coffeandlove_07 Claudia Arroyo

Mike, Jake, Emma, Nadia y Alex and decidido pasar una noche entera en la casa abandonada que muchos temen. Son historias de viejos, pero dicen que se cometió allí, en esa misma casa, un terrible asesinato. Después de pasar una noche de la que ninguno quiere hablar, empiezan a ocurrir cosas extrañas que terminan con algo terrible. ¿Te atreves a descubrirlo? Una historia corta, que conseguirá erizarte la piel y acelerar tu respiración. Con un horror detrás de otro, estar en la oscuridad puede significar el fin. Porque ella... siempre está contigo.


Horror Historias de fantasmas No para niños menores de 13.

#misterio #fantasmas #295 #245 #adolescentes
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El comienzo

Los cinco adolescentes observaron la casa fascinados y a la vez, impactados. Principalmente por la belleza y el terror que desprendía. Las ventanas estaban rotas, faltaban dos escalones y la casa estaba a punto de venirse abajo. Aún así, cuando pasabas por delante de ella, te dejaba con un brillo de entusiasmo en los ojos (quizás con un pequeño toque de locura) indescriptible.

-Mike... ¿Estás seguro de que es una buena idea? - preguntó Nadia, mirando con más frecuencia hacia atrás.

Le daba la impresión de que acababan de cruzar una especie de frontera. Cerca de la casa, el aire era misterioso y extraño. Una niebla rodeaba los alrededores de la casa, mientras que a un radio de un kilómetro desaparecía. Ese hecho siempre le pareció inquietante a Nadia. Le daba la sensación de que un aura (de terror) se iba esparciendo conforme te acercabas a aquel lugar. Cuando miraba a la casa, no sentía la fascinación enfermiza de sus amigos. Sentía escalofríos recorrer por su cuerpo y si se quedaba suficiente tiempo, gotas de sudor le corrían por la frente. Sus manos se movían nerviosamente y de momento, no tenía sitio donde colocarlas.

«¿Por qué he aceptado a participar en este estúpido juego?»

No le gustaba pasar miedo. Era una sensación desagradable para ella y sus amigos llegaban a veces incluso a reírse de ella. No era una cobarde. Cuando las situaciones lo requerían, Nadia era capaz de no entrar en pánico y permanecer tranquila. ¿Acaso no era eso lo que más importaba? Sin embargo, allí estaba, dispuesta a pasar una noche entera en la casa de la cuidad que más miedo le daba. Y todo para complacer a Mike, su mejor amigo. Todos habían accedido a hacerlo y ya estaba harta de no ir al cine con ellos cuando anunciaban una película de terror y perderse así una buena tarde.

No iba a pasar nada malo, tan solo era una casa. Una simple casa... Pero al mismo tiempo, allí había algo.

-Tranquílizate... ¿Que es lo peor que nos puede pasar? - la intentó calmar Mike, avanzando dos pasos.

-Supongo que tienes razón. Pero no será una noche agradable. - añadió siguiendo al grupo que se iba acercando cada vez más a la puerta medio abierta.

-Y yo no busco una. - le respondió Mike con voz baja subiendo el primer escalón.

El escalón crujió nada más puso su pie encima de él. Mike observó la puerta y como no estaba cerrada del todo. Se le pasó por la cabeza el pensamiento de que aquello estuviera hecho a propósito. ¿Y si la casa quería que entraran? ¿Para... tragárselos?

«¡Por Dios, Mike! Ya no tienes cuatro años, ya no existe el monstruo del armario y nadie va a comerte.»

-Prefiero pasar una noche aquí, antes que enfrentarme a mi madre cuando suspendo matemáticas. Deberías verlo, Mickey, esa si que es una buena película de terror. - murmuró Jake intentando aliviar el tenso ambiente de todos.

-Ella me adora, no puede resistirse a mis encantos. Si no fuera tu madre, creo que su número de telefóno ya lo tendría.

Jake miró furioso a Mike, pero este no se anduvo por las ramas. Giró de nuevo su cabeza hacia la puerta y tomó una profunda respiración. Por primera vez iba a entrar... Algo que había deseado desde pequeño y su madre siempre intentaba disuadirlo. Con manos temblorosas, empujó con suavidad la puerta la cual hizo un ruido bastante extraño. ¿Era una carcajada?

«No empieces... has venido aquí a divertirte.»

Se veía claramente que nadie había entrado allí en mucho tiempo. Estaba oscuro y lleno de polvo. Los muebles eran antiguos y clásicos. En el suelo había una alfombra roja y un bonito reloj en la pared. Se veían unas escaleras (no era preferible subir por ellas) que conducían a la parte de arriba.

