rayan-amhin-elakel1604788284 Rayan Amhin Elakel

Un relato corto de abandono y desolación, la consecuencia del pecado.


Horror Literatura de monstruos Todo público.

#hades
Cuento corto
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El tormento de Pirítoo

Hades, la gran majestad autoritaria que controla el reino de los infiernos. Si he ido a su reino, sigo sin comprender el motivo, mi pecado. Teseo y yo prometimos casarnos cada uno con una hija de Zeus, iluso de mí al pensar que Hades dejaría que me llevase a su amada, su gran tesoro, mi razón de respirar, Perséfone. De alguna forma, ¿pequé ante él?, ¿Merecía mi ingenuidad semejante castigo?.


Entramos al inframundo con la idea de llegar hasta el salón del Hades y raptar a Perséfone, traíamos doce olivos bendecidos por Atenea para así entregárselos a Perséfone y que se quedase doce meses al año en la tierra de los mortales. Tuvimos que llevar dos monedas de oro cada uno, Caronte, el barquero del río de los infiernos nos haría ida y vuelta con dos monedas. Al llegar, esperábamos encontrarnos con un trono y en él su temeroso dueño, pero lo que encontramos fue un trono vacío de vida, en el que había envuelto en telas negras un hombre delgado, sin rostro, sin vida. -Acerquémonos- dijo Teseo -Hades no puede herir a los mortales que entran a su reino-. El cuerpo parecía estar mirándonos fijamente, solo cuando me acerqué lo suficiente, comprobé que sí estaba vivo y, de alguna forma, reconociendo mi rostro con la mirada, -Héroes- sonó desde las profundidades e hizo eco entre las paredes del salón -Mi admiración os ofrezco, además de un banquete por vuestra gran hazaña, tras él, abandonad mi reino-. Apareció el mencionado banquete, nuestros platos contenían todo tipo de comidas, pero Teseo no se dispuso a probar ningún bocado a excepción de una manzana dorada que brillaba como Helios. Por alguna razón, no me pude contener a comer las semillas de granada que habían en el plato, eran veinte, pero tras la doceava, el suelo tembló y nos sentíamos inmóviles ante la presencia de un ser mucho más grande que un humano, iba vestido con una tela oscura que cubría todo su cuerpo y un casco que cubría todo su rostro, extendió el brazo y se escuchó -vuestras almas son manifestadas por vuestra avaricia, me concedéis vuestro eterno sufrimiento por haber irrumpido mi descanso y tener la intención con ello de arrebatarme mi tesoro más preciado-. De alguna forma, el Olimpo nos ayudó en ese momento, nos envió a Heracles, quien consiguió salvar a Teseo, pero yo tuve que huir por los pasillos del gran salón perdiendo de vista a Hades y tratando de encontrar una salida hasta el río. Gracias a que llevaba dos monedas de oro, Caronte se ofrecería a llevarme de vuelta al mundo de los mortales pero solo si conseguía escapar de Hades.


Mi paso se aceleraba a la vez que mi corazón parecía no poder sostenerse dentro de este tormento, mientras corría, me detuvo la respiración oír el sollozo de una mujer al final de un pasillo, simplemente corrí hacia donde procedía ese sonido hasta encontrarme con una habitación con decorados muy detallados, al gusto de una dama, pero con apariencia lúgubre, demasiado descompuesto. Me di cuenta de que mis pies estaban mojados, y es que habían charcos de algún líquido en toda la habitación, -necesito ayuda, por favor- dije intentando encontrar a aquella mujer -escapo de Hades-. Tras pronunciar ese nombre, la mujer esbozó un grito de terror, o quizás un grito de dolor intenso, me enfrió la sangre. Siguió llorando, más fuerte que antes, -no pretendo herirte- seguí, se empezaron a escuchar delicados pasos en aquel charco. Entonces la vi, no había visto una imagen tan horrible en mi vida. La mujer carecía de ojos, pero lloraba, lloraba sangre. Se tapaba únicamente con una túnica que solo cuando pude acercarme me di cuenta de que era blanca pero que gran parte había sido cubierta de sus lágrimas sangrientas. Me imaginé qué era el líquido que tocaban mis pies, y me impactó el hecho de que me contuve de gritar de pánico. -¿Cómo te llamas?- pregunté, estaba temblando de miedo, -Metis- respondió, -¿Hades te hizo esto?- negó con la cabeza. -Fue ella, Hades impidió que me matase-, me di cuenta de que se refería a Perséfone, sus celos habrían resultado en el sufrimiento de esta mujer. Se escuchó un grito reclamando a Metis, era Perséfone, y nada más volví la mirada en Metis, estaba completamente muerta en mis brazos. Corrí. Corrí como lo haría Hermes. Sin pensarlo, llorando del miedo, avancé hacia lo desconocido.


