xpgrongrisx Jhojan Guerra

Entonces escuché los rumores de alguien, alguien quien había vivido en esta comunidad, pero que hacía que los lugareños hablaran con cierto temor y miraran de un lado a otro cuando mencionaban ese nombre: Carmen, era como si temieran que aquella chica se les apareciera. Solo estaba de paso por aquellos lugares, pero fue suficiente tiempo como para que alguien me contara lo que había sucedido.


Crimen No para niños menores de 13.

#crimen #terror #misterio #asesinato #locura #policiaco #378 #347
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Carmen

—Eran horas tempranas de la mañana e iba a la tienda más cercana para comprar pan para el desayuno. Estaba en pijamas como era mi costumbre, estaba atenta y presurosa por llegar porque hacía frío. Entré y me acomodé en la fila, estaba conformada por vecinos. Todos me saludaron cuando me vieron entrar.


» Pero había alguien en la fila que no conocía. Un chico, seguramente de mi edad, estaba un poco más adelante. Su cabello se le enredaba por la parte de atrás. Era delgado, pero su cuerpo de ninguna manera parecía débil..., no podía dejar de mirar su espalda.


» Un sonido estruendoso y seco nos alertó a todos los que estábamos dentro de la tienda. Algunos corrieron a mirar que era, otros se mantuvieron reacios en su lugar. Salí, dejando a una señora el encargo de que me guardara el sitio y pude ver a dos hombres peleando, con tal furia que parecían decididos en matarse a golpes. La mayoría miraba, atónitos por lo que sucedía. Aquel chico apareció a mi costado y comencé a mirarlo solamente de reojo. Parecía concentrado en la pelea, tanto como todos los demás alrededor.


» Uno de ellos asestó el golpe final, dejando al otro desplomado en el piso. Algunos vecinos lo agarraron por la espalda cuando parecía que se dignaría a seguir golpeándolo.


»—Que horrible pelea, ¿no? —Comenté con prisa y nerviosismo al chico de mi costado, esperando una respuesta y llamando su atención.


»—Sí..., no pensé que vería una pelea así en mi primer día aquí.


»—¿Eres nuevo en el lugar? —Pregunté, eso no era algo común.


»—Sí, con mi madre. Supongo que ahora somos vecinos —Me sonrió. No pude evitar pensar que era la sonrisa más adorable que había visto en mi vida.


»—¿Cómo te llamas?


»—Santiago.


»—Como la torre..., mucho gusto, Santiago. Soy Carmen.


»—Claro, como la torre —Soltó una pequeña risita—. Mucho gusto, Carmen.


» Volvimos a la tienda. Nos saludábamos de vez en cuando desde nuestros sitios. Y después de que hubiéramos comprado los dos; quedamos en que nos veríamos mañana, en la escuela ya que, al parecer, íbamos a la misma. Volví a casa, dejé la bolsa en la encimera y me acosté de nuevo en mi desordenada cama. Creo que me había enamorado.


» Estaba emocionada por verlo de nuevo, me había arreglado como nunca y terminé encontrándolo, casi a la hora de salida. Nos saludamos con un beso en la mejilla. Eso me gustó. Comenzamos a hablar sobre nuestros deseos, nuestras metas y todo lo que queríamos hacer de camino a casa, hasta que llegó un punto en que comenzó a hablar de su familia, yo no tenía mucha. Solo lo escuchaba y pude darme cuenta que quería mucho a su madre.


»—Y, ¿si vamos a tu casa? —Le sugerí. Lo pensó por unos cuantos segundos.


»—Está bien. —Respondió.


» Me siguió hablando de su familia, su vida, su antiguo hogar. Y no pude dejar de sentir que cada vez me enamoraba más por la forma en que demostraba su querer y sus sentimientos. Pensé que Santiago había existido para mí, era todo lo que yo quería en un hombre. Dejé que mi mirada expresara lo que sentía, y noté como él se iba dando cuenta de mis intenciones.


» Nuestra comunidad era un lugar pequeño, así que todo el mundo se conocía. No demoramos mucho en llegar a su casa, no estando tan lejos de la mía. La noche comenzaba a asomarse.


» Me abrió la puerta y entré. Saludando a la nada como era mi costumbre. Mis mejillas se enrojecieron cuando me di cuenta de que él estaba mirando.


»—No pasa nada —Sonrió de lado, quitándole importancia al asunto—. Yo también lo hago, algunas veces.


» Nos sentamos en la mesa de la sala, hablando de todo hasta que llegamos al tema del amor.


»—Entonces, ¿te gusta alguien? —Pregunté, atenta a sus palabras. Me miró con atención, estaba segura que sabía hacia donde se dirigía la conversación.


»—Y, ¿a ti? —Su rostro cambió, sus pómulos se alzaron y alzó sus labios de forma encantadora, haciendo que me olvidara de mi pregunta.


»—La verdad, sí. —Dejé que mi corazón hablara—. Me gusta alguien, aunque no lo conozco mucho, pero siento que es la persona con la que quiero estar por el resto de mi vida.

» Estaba segura que Santiago no tenía muchas palabras que decir, así que solo seguí. Sabía que el momento había llegado, lo dejaría todo a esas dos últimas palabras.


»—Me gustas.


» No recuerdo muy bien como ocurrió lo demás, pero estaba feliz. Tremendamente feliz porque fui correspondida. Su madre llegó un momento después y nos pusimos a cenar los tres, como una familia, contentos y disfrutando de lo que había preparado. Yo solo podía abrazar a Santiago mientras su madre nos llenaba de elogios desde su asiento. Ahora tenía todo lo que habría querido. Santiago se mantenía callado, creía que era lo normal cuando un chico estaba enfrente de su madre.


