juan-manuel Juan Manuel

Esta novela fue escrita dos años antes de la pandemia del 2020, y en ella se hace una irreverente sátira a la obediencia civil, la histeria y el terror que infunden los medios, usando chivos expiatorios y enemigos públicos. | "Vladimir Nausa es un docente que lucha contra su propia inadaptación a estándares. Ingresa a un prestigioso colegio, donde conoce a Sofía, niña que vive un infierno en casa. Identificado con los anhelos de libertad de ella, Vladimir debe decidir si continuar apegado al sistema o rebelarse para ayudarla, aunque termine convirtiéndose en un legendario criminal, culpado de la desaparición de la niña. Una década después, Sofía es descubierta por Nicolás, que debe investigar y esclarecer qué ocurrió realmente." | “El Monstruo Nausa” retrata la cultura de Internet, la desinformación y una sociedad obediente, donde rigen los medios de comunicación, las tendencias y el miedo. |


No-ficción Todo público.

#narcisista #Persona-PAM #MAP-person #censura #histeria #familia #crimen #romance #underage #abuso #sátira #colegiala #profesor #secuestro #monstruo #pánico #televisión #manipulación #desinformación #Minor-attracted-person #Persona-atraida-por-una-menor #lolita #complejo-de-lolita
0
1.6mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Gorgona

_______________

El Monstruo Nausa

©2018 - Dirección Nacional de Derechos de Autor, Bogotá, Colombia.

Reservados todos los derechos

¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯


...Y pensaba que algún día olvidaría, que con los años y el tiempo la tenía qué olvidar. Y ahora que soy un viejo y que mi vida ha transcurrido vanamente, tantos años y tantas mujeres que me han dicho "acuérdate de mí", mismas a las que he olvidado; aún al día de hoy, la única a la que no he conseguido olvidar, es a

Malèna.

de Malèna (2000)


Nada parecía lo suficientemente impresionante para alguien que había viajado por el mundo desde chico. Solo sería otro viaje más, del qué tomar miles de fotos y varias horas de video para alimentar las redes de Internet y consecuentemente, su insaciable ego. Nicolás ya había viajado en lancha en el mar, así que eso no era nuevo. También había pisado varias islas, incluyendo las islas Faroe, en medio del atlántico norte, Madagascar y Hawaii. Así que ir rumbo a la Gorgona, en su propio país, solo era para él como una salida de domingo. Había dormido durante el vuelo a Cali y después durante el vuelo a Guapi, pues volar era algo que le daba sueño. Luego, él y su esposa cruzaron algunas amables palabras con el conductor del moto-taxi que los estaba esperando, pero no más palabras de la cuenta. Otros pasajeros del servicio de transporte de Guapi se dejaban entretener por sus operarios con sus historias y chistes, y era frecuente ver a los viajeros muertos de risa mientras los moto-taxistas hablaban a buen volumen y daban cabrilla. Pero Nicolás y su esposa se habían limitado a saludar, responder con cortesía el primer comentario del jovencito afrodescendiente y con sonrisa de oreja a oreja que les había tocado, y después, solo hablaron entre ellos.

Era la primera, primerísima vez que estaban en Guapi, pero, por una condición lamentablemente típica de algunos seres humanos, evitaban impresionarse, pues creían de forma inconsciente y tonta, que aquellas personas que se asombraran por cosas, eran las personas menos asombrosas. Así que el matrimonio, simplemente siguió hablando en privado a un volumen muy decente, mientras el moto-taxi pasaba a través de las calles del municipio, delimitadas por casas con comercios, ya muy vencidas por el tiempo. También había soldados en servicio, con camuflado gris, chalecos antibalas y portando subametralladoras AR-15. De una simple fotografía mental del lugar, de Guapi o de cualquier lugar que se visite por primera vez, habría mucho qué decir, inferir, cuestionarse y opinar. Mucho qué admirar y de qué impresionarse. Pero Nicolás no era ese tipo de viajero. No aún, pero había algo a pocos minutos de su viaje al Pacífico que, de forma inesperada, llamaría su atención sin que él pudiera pensar ya más en otra cosa. Al abordar la lancha la vio, pero estaba pendiente de su esposa y de sus cosas, y como varios visitantes más, no pudo detenerse a saciar su curiosidad. Diez minutos después, saltando sobre las impetuosas olas, Nicolás había empezado a quitarle de a pocos la atención a su flacuchenta esposa para ver hacia la proa de la lancha. El grupo era de unos quince visitantes, y todos ellos estaban sentados sobre los tablones de la lancha bajo la carpa blanca. Llevaban puestos sus salvavidas de color naranja chillón, con logos blancos de la agencia de viajes. Por la montonera y el movimiento, Nicolás apenas podía enfocar por cortos instantes a esa interesante persona ahí delante, a quien quería ver. Su esposa, presionando el ceño, lo notó y empezó a impacientarse. La pobre estiró el pescuezo como pudo y descubrió lo que era con un trago de amargura. Nicolás estaba viendo a otra mujer, a una muy bonita que iba en la proa, dialogando con uno de los guapireños que respondían por la lancha. El viento le halaba la cinta blanca con que traía amarado su cabello, como si quisiera robársela. Se veía bonita, en apariencia y en presencia, pues aparte de ir sonriendo, se veía muy confidente con aquél lugareño.

