andres_dm Andrés D.

Jairo y sus tres hermanos se recuperan tras la muerte de su madre. En su casa, viven ellos tres, con la incertidumbre de la pandemia, los recuerdos de una infancia traumática, las carencias de la vida y... una presencia siniestra, un nuevo habitante venido tras condiciones horribles... | Cuento ganador de la Convocatoria Internacional de Cuento 2020 "Enfermedades" | © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, 2020 No se reclama derecho alguno por la imagen original usada para la portada: foto de Ramy Kabalan, bajada de Pixabay.com


Cuento No para niños menores de 13.

#sobrenatural #tragedia #espíritus #maldición #horror #pandemia #fantasma #terror #paranormal #familia #casaembrujada #muerto
Cuento corto
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Un extraño en casa



Historia ganadora de la Convocatoria Internacional de Cuento 2020: "Enfermedades", del grupo literario Los Cuentacuentos*, (publicada en el libro homónimo resultado de concurso).



En México, la violencia y el narcotráfico cuestan miles de vidas año con año. Esta historia se inspira en el horror que se vive a diario en mi país, aunado a la crisis de la pandemia.



Dedicado con aprecio a mis amigos de escritura, los miembros de La Guarida del Wendigo: por la reivindicación de los fantasmas de barrio...




Desde hace diez noches que el extraño llegó a la casa. Nadie sabe quién es, ni qué quiere o por qué no se marcha de una vez. Lo trajimos por accidente, sin saber que venía con nosotros.

Mamá falleció el pasado quince de noviembre en el Hospital General a causa del virus. Todos quedamos devastados, tenía casi cincuenta años, risueña de toda la vida pese a las desgracias, pero de carácter duro cuando se ameritaba un regaño o un castigo si alguno de nosotros hacía una pendejada.

En total, somos cuatro hermanos: Lupita, la más grande, ya tiene novio pero todavía no se sale de la casa y él viene a visitarla. Luego sigue Norma, la única que hizo licenciatura, orgullo eterno de mi madre; ya estaba en trámites de titularse desde junio, pero se retrasó por el desmadre del virus, también había conseguido empleo en una oficina de Recursos Humanos pero a la semana le dijeron que siempre ya no. Los últimos somos Jorge y yo, nacidos del mismo embarazo, nomás hicimos la prepa y empezamos a chambear por necesidad; antes de la pandemia, él era cajero en una tienda y yo, auxiliar de piso en un super. A los dos nos “descansaron” sin paga cuando empezó la cuarentena, por allá de abril. En pocas palabras, nos dieron una patada en el culo para dejarnos a nuestra suerte.

Mamá vendía gorditas de migajas, enchiladas y guajolotes en una tienda de garnachas cerca del Centro: le cerraron el negocio, también en abril. Para mayo ya no había oportunidad de volver a abrir porque todo había quebrado. Ella y sus dos compañeras se quedaron sin nada.

Jorge y yo nos dedicamos a trabajar en un taller mecánico de por acá arriba, para ganar una lanita. Los que le cerraron el puesto a mi mamá jamás vinieron porque todo lo que queda en la periferia siempre les vale verga, con tal de que no bajemos al Centro. Y Mamá se puso a vender tacos de canasta y tortas en la colonia, en la parada del autobús.

En julio las cosas empezaron a mejorar poquito, aunque seguía habiendo más contagios y la gente se andaba como si nada. Eran muy pocos todavía como para notarse, y nos hacía falta salir del barrio para tener de dónde vivir, varios nos quedamos sin chamba.

A otros les convino más empezar a vender la droga, se paseaban a todas horas en motos o en coches con sus compas de más tiempo en el negocio, y ahí andaban siempre, de arriba abajo, pa’ un lado y pa’ otro, traficando sus chingaderas. Jorge me dijo una vez que se quería meter, que el hijo de doña Silvina, nuestra vecina, ya andaba en eso, que había juntado harto varo en poco tiempo porque aquí cerca se vendía bastante.

Le solté un putazo y le dije que no se anduviera con mamadas, Si de allá venimos, pendejo, le dije bien encabronado, ¿pa’ qué chingados te quieres regresar?

