jessicagiffuni Jessica Giffuni

Marie es una joven artista que desea volver a su tierra natal con la emoción de no regresar nunca más a América. Pero todo cambia de improvisto cuando en un abrir y cerrar de ojos se encuentra abordo del transatlántico RMS Lusitania. Averiguar cómo sucedió es su objetivo, pero su más grande reto será ayudar a los pasajeros y a la tripulación. Embárcate en un viaje en el tiempo en esta misteriosa historia, en donde todo depende de una sola decisión. Basado en un hecho histórico.


Histórico Todo público.

#histórico #misterio #fantasía #drama #suspenso
Cuento corto
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Un cambio en el destino

Esa mañana, la brisa traía el frescor del lejano aire salino. Desde el balcón del hotel en que me encontraba podía ver el muelle por completo.

La misma brisa movía a los pequeños barcos, se podía decir que los hacia danzar sobre el agua. Pero ahí estaba tan gigante como majestuoso, que llevaría su embarcación a Europa y junto a ella, yo.

La bocina resonó y sus chimeneas comenzaron a encenderse, la imagen que contemplaba frente a mis ojos era perfecta para una foto, aunque perdería la nitidez de sus colores.

Inhale la última pizca de aire matutino que me causo un cosquilleo por la emoción que sentía de volver a casa. Me pregunte si mi familia me estaría esperando tan emocionados, como yo estaba por volver a verlos. Cinco años en la ciudad de Nueva York ya había sido demasiado para mí. Cuando me entere que uno del transatlántico partía a Europa, me apresure a comprar mi boleto. Y me regale la última vista de América antes de partir y no volver jamás, me hospede en el más modesto hotel con vista al mar, que para mi sorpresa se presenciaba el muelle.

Otro pitido más de la bocina me sacó así misma de mis pensamientos, cerré mi valija, corroboré que no hubiera dejado nada en la habitación, tranqué la puerta dejándole al recepcionista la llave. Adiós América, ya era hora de regresar a casa. Descendí a toda prisa por las escaleras, corrí al muelle esquivando personas por todas partes, la adrenalina que corría por mi cuerpo era impresionante incluso, me sorprendí a mí misma con lo rápido que corría llevando un vestido largo y cargando mi pesado equipaje.

De sopetón me choque con un joven y ambos caímos al suelo.

- Fíjate por donde vas- me espetó sin mirarme, mientras juntaba su carpeta con

papeles del suelo.

- Lo siento- me disulpe.

Se volvió hacia mí con brusquedad, de repente sus mejillas se tiñeron de un rojo rosa –Lo siento, no sabía que eras…

- ¿Una chica? – complete.

- Sí – me tendió la mano – permíteme ayudarte.

- La próxima vez procura fijarte bien a quien le hablas – le espeté. Abrió la boca para

decir algo, pero la cerró enseguida. Ignorándole pase por al lado de él y me dirigí al imponente barco. Parecía diez veces más grande de que como se veía desde el hotel.

Había una fila extensa para ascender a él, me sorprendí al ver cuántas personas volvían a Europa. Me coloque en la fila detrás de un hombre alto y espere. Observe mientras todo el muelle, coches lujosos de los cuales bajaban mujeres finas y caballeros elegantes, se estacionaban entre la multitud que llenaba el lugar, por otro lado, pasajeros de segunda clase saludaban a sus familias desde el barco. La tripulación subía a toda prisa los bienes de los pasajeros de primera clase. Niños jugando atraparse, amantes en despedidas interminables y al otro lado un grupo de jóvenes celebrando felizmente, riendo y gritando que se iban a de América. Ojalá pudiera unirme a su repentina alegría, ‘’No es apropiado para una dama’’ diría mi madre si tuviese aquí.


La fila se fue arrimando a la nave, en cuestión de unos minutos tenía siete personas delante de mí.

Inesperadamente me recorrió un escalofrío, sentí como el pecho se me encogía junto con una angustia que me invadía. Me quede perpleja, no entendía el porqué de ese cambio brusco de emoción. Solo sé que quería llorar.

- Señorita ¿Sube? – me quede mirando atónita al hombre - ¿Se encuentra bien? –

preguntó. Deslizo sutilmente el boleto de mis dedos. Cerré los ojos para contener esas lágrimas que querían salir. Pero cuando abrí los ojos estaba en el barco, la cubierta estaba llena de agua, a mi alrededor una neblina oscura similar al humo cubría parte del mismo y al mar. ¿Cuándo abordé el barco? ¿Por qué no lo recuerdo? Me entró un terrible pánico, miré hacia todas partes, no había nadie, absolutamente nadie, la niebla tampoco ayudaba mucho. Empecé a caminar, cada minuto en el que no encontraba a ningún pasajero o tripulación el miedo y la confusión más se apoderaban de mí, a medida que caminaba a través de la cubierta vacía un frio cortante como cuchillas afiladas me atravesaba los huesos y helaba el corazón de tal forma que parecía irreal como todo a mi alrededor. Algo no andaba bien.

- ¡Hola! – grite a todo pulmón - ¿Hay alguien aquí? – mire a todos lados

desesperada. Para mi mala suerte nadie me respondía, solo persistía el silencio acompañado del solemne sonido del mar. Repentinamente sollozos a los lejos comencé a sentir, lo cual me hizo empezar a buscar desesperadamente por todas partes el proveniente de esos lloriqueos.

Inopinadamente veo la sombra de una silueta tras la neblina, entrecierro los ojos para ver mejor, me acerco despacio.

- ¿Señor? – pregunto tímidamente al hombre de pie con la mirada perdida en el mar.

pero parece no oírme. Lo reconozco enseguida, era el hombre alto delante de mí en la fila. Apoyo mi mano sobre su brazo, pero ni siquiera se percata de mi tacto.

- Señor, ¿Puede oírme? ¿Qué está sucediendo? – insisto. Se voltea en mi dirección

sin emoción alguna, me sobre salto a ver sus ojos sombríos, vacíos sin expresión y su rostro pálido azul dándole un aspecto tétrico y fantasmal.

- El muelle hace minutos estábamos en el – comienzo a decir, pero me interrumpe

con voz ronca.

- Este barco zarpo hace diez años – por un momento quede desconcertada, seguro

que padecía de algún tipo de amnesia.

- Señor, está confundido. Estábamos hace unos minutos en el muelle, en la fila, usted se encontraba delante de mí – volví a insistir.

- Eso fue hace diez años.

- No, ¿Sabe qué día es hoy? – pregunte impaciente. La desesperación se estaba

volviendo apoderar de mí.

- Sí, 7 de mayo de 1925 – contesto el hombre.

- No, es 1 de mayo de 1915. Estábamos haciendo fila en el muelle para abordar el RMS transatlántico Lusitania para volver a Europa.

