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Jungkook se ha graduado con honores de bachillerato y sus padres le premian con unas merecidas vacaciones en un hotel de lujo con vistas espectaculares al mar, donde una sonrisa cuadrada perteneciente a un joven de cabellos azules consigue sacarle varios suspiros. ** Taehyung x Jungkook (BTS) ↪Historia con contenido homosexual, si no te gustan de este tipo eres libre de irte.↩ No se permite la copia o adaptación completa o parcial de esta historia. ♡


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Capítulo 1: Tediosas vacaciones

Jungkook cerró su maleta bajo la atenta mirada de Seokjin desde la silla giratoria del escritorio. Sujetó la manija con su mano derecha y la levantó para dejarla al pie de la cama.


—Está listo —informó, satisfecho.


—Ah, de verdad, recién te gradúas y te vas a una playa a festejarlo. Tu mayor premio debería ser todo el conocimiento que adquiriste. —Jungkook se giró de inmediato para mirar a su amigo, como si se tratase de un extraterrestre.


—Hyung, lamento que tú no te hayas tomado unas vacaciones cuando te graduaste.


—¿Insinúas que estoy celoso? —preguntó, con falsa ofensa, mientras el castaño rodaba los ojos con diversión—. Pues por supuesto que lo estoy. Espero que pienses en mí y me traigas por lo menos una mísera piedra para siquiera poder decir que la conseguí yo mismo del mar.


—Te traeré una canasta entera, hyung. Así puedes decir que son todas de playas distintas.


—No eres divertido, ¿lo sabes? —se quejó—. Cuando seas mayor, guapo y millonario, tú realmente tendrás que llevarme a conocer el mar.


—¡Ya soy guapo! —Jungkook se cruzó de brazos, escuchando al rubio reír a carcajadas—. Eres mayor que yo, pero a veces de verdad te comportas como un crío. —Se sentó en la cama, entrelazando las piernas sobre el colchón.


—Ya, ahora en serio, sabes que no puedo irme de Busan. Por más que dejara a mi abuelo con alguien, él probablemente no me reconocería cuando volviera —dijo, encogiéndose de hombros—. Así que seguiré viendo imágenes de playas desde mi móvil.


—Ah, ya me hiciste sentir mal, te traeré algo más que piedras, lo prometo.


—Liga un poco, con eso me harías feliz.


—¡Hyung! —exclamó, con su estrepitosa risa de fondo—. Como lo más cercano a un hermano mayor que tengo, no se supone que me pidas algo así.


—Venga, Jungkook, aprovecha ese cuerpo privilegiado y ese rostro de niño lindo y diviértete un poco. Lo que pasa en la playa se queda en la playa, así funciona.


—Jo, de verdad me avergüenzas —musitó—. Y así ni siquiera es el dicho.


—Calla.


—Además, sabes que no soy bueno socializando —dijo, al tiempo que levantaba una mano para enumerar con sus dedos—, realmente no me gusta estar mucho tiempo bajo el sol, no tomo, no soy de discotecas, odio la aglomeración de personas y mis padres no me permitirán pasar todo el día en el hotel, con el aire acondicionado y con la música que me gusta. En lo que a mí respecta, serán unas vacaciones tediosas a fin de cuentas.


—¿Que hablarás con chicos guapos y me enviarás fotos panorámicas de las buenas vistas? Bien dicho, Jungkookie, así es como me gusta escucharte hablar. —Seokjin poseía una enorme sonrisa, a la que Jungkook no podía renegarle nada.


—Eres increíble —le dijo, negando con la cabeza—. Intentaré mantener alguna conversación, ¿bien? En realidad no tengo ganas de pasar todo un mes y medio solo como un hongo, pero no te aseguro nada.


—Tú solo mantenme informado, y si no lo consigues siempre tienes a tus padres. —El rubio se encogió de hombros con diversión.


—Hyung, estas vacaciones son realmente para ellos, mi graduación fue más bien una excusa. Te garantizo que en ese tiempo lo que más querrán es olvidar que tienen un hijo —rio bajito—. Y yo les concederé eso, por supuesto.


—Te escuché. —La repentina aparición de su madre en el umbral de la puerta abierta hizo a ambos muchachos saltar en su lugar, los dos miraron a la mujer, quien poseía expresiones divertidas—. No deberías hacerte tantas ilusiones, cariño. Tu padre y yo estaremos muy atentos a tus movimientos —dijo, con una sonrisa que la hacía ver mucho más hermosa y que dejaba a la vista sus perfectos dientes.


—Mamá, ¿desde hace cuánto estás escuchando nuestra conversación?


—Ay, no dramatices, acabo de llegar. Seokjinie, cielo, ¿te quedarás a cenar?