Nicolás ¡tómele una foto! ¡O mejor, ahorita tómese una foto con ella! —susurró la esposa ya trastocada por los celos.

Estaba ofendida en especial porque encontró muy bonita a esta chica en la proa. Hubiera querido que fuera una jovencilla, una adolescente quizá, para poder escupirle en la cara a su esposo diciéndole “rabo verde”, pero no… la mujer era sin lugar a dudas de su rango de edad. Así que la enorme molestia provenía exclusivamente de la enrome atención que robaba de él.

Ay, Luisa, no moleste. Es que podría jurar que la conozco —repuso Nicolás, apenas regalándole una mirada de medio segundo.

Sí, claro… —renegó ella.

La voz de él era graciosa, a veces ceceaba y aveces no. Su apariencia, también era graciosa: era un poco cachetón a pesar de ser flaco, y tenía el pelo ensortijado y rebelde. Parecía estar huyendo permanentemente de interpretar un personaje cómico.

Ahorita en la isla tengo qué acercármele —le advirtió a Luisa.

¡No sea descarado! —le reprochó su esposa, casi gruñendo. Le dio un golpe con la punta de la palma y se giró furiosa.

¡Ay Luisa, es en serio, muy en serio! Ahorita que se dé cuenta de quién es, se va a sentir ridícula…! —remató Nicolás, en un tono de regaño que ella si apenas conocía.


La isla Gorgona acababa de aparecer en medio del Pacífico, emergiendo de la distancia con su típica majestuosidad verde y húmeda. Solía impresionar a todo quien visitare tierras no continentales por vez primera, pues más que playas paradisíacas, el aspecto de Gorgona era el de una jungla espesa y vírgen, mágicamente instalada en medio de la inmensidad del océano.

Los demás viajeros estaban hipnotizados por la experiencia, por haber desembocado junto al río Guapi y resultado en mar abierto, luego haber visto las Yubartas danzando jubilosamente y luego a una fantástica corona de aves volando en círculos sobre ellos. Pero Nicolás y su Luisa venían ensimismados en sus pensamientos. Ambos, a causa de aquella fémina. Ella, por la horrible sensación, que jamás había tenido, de que su marido estuviere interesado en alguien más y ni siquiera lo disimulara con ella. Y él, cuyo interés no era romántico, sino forense. Y lo era a tal grado, que no quería desperdiciar un solo segundo, ni siquiera para explicárselo a su ya angustiada esposa.

En la costa de la isla, una bella muralla de vegetación, eran mayormente las palmeras las que sonaban y bailaban al fuerte viento. En ella esperaban varios hombres nativos de Guapi, negros fornidos y bien plantados, que recibían a los deslumbrados viajeros. Uno de ellos recibió a la misteriosa mujer que viniere sujetada en al proa, tragándose todo el ventarrón, y le dio un rápido abrazo. Ella respondió con un beso sobre su negra mejilla, medianamente poblada de barba clara.

Nicolás trastabilló al dejar la lancha y emprendió una carrerilla hacia la mujer.

¡Eso, destrómpese! —le reclamó Luisa, con su voz adornada por el pródromo de un sollozo.

El mechudo y escuálido Nicolás corrió hacia la mujer, que ahora saludaba a otro caucano con el que intercambió amplias sonrisas.

A medida que reducía su distancia con ella, Nicolás se apresuraba más y su sospecha más se confirmaba. Estaba muy nervioso, como si estuviera por descubrir la piedra filosofal y temiera que en el último paso, un dragón emergiera del suelo y diera un injusto fin a su traveísa. Estaba tan ansioso, y así lo dejaba notar, que hasta un par de guías caucanos se contagiaron de intranquilidad y se pusieron alerta. Les pareció que iba a atacar a su amiga. El intranquilo viajero rodeó a la mujer para verla de frente y cuando vio su rostro, se atrevió a hablarle. Ya no tenía dudas. Tenía el corazón a mil y la respiración agitada, no por esfuerzo físico alguno, sino por nervios, igual que le pasa a alguien cuando está ante un enorme público. Pero aún así, con su cara y voz graciosas, entonó con firmeza, casi como una acusación:

¿Sofía? ¿SOFÍA GARAVITO?