- Eso fue hace diez años. Este barco jamás llegó a su destino – dijo. Volviendo su

mirada al mar. Retrocedí lentamente, no podía ser cierto lo que estaba oyendo, este hombre no estaba en sus cabales.


Salí corriendo lejos del hombre alto. Las lágrimas golpeaban mis mejillas, esto es solo una pesadilla me dije a mi misma como consuelo. Me detengo abatida por el frío cortante en mis pulmones, la cubierta era demasiada grande y con la niebla cubriéndola parecía no tener fin. Los llantos volvieron a oírse, esta vez provenían casi llegando al final de la cubierta. Si es que tenía un final.

Camine hacia la niebla oscura, cada vez el sonido era más fuerte y junto a él se le había unido más voces.

A lo lejos vuelvo a notar otra silueta humana, me dirijo con cautela y a medida que me acerco, más van apareciendo entre la negra niebla ¡la tripulación y los pasajeros! Grité para mis adentros, un poco más aliviada me dirigí hacia ellos.

Cuando llegue hacia esas personas la niebla se esparció lentamente. Ahogué un grito cuando los vi, todos lucían igual al hombre alto que había dejado atrás, algunos más que otros, mientras otros tenían heridas, cortes y quemaduras. Esto no era normal, esto es un sueño, un sueño del cual no despierto. Me repetía varias veces en voz alta. Mire a cada uno, mujeres, niños, hombres y ancianos, todos se veían similar.

Todos consternados, confundidos, gritaban desesperados. Tomé coraje tras toda esa conmoción y me acerqué a una mujer con su hijo en brazos estrechándolo con fuerza hacia ella. Me coloque en cuclillas y toque suavemente su hombro, pensé que por lo extraño de todo esto reaccionaria como el hombre alto, pero para mi asombro me agarro fuerte la mano que tenía apoyada en su hombro, estaba fría como el hielo, su piel pálida azulada y algo hinchada, pero en sus ojos aun había un brillo sublime. Sin embargo, el niño tenía los mismos ojos vacíos que el hombre alto, pero en vez de dirigir su mirada a algún punto específico me miraba a mí.

Su rostro se encontraba igual que el de la mujer, algo que me impacto dándome un vuelco al corazón. Desvié la mirada hacia su madre que me miraba con una extraña expresión.

- Señora, ¿Sabe qué sucedió? – pregunté casi en un susurro.

- No te ves como nosotros. Pudiste huir – dice pasmada.

- ¿Huir de qué? – frunzo el ceño confundida. Esta situación me comenzaba a volver

loca. Inesperadamente en un acto de reflejo desesperado se agarró de mi falda.

- ¡Ayúdanos por favor! – grito desgarradoramente. ¿Qué? ¿Cómo iba yo...? De

pronto todos se giraron hacia mí, todos esos rostros pálidos aparentemente sin almas, tenían los ojos puestos en mí, un escalofrío me recorrió el cuerpo erizándome la piel. Empezaron acercarse rogándome lo mismo que la mujer, comencé a retroceder instintivamente hasta que me choqué de espaldas con el hombre alto con un color de tez más azul. Le di un empujón y salí corriendo de ese lugar, los gritos de fondo eran más fuertes y desgarradores, creí que me perseguían. Pero no. Voltee a mirar detrás de mí y nadie me había seguido.

Encontré una puerta a mitad de la cubierta, seguro habrían más personas dentro, de todos modos, no tenía muchas opciones. Abrí la puerta lo más silenciosa que pude, ojeé el salón por suerte no había nadie, me adentré y comencé a recorrer el barco por dentro. Todo parecía normal, de hecho, había evidencia de que hubo personas aquí.


Me senté en el suelo en un rincón entre la mesa de buffet y otra mesa con la vajilla bien ordenada. Comencé a repasar todo lo que me llevaba sucediendo hasta el momento, tenía que lograr descubrir que estaba ocurriendo, de verdad deseaba que esto fuera un sueño del que pronto despertara.

Como una nota mental recordé cada cosa que hice y paso en el día. Todo comenzó cuando llegue al muelle. Hice la fila detrás del hombre alto, sin pensarlo empecé a sentirme mal, cerré los ojos y cuando los volví abrir ya estaba abordo, ¿Por qué no recuerdo cómo y cuándo subí?, después estaba el hombre alto pálido casi azul, algo desorientado, luego el resto de la tripulación con el mismo aspecto incluso hasta peor. La mujer con su hijo en brazos había dicho que yo pude huir, junto con ella todos me pidieron que los ayudara ¿Ayudara a qué?, el hombre alto mencionó que pasaron diez años.

Por un segundo observando todo el salón, note que había un gran espejo en una de las paredes. Me puse de pie acercándome al gran espejo con los ojos cerrados temiendo verme como el resto, cuando los abrí mi reflejo era el de siempre, mi tez bronceada por el sol, el rosa de mis mejillas y labios seguían ahí. Las palabras de la mujer resonaron en mi cabeza ‘No te ves como nosotros. Pudiste huir’, entonces eso solo se significa que ellos… un estallido a vidrio me saco de mis pensamientos, me tire al suelo y comencé a gatear hacia debajo de una de las mesas, baje el mantel para no hacerme notar.

Sentí los pasos de alguien acercándose en mi dirección, levante apenas el mantel y vi un par de botas frente a mí, pero cuando quise acordar el mantel se deslizo de la mesa dejándome a la vista.

Me puse de pie de un salto, volqué la mesa en forma de escudo y corrí a la puerta.

- ¡Espera! – me grito el sujeto detrás de mí – ¡No te hare daño! – levanto las manos

vencido. Me parecía conocido de alguna parte, pese a eso, se veía como yo, se veía humano.

- Te conozco - apunto. Se acercó, aunque seguía manteniendo distancia.

- Eres la chica con la que me choque esta mañana – lo mire con atención. Tenía

razón era él, solo que no llevaba su carpeta con papeles.

- También te recuerdo – dije. No soné muy creíble.

- Pues, no es lo que parece – frunció el ceño.

- Perdón, es que he visto…- antes que terminara retrocedió para atrás tropezándose

con las sillas.

- ¿Los has visto también? – pregunto asustado.

- Si – respondí. Esta vez más relajada al saber que no era la única.

- ¿Sabes que sucedió?

- Eso iba a preguntarte – se acercó y me agarro la mano. Su tacto era cálido y el color

de su piel normal.

- Estas fría, pero te ves normal.

- Eso es porque hace frío afuera – señalé la puerta de vidrio que separaba la cubierta

del interior.

- ¿Qué hacías aquí? – pregunté sin retirar la mirada del exterior nubloso.

- Buscando personas normales – respondió agarrando un par de cuchillos - ¿Vienes?

- ¿Para qué los cuchillos?

- Precaución – me pasa uno.

