darkzan-23 Santiago Marchioni

Durante la segunda ciberguerra mundial en 2135, la capitana Griffin es atacada por unos cyborgs y por un error de su nave viaja en el tiempo hasta el 2120, año en el que se desarrollaba la primera ciberguerra. Al llegar, se da cuenta que forma parte de una vieja profecía como una de las responsables de la finalización de esa guerra y deberá cumplir una misión sin saber si sobrevirá en el intento.


Ciencia ficción Viaje en el tiempo No para niños menores de 13.

#robots #cyberpunk #viajes-en-el-tiempo #androides
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Parte 1

25 de agosto de 2135

La noche llegaba a su fin en las montañas cercanas a la frontera del Distrito 223; lugar que, en un tiempo muy lejano, formaba parte Sudamérica, pero que durante los hechos de la primera ciberguerra mundial —que finalizó en 2120—, cambió su nombre como el resto de los sectores del planeta que ahora conformaban el nuevo orden mundial.

En esa batalla, que duró cinco años, se enfrentaron humanos contra androides, creados por quienes su única ambición era tener el poder y el control de todo. Lo que terminó definiendo esa guerra fue que las máquinas, si bien eran poderosas y peligrosas, carecían de inteligencia.

Quince años después, la segunda ciberguerra asomaba en el norte del mundo de la mano del magnate Jefferson Fitz, cuya organización creó una nueva especie de cyborgs con organismos humanos, cuyo innovador sistema de creación le agregó incluso sentimientos y solucionó el problema inicial de falta de inteligencia en los androides.

Gracias a la gran cantidad de habilidades que podían tener y aprender, otra diferencia radicaba en que muchos de ellos se convirtieron en asesinos más letales de lo que cualquier humano o máquina pudieran llegar a ser jamás.

En la actualidad, la resistencia se divide en dos grupos de soldados y cazadores que están repartidos por todo el mundo. Las mujeres se hacen llamar Raven en homenaje una de las heroínas que ayudó en la victoria de los humanos en la primera ciberguerra, mientras que los hombres se denominan Hunter, también haciendo referencia a otro de los salvadores. Ambos tienen estatuas en su representación en la mayoría de los distritos activos.

En el Distrito 223, la figura de Raven es la más significativa de todas, pues en ese lugar exacto se produjo por primera y única vez su misteriosa aparición. La representación fue basada en una vieja fotografía tomada por uno de los habitantes de un antiguo refugio de ese sector en el año 2120; en ella, una chica de espaldas señalaba con su dedo índice al edificio principal donde las máquinas tenían su base central. Al día siguiente de que aquella imagen fuera capturada, Raven hizo explotar la instalación y destruyó todo rastro de los opresores para luego desaparecer de la misma forma en que había llegado.

••••

Cerca de la estatua de Raven, se encontraba haciendo guardia la capitana Griffin. Una de las tantas chicas que fue inspirada por Raven para servir y luchar contra los humanos y cyborgs con ambiciones de dominar el mundo.

Luego de una larga y aburrida jornada bajo un clima controlado artificialmente para mantenerse estable, se disponía a descansar un rato en la comodidad de su nave personal, la cual podía transformar a voluntad en un campamento con cama. Se acomodó con la cabeza entre los brazos cruzados y la pierna derecha encima de la izquierda formando un triángulo perfecto. Su rojo cabello tapaba una cicatriz en su frente, producto de una herida en su niñez, y gran parte de su cara, incluyendo una sonrisa de sincero aburrimiento.

El ruido de armas disparándose la trajo de vuelta a la realidad. Una horda de cyborgs la habían localizado e iniciaban su ataque a traición. Una de las balas con microsensores de calor, impactó en su pierna derecha, causándole un daño bastante notable. Enojada, y con esfuerzo, dio media vuelta sobre su cama y estiró las manos hacia los costados, posicionándose para permitirle a su nave cambiar de forma y convertirse en un vehículo más seguro y protector.

—Xaxa, activa la motonave —le ordenó a la IA que llevaba dentro de una gran pulsera en su muñeca—. Activa también los protocolos de sanación e inicia la regeneración celular, no se ve bien esta herida.

La IA respondió afirmativamente y la nave se transformó en una aeromoto que de inmediato levantó vuelo, tratando de alejar a la capitana de allí, pero no fue lo suficientemente rápida para escapar, ya que, en pleno intento, la nave recibió otros impactos de balas, provocando que se estrellara contra el suelo y derrapara varios metros, arrastrando a Griffin.

—Xaxa, activa el escudo —volvió a ordenar y un semicírculo invisible la cubrió, mientras ella, acumulando más rabia, revisaba sus heridas.

Si bien la sanación y la regeneración actuaban de forma rápida y automática, el proceso se volvería más lento si la seguían lastimando. La alta tecnología armamental de los cyborgs podría acabar con ella en cuestión de minutos; cada bala microsensorial llevaba su nombre.

Por eso, cuando la capitana notó que iba a recibir una balacera infernal que el escudo no soportaría, exhortó a la IA una orden de emergencia:

—Sácame de aquí.

