Romancero gitano Seguir historia

ameliefinn Amelié Finn

Por este motivo, el Romancero Gitano es una de las obras más representativas de la época porque funde a la perfección tradición y vanguardia. Fue escrita entre 1924 y 1927 y publicada en 1928 en la editorial Revista de Occidente con gran éxito popular. Si hablamos de corrientes poéticas, podemos situar la obra dentro del Neopopularismo, el cual trata de renovar la lírica tradicional, alejándose de la literatura elitista y universalista del Modernismo y de la frialdad y el hermetismo de las Vanguardias.


Poesía Todo público.

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Primera parte

1

Romance de la luna, luna

A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

-Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

-Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

-Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

-Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

*

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,

¡ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

2

Preciosa y el aire

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino

Preciosa tocando viene

por un anfibio sendero

de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,

huyendo del sonsonete,

cae donde el mar bate y canta

su noche llena de peces.

En los picos de la sierra

los carabineros duermen

guardando las blancas torres

donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua

levantan por distraerse

glorietas de caracolas

y ramas de pino verde.

*

Su luna de pergamino

Preciosa tocando viene.

Al verla se ha levantado

el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,

lleno de lenguas celestes,

mira a la niña tocando

una dulce gaita ausente.

- Niña, deja que levante

tu vestido para verte.

Abre en mis dedos antiguos

la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero

y corre sin detenerse.

El viento-hombrón la persigue

con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.

Los olivos palidecen.

Cantan las flautas de umbría

y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,

que te coge el viento verde!

¡Preciosa, corre, Preciosa!

¡Míralo por dónde viene!

Sátiro de estrellas bajas

con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,

entra en la casa que tiene,

más arriba de los pinos,

el cónsul de los inglés.

Asustados por los gritos

tres carabineros vienen,

sus negras capas ceñidas

y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana

un vaso de tibia leche,

y una copa de ginebra

que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,

su aventura a aquella gente,

en las tejas de pizarra

el viento, furioso, muerde.

3

Reyerta

A Rafael Méndez

En la mitad del barranco

las navajas de Albacete,

bellas de sangre contraria,

relucen como los peces.

Una dura luz de naipe

recorta en el agrio verde

caballos enfurecidos

y perfiles de jinetes.

En la copa de un olivo

lloran dos viejas mujeres.

El toro de la reyerta

se sube por las paredes.

Angeles negros traían

pañuelos de agua y de nieve.

Angeles con grandes alas

de navajas de Albacete.

Juan Antonio el de Montilla

rueda muerto la pendiente,

su cuerpo lleno de lirios

y una granada en las sienes.

Ahora monta cruz de fuego,

carretera de la muerte.

El juez, con guardia civil,

por los olivares viene.

Sangre resbalada gime

muda canción de serpiente.

-Señores guardias civiles:

aquí paso lo de siempre.

Han muerto cuatro romanos

y cinco cartagineses.

*

La tarde loca de higueras

y de rumores calientes

cae desmayada en los muslos

heridos de los jinetes.

Y ángeles negros volaban

por el aire de poniente.

Angeles de largas trenzas

y corazones de aceite.

4

Romance sonámbulo

A Gloria Giner

Y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.

verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre el mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha

vienen con el pez de sombra

que abre e camino del alba.

La higiene frota su viento

con lija de sus ramas,

y el monte, el gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

Pero ¿quién vendrá? ¿Y por donde...?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

*

-Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los puertos de Cabra.

-Si yo pudiera, mocito,

este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo.

ni mi casa es ya mi casa.

-Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta

-Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

-Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas;

¡dejadme subir!, dejadme,

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lagrimas.

Temblando en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal

herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,

verde viento verde ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento dejaba

en la boca de un raro gusto

de hiel, y de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime,

dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¿Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

con los ojos de fría plata.

Un carámbalo de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles, borrachos

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.

Verde viento, verdes ramas.

El barco sobre el mar.

Y el caballo en la montaña.

5

La monja gitana

A José Moreno Villa

Silencio de cal y mirto.

Malvas en las hierbas finas.

La monja borda alhelíes

sobre una tela pajiza.

Vuelan en la araña gris

siete pájaros del prisma.

La iglesia gruñe a lo lejos

como un oso panza arriba.

¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia!

Sobre la tela pajiza

ella quisiera bordar

flores de su fantasía.

¡Qué girasol! ¡Qué magnolia

de lentejuelas y cintas!

¡Qué azafranes y qué lunas,

en el mantel de la misa!

Cinco toronjas se endulzan

en la cercana cocina.

Las cinco llagas de Cristo

cortadas en Almería.

Por los ojos de la monja

galopan dos caballistas.

Un rumor último y sordo

le despega la camisa,

y, al mirar nubes y montes

en las yertas lejanías,

se quiebra su corazón

de azúcar y yerbaluisa.

¡Oh, qué llanura empinada

con veinte soles arriba!

¡Qué ríos puestos de pie

vislumbra su fantasía!

Pero sigue con sus flores,

mientras que de pie, en la brisa,

la luz juega el ajedrez

alto de la celosía.

6

La casada infiel

A Lydia Cabrera

Y a su negrita

Y que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

me sonaba en el oído

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus cepas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quite la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

tienen el cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapan

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montando en potra de nácar

sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la levé al río.

Con el aire se batían

las espaldas de los lirios.

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costutero

grande, de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la levaba al río.

7

Romance de la pena negra

A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos

cavan buscando la aurora,

cuando por el monte oscuro

baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne

huele a caballo y a sombra.

Yunques ahumados sus pechos,

gimen canciones redondas.

-Soledad, ¿Por quien preguntas

sin compañía y a estas horas?

-Pregunte por quien pregunte,

dime: ¿a ti quése te importa?

Vengo a buscar lo que busco,

mi alegría y mi persona.

-Soledad de mis pesares,

caballo que se desboca

al fin encuentra la mar

y se lo tragan las olas.

-No me recuerdes el mar

que la pena negra brota

en las tierras de la aceituna

bajo el rumor de las hojas.

-¡Soledad, qué pena tienes!

¡Qué pena tan lastimosa!

Lloras zumo de limón

agrio de espera y de boca.

-¡Qué pena tan grande! Corro

mi casa como una loca,

mis dos trenzas por el suelo,

de la cocina a la alcoba.

¡Qué pena! Me estoy poniendo

de azabache carne y roja.

¡Ay, mis camisas de hilo!

¡Ay, mis muslos de amapola!

-Soledad, lava tu cuerpo

con agua de alondras,

y deja tu corazón

en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:

volante de cielo y hojas.

Con flores de calabaza

la nueva luz se corona.

¡Oh pena de los gitanos!

Pena limpia y siempre sola.

¡Oh pena de cauce oculto

y madrugada remota!

25 de Enero de 2017 a las 15:28 1 Reporte Insertar 0
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Nexcoyolt amautta Nexcoyolt amautta
interesante, especial sentimiento gitano
28 de Junio de 2018 a las 15:36
~

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