- No apuñalaré a nadie – me cruce de brazos en forma protectora. Me miró con el

ceño fruncido y se lo guardo en una de sus botas.

Seguí al joven chico, parecía que sabía lo que hacía. Salimos del salón de buffets y entramos a lo que parecía una sala de reunión. Aun podía oler el olor a tabaco, lo más extraño era que no había ninguno, solo los ceniceros cubiertos de cenizas viejas.

- ¿A dónde vamos? – le pregunté al chico.

- Buscar respuestas. Solo sé que cuando salí de mi camarote, no había nadie, hasta que subí a cubierta.

- ¿Intentaron atacarte? – pregunté señalando uno de los cuantos cuchillos que llevaba

en el bolsillo de abrigo.

- No, pero ¿No te parece espeluznante todo esto? – abrió los brazos indicando todo el

barco.

- Si- susurre.

- ¿Y a ti qué te sucedió? – me preguntó mientras recorríamos sala por sala – Por cierto, soy John – me sonrió

- Marie. Y lo único que sé es que estaba en la fila para abordar, me entró unas repentinas ganas de llorar, cerré mis ojos para evitar las lágrimas derramar, pero cuando los abrí estaba en la cubierta envuelta en la niebla y sola – no recuerdo cuando empecé a llorar, algo que incomodo a John.

Sin mero aviso me tironeo al suelo y me hizo señal que guardara silencio. Se escuchaban los pasos de alguien, de pronto algo de vidrio impacto contra el piso, seguido de eso un yoyo rodo hacia nosotros. Nos miramos por un instante, asome la cabeza por detrás del sofá y vi una pequeña sombra correr hacia el pasillo, me acerque despacio allí, y vi que la sombra se detuvo en una esquina que llevaba a otro pasillo, pero solo falto que se riera para que saber que era humano.

Sin pensarlo lo seguí corriendo y tras mi John, al parecer por el sonido de su risa era un niño; pasando por los largos pasillos nos condujo a la cocina, empujé las pesadas puertas dobles, sin embargo, cuando entre no había nadie. Busque debajo de las mesas, buscaba algo pequeño y juguetón, ya que nos había traído a las corridas.

- ¿Qué buscas? – preguntó John tras un esfuerzo de recuperar el aliento. Me voltee

para responderle, cuando de improviso.

- Hola – dijo una diminuta voz. Me gire para ver una diminuta figura de ojos azules

como el océano y cabello color oro, y por sí fuera poco por una extraña razón irradiaba de su cuerpo una blanca y delicada luz. Era bellísimo, me lo quede mirando maravillada, si tuviera mis pinceles a mano sería toda una obra de arte dibujarlo.

John me sujeto fuerte el brazo tan fuerte que podría haberme lastimado.

- Hola – balbucee. El niño me regaló una amplia sonrisa. Por un extraño motivo sentí

paz y tranquilidad, le devolví la sonrisa mientras con delicadeza me deshacía del agarre de John quien continuaba inmóvil detrás de mí.

- Si respuestas quieren buscar así no lo lograran – nos dijo el niño. Eso me había impactado más que su hermoso aspecto, tenía algo que no era de este mundo.

- ¿Cómo sabes que buscamos respuestas? – le preguntó John blanco como un papel

del miedo. No respondió solo le sonrió, no una sonrisa burlona sino una sonrisa pura y sincera.

- La hora de ir a casa se aproxima, para eso la respuesta deben buscar o aquí permanecerán toda la eternidad – sus cálidas palabras me pusieron los pelos de punta ¿Permanecer aquí? ¿Toda la eternidad? ¿Qué clase de sueño era este? John que se cubría futrado la cara con las manos, pero cuando devolví la mirada al niño ya no estaba. Volví a buscarlo por todos lados de la cocina.

- No, no, no – empezó a repetir John sacudiendo la cabeza – Esto es un juego – dijo mirándome como esperando a que le dijera que sí.

- ¿Un juego? – fruncí el ceño - ¿Te parece que todo esto es un juego? – le pregunté.

- ¡Sí! Nos habrán dormido para subirnos al barco y todas esas personas son actores de alguna obra de teatro y están maquillados – dijo. Caminaba de aquí allá sin dejar de temblar – Y la luz del niño eso si no lo puedo explicar. Pero todo esto es un juego que para cuando acabe el barco ya abra atracado – explico.

Me quede observándolo mientras pensaba en la sensación antes de abordar el barco, el aspecto de los pasajeros y la tripulación, los desgarradores gritos y llantos sin nombrar el frío y la niebla oscura como el humo, y la luz del niño.

El niño. Recordé lo que nos había dicho segundos atrás ‘La hora de ir a casa se aproxima, para eso la respuesta deben buscar o aquí permanecen toda la eternidad’ era un enigma, nos estaba guiando.

- John – lo llame mientras continuaba caminando de un lado a otro.

- John – trate de captar su atención, pero proseguía igual. Evidentemente se encontraba en shock.

- ¡John! – grite. Se paró en seco, al fin había podido captar su atención- Lo que dijo el niño, es un enigma.

- Por eso es parte de un juego – continuaba insistiendo.

- ¡No!, no es un juego ¿Recuerdas lo que dijo? – le pregunté intentando que comenzará a entender.

- Sí, menciono ir a casa y sobre la eternidad – dijo sacudiendo las manos para todos lados.

Volví hacer hincapié en las palabras del niño – La hora de ir a casa se aproxima, para eso la respuesta deben buscar o aquí permanecerán toda la eternidad.

- Eso era – frunció el ceño.

- Es un enigma y en él está la solución.

- Sé lo que es un enigma. Soy escritor – dijo con tono sarcástico.

- Entonces con más razón deberías haberlo resuelto o por lo menos entendido – solté algo molesta por su actitud.

- Claro que lo entendí. Llegaremos a Europa. Antes debemos buscar la respuesta de porqué está sucediendo lo que sea que éste sucediendo en este barco. Y en cuanto a lo de la eternidad es un susto, solamente – explicaba convencido de tener la razón. Sacudí la cabeza, me propuse volvérselo a explicar de la mejor manera posible y si no lo entendía, lo resolvería sola.

- No vamos a casa. El barco no atracara en Europa – el hombre alto tenía razón, el barco nunca llegó – No hay un destino al que el barco vaya a llegar – suspire y cruce los brazos en forma protectora sobre mi pecho – Solo queda asumir la realidad – dije. Nunca en mi corta vida me había detenido a pensar en la muerte o en cómo se sentiría morir. Ahora que lo pienso y veo que no se sintió nada o tal vez sea porque no podía recordar cómo fue, como se sintió. Cuando levante la vista, la mirada de John se veía aterrada y desconcertada.

- ¿Estás diciendo que estamos muertos?

- Temo que sí. Eso explica muchas cosas.

- Me niego a creerlo – sacudió la cabeza.

