ginyales Gin Les

El cuerpo de mi madre yacía sin vida en el suelo. Todos pensaron que la había matado, pero no fui yo. Al otro lado de la habitación, podía ver a la persona que lo hizo, pero denunciarla me condenaría por completo.


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

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Érase una vez,

Era una mañana calurosa para ser diciembre, mamá como siempre me pidió que fuera hasta donde el tendero y comprara lo de la comida de hoy. No importaba si teníamos asistencia en casa, ella prefería que yo fuera de compras para así ir tomando responsabilidades en cuanto a la administración de la casa. Nuestro hogar era una vieja propiedad que le fue heredada de mis abuelos, a su vez esta fue heredada por los padres, del padre de mi madre. En conclusión de mis bisabuelos.

Salí en mi auto hasta el supermercado más cercano, que en realidad era una pequeña tienda en comparación a las grandes empresas como Sam´s Club o Walmart, pero aun así encontrabas de todo.

Saqué la lista que me dio mi madre y comencé a echar en el carrito lo que ella me había pedido. Pollo, pescado, res… ¿qué irán a hacer de comida? Hoy la lista era más larga de lo habitual. Mucho más larga. Pareciera que espera gente. Tomo todo lo que pide, incluyendo tres copas de vino y voy a caja a pagar.

Mi móvil suena y lo saco, es mi novia, Cassie Green. Una rubia de mi edad que conozco desde niña, y aunque no nos hablábamos antes, fue en secundaria cuando coincidimos en algunas clases lo que ayudó a consolidar nuestra atracción. Tenemos un año saliendo y al final de la preparatoria planeamos juntos ir a Harvard.

Ambas tenemos metas en común, graduarnos, estudiar en una de las mejores universidades del país y luego conseguir buenos empleos. Nunca hemos hablado de casarnos, creemos que eso aún es algo que puede esperar. Mientras tanto podemos disfrutar de la vida y el sexo cuantas veces queramos.

—Hola, guapa. Buen día —saludo a la chica de mis sueños.

—¡Ey! ¡buen día, hermosa! —responde aún con sueño.

—¿Dormiste bien? —inquiero mientras le paso la tarjeta a la cajera para que se cobre.

—Lo mejor que pude —dice con voz aun adormilada—. Espero que podamos escabullirnos en la noche mientras todos cenan.

—No te estoy entendiendo… —digo sin comprender ni una sola palabra de lo que dice—. ¿Qué cena, nena?

—¿No te lo han dicho? Oh bebé, creo que es mejor que hables primero con tu mamá…

—No estoy en casa, dime tú que está pasando —exijo un poco más desesperada.

—Me habla mi padre, tengo que colgar. Más tarde hablamos ¿sí?

—¿A caso tengo otra opción? —pregunto con ironía, sabiendo que no responderá—. Te veo en la cena…

Cuelgo.

Estoy molesta claro, me imaginé que recibiríamos visitas cuando vi la gran cantidad de comida que mamá me mandó a comprar, pero, ¿qué tiene que estar haciendo Cassie en casa? No es que me moleste que vaya, no. Me molesta el hecho de que su padre ha querido nuestra propiedad durante años, y desde que murió papá se ha vuelto mucho más que insistente con ello.

Incluso intentó cortejar a mi madre, pero ella es una mujer con principios y no se dejó seducir por ese hombre que además es el padre de mi novia, está casado y es el alcalde de la ciudad.

Cojo las bolsas y salgo lo más rápido que puedo a mi auto. Abro la cajuela y meto todo ahí. Cuando la cierro es la madre de Cassie a la que veo parada frente a mí, en la acera.

—Buen día, Rachel —saluda escueta como siempre.

—Buenos días, señora —extiendo mi mano pero ella decide ignorarla.

—¿Estarás tú en la cena de esta noche o irás a uno de esos antros nocturnos a los que acostumbras llevar a mi hija? —Se puede percibir la hiel en las palabras de su boca. Ella acepta que su hija sea lesbiana, lo que no concibe es que sea novia de una descendiente de Benjamín Black.

Los Black y los Green han estado enemistados durante décadas y dicha rivalidad ha traspasado todas las normas. La muerte de mi padre pudo calmar las aguas, ya que no había además de mí, ningún otro Black con el cual pelear. Lo que supuso un triunfo para los Green´s luego de años peleando. El hecho de que Cassie y yo nos pusiéramos de novias y nuestro gran amor una por la otra, fue una de las cosas que también ayudó a que las aguas se calmaran. Al menos por parte de mi familia. Su madre, apenas si me tolera, y su padre... bueno, al menos respeta la relación que tenemos.

—Estaré ahí, señora. Tengo entendido que también irá Cassie —menciono como si en realidad estuviera enterada de todo.

—Lo suponía, un Black nunca dejaría de ser Black por más enamorada que esté de un Green —diciendo esto me mira con desdén y se marcha.

¿A qué diablos se refiere?

