giancarlo Giancarlo Arguedas

Tras la abrupta interrupción del campamento, nuestros guerreros deciden tomar caminos separados, pero una terrible catástrofe conectará sus destinos. Secuela de: Saga del campamento.


Fantasía Medieval No para niños menores de 13.

#fantasía #ánime #shonen #medieval
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Capítulo I: Un encuentro con la realeza.

*****Disclaimer***** La imagen de portada no me pertenece. Perfil del autor original: https://www.pinterest.es/pin/13721973845546520/



Una vez se despidió de sus amigos, Kurizu se encaminó hacia su hogar y para llegar a este debía atravesar un largo sendero que recorría por mitad de un bosque.


—«Muero de ganas por contarle a mi padre sobre mi experiencia en el campamento, y eso que al principio me parecía una mala idea. Aunque tal vez tarde más de lo que me imagino en verlo nuevamente» —pensó Kurizu de manera reflexiva.


Horas pasaron y ya había empezado a atardecer, Kurizu divisó a lo lejos el brillo que desprendían las farolas de un pequeño pueblo, esto no era de interés para el arquero ya que él pensaba pasar la noche en el bosque como lo hacía de costumbre, pero hubo algo que llamó su atención, había una chica escondiéndose detrás de un árbol a las afueras del pueblo. Kurizu sutilmente se le acercó y preguntó:


—¿Qué estás haciendo? —irrumpió.


La extraña chica saltó del susto, tenía puesto un elegante vestido blanco que caía hasta el suelo, pero este estaba bastante desgarrado.


—Yo… yo… por favor no me hagas daño —suplicó la chica temblando.

—No te preocupes, no te voy a lastimar. ¿Por qué lo haría?

—¿Entonces tú no eres de esos hombres malos que me están persiguiendo? —preguntó la chica, quien parecía que estaba a punto de romper a llorar.

—No lo soy, pero ¿Quiénes te están buscando?

—Verás, aunque no lo creas soy la princesa de este reino… mientras daba una vuelta en mi carruaje fuimos atacados por un monstruo, mis escoltas distrajeron al monstruo para que yo lograra escapar. Sus gritos de dolor me hicieron saber que probablemente no saldrían con vida. Mientras yo corría me encontré con unos hombres a los cuales les pedí ayuda, pero tenían unas expresiones que daban miedo, así que decidí huir. Ellos me han estado siguiendo desde entonces, por eso me estoy escondiendo —relató la chica.

—Hmm, ya veo… conque hay un monstruo suelto por ahí. Eso suena interesante. Bueno, gracias por la información, adiós —dijo el arquero mientras rascaba su barbilla con interés.

—¡Alto! ¿Acaso no escuchaste que soy la mismísima princesa? —exclamó la chica alterada.

—Sí, lo escuché muy bien, al igual que la parte del monstruo. Tengo hambre y esa criatura me puede servir de cena. Si espero mucho más es probable que ya no lo encuentre así que mejor me largo de una vez.

—Yo te puedo comprar comida si es eso lo que quieres, ¡No te vayas! —suplicó la joven princesa.

—Bien, ¿Cómo te puedo ayudar? —preguntó Kurizu.

—Llévame de vuelta al castillo, si lo consigues te recompensaré. De momento ya casi anochece así que ve a reservar una habitación en la casa de reposo mientras yo espero aquí, no quiero que nadie me reconozca —dijo la princesa dándole una bolsa llena de monedas de oro.

—Toma esto, pronto hará mucho frío y al menos te calentará mejor que esas prendas que llevas puestas —dijo el arquero entregándole un abrigo que había creado con la piel de algunos animales.


La chica lo sujetó y se lo puso alrededor de la cabeza para que nadie pudiera verle el rostro y reconocerla. El abrigo era suave al tacto y sumamente cálido.

Después de eso, Kurizu se acercó a la casa de reposo, pero repentinamente escuchó a la princesa gritar:


—¡Ayúdame, guerrero! Me encontraron —gritó la chica mientras su voz se desvanecía poco a poco en la lejanía.

—«Parece que mi problema se resolvió solo y, además, me dejé las monedas, maté dos pájaros de un tiro» —pensó Kurizu con indiferencia, pero seguidamente un nuevo pensamiento se formó en su cabeza —«…ella tenía mi abrigo, ¿No? ¡Maldición, tengo que recuperarlo!».


Kurizu salió corriendo fuera del pueblo y en las cercanías de este encontró un rastro, eran varias huellas marcadas en la tierra, el arquero empezó a seguirlas hasta llegar a una cabaña en medio del bosque, las ventanas de la cabaña estaban selladas por tablas de madera y en la puerta estaban dos hombres armados con espadas, vigilando. Uno de los hombres era calvo y el otro tenía un cabello corto castaño.