- ¿Qué hay de las personas? Ambos los vimos. Están pálidos y fríos.

- ¡Sí, pero nosotros no! – grito exasperado.

- Por algún motivo no lucimos igual – respondí con el mismo tono.

- Si estas en lo cierto y estamos muertos ¿Cuál es la respuesta? ¿Qué somos fantasmas Porque yo me siento vivo – dijo pellizcándose la piel.

Regrese a mis pensamientos, si el barco nunca había llegado a su destino como dijo el hombre alto entonces tuvo que suceder una tragedia durante el viaje, pero eso no resolvía porque no éramos pálidos y fríos.

- ¿En qué piensas? – me preguntó, John.

- En encontrar la respuesta – me puse a caminar decidida a adentrarme más en el barco.

- Creí que ya habías resuelto el enigma – por un momento me había olvidado que venia tras mío.

- Sí, una parte, ahora hay que saber cómo morimos – trate de sonar lo más fría que pude de modo que se hiciera más fácil asumirlo.

- ¿Cómo haremos eso? – dijo masajeándose las cienes.

- Primero hay que saber porque no lucimos como los demás. Tal vez existe la posibilidad que aún estemos con vida en algún lugar – suspire observando el interior del barco.

- ¿Qué? – se apresuró a colocarse frente mío – Hace un rato dijiste que estábamos muertos – me espetó irritado.

- Tal vez lo estemos, quiero creer que existe la posibilidad que no.

- De acuerdo. ¿Cómo averiguaremos eso? – resoplo frustrado.

- Buscando nuestros cuerpos – mencione con un tono de voz, con el que jamás me había escuchado usar.

Lo cual provoco que John abriera unos ojos de platos – No estás bien, Marie.

- Tal vez no. Pero qué más da – manotee al aire – Sea lo que sea, que nos sucedió, ya está hecho – comenzaba a frustrarme poco a poco. Ya no vería a mi familia nunca más, tal vez jamás se enterarían lo que le sucedió al barco. Recordé a las personas en cubierta, no era la única, no podía ser egoísta, además de que sería injusto dejar a todos atrapados en esta especie de plano.

- ¿Dónde se encuentra tu camarote?

- ¿Por qué preguntas? – frunció el ceño.

- Dijiste que todo comenzó cuando saliste de tu camarote. ¿Verdad?

- Sí – se encogió de hombros - ¿Pero para que ir ahí? Woow ¡espera! – dijo sorprendido.

- Si tu cuerpo está ahí, entonces…

- Me reúso ver eso – dijo cruzándose de brazos.

- Entonces iré sola – determine dándome la vuelta y encaminando a los camarotes.

- ¿Por qué no buscas el tuyo? – opino siguiéndome.

- Porque no sé cómo aborde el barco. No, lo puedo recordar.

- Marie – agarro mi brazo para que lo mirará – Esta por este mismo pasillo, una escalera más abajo. Pero no entrare ahí, no podría…

- No tienes porque John – me dio una sonrisa de alivio mezclada con agradecimiento.


Nos introducimos en el estrecho pasillo. El silencio de por sí ya lo hacía algo perturbador, insospechadamente las luces comenzaron a parpadear a lo largo del pasillo.

Inconscientemente le sujeté la mano a John y este me dio un apretón, cautelosos continuamos caminando, estábamos muy cerca de las escaleras como para volvernos. De pronto las luces estallaron y la mitad del pasillo se apagó.

Quedamos perplejos en el medio, entre la luz y la oscuridad de la nada un hombre de traje largo azul oscuro, con hombreras negras de franjas doradas y un gorro se encontraba de espaldas emitiendo una luz como la del niño. Por el uniforme lo reconocí enseguida, el capitán, por un momento vacilamos si continuar rumbo a las escaleras o esperar que este actuara en consecuencia. John, como era de esperar empezó a temblar, sin embargo, me hice de valentía, me acerqué con prudencia al hombre - ¿Capitán? – me atreví a preguntar. Se volteo, sus pupilas se hallaban ausentes de sus ojos, como si estuvieran completamente vacíos, su rostro pálido con ostentosas cicatrices, pero en ese momento algo inesperado sucedió. El sonido de una campana se escuchó y acompañada de ella una rápida imagen. Cuerpos de personas mal heridas yacían en el suelo, otras heridas gritando tras la escena, todo el mundo intentando de una forma desgarradora salvarse.

Las lágrimas se deslizaban en mi rostro, sentí como el pecho se me encogía de tal manera que no podía respirar, era horrible lo que estaba viendo.

- ¡Basta! – grite llorando – Por favor. Detente – la imagen ligeramente desapareció de mi mente.

Me derrumbe de rodillas, sujetándome el pecho, era insoportable el dolor que percibía.

- Marie ¿Qué te hizo? – pregunto John arrodillado a mi lado. Mire al capitán con la

vista nublada, permanecía de pie con la mirada en mí.

- Lo siento – espetó con la voz ronca – Todo paso tan de prisa, cuando nos dimos cuenta, ya era tarde.

- ¿Qué fue lo que ocurrió? – interrogo John. Pero el hombre se disipo entre la

oscuridad - ¡Regresa! – grito furioso golpeando la pared con el puño. Lentamente me

incorpore de pie y él se giró para ayudarme.

- ¿Estás bien? – preguntó con tono preocupado. Asentí con la cabeza - ¿Qué sentiste?

- No sentí. Vi – suspiró, igual yo solo que abatida, frustrada.

- Me mostro una parte de lo que sobrevino realmente – tome aire tras la larga pausa – había personas mal heridas, sangre por todo el lugar, gritos por todas partes, todos queriendo huir de ese sitio. Iba a continuar, pero no lo soporte – dije con la voz derrotada. John cerro los ojos y presiono con fuerza sus labios.

- ¿Aún quieres bajar al camarote?

- Sí – me limite a decir. Me ofreció su brazo como caballero que era, rechacé su amabilidad. Si, iba a concluir con esto por lo menos lo haría con valentía.

Finalmente cruzamos la oscuridad hasta las escaleras, que afortunadamente continuaban iluminadas. Descendimos y John me indicó la tercera puerta a la izquierda.

Me pare frente a esta, me hice de coraje y la abrí esperando lo peor. Para mi sorpresa estaba vacío, dude por un momento, pero finalmente entré, la habitación no mostraba rastro de lo que esperaba encontrar. Todo parecía normal como recién preparado, listo para el hospedaje. Camas perfectamente arregladas, pisos impecables, solo en un rincón una valija con una carpeta encima.

Me acordé el muelle cuando choque contra John, traía consigo una carpeta igual que la que se encontraba junto a la valija.