—Muchas gracias, señora Jeon, pero yo debo volver ya, mi abuelo ha de estar preguntando por mí —respondió, poniéndose de pie, Jungkook no demoró en hacer lo mismo.


—Está bien, será para una próxima ocasión entonces. —Ella le dedicó una sonrisa y se hizo a un lado para que los dos jóvenes salieran.


—Seokjin hyung, recuerda venir todos los días a ver a Mung Mung o se sentirá solo —le dijo el castaño cuando bajaban las escaleras—. Juega mucho con él y aliméntalo bien, no quiero que se ponga triste.


—Descuida, Jungkookie, ni siquiera dejaré que note tu ausencia.


—Ahora que me lo recuerdas, te dejaré las llaves de una vez. Mañana puede que se me pase por las prisas —le dijo Mi Suk, y el rubio asintió.


Cuando llegaron al primer piso, Jungkook corrió hacia su cachorro y lo levantó para estrecharlo entre sus brazos. Su madre y su amigo se quedaron hablando de la gestión de la casa, puesto que él les ayudaría con eso el tiempo que no estuvieran.


—Mung Mung, no sabes cuánto me gustaría llevarte. —Dio vueltas en el aire, con el cacharro ladrando feliz—. A ti también te traeré algo, ya verás.


—Jungkook, Seokjin ya se va —le avisó su madre, así que regresó con ellos para despedirse.


—¿Me escribirás? —le preguntó el rubio, luego de un corto abrazo.


—Veinticuatro siete, no quiero parecer un marginado.


—Huh, eso va a ser difícil. —Su padre, el señor Jeon, llegó desde la sala y se unió a ellos al pie de las escaleras, ganándose una mirada indignada del castaño y risas por parte de su esposa y Seokjin—. Quédate cerca de nosotros y no pasarás vergüenza, hijo.


—No lo dices en serio —saltó Jungkook—. Porque yo definitivamente intentaré estar bien lejos de vosotros dos, por si acaso.


—Eso dices ahora, en fin, ya veremos cuando estemos allá. Seokjin, muchas gracias por cuidar de la casa, te compensaremos bien.


—Ah, no se preocupe por eso, señor Jeon, para mí no es ninguna molestia. Espero que disfrutéis de vuestras vacaciones y cuidaos mucho, nos vemos en un mes y medio. —Les sonrió radiante mientras le acompañaban a la puerta para que pudiera volver ya a su residencia, que era justo en la casa contigua.


—Gracias, Seokjinie. Hasta luego.


—¡Adiós, hyung!


—Es un muchacho muy decente —dijo Dong Yul en cuanto el rubio se fue—. Bien, ¿tienes lista tu maleta, Jungkook?


—Sí, papá —contestó, arrojándose al sofá para encender la televisión.


—Voy a servir la cena para que podamos ir a descansar —informó Mi Suk, antes de dirigirse a la cocina.


—Te ayudo. —La siguió su esposo.


Jungkook sacó el móvil de su bolsillo y con la cámara abierta lo sostuvo en alto frente a su rostro, para subir a Instagram una última foto en casa antes de sus vacaciones.



La publicó con una risita y guardó el móvil para buscar un buen programa, pero no llegó muy lejos cuando sus padres le llamaron para cenar, por lo que apagó la televisión y fue a unirse a ellos en la mesa. No lo podía negar, se sentía ansioso y emocionado por el día siguiente.


Por esa razón, se levantó de inmediato tras escuchar la alarma en la mañana, casi como si de un resorte se tratara. Estuvo listo en poco tiempo, cosa que no solía suceder, y bajó con sus cosas al taxi donde sus padres le esperaban ya listos y contentos. A través de la ventanilla observó la casa de Seokjin, sonriendo para su hyung aunque él no pudiera verle.


Avanzaron con Mi Suk y Dong Yul manteniendo una amena conversación con el conductor, mientras Jungkook escuchaba música con sus audífonos, y el camino al aeropuerto se les hizo corto.


Para cuando llegaron a su destino, el sol ya picaba y el ambiente tropical era más evidente que nunca.


—Al fin —dijo Mi Suk, con los ojos cerrados, recibiendo con cariño el calor en su rostro—. Hacía tanto que no estaba en una playa. Tú tenías nueve años, Jungkook.


—Lo recuerdo bien, casi me ahogo en el mar y papá entró para rescatarme, pero terminó ahogándose también. Por lo que tú tuviste que rescatarnos a los dos.


—Ah, ya recuerdo por qué ha pasado tanto tiempo desde que estuve en una playa. —Los dos rieron, el rostro del señor Jeon no podía estar más rojo.


—Basta, no hay que mencionar más eso, por favor —se quejó.


—Está bien, está bien. Venid, vamos a buscar un taxi disponible para que nos lleve al hotel.


Jungkook se sentía maravillado con las vistas, en realidad no recordaba mucho de su anterior visita a la playa, por lo que todo ahora era como nuevo para él.


Y el hotel, Dios, el hotel consiguió dejarle con la boca abierta. Era de una inmensidad asombrosa, con una decoración que le hacía ver natural y pacífico. Las habitaciones eran de lujo, con aire acondicionado potente, camas cómodas, baños individuales y balcón incorporado con vista al mar.


Había piscina, lagos naturales, muelle, restaurantes y bares; y ellos podían disfrutar de todo eso con tan solo mostrar la pulsera que habían puesto alrededor de sus muñecas. Además, hacían eventos en las noches, como bailes y teatro. Jungkook cada vez dudaba más de que fuera a aburrirse, estuviese solo o no.


—Nada más el hotel ya es un paraíso —comentó su madre—. Es que no dan ni ganas de salir de aquí. —Abrió la puerta con la llave que le entregaron en recepción, abriéndose paso a la que sería su habitación. Jungkook tenía una diferente, que estaba ubicada justo al lado y a la que se tenía acceso también desde el interior de ese cuarto por una puerta de madera blanca junto al armario donde se guardaban las toallas y las frazadas.


—Entonces no salgamos de aquí —respondió—. Este sistema de aire es super avanzado, la temperatura baja que alcanza ha de ser magnífica.


—Pero no pagamos millones de wones por estas vacaciones para estar todo el tiempo encerrados como en casa —le dijo Dong Yul, mirándole con una ceja enarcada y terminando de dejar las maletas sobre la cama.


—Lo sé, lo sé, iré a mi habitación. —Se escabulló del escudriño de sus padres por la puerta de conexión. Ellos se miraban entre sí negando con la cabeza, pero sin dejar de sonreír, cuando el castaño volvió a asomarse—. Por cierto, deberíamos hacer un acuerdo, esta puerta permanece cerrada, ¿qué os parece? —Los dos adultos volvieron a compartir miradas.


—Hecho —dijeron al mismo tiempo. Jungkook sonrió satisfecho y cerró la puerta. Dejó sus cosas en el suelo, encendió el aire, cerró las cortinas y se lanzó a la cama. Suspirando en señal de comodidad, al tiempo que escuchaba la voz de su madre dirigirse a él desde la otra habitación.


—Descansamos un rato y exploramos el hotel, ¿vale?


—Vale —contestó, con un tono para que le escuchara, y sacó su móvil del bolsillo delantero de su pantalón con la intención de escribirle a su amigo.


Kookie


Hyung, este hotel es demasiado
grande, confieso que me siento
un poco incómodo


Pero es muy lindo, creo que lo
amarías


Cuando sea millonario (porque
ya soy guapo) te traeré aquí
mismo

Hyung guapo y super serio


¡Así se habla, Jungkookie!


Venga, disfruta tus vacaciones
y nada de estar todo el día en
la habitación


Promételo


Kookie


Descuida, lo prometo


Total, mis padres ya me dejaron
muy en claro que eso no va a
pasar


Hyung guapo y super serio


Jsjs ¡no me olvides!


Jungkook sonrió y apagó la pantalla, dejó el móvil a un lado y cerró los ojos para disfrutar del ambiente que tanto le gustaba. Solo se escuchaba el sonido del aire refrescando el cuarto y su respiración tranquila. Sonrió ante el sentimiento de plenitud.


—¡Jungkook, vamos! ¡Hay que aprovechar el sol!


—Aghh. —Sacó la almohada de debajo de su cabeza y tapó su rostro, justo antes de que la puerta de conexión se abriera y su madre se asomara por ella—. ¡Eh, eh! Nuestro acuerdo, has roto nuestro acuerdo —acusó, alejando la almohada y sentándose en la cama.


—Ay, lo siento, cariño. Es que se me olvida —le dijo Mi Suk, con una sonrisita inocente—. ¿Estás listo?


—Sí, sí. —Se levantó de la cama y se posicionó frente a su madre.


—Ah, Jungkook, cámbiate ¿quieres? Es verano y estamos en la playa, esos colores negros no son muy apropiados. Hazme caso, sentirás mucho calor. —El castaño observó hacia abajo para ver su ropa y regresó la mirada a la mujer con un puchero en sus labios. De fondo, en la otra habitación, su padre le hacía la típica seña de «tengo mis ojos puestos en ti», pero a él, a opinión de Jungkook, le salía divertido—. Y si quieres conservar ese tono de piel deberías usar protector solar.


Sí, sí, se le haría algo difícil acoplarse a ese ambiente.

29 de Noviembre de 2020 a las 19:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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