—Viaje imposibilitado, no hay zonas de alunizaje disponibles —fue la respuesta de la IA.

—Que me saques de aquí, carajo —volvió a ordenar Griffin, dándole una patada al panel de control.

—Viaje programado. 25 de agosto de 2120, Distrito 223.

—¡¿Qué?! Eso no tiene ningún sentido —recriminó Griffin antes de sentir cómo su nave se inmergía en una masa neblinosa, que la transportó a la velocidad de la luz, hacia una época pasada.

••••

Cayó precipitadamente sobre una superficie dura y helada y fue expulsada hacia afuera por una fuerza descomunal que terminó haciéndola rodar y chocar contra unos niños, sorprendidos por su repentina irrupción.

Mientras Griffin se daba cuenta que el escenario ante ella había cambiado totalmente, transformándose en lo que parecía ser una inmensa pista de hielo, los niños trataban de subirse a la aeromoto.

—Mi motonave no es un maldito juguete, ¡lárguense de aquí! —escupió sin levantarse del helado suelo.

Los niños la miraron desconcertados por su vocabulario, pero la más sorprendida era ella misma porque reconocía perfectamente sus caras. La frase de Xaxa, antes de hacer el viaje, penetraba en su cerebro como una fuerte alarma. ¿De verdad había viajado en el tiempo?

Volvió a centrar su mirada en la motonave con la esperanza que aún estuviera en funcionamiento óptimo. Pero, a juzgar por el humo negro que desprendían sus ruedas, eso era totalmente imposible.

Uno de los niños estaba fascinado ante este particular vehículo, que lo único que para él era normal era su color rojo, el resto de la nave tenía detalles particulares que, incluso en esa época, no habían sido fabricados. La estructura era un nuevo prototipo que facilitaba al piloto viajar acostado, presentando pedales en la parte trasera para acompañar con los pies a la conducción y el equilibro de la motonave y un panel de control tan avanzado que no dejaba indiferente.

Poseía seis ruedas, cuatro repartidas alrededor y dos en la parte de abajo. Éstas últimas cumplían la función de elevar la motonave, mientras que las de las esquinas eran las que manejaban la dirección, y las del frente y atrás actuaban de impulso según el piloto lo necesitara.

—Esto es increíble —se emocionó el niño con una felicidad tan grande que parecía que su sonrisa no tendría fin dentro de su delgado y anguloso rostro.

Con ayuda de los adultos del lugar, Griffin logró ponerse de pie sin hacer caso a las preguntas que le hacían. Tomándose la cabeza con las manos se repetía una y otra vez que esa situación no era posible. Había viajado quince años al pasado, la primera ciberguerra se desarrollaba, por segunda vez para ella, a unos pocos kilómetros de distancia.

—No puede ser, esta época ya caducó —susurró, débilmente, mientras levantaba su brazo derecho, apuntando al edificio central de la ciudad, la sede de la Corporación Fitz, cuyo dueño era el padre de su actual antagonista—. Esa cosa ya no existe. Raven la quemó —se recordó a sí misma para tratar de autoconvencerse de que esa realidad no era posible.

Aturdida, se sentó en un banco de madera, dio una mirada general a ese escenario que recordaba a la perfección. A sus espaldas el glaciar, que hacía muchísimos años era el océano de una ciudad turística, se expandía a lo largo de diez kilómetros. A su derecha estaban las improvisadas las casas de las personas que vivían en ese refugio, sí es que se podía llamar a eso refugio.

A grandes rasgos, parecía que las personas alrededor de ella tenían una mezcla de sensaciones. Se notaba como se estaban recuperando de algún ataque tempranero, pero la presencia de Griffin ahí les hacía tener un semblante de esperanza. Sabía muy bien la profecía que se contaba en esa época, todo indicaba una gran coincidencia con eso, pero de ser así, para ella representaría exactamente lo contrario a lo que se veía reflejado en esos ojos que la invadían desde todos los costados.

De pronto, comenzó a sentirse mal y terminó escupiendo sangre sobre el hielo.

—Por lo visto esto se pone mejor —ironizó, sabiendo que no era algo normal, pero era imposible saber en ese momento qué le pasaba.

—Esto va a ser complicado de digerir, Ángel —le dijo un anciano mientras se sentaba a su lado.

—¿Sabes mi nombre? —inquirió Griffin con recelo; ese viejo siempre le había parecido raro. Al menos en el recuerdo que tenía.

El anciano calló un momento cuando una niña se acercó a Griffin y le dio una foto tridimensional. Esa foto, era el elemento que necesitaba para confirmar la teoría que su cabeza estaba formando, pero que se negaba completamente a que esa idea fuese real.

Cada detalle de esa foto, recién tomada, lo reconocía perfectamente: Su figura de espaldas y apuntando de forma desafiante al edificio de Fitz; su traje rojo y su cabello ondulado cayendo sobre sus hombros cuando hacía ese gesto. Por primera vez logró ponerle un rostro a la imagen que admiró toda su vida.

No fue muy difícil, en realidad, apareció de la nada en el lugar y momento exactos, la única identificación visible era la etiqueta de Raven en su traje, y, convenientemente, el profeta que había predicho ése momento, estaba sentado a su lado.