Observé hacia la puerta que permanecía abierta, vi la sombra de John en la pared, persistía de pie como acordamos. Volví mi atención a la carpeta la abrí cuidadosamente, dentro descubrí varias hojas escritas, saqué una que decía ‘Un barco se perdió en alta mar, nadie recuerda la última vez que lo vio atracado en tierra. Solo se sabe que como un barco fantasma navega, siendo el tormento de muchos marineros’.

Una historia bastante peculiar para alguien que estuvo en una travesía parecida que jamás finalizo. Leí la siguiente en cuestión ‘Tenían al barco en la mira durante días. Ese día se convirtió en el blanco con el fin de provocar un futuro enfrentamiento con el enemigo.

Solo basto dieciochos minutos para cobrarse las vidas de miles de inocentes, y convertir en leyenda al segundo majestuoso caído’.

Leí sus notas una y otra vez, hablaban de un presunto ataque a un barco de pasajeros, un ataque que había sido planificado y planeado.

- Te acercas a la verdad – se posó una esfera de luz en la cama de arriba, se desancho

tomando forma humana. El niño. Le enseñe las hojas escritas por John, asentó con la cabeza.

- ¿Por qué a mí? – pregunte cansada.

- Eres especial, puedes ver los que otros no. Solo tienes que recordar.

- No recuerdo lo que pasó.

- No lo que paso, sino lo que sucedió a lo largo de tu vida, Marie.

- ¿Tampoco me dirás como sabes mi nombre? – sacudió la cabeza riendo. Su risa dulce me contagio.

- ¿Todo bien ahí dentro? – gritó John desde el pasillo.

El niño comenzó a brillar con una resplandecientemente luz blanca, tomando forma de una esfera luminosa, me rodeo saltando sobre cada hoja en mi mano hasta desvaneciéndose delicadamente.

A los segundos John apareció en el umbral de la puerta, indeciso de si pasaba o no.

- No hay nada – dije. Soltó un suspiro de alivio y entro en la habitación - ¿Qué es esto? – le mostré las hojas.

Las agarro avergonzado - ¿Dónde las encontraste? – señale su equipaje con el dedo.

- ¿Por qué escribiste eso?

- Me inspire con todo el asunto de la guerra, pensé que un texto donde ocurría una tragedia, el país víctima se defendiera ganando finalmente. Bueno pensaba darle un buen final donde aconteciera un toque de esperanza, tal vez por ahí vendiera – se encogió de hombros.

- En tiempos de guerra las personas lo menos que quieren es leer sobre lo que viven. Pese que tuviera un buen final, que pudiera generar algún tipo de esperanza a la realidad – dije.

- Iba a tirarlos.

- El niño menciono que con eso nos acercamos a la verdad – señale las hojas.

- ¿Mis notas para el supuesto cuento? – asentí - ¿Crees que esto fue lo que pasó?

- No sé si eso, pero estoy segura que algo parecido – pensé en lo que me mostro el

capitán. Como un rompe cabezas uní las pistas, llegando a la conclusión de un ataque.

- Creo saber que sucedió – John me miro con el ceño fruncido.

- Fue un ataque. Atacaron al barco – anuncie.

- Pero el barco está intacto.

- ¿Cómo se ve tu barco fantasma?

- ¿Qué?

- Cuando escribes, imaginas ¿No es así?

- Sí – lo mire con las cejas arqueadas esperando su respuesta – Es normal, intacto con un toque fantasmal.

- Este barco se ve igual.

- ¡Espera! Tienes razón se ve igual al de mi historia – miró sus hojas sorprendido, luego a mí - ¿Entonces fue una premonición?

- Al parecer si – parecía abatido, como si fuera el único que había recibido el ataque y no todos - ¿Te encuentras bien?

- Sí – respondió. Doblo y guardo las hojas en su bolsillo.

- Hay que irnos – dijo dirigiéndose al pasillo. Lo seguí en silencio. Volvimos al piso donde tuvimos el encuentro con el capitán, de repente el pasillo desapareció y todo quedo de un blanco luminoso, gire sobre mi misma, no veía a John por ninguna parte, repentinamente como una cinta cinematográfica comenzaron aparecer recuerdos de mi vida, recuerdos que no tenía presente en mi mente desde hacia mucho tiempo.

La vez que mi hermana cayó por las escaleras lo había soñado la noche anterior. Corrí a decirle a mi madre, pero no me creyó, después cuando desperté de madrugada asustada porque había visto a la tía Melinda en los pies de la cama, llevaba años muerta. Luego vino otro recuerdo, me encontraba en mi clase de pintura, no estaba segura de que pintar así que cerré mis ojos para visualizar algo que pudiera proyectar en el lienzo y de improvisto me vi a mí en un hermoso parque. Años más tarde estaba en ese mismo lugar, en la ciudad de Nueva York.

Súbitamente todos los recuerdos se juntaron en solo uno reciente, el de este barco. Me quede atónita observando aquella proyección frente a mis ojos. ‘Eres especial, puedes ver los que otros no. Solo tienes que recordar’ el eco de aquella infantil voz retumbo en aquél espacio refulgente.

Tenía razón toda mi vida siempre me sucedieron cosas extrañas, cosas que no le sucedían al resto de las personas. Pase por muchos terapeutas, expertos en psicología. Pero ninguno supo explicar lo que me pasaba, solo decían que era mi forma de captar la atención de mis padres, que era muy lista para utilizar lo que escuchaba de los mayores, y emplearlo en hechos irreales e imposibles.

Mi última visita fue a los catorce años, llevaba días viendo a un señor de edad mayor a todos lados donde iba él se encontraba. Se los mencione a mis padres, preocupados me volvieron a llevar de nuevo con otro terapeuta. Esta última vez dijeron que padecía de alucinaciones, las cuales si continuaban ocurriendo no tendrían más opción que internarme en un hospital, para personas con casos similares. Fue precisamente ahí cuando mis padres tomaron la decisión de que viniera por un tiempo a América a practicar mi arte. Pero siempre supe que era para mantenerme lejos de ese hospital y del hablar del pueblo.

Desde entonces decidí callar cada cosa extraña que me sucedía, la ignoraba. Hasta que poco a poco fueron dejando de ocurrirme hasta ahora.

De pronto todo tomo sentido, todo cuadro en mi aturdida cabeza. Porque me había pasado esto a lo largo de mi corta vida, porque las personas atrapadas aquí me pidieron ayuda, la mención de el niño con respecto a mí, no había nada malo en mí. Solo había nacido diferente, especial.

- ¡Ya entendí! – alce mi voz en el vacío – Solo dime, cómo puedo ayudar.

- ¿Estás segura que ya lo entendiste? – pregunto el niño apareciendo inesperadamente

- Sí. Tenías razón – respondí.

- ¿Pero lo aceptas, Marie? – me pregunto con el gesto serio. Claro que no. Siempre me

detestaba por ser rara, distinta, incluso no tenía amigos por eso, solo jugaba con mi hermana. Para todo el mundo estaba loca. Pero ahora que más daba, sea lo que me sucedió ya deje el mundo, y pronto dejaría este plano para un lugar mejor, quién sabe tal vez al paraíso como contaba la iglesia.

