victoria_147 Victoria R.

Géneros: fantasía, boys love y drama. (Capítulo único) 。.:*☆⊹.◊*゚✧*。☆*:・゚✧ Un estrella anhela con todo su ser que su más grande deseo sea concedido. Viajará hasta donde puede ser cumplido, pero... ¿Quién se lo concederá? ¿Será su deseo demasiado imposible? Al final ¿Se le otorgará lo que tanto quiere? Oh pobre estrella, en verdad quiere que se cumpla su deseo, si no es eso no quiere nada más en este mundo, y no hay nada que se iguale a lo que desea su triste y solitario corazón...


LGBT+ No para niños menores de 13.

#gay #yaoi #bl #estrella #dios
3
998 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

El creador de estrellas

El gran dios Alunith, creador de estrellas, creador de todos, porque eso son todos, estrellas...


Todo aquel que habita el vasto mundo alguna vez fue una estrella, todos tienen vidas tranquilas mientras disfrutan de sus largos quinientos años, pero... ¿de qué sirve vivir tanto si nadie puede amar?, ya que todos nacen sin poder amar...


Cuando una estrella fugaz cae del cielo esta toma forma humana, lo que significa el nacimiento de un nuevo ser, el dios sólo deja caer una cada diez años junto con la aparición de la luna roja, pero además de ser un nacimiento también es el día en el que puedes pedir un deseo.


El dios Alunith escoge ese día para dejar caer una estrella y también para otorgar un deseo a quien lo quiera, pero nadie ha podido obtener dicho deseo. Todo aquel que lo ha intentado se queja diciendo:


"El precio a pagar es absurdo"


Después de eso nadie ha vuelto a intentarlo, hasta que un día una estrella cayó del cielo, abrió sus brillantes ojos pero...estaba rota, porque era el único de todos que si podía amar. Saber que era el único lo devastó y un inmenso dolor atormentaba su corazón, porque no había nadie quien pudiera devolver el amor que podía dar.


Pero cuando supo que su creador podía otorgarle un deseo tomó una decisión:


"Le pediré al dios Alunith un deseo..."


Ya no quería sentirse solo, quería a alguien que correspondiera su amor, así que fue a la "Cascada Silenciosa", que era donde se realizaba el ritual para pedir el deseo. Le tomó muchos años llegar ahí pero al final lo logró, esperó el día en el que nacería otra estrella y se dispuso a pedir su deseo. Se cortó la punta del dedo y dejó caer tres gotas de sangre en el agua y cerrando los ojos rezó al dios:


"Oh gran dios Alunith, escucha la petición de tu estrella Khalid y cumple mi deseo..."


Khalid abrió los ojos y observó el reflejo de la luna roja en el agua, las gotas de sangre se fusionaron con el reflejo que comenzó a distorsionarse, y un remolino se creó sobre la luna y el agua de color rojo se elevó y tomó forma, apareciendo ante él un hombre joven, de cabello blanco y vestido con una hermosa túnica roja, era como la personificación de la luna roja.


—Soy Alunith, creador de estrellas, he escuchado tu llamado. Dime, ¿cúal es tu deseo?—dijo con amabilidad.


—Oh gran dios Alunith—exclamó Khalid y se inclinó arrodillándose en el suelo—desde que nací me he sentido solo, ¿de qué me sirve amar si nadie puede amarme...? Deseo tener a alguien que me ame...


—...Lo lamento, pero no puedo cumplir tu deseo Khalid, no puedo obligar a nadie a amarte—respondió Alunith con un tono triste—al parecer estas roto, no deberías poder amar...


Khalid levantó la mirada, dejando ver sus brillantes ojos que relucían como estrellas, y de ellos nacieron dos lágrimas como dos hilos de plata.


—Se lo ruego, por favor, no podré vivir tanto tiempo solo, es triste no ser amado...


La expresión del dios reflejaba dolor y pesar, desde hace tanto tiempo que nadie lo había llamado, pero ahora que debe cumplir un deseo no puede hacerlo...


—Se lo ruego, pagaré cualquier precio, lo que sea...


—Si tu deseo fuera uno que si pudiera cumplir el precio a pagar sería todos tus años restantes de vida menos un día, es decir, sólo te quedaría un día de vida.


En ese momento Khalid tenía treinta años, aunque aparentaba tener veinte ya que cuando todos caen y tocan la tierra toman forma humana, viéndose como niños de diez años y van envejeciendo muy lentamente.


—Tengo treinta años justo ahora, tendría que darle cuatrocientos setenta años menos un día ¿no es así? Se los daré todos si cumple mi deseo...


—Por favor, pide otra cosa...—dijo Alunith con una voz suave.


—Mi corazón no quiere nada más...—musitó con dolor y miró al dios pidiendo piedad.


—Si no pides algo que pueda cumplir te quedarás sin ningún deseo, la estrella ya casi cae— dijo señalando la estrella fugaz que casi tocaba la tierra, y cuando esta caiga el dios tendría que desaparecer.


—¿Hay algo que pueda hacer para tener mi deseo? Intenté muchas cosas pero nadie me ama, yo...


—Perdóname, no quise que estuvieras roto... No fue mi intención—se disculpó con tristeza.


—¿Qué debo hacer entonces? Dígame...


Alunith sólo se quedó en silencio sin saber que más decirle, Khalid no querría otro deseo que no fuera ese. Ambos pensaron que hacer, pero al final no se les ocurrió nada.


—Lo lamento, debo irme—dijo el dios con gran pesar luego de un largo tiempo y comenzó a desvanecerse— si dentro de diez años piensas en otro deseo y me llamas te lo concederé...


Khalid vio como la figura del dios se deformaba volviéndose de nuevo agua y cayó en el estanque de la cascada. La luna volvió a ser blanca y la estrella fugaz tocó la tierra.



Y ahí se quedó, mirando el hermoso reflejo de la blanca luna. Sus ojos perdieron su brillo y el vacío creció cada vez más y sintió su corazón romperse en mil pedazos...


"¿Y ahora qué?"


Pensó desconsolado, su existencia no tenía sentido, ¿cuál era su propósito?


No tenía a donde ir, donde él estuviera daba igual, todo le parecía lo mismo, por donde quiera que él anduviera faltaba calidez, faltaba el amor...


"Ojalá pudiera morir"


Llegó a pensar luego de tanto tiempo, pero no era posible, las estrellas no pueden morir a menos que sus vidas se agoten por si solas.


"Esperaré aquí..."


¿Esperar qué? no lo sabía realmente, pero no había ningún otro lugar al cual volver, así que se permaneció ahí, sentado viendo el reflejo del cielo nocturno en el agua.


¿Cuánto tiempo paso? Nadie lo sabe, pero Khalid lo sintió como una eternidad y sólo se dio cuenta del tiempo que había pasado cuando vio en el agua pasar una pequeña estrella fugaz, y al instante la luna se volvió roja.


Rápidamente volvió a dejar caer tres gotas de sangre y rezó, el reflejo de la luna volvió a tomar forma y el dios volvió a presentarse ante él.


—Ya han pasado diez años y sólo has estado ahí sentado Khalid— dijo con melancolía Alunith, quien estuvo viéndolo desde arriba todo el tiempo—y dime ¿has pensado en tu deseo?


—...Quiero morir—dijo con la mirada decaída.


—Yo...—Alunith se quedó perplejo y una extraña angustia invadió su corazón—tampoco puedo hacer eso, yo soy el creador de estrellas, yo las creo no las destruyo...


—...


—Cuando llegué la hora tu luz se apagará y caerás en el sueño eterno, aunque también existe la posibilidad de que vuelvas a brillar algún día, y si eso sucede vivirás eternamente a mi lado como una estrella.