A Mamá le había costado mucho dejar a su marido, que fue siempre un adicto. Lo metieron al CERESO de San José a los pocos años de separarse y allá murió en una riña, entre cabrones de la peor calaña. Y Mamá fue “sola” desde que Lupita tenía seis años y Norma cuatro. A mí y a Jorge nos traía en la panza cuando se salió de donde vivía con el pendejo ese. Ella fue siempre fuerte, siempre se la rifó. Pero las tristezas y los corajes jamás le sanaron del todo.

Para finales de septiembre los contagios se dispararon, en octubre empeoró la cosa y Mamá pescó el virus (o el virus la pescó a ella). La internamos porque pronto se puso mala. Los demás casi que ni síntomas tuvimos. Pero ella era hipertensa y la enfermedad se la acabó pronto. Pasó casi tres semanas con respirador. Qué tristeza verla así, qué impotencia saberla ahí postrada, ya sin sonrisa, ya sin ánimos. Ya sin esperanzas de poder vernos salir adelante.

Le echamos sus vueltas según lo permitido. Y la mañana del quince de noviembre, Mamá ya no era más de este mundo. Lloramos mucho. Nos explicó el doctor que había que cremarla, según por protocolo. Las cosas se habían puesto muy mal en los últimos dos meses, casi que andábamos en el eterno “semáforo rojo”. Trajimos la urna y la pusimos en la salita.

Jorge ya tenía rato que andaba raro, no iba al trabajo y no hablaba con nosotros. Pensé que era nomás por lo de Mamá. Luego me dijo un vecino que el cabrón ya se había metido al negocio de la mierda, que se andaba dando sus vueltas con el hijo de doña Silvina. Llevaba buen rato y no me había contado. ¡Ya ni chingas!, le dije, la jefa apenas se muere y tú ya andas en esas chingaderas. No tienes madre, Jorge. No contestó, pero luego repuso, Ya no la tengo, no tengo madre ni tengo padre. Lo miré con tristeza: nunca lo tuvimos. Aguas donde nos embarres, le advertí, acuérdate, si entras en la mierda, todos vamos a salir salpicados.

La violencia está en todas partes, no se tose pero se habla, se contagia por malos consejos, por mañas y costumbres. Es también como un pinche virus, se está acabando a la gente, se esparce por todas partes. Sobre todo acá en el barrio, donde nos hace falta de todo.

Y llegó a la casa sin darnos cuenta.

Poco después se empezaron a oír ruidos, se caían cosas, se movían las sillas. Una noche Lupita gritó y vino corriendo al cuarto, dijo que vio una sombra en la sala. Cuando fuimos ya no había nada. Sentimos miedo. Y las cosas siguieron empeorando: pronto todos pudimos ver al fantasma, apareció también por las tardes, no solo en la sala, por cada estancia; hasta de día se dejaba mirar pa’ espantarnos. Al verlo sentí un frío que me caló hondo, en la mera entraña.

El extraño se metió en la casa cuando trajimos la urna con las cenizas que creímos eran las de Mamá. Pero no. Eran las de ese tipo. Nos las cambiaron y nos dieron a otro muertito. Así había habido casos en Estado y Ciudad de México. Por eso pudo entrar, por eso se paseaba por todos lados y espiaba en los cuartos. Especialmente los de mis hermanas.

Y ellas le tienen harto pavor. Lupita lloró esa primera noche que lo vio en la casa, chillaba como niña chiquita, decía que se parecía a su papá, que se miraba igualito. Y yo le decía, Cálmate Lupis, eso no puede ser, ese cabrón ya lleva años muerto, no se murió del virus, se murió enfermo de droga y de rabia. Pero Lupita siguió gritando, ¡Es él, Jairo, te digo que es él!, ¡todavía me acuerdo de su cara, es mi papá, es ese maldito!