Me volví al niño y con toda decisión dije – Sí, me acepto – su luz tuvo un impulso intenso, me regalo una sonrisa.

- Muéstrales el camino, para que sus almas puedan en paz estar – de golpe de nuevo

estaba en el pasillo.

- ¡Marie!

- ¡John! – corrí abrazarlo.

- ¿Dónde te fuiste? Desapareciste de la nada. Te busqué por todos lados –le sonreí.

Agarre sus manos entre las mías - Sé cómo acabar con esto. Con el enigma.

- Como salir de aquí – dijo con tono angustiado.

Asentí – Se lo que hay que hacer – lo conduje de la mano hacia cubierta. Sabía lo que debía arreglar, calmar esas almas, explicarles donde se hallaban.

Cuando salimos al fin a cubierta todo se mantenía igual. El frío enrollándose en nuestros cuerpos, la oscura niebla cubriendo el barco y el lugar como un desierto sigiloso.

- ¡Hola! ¡Vengo ayudarlos! – grité con todas mis fuerzas.

- ¿Estás segura de esto? – preguntó John desconfiado.

- Sí.

- Marie – señalo sobre mi hombro. Me volví y allí estaban, espeluznantes como almas en pena, me acerqué manteniendo distancia.

Identifique al hombre alto enseguida, me dirige a él, pero de improvisto apareció nuevamente el capitán. Me quede inmóvil frente a él, su mirada se cruzó con la mía, di un paso más hacia él, ojee a todos incluido las sombras de atrás de todo que apenas se hacían visibles para mí, resolviendo como decirles lo que estaba sucediendo, tome aire y empecé a explicarles. Como supuse llantos de dolor, un dolor que también sentía en mi cuerpo, en mi carne, en mis huesos. Mientras otros confundidos, enojados desaparecían golpeando, rompiendo lo que encontraban, estruendos a cristal roto, sillas estrellándose contra las paredes entre otros ruidos que provenían del interior.

- Solo queda aceptar e ir a un lugar mejor – propuse. Les volví a decir lo que

menciono el niño, sobre vagar por la eternidad como almas en pena dentro de un barco fantasmal. Sentí el dolor disminuir lentamente de mi cuerpo, los ruidos, golpes y las cosas aventadas cesaron gradualmente. Estaba claro que no querían estar atrapados.

‘¿Por qué nos hicieron esto?’ ‘¿Quién fue?’ unas voces que no identifique su identidad se oyeron de fondo preguntar.

El enigma, la última parte buscar la respuesta. La respuesta no era solo que estábamos muertos sino era saber qué o quién causó esto y ¿Por qué?. El relato de John hablaba de un ataque a un barco, supuse que este había sido atacado ¿Pero por quién? ¿Por qué atacarían un barco de pasajeros? Gente inocente que no tiene nada que ver. A pesar de estar en medio de una guerra, se concedió la autorización de la circulación de los barcos.

Tenía que acabar de ver lo que el capitán me quiso mostrar, algo me decía que tenía que hacerlo por mí cuenta. Una vez oí que el agua tenía memoria, miré al suelo, la cubierta estaba mojada. Me arrodillé apoyándome de manos sobre la misma, cerré los ojos concentrándome, de repente lo vi todo.

El sonido de una voz a través de una radio se escuchaba a lo lejos ‘Submarinos en acción frente a la costa meridional de Irlanda’ seguido de otra voz que anunciaba ‘Submarino a cinco millas’ inopinadamente me encontraba en el puente de mando, los oficiales gritaban mientras que el capitán en un intento desesperado de girar el timón rugía que ya era demasiado tarde. Un gran golpe acompañado de un tremendo estruendo sacudió el barco levantando una columna de agua al costado, todos cayeron al suelo incluida yo, bruscamente enseguida salté a otra parte del barco donde gritos desgarradores, personas corriendo por todo el lugar, cristales esparcidos por el suelo cubierto de sangre, enseguida una fuerte explosión se oyó en el interior del piso, las calderas. Era difícil mantenerse de pie como logré pararme salí a cubierta, la mayoría de los pasajeros junto con la tripulación se lanzaban desesperados al agua, algunos botes salvavidas habían logrado llenarse, pero fueron bajados de forma incorrecta haciendo caer al agua a algunas de las personas, por un momento el barco se enderezo, haciendo caer a todos hacía delante y a algunos botes más, vacíos al agua, me sostuve en una de las barandillas. Otra explosión más esta vez la vi frente mis ojos una de las chimeneas estallo haciendo que el barco volcara de forma rápida y violenta, el vapor de la chimenea detonada envolvió con brevedad al barco en una nube negra, gritos se continuaron escuchando por unos instantes; instantes que para mí fueron eternos y sufribles hasta que de pronto solo el silencio reino sumergiéndome dentro del agua. Abrí mis ojos dejando desbordar las lágrimas por todo mi rostro, tarde unos instantes en procesarlo todo. Mis emociones estaban mezcladas entre bronca, dolor, miedo, todo se apoderaba de mi ser.

Levante la mirada, todos tenían la vista puesta en mí. Ya no tenía fuerza si de explicar se trataba, una joven mujer se colocó a mi altura y apoyo su mano en mi hombro, la mire a los ojos que por lejano a su aspecto reflejaban compasión.

- Es tarde ya. Solo nos queda aceptar lo que no se puede rechazar – dijo con una

suave voz acompañada de una tímida sonrisa. Me puse de pie, John tomo mi mano entrelazando sus dedos con los míos. Le regale una sonrisa al igual que al resto.

Todos estábamos listos. Pesar del dolor de la innecesario arrebato de nuestras vidas, estábamos listos para irnos. Una esfera de luz blanca descendió, a nuestro alrededor la neblina se disipo, el cielo se despejo mostrando un sol radiante.

Las personas volvieron a tener su humanidad. A mi lado el niño con complejo de adulto apareció con un esplendor reluciente.

- Hola – le salude. Me sonrió dulcemente. Le hizo un gesto con la cabeza a la esfera

de luz, esta subió al cielo, de improviso nubes que no se hallaban en azul cielo se manifestaron formando un círculo del tamaño del barco de las cuales rayos de luces blancas y doradas lo cubrieron.

Las personas comenzaron a emitir un brillo resplandeciente, sus cuerpos se convirtieron en pequeñas esferas de luces blancas que ascendieron al cielo. Toda la cubierta se llenó de esas luces y en el lugar se podía decir que se sentía al fin una completa e infinita paz.

El cuerpo de John se empezó a iluminar y hacer lo mismo que el de los demás, llevo mi mano a su boca presionando delicadamente sobre mi piel el tacto suave de sus labios – Te veré allá – dijo, sonriendo.