—Aunque muera y vuelva a brillar seguiré estando roto, seguiré estando solo, sin amor. Entonces dime ¿Puedo desear dejar de estar roto? Sentir amor duele tanto...no quiero esto, quita esto de mi...por favor—suplicó con un nudo en su garganta.


—Tampoco puedo hacerlo, naciste de esa manera y no hay nada que pueda hacer al respecto—respondió con tristeza.


—Entonces ¿qué puedes hacer por mí? ¿qué se supone que tengo que desear para salir de esta agonía? No soy feliz, quiero ser feliz...pero si no puedo serlo ya no quiero seguir existiendo...


Alunith no sabía que contestar.


"¿Qué pudo hacer?"


Se preguntó a sí mismo con desconcierto, jamás se había sentido tan impotente, un dios que no puede hacer nada por una pequeña estrella...Se sintió un dios patético.


"¿Y me hago llamar un dios?"


Se dijo con indignación, sus ojos se humedecieron al ver a su pequeña estrella sufrir, y sin poder evitarlo dos lágrimas se deslizaron por su pálida piel, y la suave brisa nocturna acarició su largo cabello blanco.


Por esta razón Alunith creaba estrellas sin amor, sabía que sufrirían por ello, aunque sabe que el amor es algo hermoso también puede lastimar, tanto que la vida perdería sentido.


Él tampoco soportaría ver a sus queridas estrellas sufrir, su sufrimiento también sería el suyo...


—No lo sé—musitó viendo al joven de cabello grisáceo que estaba frente a él, con una aureola de estrellas decorando su cabeza. Lo miraba con ojos vacíos y sin vida.


—Pero eres el dios Alunith, creador de estrellas...—objetó Khalid con desconcierto.


—...—la desesperación invadió el corazón de Alunith y las lágrimas caían sin cesar, tan claras y brillantes como si en ellas hubiera mil estrellas.


Con miedo observó el cielo y vio que la estrella fugaz casi terminaba de caer. No sabía qué hacer, por primera vez en toda su infinita existencia se había sentido miserable, tan Inútil.


—Tengo que irme otra vez—dijo con voz débil —en verdad no quise crear una estrella rota, si hubiera sabido que lo eras yo....


Pero no alcanzó a terminar su oración y su figura se deshizo, el agua cayó de regreso y la luna volvió a ser blanca otra vez.


Alunith volvió al cielo y apareció de nuevo en su trono blanco, en el piso frente a él había un espejo enorme donde podía ver todo el mundo desde arriba.


Corrió y se arrodilló en el suelo, se inclinó hacia el espejo y buscó a Khalid, quien todavía estaba sentado frente al lago de la cascada, con lágrimas deslizándose por sus blancas mejillas y con la mirada perdida.


"¿Qué debo hacer?"


Pensó con desesperación, él de vez en cuando observaba la vida que llevaban sus estrellas, todo estaba en paz y vivían con tranquilidad, nunca se preocupó o se fijó en nadie, sabía que mientras el amor no existiera en sus corazones todo estaría bien.


Pero ahora que sabía de Khalid su corazón estaba inquieto, y anhelaba con todo su ser su felicidad. Jamás se había preocupado tanto por una estrella.


Crear otra estrella que pudiera sentir amor era imposible, hace tanto tiempo que dejó de hacer esa clase de estrellas que olvidó como hacerlo. Además, el que esta estrella pudiera amar no garantizaba que amaría a Khalid.


No importa cuánto pensara no encontró una solución, y sólo pudo observar la agonía de Khalid desde lo alto a través de su espejo...


Pasaron otros diez años y Khalid volvió a llamar a Alunith, pero él no pidió un deseo, sólo se quedó en silencio con la cabeza gacha, y después de un largo rato dijo con un tono leve y apagado:


—...Por favor...


Esas simples palabras, con tan sólo esas palabras, Alunith sintió dolor, un dolor que jamás había sentido. Él nunca quiso involucrarse con una estrella, porque sabía que llegaría a sentir cariño, temía sentir demasiado amor por una, sabía que el amor dolería, simplemente lo sabía...pero ya era demasiado tarde, se había encariñado de esta estrella por completo. Y su sufrimiento se volvió el suyo desde hace mucho tiempo.


Alunith cerró los ojos y se lamentó en silencio, se lamentó tanto por aquel día en que creó esta estrella rota que llegó a odiarse a sí mismo.


Ambos guardaron silencio y la estrella fugaz tocó la tierra y Alunith se desvaneció. Caminó hasta el espejo con gran pesar y volvió a observar a Khalid...


Y así pasaron los años, Khalid lo llamaba, pero sólo decía esas mismas palabras, y Alunith lo observaba en silencio, los dos sabía que nada iba a salir de esto, pero aun así era inevitable que se encontrarán cada diez años.


Los tristes y pesados sentimiento crecían cada vez más en sus corazones, ellos siguieron haciendo esto durante doscientos años...sin esperar nada...


Alunith estaba arrodillado frente al espejo con una estrella en la mano, miró con tristeza a Khalid que aún permanecía sentado frente a la cascada, con un largo suspiro dejó caer la estrella en la superficie del espejo, esta lo traspasó y comenzó caer lentamente hacia la tierra.


Y en el instante en el que Khalid la vio se cortó el dedo y llamó de nuevo a Alunith, quien se levantó y caminó sobre el espejo y desapareció.


Alunith ya no quería seguir con esto, ya no lo soportaba, incluso llegó a pensar que en cómo ayudarlo a morir, pero tampoco se le ocurrió cómo.


Khalid levantó mirada y observó al dios que apareció ante él, su túnica roja cubierta con bellas lunas menguantes que colgaban de ella y en su largo cabello blanco había miles de estrellas esparcidas en cada cabello, que parecían ser hilos de plata. Los ojos Alunith eran hermosos a pesar de la tristeza que expresan, y entre más los miraba más sentías que observabas un precioso cielo estrellado.


Khalid abrió sus labios y le dijo al dios sin apartar su melancólica mirada:


—Deseo saber si al menos tú me amas...


—...—Alunith abrió los ojos con asombro, no espera escuchar esas palabras, su corazón se sintió pesado y cálido, pero cuando iba a decir algo Khalid lo interrumpió.


—No me lo digas aún...Espera hasta que la estrella casi toque la tierra, y entonces dímelo—dijo con una pequeña luz de esperanza en sus ojos.


Alunith caminó sobre el lago con la luna roja siguiéndolo bajo sus pálidos pies descalzos, de detuvo en la orilla justo frente a él, se arrodilló y se sentó sobre sus piernas mientras observaba a Khalid de cerca.


Quien, al ver los ojos del dios descubrió que él si lo amaba, y por primera vez en todos estos años supo lo que se sentía ser amado, supo cómo se sentía la felicidad.


Una suave sonrisa se dibujó en sus finos labios y miró al dios con alivio y tranquilidad, y sin poder soportar el gozo sus lágrimas se derramaron de felicidad.


Alunith levantó su brazo y lo tomó de la mano, Khalid sintió la frialdad de su cuerpo, que en realidad estaba hecho de agua, fue triste pensar que nunca podría tocarlo en verdad.


Fue cómo si el tiempo se hubiera detenido y ese pequeño momento de sintió tan eterno, ambos desearon que ese momento nunca acabara, pero la estrella fugaz casi tocaba la tierra. Alunith respiró profundo y dijo con su voz temblorosa:


—Comencé a crear estrellas porque me sentía solo, pero me di cuenta que era muy doloroso verlas sufrir, por eso dejé se hacer estrellas que sintieran el amor.

Yo tampoco quería sufrir por ellas así que traté de no mirarlas mucho, trataba de no verlas porque sabía que algún día me encariñaría demasiado con una, y sabía que sería doloroso porque nunca podría estar con una...Jamás había amado tanto a una estrella, jamás había sufrido tanto por una cómo lo hice contigo.

Te amo tanto Khalid, lo que siento por ti es tan infinito como el cielo y las estrellas que he creado.


—Gracias dios Alunith, gran creador de estrellas, ahora soy feliz— dijo Khalid con una cálida sonrisa.


Alunith quiso abrazarlo, pero justo en ese momento la estrella cayó y su cuerpo volvió a ser agua, y lo último que vio fue su hermosa y esplendida sonrisa.


En un instante estaba de vuelta en su palacio de luna y corrió con desesperación hacia el espejo.


Khalid se dejó caer hacia atrás y quedó recostado sobre el césped, pequeñas luces blancas surgían de su piel y se elevaron al cielo, llegaron tan alto que Khalid ya no pudo verlas, traspasaron a través del espejo y flotaron hacia Alunith, las pequeñas luces se hundieron en su pecho y se guardaron en su corazón.


Eran los años que Khalid debía pagar por si deseo.


Su cuerpo ahora traslucido estaba tendido mirando hacia el cielo con una expresión tranquila. Y así se quedó, con sus ojos cerrados, esperando a que su último día de vida acabara. Pero aunque sabía que pronto moriría nunca se había sentido con tanta dicha.


El tiempo fue tan corto para él, pero tan largo para Alunith, quien lo miraba desde arriba con tanto sufrimiento, observó cómo su cuerpo de desvaneció y volvió a ser estrella, pero su brillo había desaparecido. Flotó hacia el cielo y Alunith lo vio con tristeza desde su espejo, y cuando llegó muy alto traspasó su superficie y se detuvo justo delante de él, extendió las palmas y la estrella sin luz flotó lentamente hacia ellas y se posó lentamente en sus pálidas manos.


Sus brillantes lágrimas no tardaron en ser derramadas, cayeron sobre Khalid humedeciéndolo y el líquido brillante envolvió a la fría y grisácea estrella, se mantuvo así durante tanto que incluso se olvidó hacer más estrellas. Lloró sobre él con la esperanza de que algún día Khalid volviera a brillar.


Y así poder estar a su lado eternamente...






















[...]


El día en que Khalid volvió a brillar el dios Alunith lloró de alegría, jamás se había sentido tan feliz en toda su existencia.

Tanto fue el gozo que decidió hacer a todas las estrellas rotas, para que pudieran amar...


Porque aunque a veces duela es una sensación maravillosa que debe experimentar y sentir el corazón...



Fin






Si te gusto la historia me encantaría saberlo con tu comentario o un "me gusta" me alegraría un montón.

18 de Diciembre de 2020 a las 04:20 2 Reporte Insertar Seguir historia
4
Fin

Conoce al autor

Victoria R. 🌈Bienvenidos!!!(*ˊᗜˋ*)/ ☁︎20 años 。.:*☆Adoro el chocolate ☂︎Amo el manga y el anime ★Y espero que disfrutes de mis libros. Los escribo para el mundo, con todo mi corazón.☆*:・゚✧ ♪Escribo lo que amo, y amo lo que escribo. ♫︎La escritura es mi manera de expresarme, de sentirme libre, y quién yo soy ❤ Lo que encontrarás en mis libros es lo que me encantaría encontrar en un libro. ⚠︎Advertencia: Todo lo que escribo es BL/Gay/Yaoi.

Comenta algo

Publica!
levida ackerman levida ackerman
JDHBGVTEWHJASDDAF escribes muy bonito q me lea todas tus historias dice
August 05, 2021, 14:59

  • Victoria R. Victoria R.
    Muchas gracias (>\\\<) Espero que te gusten mis historias ✨ agradezco mucho que leas mi contenido uwu August 05, 2021, 15:07
~