Conduzco por la pequeña ciudad hasta las afueras y llego a casa un poco más que molesta por no saber que diablos está pasando.

—¡Madre! —llamo nada más cruzar la puerta—. ¡Mamá, ocupamos hablar! ¿dónde estás? ¡Ya llegué!

Ella responde desde alguna parte de la planta alta así que debo subir, Nancy sale de la cocina y le doy las llaves avisándole que las compras siguen en la cajuela de mi auto.

—Acá estoy, en la biblioteca —responde mi mamá cuando me escucha acercarme.

—Madre, tenemos que hablar —exijo cuando entro y la encuentro sentada frente al escritorio mirando unos papeles.

—Lo sé, seguro ya te enteraste de que tendremos visitas hoy —aclara mirándome fijamente.

Ella es una mujer joven aun, me tuvo a los veinte años. Apenas tiene treinta y ocho años y en sus ojos se puede ver la edad de una mujer de cincuenta. En los últimos años, desde que falleció papá ha sido tan difícil para ella que es como si el dolor le cobrara factura.

—Deberías sentarte —pide señalando la silla frente al escritorio, de cara a ella. Le obedezco y tomo asiento esperando que lo que me tiene que decir sea algo sin chiste, pero se porta tan ceremoniosa que me está preocupando—. Lo que tengo que decirte no puede salir de estas cuatro paredes, dentro de dos días tu cumplirás dieciocho años, lo que te hará la heredera universal de estas propiedades. Por ello, el padre de Cassie ha pedido que hagamos una cena de negocios y proponernos la compra de ellas.

—Pues no pasa nada, solo le decimos que no y es todo. —Me levanto de la silla y me acerco a mi mamá—. No entiendo por qué estás preocupada, solo nos negamos y es todo.

—Eso no es todo Rachel —mi mamá me toma las manos con gran pesar, se le nota en la mirada y en como sus labios tiemblan—. Este es el testamento de tus tatarabuelos. —Suelta mis manos y me extiende el documento, yo lo tomo y regreso a sentarme frente a ella, son varias páginas.

—Es mucho, ¿qué dicen? —le regreso el testamento luego de hojearlo un poco.

—Hace mucho tiempo, los Green y los Black hicieron una apuesta que fue lo que originó las rivalidades. Apostaron quien de los dos amigos, sí, ellos eran amigos —aclara y prosigue—. Apostaron quien de los dos tendría más hijos varones.

»Tu tatarabuelo Emmanuelle Black, tuvo seis hijos varones y tres hijas, mientras que Daniel Green solo tuvo un hijo varón y cinco hijas.

—¿Pero qué apostaron? —pregunto confundida por lo incongruente de la apuesta.

—Todas las propiedades.

—Sigo sin comprender que tiene que ver esa vieja apuesta con que sea mi cumpleaños. Es claro que ganaron los Black.

—Te equivocas —confiesa y eso me confunde aún más—. Daniel Green al ver que había perdido y que debía entregar las propiedades, le propuso una nueva apuesta a su amigo, quien ya estas alturas engañado por el juego, aceptó. La apuesta supuso que quien más hijos varones tuviera en su descendencia, ese sería quien se quedara con las propiedades. Esto sería efectivo a la cuarta generación.

Yo comienzo a hacer cuentas en mi cabeza.

—Sí, tú eres la cuarta generación y no hay más hombres en la familia —responde mi madre por mí haciendo que se me revuelva el estómago.

—¿Nos quitarán la casa? —pregunto preocupada.

—Martín Green nos ofrece la posibilidad de comprarla ahora que sigue en mi poder, una vez pase a tus manos y dado que la apuesta está notariada ya no habrá nada que hacer. Esta pasaría directamente a su poder. Ellos ganaron.

—¿Cuánto ofrece? Esta propiedad debe valer muchísimo…

Mi mente va a mil haciendo cuentas, mi madre nunca estudió, papá siempre vio por nuestro bienestar y nos dejó un poco de dinero para solventar los gastos personales. Es el vino que se produce en nuestras tierras lo que nos da el estatus que tenemos.

—A lo mucho ofrece el cinco por ciento de lo que en verdad vale, pero es eso o nada —confiesa mi mamá con pesar.

—¡Dios santo!, ¡Qué maldito, se está aprovechando de las circunstancias, mamá! —maldigo con mucha molestia— ¿Y si impugnamos el testamento?

—No se puede, ya contacté a los mejores abogados y todos dicen lo mismo. Es válido y no tiene ningún error de manera que pueda ser impugnado.

—¡Qué carajos! Han sabido como tomarnos el pelo durante años y ahora solo quieren aprovecharse de nosotras —digo resignada ante la cantidad de malas noticias—. Ya no podré ir a la universidad…


7 de Octubre de 2020 a las 00:31 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Angélica Plaza Angélica Plaza
Grave problema del que ellas no tienen la culpa.
October 21, 2020, 01:19
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