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Mi hermana va a ser madre. Aunque no puede.


Paranormal No para niños menores de 13.
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Mi hermana siempre fue una niña muy extraña. Desde pequeña estaba obsesionada con ser madre, si se le puede llamar así. Ella estaba obsesionada con tener un bebé dentro de ella. A mí siempre me pareció muy extraño, preocupante y desagradable pero a nuestros padres y otros familiares no les pareció extraño. Les hacía gracia ver a una niña de cinco años metiéndose una manta debajo de su vestido para simular una barriga de embarazada. También les pereció gracioso a los seis, a los siete, a los ocho, a los nueve, a los diez, a los once… Nada más tuvo su primera regla, ella se volvió promiscua. No le importaba la edad, solo quedarse embarazada. Yo intenté decírselo a nuestros padres, pero ella siempre me convencía para que no lo hiciese. A pesar de que su comportamiento me pareciese extraño y desagradable, ella siempre fue mi querida hermanita. Jugábamos juntas, nos contábamos nuestros secretos y preocupaciones, y nos preocupábamos la una por la otra.

Extrañamente, el comportamiento que sí que les preocupaba a mis padres era el mío con mi hermana. Ellos me llevaron al psicólogo varias veces pensando que sentía algo más que amor fraternal por mi hermana. Yo siempre iba detrás de mi hermana e intentaba parecerme a ella. Ahora que me doy cuenta, sí que es un poco más preocupante que lo que hacía mi hermana.

Cuando mi hermana cumplió veinte años, y después de ser sexualmente activa desde los doce sin ningún tipo de protección, fue al médico para ver por qué no se podía quedar embarazada. Los resultados de las pruebas la destrozaron: esterilidad total. No había ninguna forma de que por probabilidad se quedase embarazada. Era imposible. Aun así, mi hermana lo intentó todo para poder concebir. Ella se puso a investigar métodos de concepción alternativos. Visitó a varias brujas que le hicieron varios métodos extraños para quedarse embarazada. Ninguno iba a funcionar, era imposible que alguien como ella pudiese tener un hijo en su vientre.

Después de probarlo todo y de consolarla cada vez que los resultados eran negativos, ella decidió cometer una locura. Una noche, salió de casa y fue andando desnuda hacia el bosque. Intenté detenerla, pero no lo conseguí. A la mañana siguiente, volvió con el vientre hinchado, como si estuviese embarazada de seis meses. Ella me dijo:

-Me lo ha concedido.

Ella sonrió por primera vez en mucho tiempo. Fue la primera y la última vez que volvió a sonreír así.

-¿Cómo? No tienes útero.

Mi querida hermanita empezó a gritar de dolor. La lleve a dentro de la casa y la dejé en mi cama. Ella me dijo una y otra vez que no llamase a un doctor, me lo suplicaba cada vez que se despertaba y no paraba hasta que se quedaba dormida por el agotamiento.

Cada día que pasaba, mi hermana estaba peor y su vientre crecía más y más. Sabía que le estaba pasando algo, pero no podía ser un bebé, mi hermana nació sin útero. O así pensaba hasta que vi un piececito marcado en la piel del vientre de mi hermana. Ese piececito se quedó marcado en lo más profundo de mi corazón. En aquel momento dejé de pensar en el bien estar de mi querida hermanita y empecé a pensar en el bien estar del bebé.

Yo cuidé de mi hermanita lo mejor que pude e intenté que no sufriese tanto dolor, pero poco pude hacer cuando empezó su calvario. Al cuarto día se despertaba gritando de dolor y vomitando sangre. También había sangre en heces y orina. Empezaron a salirle ronchas y sarpullido por todas partes. Al quinto día un horrible olor a podrido inundó la habitación. Su piel estaba podrida en muchas partes y en otras, al tocarla, se podía sentir como si apretases un globo de agua, se sentía todo tan blando que parecía que iba a romperle los huesos. Al sexto día se le cayó un mechón de pelo y debajo vi gusanos comiéndose la piel. Intenté quitárselos todos para que no le hiciesen más daño. Mi hermana aguantó ese calvario hasta la mañana del séptimo día. Ella con una sonrisa de puro amor y felicidad, me dijo:

-Benjamín.

Luego murió.

No hizo falta un cuchillo para cortar su piel. Esta se caía a tiras. Le saqué la piel del vientre a mi hermana y saqué a un bebé, aún dentro de su placenta. Era un bebé completamente normal. Un poco grande y sin ojos, pero con todos sus dedos en sus manos y en sus pies, con unas largas uñas, con su naricita, sus orejitas, una gran mata de pelo grueso y negro, una pancita redondita, unas largas pestañas y unas finas cejitas.

El pequeño me mostró la lengua. Me pareció algo muy tierno, pero eso no me duró mucho tiempo. Inmediatamente me alarmé al pensar que estaba tragando líquido. Podría haber ido corriendo en busca de algo para cortar la placenta, pero estaba tan nerviosa que simplemente mordí la placenta para romperla y sacarlo.

Era un bebé normal y corriente, con ligeras cosas extrañas, pero que no lo transformaban en un monstruo. Lloraba cuando tenía hambre, pero no lo hacía cuando estaba cagado. El primer mes se pasaba el día durmiendo y la noche haciendo ruiditos, pero no fue nada extraño o del otro mundo. Después de unos meses, tuvo un horario normal.

Poco a poco me fui dando cuenta que sí que era un poco extraño. Para no tener ojos, creció como cualquier otro niño. Yo me esperaba que no pudiese ver, sin embargo gateó y ando como cualquier otro bebé. Además de que, para su corta edad, se le daba extrañamente bien meter las formas en sus agujeros. Era algo realmente extraño y un poco perturbador, pero después de un tiempo me acostumbré. Todos en aquel pequeño pueblo nos acostumbramos a ver a un niño sin ojos tener una vida prácticamente normal. La única diferencia con un niño normal era que no tenía ojos y no podía ver los colores y las imágenes estáticas.

Todo hasta ahora ha sido normal y corriente. Hoy, en su tercer cumpleaños, debía llover, pero no lo ha hecho. Ha hecho un sol que ha calentado todo el pueblo. Prácticamente nos ha obligado a llevar manga corta en pleno invierno.

Mientras estamos jugando con la pelota, un hombre con traje negro llega del bosque, se para antes de entrar en mi propiedad. El niño, asustado, se esconde detrás de mí.

-¿Quién eres?

-Su padre. ¿Cómo se llama?

-Tarvi.

-Es un nombre bonito. Hola, Tarvi, ¿puedo jugar con vosotros?

29 de Diciembre de 2020 a las 15:34 0 Reporte Insertar Seguir historia
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