Tras unos minutos anocheció, aprovechando la oscuridad Kurizu se escabulló hasta la cima de un árbol sin ser visto.


—«Bien, ¿Cómo debería hacer esto?» —pensó el arquero para sí mismo.

Nuestro guerrero se concentró en los alrededores y gracias a su excelente audición descubrió que había un animal escondido entre los arbustos cercanos a la cabaña. Sabiendo esto, Kurizu disparó una flecha hacia ese arbusto, provocando un leve sonido.

—Oye, ¿Escuchaste eso? —dijo uno de los hombres alertado.

—Sí, vino desde aquella dirección. Iré a echar un vistazo —respondió el hombre de cabello castaño.


El hombre se acercó al mencionado arbusto con su espada en mano, repentinamente una liebre salió corriendo a gran velocidad del arbusto.


—Ah, solo es un estúpido animal —dijo el hombre con molestia.

No obstante, Kurizu aprovechó la distracción para colarse en la espalda del hombre calvo y dejarlo inconsciente con un contundente golpe en la nuca.

—¿Pero qué…? —exclamó el hombre de cabello castaño al ver a su compañero desplomado sobre el suelo.


Nuevamente el arquero se apareció en la espalda del hombre y lo dejó inconsciente, sus sigilosos movimientos eran como una sombra en la noche. Después de eso, Kurizu procedió a tocar la puerta de la cabaña con total formalidad.


—¡No molesten, aún no termina mi turno! —se escuchó la voz de un tercer hombre que venía desde adentro de la cabaña.


Kurizu volvió a tocar la puerta.

La puerta se abrió frenéticamente y del otro lado apareció un hombre diciendo:


—¡¿Qué demonios quie…?!


La voz se enmudeció antes de terminar la frase porque el arquero le había propiciado un puñetazo en el estómago que le cortó el aliento para inmediatamente después dejarlo fuera de combate con otro golpe, esta vez uno en la nuca. Dentro de la cabaña estaba la princesa casi desnuda y atada a una silla, la chica rompió en lágrimas cuando vio que Kurizu vino a rescatarla.


—Menos mal que estás bien —dijo Kurizu suspirando de alivio.


El arquero empezó a caminar hacia la princesa, los ojos de la chica tenían un resplandeciente brillo de alegría, sin embargo, Kurizu pasó al lado de la princesa y se dirigió hacia la esquina de la cabaña donde estaban unas ropas tiradas en el suelo junto a lo que estaba buscando, levantó su preciado abrigo y le sacudió un poco el polvo, luego de todo eso cortó la cuerda que tenía prisionera a la chica.


—¡Viniste solo por tu abrigo! ¿Cierto? No te importa que una princesa esté en peligro, creí que eras un honorable guerrero —reclamó la princesa enfurecida.

—No te quejes, estás viva y tenemos un lugar para pasar la noche gratis, mejor cúbrete un poco o te vas a resfriar —dijo Kurizu rodeándola con el abrigo.


La princesa se vio a sí misma desvestida y se avergonzó súbitamente. Tras un rato, la princesa se durmió en la cama que había ahí, Kurizu, por su lado, estaba afuera de la cabaña en la cima de un árbol vigilando la zona, pero no sin antes haber atado a los malhechores a la base de ese mismo árbol.


—«Algunos humanos no son tan divertidos de cazar» —pensó Kurizu con decepción, y luego añadió —«¿Acaso ya estoy extrañando a esos tres sujetos del campamento?».


Al día siguiente, Kurizu aceptó llevar a la princesa hasta su castillo, ubicado en ¨La metrópoli real¨, por lo que enseguida ambos se prepararon para ponerse en marcha, pero…


—Oye, ¿Nos vas a dejar así? —dijo uno de los bandidos tras haber recuperado la consciencia.

—Eh, pues claro. ¿Qué esperaban? —respondió el arquero.


La pregunta le había parecido tan sumamente estúpida que ni siquiera planeaba responderla, pero lo hizo solo para aprovechar la oportunidad y burlarse de ellos.


—Malditos degenerados. Tengo en mi cabeza sus rostros grabados, cuando hable con mi madre se arrepentirán de haber nacido —dijo la princesa muy enojada.


Después de eso, Kurizu y la chica comenzaron su viaje hacia la capital del reino.

9 de Diciembre de 2020 a las 20:32 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Manuel Minorta C Manuel Minorta C
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January 22, 2021, 18:55
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