La mujer tensionó las órbitas de sus ojos de inmediato y dirigió su mirada al viajero. Se quedó congelada viéndolo e igual que él, dejó que se le notaran los nervios que le acababan de transmitir.

¡Sofía, sí es usted! —agregó él, en tono de celebración.

Una ligera intuición le decía a él desde su estrecho interior, que si en efecto ella era Sofía Garavito, debería reconocerle sí o sí, pues no había muchas personas como él, que lucieran como un payaso despintado. Concluía, sabiendo eso, que los nervios de ella ya eran suficiente confirmación de su identidad.

Pero la mujer retiró sus ojos negros y brillantes de inmediato. Inclusive dio un par de pasos para alejarse.

ella no é Sofía, ella é Yuri Miché —aclaró amablemente uno de los guías.

Al oírlo, ella se alisó el chaleco que la identificaba como guía, carraspeó, se llenó de valor y habló:

Yuri Michelle Luna, y le serviré de guía en este viaje, señor.


Unos minutos después, el apesadumbrado alma de Luisa había vuelto a su lánguido cuerpo de joven casada y adinerada. Nicolás al fin le explicó lo de sus sospecha e interés en aquella extraña, no tan extraña.

...pero no puede ser, si tiene otro nombre… —razonó Luisa, cuchicheándole a su esposo.

Pues tiene otro nombre, pero es que no se parece... ES Sofía.

Eso no tiene sentido, Nico; Si fue secuestrada y desaparecida ¿cómo iba a resultar aquí? Psss ¿precisamente aquí?

no sé, pero es ella

Según lo que usted me cuenta, Nico; esa tal Sofía está muerta. Esta es una vieja que se parece un montón, o que a usted se le parece un montón, pero ya. No vaya a atormentarse ¿si? —le frotó la espalda.

Llevaban susurrándose mutuamente varios minutos y parecían viejas rezanderas soltando seseantes ave marías. Quien los oyera, imaginaría al instante que tenían la camándula en la mano. Estaban formándose lentamente entre su grupo de visitantes. Uno de los guías, de los amigos de la supuesta Sofía, empezó a hablar en voz alta. Iban a adentrarse en la isla y a hacer, lo que para los viajeros era un delicioso paseo, para los guías, rutina; y para Luisa y Nicolás, una jornada de cotillo.


Lo que había en la pantalla de su laptop, cuando estuvo de regreso en Bogotá, no eran sus fotos al lado de su esposa, ostentando los lugares cuyo aire había respirado, como siempre, en alguna pose de éxtasis o gratitud a la vida. No. Esta vez, su viaje había virado inesperadamente y lo que estaba viendo, eran páginas viejas de noticias, entradas de blog de diversos autores, algunos videos y el artículo en Wikipedia sobre el trágico episodio que había vivido de cerca hacía casi diez años:


La desaparición de Sofía Garavito

Sofía Garavito y Vladimir Nausa redirigen aquí

Sofía Garavito (2007—?), fue una menor colombiana, raptada y presuntamente abusada y asesinada por uno de sus profesores, en lo que los medios llamaron, ‘el caso más horrible de depredación sexual y desaparición forzosa de la historia Nacional’[1]. Los hechos ocurrieron entre Abril y Mayo de 2019, cuando Sofía cursaba grado séptimo en las afueras de la Ciudad de Bogotá. Uno de los docentes nuevos en el prestigioso colegio Global Bilingual School ese año, que impartiría el área de Química, identificado como Vladimir Nausa Sierra, fue hallado responsable de haber extraído a la menor del edifico del colegio. Se comprobó que Nausa explotaba a la menor para producir contenido visual ilegal. Aunque Nausa fue capturado y sentenciado, Sofía Garavito nunca apareció y fue declarada muerta por medicina legal en 2024. El caso Nausa, es reconocido internacionalmente por estudiosos del crimen [cita requerida] no solo como uno de los más escalofriantes, ya que el perpetrador era un profesor de la víctima; sino como uno de los más controversiales, debido a la falta de pruebas en diversos aspectos del caso y la polémica desatada por la inusitada defensa de Nausa que hicieron algunas personas, entre ellas una agente que hacía parte del equipo de investigación. Se dice que estas personas fueron blanco de amenazas y censura. Dicen algunas teorías marginales[2] que, el caso Nausa solo es un lamentable ejemplo de histeria colectiva, en torno a los casos donde la presunta víctima es una menor. No obstante, estas teorías han sido desestimadas por las autoridades por ser consideradas una apología al abuso de menores.


