soyfdr Frederick Velasco

Este es un trabajo de investigación que estoy haciendo para ayudar a las personas que quieran saber más sobre la redacción de textos académicos.


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El texto académico

Definición y características de los textos académicos.


A pesar de los avances tecnológicos, y la aparición de diversos soportes siglos después de la imprenta de Gutenberg, la escritura se mantiene como una de las formas más usadas para transmitir información, situación que se extrapola y refuerza para los procesos de divulgación científica.


El lenguaje debe ser, en estos casos, aún más claro y preciso.


Pero ¿Qué diferencia a un texto académico de otro de índole menos especializado? ¿Cómo reconocer sus características y establecer el tipo de texto que se requiere en cada caso, a partir de sus características y requerimientos de los diversos campos de estudio?


Existe una relación diferenciadora, que atañe a la función, que ofrece una primera pista respecto a cómo pueden identificarse:


- Textos generales: Entretener, informar, explicar.


- Textos académicos: Divulgar nuevos hallazgos resultado de la investigación.


De acuerdo con estos propósitos iniciales, debe entonces recalcarse la necesidad de un texto capaz de expresar con claridad esos resultados de investigación y evitar cualquier posibilidad de múltiples interpretaciones.


Estos son los primeros elementos a la hora de caracterizar un texto académico, sin embargo, no son los únicos.


La precisión, claridad y concisión, inherentes a las más disímiles formas de documentos, resultan significativas también para la divulgación académica. La diferencia, en este caso, es que la utilidad se manifiesta particularmente en una buena documentación. Las destrezas de redacción, en el ámbito académico, deben ir más allá de la sintaxis clásica o la estética, aunque estos elementos no le son ajenos, e incluso, campos de estudio como las ciencias sociales o humanidades, permiten una mayor flexibilidad. Esto no significa, en ningún caso, que deban perderse de vista los propósitos del texto académico, o desviarse de sus conceptos y enfoques.


Para Raya y Zulueta (2015), cuestiones como la claridad y precisión que se aplican a cualquier material, impactan por igual a la redacción académica, y para garantizar su calidad deben priorizarse sus niveles de comprensión, y la explicación de sus propósitos y resultados de forma precisa. Para las autoras, “hay que cuidar a toda costa que el lector encuentre ambigüedades, inconsistencias o dificultades para la comprensión global. En ese caso, el propósito esencial de divulgar un conocimiento se vería frustrado por estas barreras de la comunicación.”


¿Cómo estas cuestiones pueden darnos nuevas pistas respecto a las características de los textos académicos, cuando son aplicables también a la mayor parte de los tipos de documentos?


En este sentido, debe partirse del propósito comunicativo, con diferentes matices, que tienen todos los textos, y cómo ese proceso sucede de manera diferente en los académicos:


- Lógica de ordenamiento.

- Metodología.

- Conocimientos verificables.


En estos enunciados residen importantes cuestiones identificativas: la posibilidad de contrastar la información, verificar su validez y comprobar sus propuestas o resultados. Otra cuestión distintiva resulta la objetividad, entre los primeros requisitos de validez científica y de estilo que establecen las diversas publicaciones, con independencia del área de especialización.


No debe obviarse tampoco la universalidad, entendida como la característica que favorece el mayor nivel de comprensión entre los destinatarios del texto, sean expertos o no. Estas características, de orden general, pueden evidenciarse mejor a través del conocimiento y una práctica sistemática de técnicas de redacción.


El logro de la claridad, precisión, concisión, objetividad y universalidad, en ningún caso implican que debe llenarse el documento de toda la información disponible, sino que deben establecerse parámetros y filtros que permitan delimitar adecuadamente el contenido que debe incluirse en nuestro texto, ajustado por supuesto, a un estándar en estilo de citas y referencias.


Entonces, ¿Cómo definir un estilo que resulte válido a los fines de la publicación científica? Ante la variedad y amplitud de campos y áreas de estudio, establecer y mantener un modelo, normas y formato estandarizados resulta imperativo. No se trata en este caso de una opción o preferencia según se trate de una disciplina u otra, sino de la necesidad y obligación de difundir los conocimientos previamente evaluados, y que a su vez pueda funcionar como un método de socialización que sirva de referencia a otros a partir de una base tanto de fiabilidad de los contenidos, como de claridad en su redacción.


Como también señalan Raya y Zulueta (2015), la redacción de textos enfocados en la divulgación de resultados de investigaciones científicas constituye una tarea que forma parte del mismo proceso de indagación, y se expresa como una instancia de organización de dichos resultados, en el marco de aquello que le dio origen, así como de las implicaciones del nuevo descubrimiento o conocimiento evidenciado.


Es por eso que estandarizar los formatos y estilos resulta vital, no sólo para expresar con claridad los logros propios, sino para aprovechar de mejor manera trabajos precedentes que soporten los resultados. En ese sentido, es válido recalcar la trascendencia de las normas de escritura, citación y referencias; organización que redunda en beneficio tanto para quienes crean el texto como para quienes lo leerán.


En resumen.


De manera general, y aunque existe diversidad de criterios según los autores que se consulten, podemos hablar de un consenso al asumir que resultan imprescindibles un estilo claro y preciso, así como las normas de citas y referencias.


Para Castelló (2007), estas generalidades deben contener que el texto se dirija a la comunidad académica, hace uso de habilidades como la explicación y la argumentación, tiene temporalidad y el propósito es convencer a la audiencia, presenta un metadiscurso que guía a quien lo lee respecto a las partes que componen el documento, evidencia intertextualidad a partir del uso de otros materiales ajenos, su contenido se centra en ideas y conceptos, utiliza términos técnicos, tiene una adecuada sintaxis, y muestra los métodos y resultados obtenidos.


Todas estas cuestiones, de una u otra forma, remiten a elementos básicos que podrían servir de guía para identificar los textos académicos y que engloban todas las características descritas anteriormente: su finalidad, su formato y su contenido.


3 de Noviembre de 2020 a las 01:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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