Retrocedió unos pasos colocándose justo debajo de ese enorme circulo en el cielo, su cuerpo rápidamente ascendió de la misma manera que el del resto.

Quedábamos yo y el niño, me gire hacia él y nuestras miradas se encontraron.

- ¿Me dirás tu nombre? – pregunte amablemente.

- No, un secreto – respondió para mi sorpresa. Me tendió su pequeña mano – Cierra

los ojos – me ordeno. Hice lo propio, apareció una mujer más joven que yo, mi madre. Estaba con una panza muy enorme, lucía cansada, enferma. Fruncí el ceño aún con los ojos cerrados. Mostró un doctor que le explicaba algo que no pude oír, a ella y a mi padre. Cubrió su cara entre sus manos llorando desoladamente mientras mi padre la consolaba. Seguido de eso la vi igual de joven, pero sin la barriga ¿Habría nacido el bebé? Supuse que no por cómo lucía ahora angustiada, con los ojos rojos de llorar. Luego ya era un poco mayor, con una panza de nuevo, estaba feliz.

De repente yacía en su cama en casa, una mujer le entregaba envuelto en una manta un bebé, mi madre sonreía felizmente con mi padre. Vi ese bebé crecer, era una niña. Lucy, mi hermana. Mi madre le arreglaba el cabello, cuando acabo le indicó que fuera a jugar, esta se apartó corriendo dejando notar nuevamente la enorme barriga. Era yo. Apoyo su mano acariciándose suavemente su vientre. Pero no pude ver más, abrí los ojos, el niño continuaba de pie junto a mí.

- ¿Tú? – le balbuce poniéndome en cuclillas para quedar a su altura - ¿Eras el primer bebé? – Asintió con una sonrisa. Sentí mis mejillas ardientes y húmedas, en un delicado gesto limpio mis lágrimas con sus diminutos dedos.

- ¿Me dejas abrazarte? – sin responderme me rodeo con sus brazos, lo envolví en los

míos estrechándolo contra mi fuertemente. Tenía un hermanito, bueno tenemos, ojalá Lucy lo supiera. Lucy, no me percate de ella, espero que no haya sufrido cuando supo que jamás volvería a verme. La extrañaré muchísimo al igual que mis padres, aunque sé que algún día me encontraré con ellos a donde sea que vaya ahora.

Me separe unos centímetros para poderlo mirar a los ojos.

- Ahora podré conocerte – le dije, acomodando su pelo.

Pero me dejo pasmada cuando mirándome a los ojos me dijo – Recuerda Marie. El trágico destino puedes evitar si sabes cual decisión tomar – apoyo sutilmente sus manos en mis ojos cerrándomelos, cuando los abrí estaba de nuevo en el muelle en la fila para abordar al Lusitania.

- Señorita ¿Sube? – preguntó el hombre, lo quede mirando sorprendida. Todo se estaba repitiendo, inesperadamente en mis oídos resonó la voz de un niño, mi hermano ‘El trágico destino puedes evitar si sabes cual decisión tomar’

- ¿Se encuentra bien? – antes de que deslizara de nuevo el boleto de mis dedos, se lo

saque.

- No – respondí decidida – No subiré al barco.

- ¿Está segura? Con todo el asunto de la guerra no sabremos cuando partirá el próximo barco.

- Estoy segura. Gracias.

- Que tenga un buen día – me saludo con un gesto en el sombrero. No podía decirle lo

mismo, no con lo que iba a sucederle. Mire por última vez al gran barco, esta vez no me recorrió un escalofrío sino una tristeza que me encogía el corazón, observe las personas que iban abordar ajenos al cruel destino que les esperaba. No había forma de advertirles, nadie me creería, pensarían que estaba loca, seque mis lágrimas y me voltee de regreso al hotel, sin embargo, lo vi, estaba en la fila, John. Tal vez no podía salvar al resto, pero si a él, arrugue y tiré mi boleto al cesto de basura, me acerqué a donde se encontraba hablando con otro caballero.

- ¿John? – se volvió hacia mí, sorprendido al verme.

- Eres la chica con quién e tope hace un rato ¿Cómo sabes mi nombre?

- Eres escritor ¿Verdad? – si era cierto lo que vi, me sería de utilidad.

- Sí.

- He leído algunas de tus obras – mentí.

- ¿De verdad? – pregunto con una amplia sonrisa.

- Sí – sonreí – Quería disculparme, creo que fui grosera antes.

- Descuida, yo fui el grosero.

- Marie – le tendí la mano.

- Es un placer conocerte Marie – me estrecho suavemente la mano. Fue en ese

momento cuando note en su bolsillo la punta saliente del boleto, tenía que quitárselo solo así evitaría que abordara.

- ¿Regresas? – pegunté señalando el barco con la cabeza.

- Dirías que estoy loco, si te digo que voy a probar suerte.

- Definitivamente – se rio.

– Tengo que acabar una historia, a pesar de la guerra, tal vez sirva como inspiración.

- ¡Definitivamente estas loco! – solté. Sacudió la cabeza riéndose.

- Era broma. Tengo una tía allá que me otorgo una herencia, a eso voy – se lo impidiera yo o bien subiera a ese barco, cualquiera de las dos decisiones jamás tendría esa herencia.

Así que lo hice, fingí tropezar con mi propia valija que coloque a propósito frente mis pies, cuando John me atrapo deslice sutilmente el boleto de su bolsillo y lo puse en el mío.

- Perdona. Es evidente mi torpeza.

- No todos los días se me tiran damas en los brazos – sonrío feliz de saber que no subirá a ese barco.

- Debo irme – dije. Miró mi equipaje y a mí.

- ¿No abordas? – preguntó.

- Perdí mi boleto – me encogí de hombros.

- Lo lamento mucho, Marie.

- Estaré bien, creo que aquí está mi destino – miré alrededor y sonreí.

- Te deseo lo mejor – dijo John.

- Yo igual – me aleje unos cuantos metros de la fila, tome asiento sobre mi valija esperando ver a John llegar al oficial que pedía los boletos. Hice una bola con su boleto apretándolo fuerte dentro de mi puño. Vi a lo lejos como John le hacía un gesto al hombre de que aguardara un segundo, mientras buscaba por todas partes su boleto.

Al rato veo a John dirigirse hacia mí, me pongo de pie y disimuladamente tiro el boleto al cesto donde antes arrojé el mío.

- Estamos iguales ahora.

- No, nos perdimos nada –digo. Le doy una ojeada al barco que cierra sus puertas. La

punzada en el pecho regreso.

- Sí lo dices por el viaje sí, es abrumador viajar por días. Pero me perdí la herencia de la única familia que me quedaba, y supongo que tenías algo importante para ir a Europa – dice mirando también al barco que vuelve a resonar la bocina, para anunciar su partida.