-No está mal... - dijo Alex, cogiendo un libro viejo que había encima de la mesa pequeña de la entrada.

-¿Seguro que no hay ratas? - preguntó Emma, la cual odiaba a aquellos animales.

-No me gusta esta casa. - se lamentó a su vez Nadia, aunque un poco más calmada al ver que su interior no era como lo había imaginado.

Mike suspiró. Había sido muy difícil convencer a Nadia para que se uniera. En aquella ciudad todo era aburrido, no había ninguna aventura. Así que Mike las buscaba, pero su amiga no parecía muy partidaria.

-Mejor que no subamos arriba o los escalones podrían romperse. No sabemos cuanto peso pueden sostener, así que mejor que nos instalemos en el comedor. Parece bastante acogedor... - propuso, dejando caer su gran mochila al suelo.

Los demás hicieron lo mismo, pero antes, Emma revisó bien que no hubieran ratas cerca. Ni insectos (tampoco le gustaban).

-Tengo hambre... - dijo Alex con intenciones de dirigirse a la cocina.

-Anda, no seas estúpido. Nada de allí funciona y dudo que te guste la comida que quede. - repuso Jack agarrando a Alex por la fina camiseta azul.

Mike sacó su saco de dormir y Nadia hizo lo mismo. Lo mejor sería mantener la cabeza ocupada y no pensar en ella. No pensar en Beatriz.

-Me estoy aburriendo... - murmuró Emma, después de investigar toda la planta baja.

-Arriba habrá algo interesante...

-Está muy oscuro, Mike.

-Coge mi linterna.

-¿Y la escalera?

-Haz lo que quieras, Emma.

Cogió la linterna tras pensarlo unos momentos y Emma empezó a subir las escaleras rezando para que no se rompiera y tuviera que irse al hospital. No era muy supersticiosa, pero le había parecido ver un gato negro demasiado cerca de donde ahora se encontraba. Se recordó que aquello no existía y se apresuró para terminar de subir la escalera. Con la linterna pudo ver un amplio pasadizo y bastantas puertas. Con la excitación recorriendo por su cuerpo, abrió la primera puerta y la iluminó.

Se encontraba en el baño, el lugar que menos le gustaba de las casas pero por esta vez, observó la belleza inusual de aquel sitio. Enseguida cerró la puerta y abrió la segunda. Era una habitación de niña. ¿Acaso pertenecía a... Beatriz?

De repente, quiso huir con todas sus fuerzas de ese lugar. No estaban seguros y lo sabía. Allí había ocurrido algo terrible y se sentía una intrusa. Habían entrado como si la casa les perteneciera, cuando claramente no era así. Cerró los ojos por unos segundos, respirando profundamente con intenciones de calmarse.

«Tranquila, Emma. Baja y les dices que no quieres quedarte aquí más.»

El corazón le dio un vuelco cuando abrió los ojos. Sentada en la cama había una niña, vestida con un camisón azul muy claro. El cabello negro lo llevaba suelto y largo. Tenía muchos cortes en la cara y profundos, su expresión era indescriptible y aunque no estaba riendo, en sus ojos resaltaba la alegría macabra.

El grito que Emma soltó fue el más fuerte que sus amigos escucharon en todas sus vidas. Penetró en las orejas de cada uno con fuerza. Un grito de pánico y terror que tenía muy poco de humano.

Su linterna calló al suelo y abrió la puerta con el corazón latiéndole sin parar. Por un momento pensó que no se abriría. Pero lo hizo y salió corriendo sin atreverse a mirar atrás. Ni siquiera pensó que las escaleras podrían romperse, las bajó casi sin tocar los pies en el suelo.

-¿Emma? ¿Qué ha pasado? - preguntó Mike, con el grupo detrás.

-He visto... la he visto. Su cara, sus ojos... ¡El camisón! Y... como me miraba... - balbuceó con lágrimas corriendo por sus mejillas.

-Las chicas y sus hormonas. - murmuró Jake a punto de soltar una carcajada. Pese a eso, parecía un poco asustado.

-¡Idiota! ¿Crees que estaría llorando? - gritó enfadada. - Mike... tienes que creerme. Todos. He visto a la niña y no estoy alucinado. Se distingir entre la realidad y la fantasía.

Nadia se puso al lado de Emma y dijo:

-Quiero irme. Ya.

Emma miró a Alex y lo vio pálido, asustado (casi más que ella) y demasiado nervioso. Alex siempre era el que mantenía la calma en el grupo. Cuando los demás se ponían nerviosos, él conservaba la calma. Para Emma, fue muy extraño verlo comportarse de esa forma tan diferente.

