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A pesar de ser un bosque visitado por miles de personas durante todo el año, algunas veces ocurren terribles ataques, no siempre por animales salvajes o humanos.


Paranormal No para niños menores de 13.

#gore
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En un centro social de una ciudad cerca de un conocido bosque del país (conocido por las extrañas desapariciones y extrañas muertes que has sucedido), las víctimas de este tipo de sucesos se reunían para poder afrontar sus traumas. Se les asignaba una habitación a las víctimas de un mismo año. Las de aquel año se reunían en la habitación seis del segundo piso. La habitación intentaba ser lo más agradable posible para que las víctimas de estos sucesos no sufriesen ningún ataque al estar en ella o recordar los sucesos. Se trataba de una habitación luminosa que daba a una concurrida calle en la que no se podía ver ni un árbol adornándola. Allí había una cafetera, una nevera y un microondas para que pudiesen hacerse lo que quisiesen. Había unos sofás naranja y una mesa de café. Allí se reunían todos los días con una psicóloga, si ellos querían. Al principio de ese año, nadie iba a pesar de que hubiese víctimas. Prácticamente al final del año, se animaron a ir tres personas. Primero llegó un hombre de mediana edad, grande y fuerte junto con un joven que se agarraba a su brazo como si su vida dependiese de ello y se escondía detrás de él si alguien se le acercaba. El joven no era capaz de separarse del hombre mayor, hasta el punto en el que tenían que dormir juntos o sino el joven no dormía.

En las sesiones, quien más hablaba era el hombre pero sin decir nada importante. El joven ni si quiera miraba a la psicóloga.

Con el tiempo llegó una joven que se quedaba parada al lado de la cafetera y, de vez en cuando, soltaba algún comentario sobre la conversación que tenía el hombre y la psicóloga. Al cabo de un mes, llegó una mujer de unos treinta años.

-Hola, soy Sasha Zhurova- se presentó al entrar. Ella ni si quiera preguntó si era aquella la habitación en la que se hacían las reuniones. Entró y fue a hacerse un café.

-Hola, yo soy Michael Brog Alm y este es mi sobrino Jacob Alm García- comentó él intentando ser amable y cordial.

- Meral Yenal.

-¿Y la psicóloga no tiene nombre?

-¿Importa?- preguntó Meral.

-Por supuesto, ¿cómo sabemos que no es una de ellos sino?

-¿Una de ellos?

En aquel momento apareció por la puerta otra mujer y dijo, después de mirar a la psicóloga de arriba a abajo:

-No te preocupes, esta mujer es mi hermana.

-Demuéstralo.

-Escondía el plátano que nos daban para merendar en sus calcetines- dijo la psicóloga.

-Es cierto- comfirmó la mujer.

-Por si acaso me quedo con la navaja.

La mujer de la puerta rodó los ojos y se marchó. Después de que cerrase la puerta, Sasha se relajó un poco y se sentó en el sofá. Se instauró un incómodo silencio en el que solo se escuchaban los sorbos que daban a sus bebidas.

-¿Os quedáis callados durante una hora cada día?- preguntó finalmente Sasha.

-Yo no quiero que una perra escuche lo que me pasó y se vaya a su casa a hacerse pajas imaginándoselo- respondió Meral.

-¿Tú no vas a protegerte?- preguntó Sasha mirando fijamente a la psicóloga. Sasha no apartaba mucho la mirada de la psicóloga.

-Diga lo que diga, ella va a seguir con lo mismo. Ya se abrirá y contará sus problemas. Todos los que están aquí han pasado por situaciones… anormales, y ellos tampoco quieren contarme sus problemas- contestó la psicóloga.

-Pues yo voy a soltar mi mierda, o sino para que cojones he venido. Para eso me quedo en mi casa con mis traumas de mierda- comentó Sasha. En aquel momento se abrió la puerta y una mujer apareció.

-¿Realmente te vale que aquella mujer te dijese que es humana para que no creas que es un monstruo?- preguntó Meral lo que la psicóloga no quería que preguntase.

-Por supuesto, mi jefa me ha dicho que es su hermana.

-¿Y cómo sabes que es quien dice ser y no una impostora qué ha aprendido todos los aspectos de la vida de esa mujer para poder suplantarla?

-Pero mi jefa ha dicho que es su hermana.

-¿Y si tu jefa tampoco es tu jefa?

-¡Meral deja de echar mierda! Si tú no sabes ni a lo que le tiene miedo. Tú lo único que quieres es joderme porque me llamas morbosa.

