hubiera despertado es ese sitio, pero no parecía ser capaz de recordar nada.

No pude evitar acercarme a la mesa de reuniones en la cual estaba sentado todo mi equipo hablando de algo importante sucedido la noche anterior. Intente oír la conversación.

-Sí, estoy de acuerdo. Esta mañana oí hablar a los capitanes sobre la noche anterior. Al parecer un…

-¿Qué pasó la noche anterior?-pregunté con curiosidad. Todos los presentes se volvieron hacia mí.

-Uno de ellos entró.

-¿Ellos?

-Los cálidos. Uno de ellos entro la otra noche.

Un torrente de recuerdos me recorrió la mente al oír la palabra ``cálido´´. Una cara, pelo negro, ojos verdes, una mano, lagrimas.

-¿Eso es imposible?-contesté yo al segundo-.Es imposible entrar sin atravesar el límite, y eso te mataría.

-Eso pensamos todos, pero no hay ningún otro modo de cruzar, no que sepamos. Pude que hayan descubierto algo que no sabemos.

-Es él-susurre sin darme cuenta de que me estaban escuchando.

-¿Qué?-en ese mismo momento reaccioné.

-Nada-salí por la puerta y corrí todo lo que pude hasta llegar a unas salas insonorizadas que solían usar para la gente que se volvía loca cuando les inyectaban el suero. Entre y me encerré, cambié las paredes de color a blanco en un pequeño monitor pegado a la pared, para que no se pudiera ver lo que iba a pasar dentro. Empecé a dar golpes en las paredes. Había sido él tenía que serlo. ¿Pero, como iba a poder entrar en un mundo que no era el suyo?, además debería haber muerto al pasar el límite.

¿Qué era lo que escondía cada vez que me miraba? Solo conocía su rostro nada más, ni siquiera su nombre.

-Todo es una pesadilla. Que sea una pesadilla, que lo sea-grité y golpeé con fuerza la pared. Me tiré al suelo y me quedé hay sentada lo suficiente como para borrar esa imagen de mi cabeza, para que cuando abriera los ojos él ya no estuviera.

7 de Enero de 2021 a las 10:53 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Luis Vaca Luis Vaca
buene interesante
January 10, 2021, 20:33

  • C L Carmen Levin
    Me alegro de que los sea, muchas gracias por comentar January 10, 2021, 20:36
~

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