—Es una broma, ¿verdad? ¿Yo soy Raven? —dijo, decepcionada, antes de volver a escupir sangre.

—Tienes una misión, Ángel, así está escrito. Eres la chica que acaba la primera ciberguerra e inspira a mucha gente con ese acto —replicó el anciano muy tranquilo y seguro.

—No lo entiendes, ¿verdad? Me estás diciendo que mi vida es una mentira, que todo lo creía y me inspiró a ser quién soy ¿nunca fue real? Yo no pedí esta misión así que, no esperes que esté feliz con eso.

—Eso es solo una respuesta condicionada por tus sentimientos, Ángel. Pero tú más que nadie, sabes lo que Raven representa, mejor dicho, lo que vas a representar. Entiendo tu decepción, pero debes entender que no hay nada de malo en seguir este camino que sin que lo supieras siempre fue tu destino —reflexionó el anciano, manteniendo la misma calma—. Deberás procesar todo, pero como sabes, solo tienes unas pocas horas para eso. Acepta que eres Raven.

Griffin lo fulminó con una mirada de furia, aun sabiendo que ese viejo no tenía culpa alguna, necesitaba descargar ese enojo con alguien que no fuera ella misma.

—Hace mucho tiempo prometí protegerte y seguiré haciéndolo, por eso te pido disculpas por nunca haberte dicho la verdad. Si lo hubiera hecho el tiempo no seguiría su curso y no estarías de vuelta aquí.

—¿Y después qué? Nunca se supo que pasó con Raven, y a decir verdad no me siento muy bien ahora —lo increpó Griffin, suponiendo que su interlocutor sabía que más cosas que aún no le había dicho.

—Como tu viaje en el tiempo no fue programado, no te vacunaste previamente para volver a adaptar tu cuerpo a este clima de atmósfera cambiante. El frío de esta zona enlentece el proceso de desgaste, pero cuando vayas al edificio se va a acelerar, de todas formas, tendrás tiempo de regresar al 2135 y curarte. —El anciano dejó un papel con unas palabras garabateadas en su mano y se marchó—. Te estaré esperando en esta dirección.

Luego de eso, el viejo se marchó, dejando a Griffin procesar todo. En su cabeza todo tenía sentido, pero para ella era difícil aceptar que ése era su destino: volver a ese tiempo donde los cielos eran rojos y la atmósfera tóxica, donde el gobierno era una corporación macabra que generaba divisiones entre los humanos y los androides creados por la empresa de Kalman Fitz —padre de Jefferson—, donde todo el horror de la guerra estaba elevándose como una monstruosa mano sobre el planeta.

La resistencia había sido obligada a vivir en la zona polar por motivos de seguridad, haciendo que sus condiciones de vida no solo fueran malas, sino que tuvieran una falsa esperanza de estar supuestamente protegidos por un acuerdo de no agresión. Pero, en realidad, nada garantizaba que Fitz no mandara sus androides a atacarlos.

Griffin dio unas vueltas en círculo mientras pensaba, hasta que su mirada se posó en la motonave. Había olvidado completamente que esa sería su herramienta de escape, si es que existía tal cosa.

Las fallas del vehículo eran obvias y no era una experta en reparación por lo que decidió tomar una decisión arriesgada, porque pondría en riesgo información del futuro sin saber a ciencia cierta qué efectos podría tener eso.

Llamó con un grito al niño de once años, que minutos antes estaba obsesionado con la moto:

—Mira, chico, no sé cómo lo harás. Pero debes arreglar mi motonave —ordenó con total normalidad.

—Estás loca —dijo el chico sin ánimo de que sonara a una pregunta. Era una afirmación.

—Debo estarlo —bufó Griffin—. Tú sabes cómo arreglarla, lo sé. Por favor, necesito tu maldita ayuda.

—No estás ayudando a que no crea que estás loca.

—¡Vas a inventar la bendita motonave! Así que, ¡deberías saber cómo se arregla!

Griffin estaba perdiendo la paciencia, el chico se sorprendió unos segundos al enterarse de que el vehículo era una creación suya. Su sueño era ser un inventor y sabía que Raven venía del futuro, todo cerraba, pero no dejaba de ser desconcertante.

—Está bien, te creo. Voy a buscar herramientas —confirmó el chico antes de salir corriendo hacia su pequeño taller improvisado.

—Oye —le gritó Griffin antes de que se alejara más—, no puedes encenderla, sino sabrán dónde estoy. Creo que los cyborgs le colocaron una especie de rastreador cuando me estaban disparando.

—¿Y cómo voy a saber si funciona si no puedo encenderla?

—Ese no es mi problema.

Griffin dejó al chico trabajar con su motonave mientras decidida caminaba hacia la casa del anciano. Dentro suyo se sentía cada vez peor y si era cierto que al irse de la zona glaciar aceleraría el proceso de desgaste, necesitaba convencerse a sí misma que de verdad era Raven. Y eso solo podía lograrlo en esa casa.

7 de Noviembre de 2020 a las 18:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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