-Los psicólogos lo único que quieren es escuchar historias morbosas para hacerse pajas.

-Por favor, comienza con tu historia y no le hagas mucho caso a esta joven prejuiciosa.

-Meral, si estás aquí, quiere decir que quieres que esta mujer te ayude, ¿no? Si creyeses que solo sirven para escuchar historias morbosas a hacerse pajas pensando en ellas, no estarías aquí, ¿no?

Repentinamente, una mujer abrió la puerta. Ella tenía el aspecto de haberse pasado días bebiendo. Ella miró el interior de la habitación y luego el número de la puerta. Se dio cuenta que el número de la puerta estaba más bajo de lo normal y que era un nueve. Con su dedo, ella colocó de nuevo el numero en su posición y se dio cuenta que era un seis.

-Puerta equivocada- dijo ella y luego se marchó cerrando la puerta.

Gracias a aquel pequeño suceso, Meral se relajó al ver que ya no tenía la mirada de Sasha fija en ella, esperando una respuesta que ella no podía darle.

-¿No le podemos poner algún candado?- preguntó Sasha.

-Ellos no se sentirán cómodos si bloqueamos la puerta- la psicóloga señaló a Meral y Jacob.

Sasha lo comprendió, tomó un sorbo de su café y se puso a contar su historia:

-Bueno, empezaré con mi historia. Cuando era pequeña (tenía como unos seis años cuando pasó), vivía en el seno de una familia un tanto… excéntrica. Mi padre era el que guiaba a la familia, por así decirlo. Él se creía el más inteligente y el más sensato. Él que tenía la razón siempre, vamos. El muy hijo de puta siempre daba problemas pero mamá lo protegía en todo momento. Ella lo protegió y le dio la razón cuando él decidió irse de acampada sin tener ni puta idea de acampada. ¡Y encima, decidió hacerlo en medio del invierno! Esto es importante, aunque no os lo parezca. No esto en sí, sino lo que me pasó cuando tenía seis años. Hacedme caso que os volara la cabeza cuando os deis cuenta de lo que yo me di cuenta ayer. El hijo de puta nos llevó por la ladera de una montaña y acampamos allí, sobre la nieve. Como te puedes imaginar, todo salió mal y terminé en medio de la nieve siendo abrazada por mis hermanas mayores para que me diesen calor. Por suerte me encontraron unas horas después de que mis hermanas hubiesen muerto congeladas. Me hicieron un iglú con sus cuerpos para darme calor. El guardabosque que me encontró tuvo que arrancarle la cabeza a una de mis hermanas para poder sacarme del iglú. Él me llevó hasta un campamento y desapareció. Me trató muy bien y me dio una cosa viscosa para comer. Yo lo vi por allí, a mi salvador, pero él no me reconoció, ni me vio. Se convirtió en mi héroe y quise convertirme en guardabosque para poder salvar a más personas. Terminé entrenando para convertirme en una guardabosque y cuando me encontré con aquel guardabosque que me salvó la vida, le di las gracias, ya que él desapareció después de que llegásemos a la zona de acampada y después no me dio tiempo, donde otros guardabosques me encontraron. No sabía de qué hablaba. Supuse que era porque había cambiado mucho desde aquel momento. A ver, había pasado como dos décadas. No le di mucha importancia y comencé a trabajar. Un día un niño desapareció. No era la primera vez que desaparecía un niño, ni que lo encontrábamos muerto. El hombre que me salvó me llamó diciendo que lo había encontrado. Él estaba junto con un compañero que nunca había visto antes junto a él. No sabía que se conocían. Recordadlo, es importante. Me hicieron subir a un árbol para encontrarme de cara con un niño con las tripas por todas partes. Lo empujé para que cayese el cadáver y luego me baje. Ellos me miraron mal al bajar y me dijeron que ya se encargarían ellos a partir de ese momento. Al volver al campamento me echaron la bronca por haber desaparecido repentinamente por una hora y yo les dije lo que había pasado. Se me quedaron mirando con una cara… No tenía ni idea de lo que estaba pasando. Una de mis superiores me pidió amablemente e intentando no asustarme que los guiase hasta aquel lugar. Los llevé sin problemas y nos encontramos con el cadáver del niño con mordiscos humanos en todas las partes de su cuerpo. Por eso estoy aquí. Un ser parecido a uno de mis superiores me engañó para que le bajase a un chico que murió por la caída y no por tener las tripas fuera. Que seguramente se alegró al saber que un guardabosque iba a bajarlo del árbol y a llevarlo a un lugar seguro, con sus padres. Lo maté. Lo maté porque pensaba que ya estaba muerto- al final, Sasha estaba llorando. Ella se cubrió la cara intentando parar su llanto.

