nereidabeta Nereida Betancourt

Rouss Crowell es conocida como una villana para todo el Imperio de Eutheria, pero llego el momento de ajustar cuentas y pagar por sus crímenes, justo antes de ser ejecutada un horrible caos se desata entre la gente poniendo fin a sus vidas, Rouss reencarna justo el día de la selección y esta vez protegerá a su gente del futuro que les espera.


Fantasía Fantasía oscura No para niños menores de 13.

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EL INICIO

Tres años habían transcurrido desde el día de la selección, la inconformidad tanto de la nobleza y el pueblo de Eutheria no habían desaparecido ni siquiera un poco, no era un secreto que nadie quería a la Emperatriz pues se trataba de una persona arrogante, malcriada pero sobre todo una mujer despiadada sin corazón, las personas que se atrevieran a confrontarla tenían una muerte asegurada, su familia era demasiado poderosa incluso para la Familia Imperial.

Se podría decir que ella lo tenía todo, belleza, poder y el reino entero a sus pies, pero todas esas cosas no pasarían de esa mañana pues en esos instantes se estaba preparando su ejecución su vida llena de riqueza estaba a solo segundos de llegar a su fin y ella lo sabía, una noche antes su majestad preparó todo para enfrentarse a la familia Crowell, ganaron por muy poco y tuvieron unas enormes pérdidas.

Frente a la guillotina se encontraba Rouss quien sin arrepentimiento alguno mantuvo su cabeza en alto y con una sonrisa, no les daría el placer a toda esa gente reunida de verla sufrir en sus últimos momentos, después de todo fue culpa de esas mismas personas que obtuvo su mala reputación que la condenó por tres largos años.

Tal vez si en el pasado se hubiera defendido ahora mismo podría estar en una situación diferente, ¿una buena Emperatriz? ¿el amor de su pueblo? ¿una buena madre? eso ya no importaba, aun lado se encontró con los ojos de su hijo de tan solo dos años hasta que la voz del Emperador la sacó de sus pensamientos.

—Rouss Crowell, por todos tus crímenes cometidos hasta ahora se decidió su ejecución inmediatamente —los gritos de felicidad del pueblo resonaron por cada rincón—. Tus últimas palabras Crowell.

—¿Ella realmente merece decir unas últimas palabras, su majestad? —habló Giselle la hija del Conde Griman con una sonrisa arrogante en su rostro.

—Solo tengo unas cuantas palabras que decir —todo el lugar quedó en silencio esperando esas últimas palabras de aquella malvada persona—. Los espero en el infierno, ellos saben de quienes hablo —observó con una sonrisa a todos los nobles quienes algunos se podían ver incómodos evitando su mirada y finalmente a su majestad confundido.

—Su majestad termina con esto de una vez por todas —mencionó Giselle tomando el brazo de su majestad.

—Oh, Giselle espero que todo lo que hiciste haya valido la pena y tengas la vida que siempre quisiste, supongo que ahora me despido.

Muchas personas quedaron confundidas con sus palabras, pero solo eran eso, simples palabras, Rouss respiró profundamente esperando su final y justo antes de que la guillotina fuera activada unos gritos desesperados se escucharon al final de la multitud, las personas comenzaron a correr por todos lados.

—¡El líder de los caballeros Imperiales vaya investigar ahora mismo lo que está sucediendo! —gritó uno de los nobles, el Emperador asintió al caballero y junto con él montaron sus cabellos para verificar lo que estaba sucediendo.

La primera idea que cruzó por sus mentes era que estaban bajo ataque por algún país vecino, pero al observar mejor lo que sucedía era su misma gente quien se atacaba entre ellos, no eran simples golpes de puño o un combate de espadas, arrancaban la piel de sus víctimas mientras se alimentan con ella, se estaban comiendo entre ellos.

—¡Su majestad! —el grito de un caballero lo hizo reaccionar de aquella escena tan atroz.

—Detengan a las personas que están atacando y si no responden usen la espada.

—¡Su majestad es nuestra gente!

—¡No ves lo que están haciendo, es una orden! —gritó su majestad Caleb.

Los caballeros tenían dudas pero sin perder más el tiempo se pusieron en combate, las personas que atacaban tenían algo en común, su extrema violencia, la fuerza notablemente aumentada, sus ojos de un color blanco con pequeñas venas rojas que lloraban sangre.

Todo era un total caos, Rouss por su parte sin que ningún guardia la tuviera en vista se desató la cuerda de sus manos fácilmente, recorrió con su mirada toda la escena quedando absorta por unos momentos, hasta que escuchó los llantos de su hijo a tan solo unos metros de ella, Giselle lo tenía en brazos asustada y desesperada sin saber qué hacer.

Cuando caminó hacia ella observó que algunas de esas cosas se dirigían justo hacia los llantos del niño, Giselle también se dio cuenta de esto por lo que dejó caer al niño y huyó para esconderse, Rouss con coraje corrió tomando una espada del suelo y con toda su fuerza la espada atravesó el cuello del atacante con tan solo un solo movimiento alejándose del niño, agradeció por primera vez recordar su entrenamiento de niña.

Tomó a su hijo entre sus brazos y corrió con esas cosas detrás de ella, antes de que pudieran alcanzarla Caleb llegó con otros caballeros cortando sus cabezas.

Eran demasiados por lo que la gente se resguardo en el castillo, todos temblaban de miedo con lágrimas mientras escuchaban los gritos de las personas de afuera quienes suplicaban para poder entrar.

—¡Es todo su culpa! ¡Esta mujer provocó todo lo que está pasando! ¡Es una bruja! —gritó uno de los caballeros apuntando hacia Rouss por lo que la gente siguió al hombre.

—¡Cierren la maldita boca! —se defendió Rouss furiosa—. En primer lugar, yo no tengo nada que ver con lo que está sucediendo y ustedes imbéciles solo están buscando a quien culpar ¿Que, te sientes culpable por dejar a esa gente morir afuera? —el guardia se puso furioso y levantó su espada hacia ella.

—¡Detente! —la voz de Caleb resonó por todo el salón, Giselle corrió hacia él pero éste la apartó y le susurro en voz baja—. No te atrevas a tocarme, vi perfectamente como abandonaste a mi hijo de dos años a su suerte —Giselle resopló indignada y se alejó de él.

—Por qué estás llorando Rouss, estoy segura que ahora mismo hay personas que sufren más que tú en estos momentos, no creas que darás lastima por unas simples lágrimas —mencionó Giselle apartando su cabello hacia atrás.

Unos gruñidos pequeños se escucharon y todos guardaron silencio, Caleb se acercó a paso lento hacia Rouss quien solo detenía con fuerza al niño que quería zafarse con violencia, Rouss solo acaricio su cabeza suavemente recibiendo una mordida del niño ya infectado, Caleb sorprendido sin detenerla sacó su espada y Rouss lo observó con una sonrisa.

—Espero que en otra vida hagamos las cosas bien —Caleb con lágrimas en sus ojos levantó la espada poniendo fin a la vida Rouss como a su pequeño hijo, las puertas fueron derribadas y todos sabían que ya era muy tarde.

Un pensamiento cruzó por la mente de los nobles, después de todo sin nos veremos en el infierno.

17 de Noviembre de 2020 a las 05:22 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Madelin Santana Madelin Santana
Me encantan las historias de renacimiento y postapocalipticas, los dos géneros juntos es genial, aparte de que la protagonista no sea una llorona princesa en apuros lo llamo perfección. Espero puedas continuar la historia. Si es como empezó se que será muy buena.
February 27, 2021, 13:59
~

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