- Volvía con mi familia. De todos modos, están mejor sin mí, no encajo allí, nunca lo hice -dije recordando la excusa con la que había venido aquí.

- Lamento oír eso - me dio una media sonrisa.

- Da igual - me encogí de hombros.

- En fin - dijo John cambiando de tema - Tengo buscar donde hospedarme.

- Hay un buen hotel allí – señale el hotel que deje esta mañana – Tal vez te sirva, hasta que encuentres un lugar mejor – ojeo el hotel con la mirada pensativa.

- ¿Y tú? – preguntó.

- Volveré a él, llevo cuatro días. No esta tan mal.

- Entonces seremos vecinos – me sonrió.


Ocho días después


Intentaba recordar bien su vestimenta, no estaba segura si su pantalón era de color azul o verde. Ante la duda le di una esencia de ambos colores con el pincel, me distancié un poco pensando como pintar la luz que esparcía de su diminuto cuerpo, le di ese toque de simulación con amarillo.

Concentrada en mi nuevo retrato continúe pintando, hasta que llamaron a la puerta. Deje mi paleta y pinceles cuidadosamente en una pequeña mesa al costado del caballete que sostenía mi lienzo, me limpie las manos en el delantal, y abrí la puerta. Tenía un John despeinado y desaliñado al otro lado con un diario en la mano.

- ¡John! – le salude alegremente.

- Tienes que ver esto – dijo con el gesto serio entregándome el diario.

En la portada del The New York Times se encontraba impresa la foto gigante de un barco volcándose en el mar, debajo la noticia, ‘Ayer 7 de mayo se provocó el hundimiento del RMS Lusitania, ocurrido frente a las costas de Irlanda a causa del ataque de un submarino alemán’.

Dos lágrimas cayeron sobre la foto impresa del barco, John me envolvió en sus brazos, él me entendía mejor que nadie, el día anterior le confesé todo incluso sobre las hojas de su historia, algo que lo impresiono. Gracias a eso me creyó y fue la primera persona que no me juzgo.



Siete años después


Las olas acariciaban la ardiente arena, el olor a agua salada se impregnaba en mi nariz como un perfume con sabor a sal. Sentada en la orilla bajo el sol me quede observando a mis hijos jugando en el agua con John, los tres felices y sonrientes.

En mi hijo varón veía el reflejo de mi hermano, ese pequeño niño que me ayudó aceptarme y me concedió otra oportunidad con su advertencia, gracias a eso pude cambiar mi destino y el de mi esposo. Aún sigue sorprendido cada vez que hablamos del tema, de aquello que vi, aún guarda las hojas que inconscientemente relataban la tragedia de la cual huimos.

A pesar de evitar ese destino no fue fácil superarlo, hasta el día de hoy me culpo por no haber podido salvar a todas esas personas.

Por las noches tengo pesadillas, en algunas me veo pálida con los ojos bien abiertos sumergida en el agua, otras noches es solo una explosión que me despierta impetuosamente. Pero ya comienzo acostumbrarme, lo raro ya es normal para mí.

Todavía, cada vez que miro al mar pareciera a lo lejos oírse la campana de aquél barco y la nostalgia, y el dolor se apoderan de mi corazón.

Es algo con lo que viviré para siempre, el recuerdo de un destino que pude evitar, pero, aunque lejano parezca a la realidad, puedo decir que yo estuve ahí.

Por eso puedo decirte esto. Llámalo premonición, ilusión o simplemente sientas que no debes ir o estar en un lugar, no lo hagas. Escucha tu cuerpo, tus sentidos no sé equivocan tal vez sea una advertencia o tal vez simplemente te estén salvando la vida.

17 de Noviembre de 2020 a las 00:48 9 Reporte Insertar Seguir historia
7
Fin

Conoce al autor

Jessica Giffuni ¡Hola a todos! mi nombre es Jessica, soy de Uruguay. Amo escribir y leer, aspiro a convertirme en escritora profesional. Estudio literatura y escritura creativa. Soy bloguera y bookinstagramer. Escribo desde una temprana edad cuentos y poesías con rimas. Y ahora considero que llego el momento de compartirlos con todos. Así que los invito a pasarse por mi perfil a leer mis historias que voy subiendo, estoy segura que les gustara. Y también estaré encantada de leer las suyas que no dudo ¡Deben ser geniales! Consejo: nunca dejen de soñar, escriban todo lo que su corazón les dicte y dejen su legado al mundo.

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ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Misteriosa, mística y esperanzadora, al menos para mí, hola Jessica, me ha encantado, es una pena que sea un cuento, y no una novela, pero en fin tal vez algún día quizá, saludos y gracias por publicarlo.
December 07, 2020, 00:12

  • Jessica Giffuni Jessica Giffuni
    Hola, muchas gracias por tus palabras, me alegro que te haya encantado! 😊 si, he tenido pensado tal vez en algún momento convertirla en novela January 13, 2021, 05:29
  • Jessica Giffuni Jessica Giffuni
    Gracias a ti por leerla. Saludos 🙋🏼‍♀️ January 13, 2021, 05:30
Om Garcia Om Garcia
¡Hola! Ciertamente es muy buena tu historia, llena de giros inesperados,magia sobrenatural e historias del pasado. Solo le hace falta unos retoques en cuanto a ortografía, continuidad de tiempos verbales y lógica interna para que quede aún mucho mejor. Me gusto leerte. Te invito a que conozcas también mis historias. Seguro alguna de ellas logré cautivarte.
November 30, 2020, 07:04

  • Jessica Giffuni Jessica Giffuni
    ¡Hola! Muchas gracias por tu sinceridad, me ayuda mucho a mejorar. Me alegro que igual así te haya gustado. Con gusto paso a leer tus historias 😊 November 30, 2020, 13:16
Pozo Valenzuela Pozo Valenzuela
Que buen relato. Suspenso y drama y esperanzas. Lo volví a leer para estar en tu imaginación. Un saludo y espero seguir leyéndola 💖👍🌹🌷 😎
November 20, 2020, 09:44

  • Jessica Giffuni Jessica Giffuni
    ¡Muchas gracias!! 😊 me alegro que te haya gustado mi pequeña historia. Un saludo 👋 November 21, 2020, 21:37
Andrea Salamone Andrea Salamone
Me encantó jessi!! Es atrapante, misteriosa, etc. Continúa deslumbrandonos, te deseo lo mejor q la vida te depare y no dejes de escribir si es lo q realmente te gusta, inspira. Saludos querida amiga
November 18, 2020, 00:06

  • Jessica Giffuni Jessica Giffuni
    ¡Muchas gracias Andrea! Me alegro que te haya gustado. Gracias por tus bonitas palabras. Sinceramente es lo que espero que la vida me depare, seguir escribiendo. Un abrazo November 21, 2020, 21:39
~