-¡Joder! PERO QUE COJONES. ¿Por qué?- Meral se puso a llorar encogida en su sitio mientras murmuraba cosas.

Sasha se levantó y fue a llorar con ella. Ella creía que así sería más fácil afrontarlo. Pero, cuando intentó abrazarla, Meral se alejó de ella. No quería que la tocaran y se puso a repetir sin parar: “No me toques perra” y “Ni se te ocurra tocarme”. De un momento a otro, pasó a ser muy agresiva. Meral llegó a intentar romperle la taza de café en la cabeza a Sasha.

-Meral como no te tranquilices, tendré que llamar a los celadores para que te tranquilicen.

-¿Eso es lo único que vas a hacer para ayudarla? Se nota que está jodida- dijo indignada Sasha.

-¿Crees que es fácil ayudar a gente así? Después de haberme pasado semanas intentando ayudarlos, dándoles conversación intentando ser amigable; el único que me ha hablado (y de temas completamente triviales), ha sido Michael. Esto es difícil y cada persona tiene una forma de actuar y afrontar lo que le ha pasado. Tú estás paranoica, Meral es agresiva, Michael es protector y Jacob se aísla y si intentas acercarte te muerde. No vamos a drogarlos porque con eso no ayudamos realmente. Lo que vivisteis es algo horrible, que no se pudo evitar.

-Que no se puede evitar dice- Marel se rio-. QUEMAD EL PUTO BOSQUE HASTA QUE NO QUEDE NADA DE ÉL.

-Ellos no desaparecerán por más que quememos el bosque. Una parte del bosque una vez fue un pueblo y ellos tuvieron carta blanca para matarlos a todos. No les importaba que hubiese puertas. Ellos los masacraron sin dejar a nadie.

-¿Podrías explicárnoslo mejor?- preguntó Michael.

-Puto guarro, sabía que venías a escuchar historias morbosas- dijo Meral.

-No quiero escuchar cosas morbosas como dices tú. Yo también estoy aquí porque he sufrido un trauma. Nunca será como el vuestro. Pero es un trauma. ¡Por dios! ¡Maté a dos de mis hijos y los otros dos espero que estén muertos! Mi esposa se suicidó al saber lo que había ocurrido con ellos. Se culpó por lo que había pasado.

Michael se alteró mucho al recordar los eventos y sus palabras alteraron a Jacob, quien se puso a llorar como un niño pequeño. Él se acurrucó al lado de Michael, intentando ocultarse detrás del gran cuerpo de Michael.

-Lo siento peque, no debí de hablar sobre eso, ni levantar la voz- Michael rodeo a Jacob y le acarició la espalda y la cabeza para calmarlo-. Creo que deberíamos marcharnos ya.

-Bien, hoy hemos dado unos pasos demasiado grandes. Relajaos unos cuantos días y volved cuando creáis que ya estáis listos para hablar.

-¿Y nos contaras que es lo que pasa con el bosque?- preguntó Sasha.

-He atendido a muchas personas como vosotros.

-¿Por qué no cierran el bosque? ¡Es peligroso!- le cortó Meral.

-Al año mueren miles de personas, solo una decena en el bosque y más o menos cinco resultan heridos por lo mismo que vosotros. Realmente no es un problema.

-¿Heridos?- preguntó indignada Meral- ¡Podría estar muerta! No sé cómo cojones estoy viva. ¡Esto es un puto problema!- Meral intentó no gritar ya que aquello hacía que Jacob llorase con más fuerza. Aun así estaba muy alterada por las palabras de la psicóloga.

-Actualmente, si los guardabosques cumplen con sus estrictos horarios pueden evitar que esos cinco incidentes, que suelen terminar en una trágica muerte, terminen en un trágico suceso.

-¿Y por qué no hacéis nunca nada para evitarlo?- preguntó Sasha.

-No sabemos de dónde han salido, mucho menos como matarlos.

-Pégale un tiro en la cabeza- interrumpió Michael-. Con mis hijos funcionó- bromeo él.

-No todos mueren al pegarles un tiro en la cabeza.

-¿Qué no Karen? Ya te digo yo que sí. Entrad con un grupo de militares a pegarle un tiro a cada uno que aparezca por delante y veras como mueren- comenta Meral.

-Se lo comentaré a mis jefes. Ahora es mejor que os vayáis. Os estáis poniendo muy nerviosos. Eso no es bueno en vuestro caso. Además, la hora ya ha acabado. Debéis de tener otras cosas que hacer.

La psicóloga se marchó lo más rápido que pudo después de decir aquello. Meral se estaba poniendo muy agresiva y ella sabía de lo que podía ser capaz. Meral ya ha tenido unos cuantos incidentes en los que ha terminado atacando a alguien por tocarle por accidente el trasero.

-Que hija de puta, mira como huye la cabrona- dijo Meral intentando perseguirla.

-Déjala, marchémonos a casa- dijo Michael-. Mañana volveremos a verla. Y podréis acosarla con todas las preguntas que queráis. Ahora, si nos disculpáis, mi hermano viene a recogernos- ambos salen de la habitación.

-¿Quieres que te lleve a casa?- le preguntó Sasha a Meral.

-Por si no te has dado cuenta, tengo un pequeño problema con lo de sentarme. Mi novio viene a recogerme.

Al cabo de una semana, todos volvieron más relajados. Meral llegó con su novio y se sentó sobre él en el sofá. El único contacto que aceptaba era el de su novio, ya que se sentía segura junto a él.

-Lo he estado hablando con mi novio y ha llegado el momento de contárselo. Nuestra relación ha pasado por mucho y creo que puede soportarlo perfectamente. Se lo voy a contar delante de vosotros, porque me ha convencido de que este grupo está aquí para ayudarme y que posiblemente hayáis vivido situaciones horribles. Además de que no tengo ganas de repetirlo dos veces- Meral cogió aire y comenzó su historia:- Aquella fatídica noche me encontraba junto con mi familia en el bosque. Todos los veranos desde que era pequeña íbamos, mi familia y yo, una semana al bosque a acampar. Aquella semana para mí siempre era maravillosa porque estaba junto con mis padres. Mis padres solían trabajar mucho y no los veía tanto, por lo que te puedes imaginar lo mucho que disfrutaba de aquella semana de verano. También, ahora que ya he crecido, yo tampoco podía verlos por mi trabajo. Me lo pasé muy bien los tres primeros días con mi familia, era muy tranquilo y agradable el bosque, los grillos cantaban, había una ligera brisa, por las noches se podía ver la luna y las estrellas. Cada noche fuimos a dar una vuelta por un sendero marcado. Aquella horrible noche, de la nada, apareció un grupo de hombres, golpearon a mis padres en la cabeza y me agarraron entre cuatro. Yo grité como una loca pidiendo ayuda. Uno de los hombres me colocó algo en la garganta para que no pudiese gritar. No sé porque no me ahogue con aquello. Aquello no me importó demasiado ya que me abrieron las piernas y… un chico se colocó entre ellas. Me quitó las bragas…. Y… y… me metió la mano por el ano… Agarró mis intestinos y los sacó. Yo estaba gritando y sollozando más que por el dolor y el miedo, por la impotencia de no haber hecho nada para defenderme. Puede que suene algo soberbio pero yo me definía como una mujer fuerte e independiente. El chico entre mis piernas se agachó. Yo ya no era capaz de darme cuenta de mi misma. Era como si yo no estuviese en aquel cuerpo. Creo que me estaba desangrando muy rápido y estaba a punto de morir. El chico se levantó antes de que me desmayara y me sonrió con la cara manchada de sangre y mierda. Lo último que vi antes de que me desmayara fue como le reventaban los sesos y estos caían sobre mí. Más tarde, cuando me desperté en un hospital, escuché a una doctora diciendo que nunca había tenido que arreglar los intestinos de una chica a la que se los habían sacado para comérselos. Mis padres murieron por el golpe, no soy capaz de que algo me toque el culo, ni de quedarme sola y tampoco he podido volver al bosque o a cualquier lugar donde haya una puta planta. Tire todas las plantas de mi casa nada más volver. Mi novio no ha comentado nada sobre mi nuevo comportamiento. Él suele dejarme a mi bola. Supongo que es porque se siente culpable porque él estaba esperándome en la zona de acampada sin saber lo que había pasado.

Meral no pudo evitar enfurecer al terminar su relato. Ella temblaba pero no de miedo sino de impotencia. Su novio intentaba calmarla sin tocarla mucho ya que, como ya había comprobado antes, no era buena idea tocarla cuando estaba alterada.

Al escuchar que a Merla le metieron algo por la garganta, Jacob se puso tenso. Después de recordar todo lo que pasó aquella noche. Se puso a llorar.

-Él solo llora cuando recuerda lo que le ocurrió- dijo la psicóloga extrañada-. ¿Michael, puedes contarnos que es lo que le ocurrió?

-Lo que yo sé es que… no sé cómo expresarlo. Realmente es todo muy extraño. Es como si a mis hijos los hubiesen cambiado por otros seres oscuros. No sé en qué momento cambiaron, ya que hasta aquella noche su comportamiento fue normal. Pero para ese año mis trillizos ya no eran mis trillizos. Ellos eran pequeños monstruos que solo querían destruirlo todo. No me arrepiento de haber matado a uno de ellos. Ni a mi hijo mayor. Yo ya no tengo hijos. Lo que ocurrió aquella noche fue que, como todos los años, mi mujer, mis hijos, Jacob y yo fuimos de acampada al bosque como todos los años por el principio del verano. Yo todos los años les hacía una hoguera para que se contasen historias de terror un poco lejos del campamento. Yo nunca les dije que nosotros nos escondíamos cerca para vigilarlos. Los trillizos cada año me pedían hacerla ellos mismo.

-Los últimos años, los trillizos quisieron hacerla ellos mismos- empezó a hablar Jacob-. El tío Michael les enseñó a hacerla y los dejó organizarlo todo. Ellos cada año la hacían un poco más lejos del campamento. Este año, sin cortarse ni un poco, ellos le pidieron abiertamente a mi primo mayor que hiciese aquello que ya habían hablado. Mi primo mayor era tan grande como mi tío Michael y yo no soy muy alto. Mi primo me tiró al suelo, sacó un cuchillo y creía que iba a apuñalarme. Pero los trillizos le dijeron que no debía de hacerlo con cuchillo, con los dientes y las uñas. A mi primo se le ocurrió intentar morderme el cuello para matarme pero mordió muy flojo al principio. Yo hasta ese momento no pensaba que todo aquello iba en serio. Cuando note los dientes hundiéndose en mi garganta, en ese momento luché y grité. Uno de los trillizos se acercó a mí y me metió algo viscoso en la boca, hasta la garganta. Luego mi primo me rompió la camiseta como pudo. Yo intenté luchar pero era imposible, era el doble que yo. Con sus inexistentes uñas y con sus dientes fue arrancándome cachos de piel y carne. Cuando tenía un buen puñado los escupía en un bol que los trillizos tenían entre las manos. Ellos decían cosas como: “No es suficiente”, “Más adentro”, “Mira cómo se retuerce”, “Quiero del interior”… Metió sus manos dentro de mí porque quería sacarme las costillas. En ese momento Michael usó su arma para cazar para volarle los sesos a mi primo. Uno de sus trillizos fue a atacarle y también le disparó. Los otros dos trillizos se marcharon. Yo tampoco soy capaz de ver nada de vegetación.

Todos estaban sorprendidos de escuchar a Jacob hablar. Era la primera vez que lo hacía desde que se despertó en el hospital. Su tío lo había llevado rápidamente al hospital. Se saltó todos los límites de velocidad.

Su voz durante todo su relato fue monótona y no mostró de ninguna forma alguna emoción, como si no le hubiese pasado a él.

-¿Era como una toallita?- se atrevió a preguntar Meral.

-Una especie de toallita cubierta por un moco marrón- le respondió Jacob.

-Lo que me dio para comer se parecía a eso. No sé porque nunca pude olvidarlo. El sabor era asqueroso y era muy difícil de masticar. Eso me dijo que me lo tragase en vez de masticarlo. La sensación en mi garganta fue… ¡asquerosa! Nunca he sentido nada tan asqueroso recorrer mi garganta- comentó Sasha.

-Aquella noche los trillizos se empeñaron en prepararnos la cena. En la comida había algo así como trocitos de toallita y algo marrón viscoso. Mi mujer y Jacob no lo comieron porque estaban enfermos.

-¿Por qué cojones nos alimentarían antes de matarnos?- comentó Meral.

-A mí no me intentaron matar y a Michael tampoco.

-¿Pues dime que es lo que pretendían al intentar comernos a Jacob y a mí?

-¿Pude que intentasen convertirnos?

-¿Comiéndose mis tripas? Lo dudo mucho.

-Ellos no comen en sí carne humana- habló la psicóloga.

-Explícate- dijeron prácticamente todos al unísono.

-Hemos descubierto que lo que hacen son rituales… religiosos. Aun no comprendemos que es lo que pretenden al dar de comer esa cosa a ciertas personas. Siempre y cuando no volváis a ESE bosque, no os pasará nada.

-No te preocupes, no pienso volver a pisar ningún bosque- comentó Meral.

-El problema es que algunos pensaron que para afrontar sus miedos creyeron que tenían que matar a todos esos seres y fueron al bosque con un rifle. No se ha encontrado nada de ellos desde entonces. Han desaparecido como si nunca hubiesen estado allí. No sabemos si los han matado ellos o si han muerto perdidos por el bosque.

-¿Y por qué no cerráis ese bosque?

-Hay otros animales peligrosos en el bosque y no veo que queráis cerrarlos después de unos pocos ataques. Es horrible pero es lo que hay. No se va a cerrar todo porque sea peligroso, todo es peligroso. Es mejor que os marchéis y os relajéis. Hemos avanzado demasiado rápido. Necesitáis relajaros y asimilarlo todo en vuestro entorno más seguro. Hasta el próximo día.

-Y se fue- comentó Sasha-. Supongo que es hora de marcharnos. ¿Alguno quiere que lo acompañe a casa?

-Nosotros nos vamos en mi coche- comentó el novio.

-Mi hermano está abajo esperándonos. Nos vemos mañana.

Al principio, todos tenían muchas preguntas sobre esos seres pero, con el tiempo, se dieron cuenta que la psicóloga no tenía nada de información. Es más, ellos estaban aportando toda la información con sus recuerdos.

La más interesada en hacer terapia era Sasha y ella fue la primera en pedirle ayuda a la psicóloga para poder quitarse la culpa de encima y el miedo de que la estuviesen siguiendo. Ella habló abiertamente sobre sus sentimientos, sobre sus pesadillas y sobre algunas anécdotas que surgían por su paranoia. El segundo en pedir ayuda fue Michael. Él quería ayudar a que su sobrino volviese a ser un joven normal. Para él fue muy difícil volver a una vida normal, ya que solo confiaba en Michael. Jacob solo comía si Michael había comido del mismo plato. Solo dormía si era junto a él. Nunca se separaba de él. Después de un tiempo asistiendo a esas terapias, Jacob consiguió volver a tener una vida un tanto normal. Ya no estaba tan pegado a Michael y había vuelto a confiar en sus padres. Jacob necesitó mucho tiempo para que se notase un progreso real. Aun así todo pequeño avance era celebrado por todos.

Meral también terminó pidiéndole ayuda a la psicóloga y gracias a ella su vida mejoró. Consiguió sentarse en su propia casa y que no le importase que la gente le tocase por accidente.

Después de mucho tiempo, todos volvieron a tener una vida normal, hasta cierto punto. Ellos continuaron reuniéndose en aquel lugar, pero ya no era cada día. Poco a poco sus reuniones fueron siendo una cada mes, una cada trimestre, una cada año… Continuaban pudiendo hablar con la psicóloga por teléfono pero ya no la necesitaban tanto.

Ellos continuaron sus vidas y, al tener otra vez una vida normal, no hicieron como si el resto ya no existiera. Ellos se hicieron amigos íntimos y participaron activamente en la vida de todos. Todos fueron a la boda de Meral con su novio. Apoyaron a Sasha cuando quiso montarse una floristería. Aunque Meral se empeñó en que todas las plantas que vendiese fuesen cactus. Michael decidió volver a formar una familia. Algo que Sasha aprovechó para presentarle a toda mujer soltera que conociese, ya fuese porque no tenían pareja o se hubiesen quedado viudas. Incluso Jacob, quien un no estaba recuperado del todo y era a quien más le costaba mejorar, hizo un amigo. Ese amigo lo conoció cuando se empeñó en ir a dar un paseo solo. Jacob se perdió y el joven lo ayudó a volver a casa. Este joven era un chico un tanto extraño, no parecía mostrar emociones. Ambos terminaron paseando juntos, charlando de sus cosas y volviéndose buenos amigos. A los demás no les gustó que Jacob fuese amigo de un joven que había encontrado por la calle y que se parecía mucho, en actitud, a los seres del bosque. Al final descubrieron que aquel joven tan solo tenía un pequeño trastorno de la personalidad. Por amor a Jacob, terminaron acostumbrándose a él y sus excentricidades.

14 de Diciembre de 2020 a las 22:01 0 Reporte Insertar Seguir historia
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