Norma también lo afirmó después. Yo no conocía su cara, jamás lo había visto y Mamá nunca guardó su retrato. Solo ellas lo recordaban, por eso lloraban de espanto al verlo, creían que en verdad era su difunto padre, que había vuelto para asustarlas ahora que Mamá ya no vivía y que sus restos andaban perdidos por quién sabe dónde. Fuimos a reclamar al crematorio, nomás se hicieron pendejos, se excusaron diciendo que les llegaban muertos de todas partes y nos condicionaron a darnos respuesta solo mediante un chingo de trámites.

Pasaron los días. Jorge tampoco conocía al cabrón que lo había engendrado, pero se puso pálido cuando vio al extraño acechando en su cuarto. Y el extraño lo miraba con odio, con sus ojos negros, llenos de ira, de rencor, como si le supiera todos sus secretos y todas sus malas mañas. Jorge luego lloraba porque decía que el muerto había venido por él.

A veces se alcanzaba a ver que el extraño llevaba su cara medio morada, como si lo hubieran molido a golpes poquito antes de fallecer, y andaba todo maltrecho, con heridas horribles por todas partes. Ese no había muerto del virus: a ese lo habían matado.

Vivimos desde entonces, mis hermanos y yo, acechados por el extraño, ese intruso que se metió a la casa por un descuido que no corrió a cuenta nuestra, después de una tragedia que nos embargó la alegría. A veces pienso que sí llegó para buscar a mi hermano, porque sé que, a fin de cuentas, todo se conecta, y donde unos venden la droga, otros matan gente.

No sé por qué Lupita y Norma afirman con tanto horror que ese cabrón es su padre, a lo mejor todos los que mueren por esas causas tienen demasiado en común. Y el muerto, aunque es ajeno, se siente como una carga, una pena, un castigo que debemos pagar los cuatro. Luego miro a Jorge y le reclamo: ¿Ya ves, pendejo, cómo sí nos embarraste a todos con tus chingaderas? Él se queja, pregunta por qué. ¿Pues de dónde crees que vino ese cabrón?, le digo. Yo no lo maté, Jairo, repone. Pero la mierda esa que vendes, sí.




*[Puedes acceder a la antología de manera gratuita desde la página de Los Cuentacuentos].




Historia escrita el 25 de septiembre de 2020.
23 de Diciembre de 2020 a las 01:04 7 Reporte Insertar Seguir historia
6
Fin

Conoce al autor

Andrés D. ¡Bienvenida/o a mi perfil! Aquí encontrarás historias de terror y género fantástico. Mis autores favoritos son Poe, Lovecraft, King, Pacheco, Rulfo, Dávila, Garro, Quiroga, Cortázar, entre otros.

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Ivana Simón Ivana Simón
La profundidad de tu relato es impresionante, y la forma en la que transmites los sentimientos también. En efecto el virus llegó a aportar a otras causas que también matan y destruyen familias. Tantas cosas que desde el silencio y no por el aire nos pueden hacer tanto daño. Excelente reflexión al respecto.
July 02, 2021, 23:12

  • Ivana Simón Ivana Simón
    Me hizo pensar mucho en las consecuencias directas y también las indirectas de todo lo que hacemos. July 02, 2021, 23:13
Elizabeth Vázquez Elizabeth Vázquez
¡Increíble, una joya! Me encantó y felicidades por el premio. 🤘
February 24, 2021, 17:46
Rowena Draugr Rowena Draugr
Fuimos mencionados! Fuimos mencionadoooos!
December 24, 2020, 03:35
Jonathan Sanchez Jonathan Sanchez
Campeón, tienes bien merecido el premio. Esta muy bueno el relato. ¡Sigue así!
December 23, 2020, 21:55

  • Andrés D. Andrés D.
    Te agradezco de verdad muchísimo la lectura, el comentario y la reseña. Tus palabras me llenan de motivación y en verdad que aprecio la buena vibra. Te mando un saludo afectuoso desde México! Nos seguimos leyendo! P. D. Ojalá disfrutes lo mejor que se pueda estas fiestas que vienen! December 23, 2020, 22:11
  • Jonathan Sanchez Jonathan Sanchez
    Espero que no te rindas, tienes talento 😎. Saludos desde Argentina jeje. Y gracias e igualmente, pasala bomba en las fiestas. Estaré atento si publicas nuevos relatos 😎 December 23, 2020, 22:19
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