-Tú has visto algo. - lo acusó con un dedo.

-Probablemente no haya sido nada...

-Alex. Esto es importante.

Finalmente, Alex soltó un suspiro y dejó de mirarse los zapatos para mirarla a ella a los ojos.

-Entré en la despensa, por pura curiosidad. Era bastante pequeña en comparación con el resto de la casa. No tengo mucha claustrofobia, pero empecé a agobiarme. Y entonces...

-¿Qué pasó? - inquirió saber Emma.

-Es estúpido.

-¡Vamos! Hazlo por mi.

Después de dudar por un poco más, prosiguió con el relato.

-Eran risas. Una, pero sonaba en eco. Era muy fuerte y me entró en la cabeza. Me tapé las orejas para no escucharlo más, no sonaba natural. Me debilité, no se como pero lo hice. Y me tumbé al suelo convencido de que me encontraba en una pesadilla. Cuando el sonido empezó a mitigar, quité mis dedos de las orejas y los tenía manchados de sangre. Roja, muy roja. Y después... escupí sangre por la boca.

Todos estaban horrorizados. Era mucho peor de lo que habían imaginado en un principio.

-¿No nos dijiste nada?

Alex miró a Nadia, que acababa de formular una pregunta que a todos les interesaba, y negó con la cabeza avergonzado y arrepentido.

-Me senté en el sillón. Y la sangre cesó de repente. Después, se escuchó el grito de Emma.

-Quiero irme. - repitió Nadia.

-Vamos a sentarnos antes. - propuso Mike casi en un susurro.

Se sentaron cada uno en su saco de dormir. Emma se echó incluso encima una manta. Estaba temblando por la horror constante que estaban sufriendo.

-Esto ha sido una mala idea. - dijo Jake rompiendo el hielo.

-No lo he propuesto yo... - puntualizó Alex.

El silencio se incorporó en ellos. Tenían miedo de hablar y al mismo tiempo era lo único que querían hacer. No resultaba placentera tanta calma.

-¿Alguien sabe algo de Beatriz? - preguntó Nadia, jugando con el cordón de su zapato.

Jake asintió y todos los ojos se posaron en él.

-Aquí vivía una familia hace unos ochenta años. Estaba la madre y Beatriz, de unos trece años. El padre murió aunque nadie sabe exactamente como, dicen que su esposa lo mató. La gente de aquí, pensaba que ella estaba loca. Gritaba tarde por la noche y nadie se atrevía a venir aquí a saber si todo estaba bien. A veces, se podía escuchar a la niña gritar. Encontraron a la madre de Beatriz en el suelo, en su habitación. La pistola la tenía en la mano y ella ya estaba muerta.

-Que horrible... - se lamentó Emma.

-A Beatriz... la asesinó su propia madre. La encontraron colgada en la pared, sostenida por un cuchillo en cada mano y en los pies. Se cree que su madre la maltrataba, le quemaba los genitales con un mechero y le iba haciendo cortes en la cara con una navaja de su esposo. Además de que no la dejaba salir.

A todos les impactó profundamente y el relato revivió sus deseos de marcharse. Nadia se levantó de su saco de dormir y empezó a guardarlo. Nadie se lo impidió.

-Si alguien quiere irse conmigo, lo acompañaré a su casa. No quiero quedarme ni un minuto más aquí.

Emma hizo lo mismo que ella y Alex tardó un poco más, pero recogió siguiendo los pasos de las chicas. Los únicos que se mantenían con duda era Jake y Mike.

Sin esperarlos se encaminó a la puerta principal. Se miró en el espejo sucio y ni siquiera se reconoció. Extendió un brazos y hizo girar el pomo. La puerta no se abrió. Volvió a intentarlo y nada ocurrió.

-¡Mierda! Emma, ayúdame a abrir la puerta.

Emma hizo exactamente lo mismo que ella, pero la puerta no se abrió. Nadia empezó a sentir el sabor del verdadero terror en su cuerpo. Nunca había experimentado esa sensación. Estaba bloqueada, quería gritar pero nada le salía de la garganta. Había olvidado como moverse y no estaba segura de poder hablar.

Se sentó en el suelo y con las manos en la cabeza empezó a mecerse para intentar tranquilizarse.

-¿Nadia? ¿Qué haces en el suelo? - le preguntó Jake divertido.

-La puerta está cerrada. - susurró con voz temblorosa.

-¿Qué has dicho?

-¡La puerta está cerrada!

Con grandes zancadas, Jake se acercó a la puerta y como todos, intentó abrirla sin resultados. Se habían quedado encerrados, con ella...


11 de Octubre de 2020 a las 10:13 0 Reporte Insertar Seguir historia
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