Contenido

1. Vladimir Nausa, infancia y antecedentes

2. Sofía Garvito, infancia

3. Ingreso de Nausa al GBS

4. Desaparición de Sofía

5. Captura de Nausa, judicialización y sentencia

6. Consecuencias sobre el colegio

7. Impacto en la comunidad

8. Teorías sobre el paradero de Sofía

9. El incidente Matasaurano

10. Polémica y teorías marginales

11. Sofía Garavito en la cultura popular

12. Véase también


(...)

Los ojos de Nicolás ya estaban enrojeciéndose, pasando una y otra vez sobre los textos y fotos de quien fuere su compañera hacía 10 años. Hizo clic en ‘Teorías sobre el paradero de Sofía’ y saltó de palabra en palabra que le parecía importante. “Su cuerpo fue arrojado al río Bogotá”, “Fue vendida a extranjeros por muy poco dinero”, “fue estrangulada, su cuerpo fue desmembrado y arrojado en diferentes puntos de la ciudad”, “Sofía Garavito se convirtió en la hoy famosa actriz porno Antonella Love...” en fin. Luego, en ‘Teorías marginales’, leyó un aparte que no parecía tener nada que ver con todo lo demás que se tejía sobre ella: “Sofía Garavito no fue raptada, violada ni forzada a ninguna cosa. Vladimir Nausa era inocente y Sofía vive en algún rincón del país...”.

Nicolás saltó de su asiento tan intempestivamente que este quedó varios pasos atrás de él, girando sobre su base.

Después de un minuto de estar ahí, pasmado, se metió la mano al bolsillo y agarró su teléfono con manos temblorosas y torpes. Empezó a deslizarle los dedos frenéticamente hasta que encontró lo que buscaba. Eran fotos de la mujer que había visto en Gorgona, tomadas a cierta distancia y sin permiso, una vez estuvieron en el recorrido en el interior de la isla. Sintió que se le salía el corazón del pecho.

Amor ¿qué vamos a pedir para comer…? —le llamó su esposa— ¿amor?

Ella apareció detrás de él y dedujo instantáneamente lo que pasaba. Se asomó a la pantalla del computador y, con un palmo en la frente y un giro de tono marcial, lamentó lo que encontró.

Estás obsesionado con eso —se quejó.

Luego se puso de pie y frente a él, dando un castrense zapatazo.

¿qué quieres? ¿Qué quieres hacer? agregó¡no estás seguro de nada! Esa vieja no se dejó ver de ti en todo el resto del viaje.

¡Precisamente! respondió él, creyendo echar por el piso el punto de ella.

¡No! Si un desconocido se me va corriendo y me rodea y me mira así como tú la miraste a ella, yo también me escondería... —apuntó Luisa con ofensiva obviedad, pero de inmediato suavizó el tono: Yo sé que no tienes malas intenciones, pero no tienes pruebas y no las vas a conseguir —lo tomó por los brazos— además, a todo el mundo dejó de importarle eso el 10 de mayo.

cuando dijo "10 de mayo", usó un notorio tono contextual, así como se usa con cualquier fecha histórica.

sí —se resignó él— no se encuentra casi nada de información, ni videos de noticieros ni nada sino hasta el 10 de mayo de 2019 luego volvió a imprimir perentoriedad en sus palabras: Pero ella es Sofía Garavito y no puedo quedarme callado.

Ya que su conversación se había convertido en una batalla de tonos, ella usó el de resignación piadosa:

¿Por qué cargas con esto? ¿Sufriste mucho cuando ella desapareció?

¡Todos sufrimos y lloramos mucho! se defendió él.

¡0K, 0K! —pero como sea, no puedes ni debes cargar con esto… piensa: Si esa vieja no es Sofía Garavito, estarás cometiendo un crimen por calumnia, acoso o algo parecido.

¿Y si sí es? contrapunteó Nicolás.

Luisa relajó el rostro y exhaló

¿Te das cuenta que estás pensando solo en ti? ¿Qué es esa muchacha para ti? ¿una oportunidad para encontrar atención?

Nicolás se dio la vuelta enfurecido.

Haz lo que quieras —siguió ella—, arma una página de Facebook, haz realidad tu sueño de tener un video viral, o escribe un libro, si quieres… Supón por un instante que ella sí es Sofía Garavito. Obviamente no quiere que nadie lo sepa y ahora se hace llamar... ¿Yuri Michelle? ¿Quién eres tú para ponerla al descubierto? Estás arriesgando a una persona, sea que sí sea quien tu crees o no, todo por tu gloria personal.

Nicolás cayó sentado y se tapó la cara con las manos. Giró en el asiento hasta darle la espalda a su esposa, que terminaba la discusión de brazo cruzado y punteando con el pie:

Haz lo que te haga feliz, pero no cuentes conmigo —dijo, y salió del apartamento.

20 de Noviembre de 2020 a las 01:48 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo Mirador de Boca Alta

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 28 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión