mariajosercons María José R. Cons

Estaba inquieta y nerviosa por la decisión que había tomado. Esperaría despierta a los Reyes Magos...; no sabía que el precio a pagar por tal osadía sería... tan doloroso. Mi último regalo de Navidad. Microrrelato Navideño. Concurso 2020. Disparador nº 2. FINALISTA


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MI ÚLTIMO REGALO DE NAVIDAD


Mi habitación, en la mañana del 6 de enero, era un auténtico espectáculo.

Aunque soy hija única, los Reyes Magos me traían tantos regalos como si hubiera quince niños en casa.

Era una celebración del exceso.

Necesitaba una hora larga para abrir la gran cantidad de regalos que, perfectamente apilados, encontraba a los pies de mi cama.

Sin embargo, mis padres siempre me inculcaron que no tenía que pedir todo para mí. Me enseñaron a disfrutar con la alegría ajena y a saber compartir mi alegría. Entre todos mis regalos, siempre había regalos para los hijos de nuestros vecinos, que los Reyes Magos dejaban estratégicamente en nuestra casa.


La noche del cinco de enero, de mis nueve años, estaba inquieta y nerviosa por la decisión que había tomado. Esperaría despierta a los Reyes Magos.


El año anterior casi había podido verlos, pero el sueño me venció, y solo pude ver la sombra de uno de ellos, cuando salía de mi habitación. Por eso, mi propósito era claro, este año sí los vería, y les daría las gracias por sus regalos, sobre todo, por el Tente, con el que construía casas, y por la bicicleta que tanto quería.

Papá, siempre, dejaba la luz de la cocina encendida para que los Reyes Magos vieran la mesa puesta en su honor, con platos repletos de trozos de Roscón, pocillos llenos de leche, y agua y dátiles para sus camellos.


Creo que había pasado bastante rato, desde que me acosté y papá me arropó; cuando, lentamente, la puerta de mi habitación se abrió y "una figura conocida" entró muy despacio.


Intenté parecer dormida, evitando moverme, y forzando la respiración haciéndola más profunda.


La figura comenzó a colocar pequeños paquetes a los pies de mi cama, y los más grandes los disponía en el suelo, unos encima de otros. Hizo varios viajes hasta que terminó de colocarlos todos.


Con los ojos apenas entreabiertos, para no ser descubierta, y con la habitación en penumbra, no pude distinguir quién había venido a traerme los regalos. Tenía claro que era un hombre, alto, sin ropajes de Rey, ni turbante, con un olor familiar (mi padre cada noche se afeitaba, y se echaba after shave), pero no podía asegurar nada más.


Cansada de tanta espera, y de estar con los ojos entreabiertos; cuando cerró la puerta debí dormirme.


No quise levantarme para ver los regalos, yo solo quería ver quién me los traía.

¡Quería ver a los Reyes Magos!


A los pocos meses mi padre enfermó. Estuvo hospitalizado siete meses, y murió en el mes de diciembre de ese año, el día 4.

Al mes de su muerte, llegaron unos Reyes Magos no esperados.


Nunca más la ilusión por los Reyes Magos volvió a ser igual, como la que sentía cuando vivía mi padre.

Desde entonces ya no espero regalos de Navidad, porque la persona más importante que me los traía ya no está.


¡Siempre me asalta la duda y el remordimiento, a partes iguales, de si la muerte de mi padre fue el precio a pagar por la osadía de querer ver a los Reyes Magos!












25 de Noviembre de 2020 a las 13:10 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Luisa  Romero Casas Luisa Romero Casas
Muy inocente y triste.
December 10, 2020, 21:02

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