Me detuvo el sonido de un silbido, no fui a por él, sabía que era la forma de Hades de decirme que estaba cerca de mí, decidí esconderme. Entré a una habitación como cualquier otra, había un armario antiguo y espacioso, entré. Esperé a que el silbido cesase, pero algo peor estaba por venir, mientras esperaba, vi cómo Hades derrumbó la puerta en forma de cerbero, pero no cambió su forma, esa bestia de tres cabezas olfateaba todos los rincones, silencioso. Deseaba que el olor lúgubre del Hades tapase mi olor mortal. De repente sentí una sensación de hormigueo tras la espalda, que se iba incrementando, algo había ahí. Eso subió por mi espalda hasta llegar al cuello, era demasiado grande como para ser un insecto normal, pero cuando subió hasta la parte lateral de mi cuello, lo supe. Era una araña del tamaño de mi puño, emitía unos sonidos muy desagradables en mi oído y no paraba de moverse hasta llegar a tocar mi cara, me quería morir. La araña no se soltó, me esforzaba demasiado en contener el grito y rezaba a todo el olimpo por poder salir de ese infierno. Entonces solté un suspiro y Hades miró al armario, se acercaba lentamente hacia él. No tuve otra que agarrar a la araña, que consiguió morderme mientras agitaba todas sus patas en mi mano, y la solté por debajo. Al verla, Hades abandonó la habitación y escuché cómo se iba, agradecí a Zeus.


Por fin parecía que había escapado, encontré una salida que apuntaba al río, corrí hacia él sosteniendo la moneda de oro que me quedaba. Antes de salir, vi un salón con marcos, habían en ellos nombres que no me sonaban en absoluto, pero había uno sin nombre, eso me extrañó. Todos tenían llaves en ellos, simbolizando que no se podía huir del reino del Hades, menos el marco sin nombre. Salí y le ofrecí a Caronte la moneda de oro, pero en vez de cumplir lo prometido de llevarnos de vuelta, me atacó. -Imposible... Llevarte...- dijo -Tú ya perteneces... eternamente... al Hades-. Sentí de repente que una fuerza me llevaba consigo a la habitación de los marcos, me agarró del cuello, me estaba quedando sin respiración. -Nadie puede escapar de su destino, me toca a mí recordar la mortalidad al mundo- noté que era la voz de Hades, -Todos estos marcos, son de todos los que intentaron escapar tras haberme intentado engañar, sus almas son atormentadas eternamente dentro de ellos-. Se quitó con la mano sobrante su casco y se hizo visible ante mí, por fin vi su verdadera forma, era divino y aterrador... -Tu alma me pertenece, durante doce meses al año- dijo, me acordé entonces de las semillas de granada. Tras ver sus horrorizantes ojos rojos, sentía que me empezaba a morir, vi entonces el marco que no tenía antes nombre, ahora estaba escrito «Pirítoo» en él, y la llave la sostenía Hades en la mano. En cuanto la puso en el marco, cerré los ojos... Entonces todo acabó.



5 de Diciembre de 2021 a las 23:15 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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