El investigador se levantó de su asiento, con su café aún tibio en la mano, la miró por unos segundos antes de retirarse por aquella puerta de metal. Se encontró con uno de sus colegas al otro lado, ojeando las declaraciones de los vecinos y gente cercana a Carmen.


—Es una chica con muy pocos amigos —Alzó la primera hoja que tenía encima de las demás y siguió ojeando—. No parece haber rastros de su familia.


—Está bien. Gracias —Su colega siguió por el pasillo mientras terminaba de hojear los papeles que tenía en la mano mientras que el investigador siguió caminando hacia el otro lado.


Entonces, después de pensarlo, decidió leer el informe completo del caso. Llevaba en el departamento por casi cinco años y jamás tuvo que tratar con un caso así. No teniendo mucha idea de qué hacer, decidió hablar con el psiquiatra del departamento. Habían permanecido en su oficina por casi una hora discutiendo la situación de Carmen:


—¿Me está diciendo que esa chica no tiene ni idea de lo que realmente ha pasado? —Preguntó el investigador.


—En teoría, no. Tergiverse la realidad para que se acople a lo que ella desea.


—Entonces, ¿ella no sabe lo que ha hecho?


—Pues no. Según lo que usted me ha contado ella cree que ese chico —se detuvo y revisó la declaración de Carmen—, Santiago, correspondió a sus sentimientos y que su madre los felicitó al llegar a casa, cenando y conversando... Bueno, ya sabe el resto. —Hubo una pausa, se puso a pensar en otras posibilidades—. Seguramente la desaparición de su familia se deba a una situación similar —comentó con la característica frialdad con la que los psiquiatras trataban estos casos.


—¿Se puede hacer algo por ella? —Preguntó el investigador, entendiendo un poco mejor la situación de Carmen.


—Aún no lo sé. Pero si supiera más sobre ella, tal vez...


El investigador tomó un sorbo de su café, sabiendo que le esperaba una larga noche. Llegó unas horas más tarde a la casa donde vivía Santiago y su madre, aún había gente curiosa rondando los alrededores. Se trató de tomar el caso como algo discreto por su nivel de crueldad, pero ya se había corrido la voz de que algo le había pasado a los nuevos vecinos. El departamento de criminalística no tuvo más opción que restringir el paso por esa zona.


Entró y vio una mancha de sangre seca que se extendía desde la entrada hasta la sala. Terminando en un charco debajo de una de las sillas de la mesa; justamente donde había estado la madre.


—Tiene siete apuñaladas en total —dijo uno de sus colegas para sí mismo mientras observaba el cuerpo de Santiago y anotaba los datos en su libreta—. La madre no corrió la misma suerte —comentó, ahora que observaba a la madre y notando la presencia del investigador.


El investigador se acercó a él.


—¿Qué le sucedió? —Preguntó, aterrorizado por lo que veía.


—Bueno... —comenzó a leer el informe que había hecho de los cuerpos y lo ocurrido—, llegó a casa, pero la asesina, al parecer, ya había escuchado sus pasos. La esperó atrás de la puerta, y la apuñado entre los omóplatos. La arrastró hasta esa silla de madera, y la hizo ver como ella y su hijo se besaban. Parece que también su lengua fue amputada, presenta los huesos de los muslos rotos y pequeños cortes en los dos brazos y partes de las manos... En conclusión, se desangró hasta morir.


—Y, ¿a él? —El investigador señaló al cuerpo tumbado en la otra silla.


—Lo apuñalaron en el corazón —Una muerte rápida, pensó el investigador—. Al parecer llegó con la asesina desde la escuela. El muchacho muestra profundos moretones en las piernas, pareciera que lo golpearon con algo bastante duro hasta dejarlo inmovilizado. También tiene traumas bastantes severos alrededor del cuello y su miembro fue cortado con un rodillo para cortar pizzas. Estoy seguro que ya estaba muerto cuando su madre llegó.


Se mantuvieron en el lugar por unas horas más. El sol se asomaba a lo lejos, los curiosos se habían ido a dormir, hasta su colega decidió terminar el reporte e irse a su casa. El investigador sintió, después de mucho tiempo, miedo. Por la crueldad con la que algunas personas nacían o aprendían de algún modo; estar con esa idea rondando su cabeza lo atormentaría por muchas noches hasta que lo olvidara o quizás que, como todos los otros casos que tuvo que llevar en su carrera como investigador del departamento de policías, se volvería un recuerdo que simplemente se desvanecería, aunque él sabía que eso no pasaría. Algunas cosas penetran y anidan en un rincón de tu subconsciente y se asoman en cualquier momento, dándote cuenta que solo eres una presa para algún psicópata o asesino de turno, vives como un venado esperando a que el cazador saque una escopeta y te vuele los sesos para hacerse un caldo con tu cadáver. La crueldad del mundo nos vuelve seres sin valor, un muñeco de papel contra una tormenta y solo nos queda esperar esa chispa que haga saltar nuestra alarma para darnos cuenta que estamos en peligro.


No tuvo que esperar mucho, solo bastaba una llamada. Una llamada urgente. Miraba la escena del crimen desde el umbral de la puerta, escuchando las únicas palabras que le helarían la sangre: “Carmen ha escapado”.

23 de Noviembre de 2020 a las 02:03 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Jhojan Guerra Me gusta escribir, eso es suficiente por ahora.

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