Cuento corto
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Tiempo detenido

La espera de la luz verde se hacía eterna, el humo del tabaco había llenado por completo la cabina del auto, mientras, intentaba recordar lo que el científico Einstein dijo del tiempo y el espacio, algo así como que según la perspectiva del observador pasaba el tiempo de manera distinta, y algo de la relatividad, debí poner más atención en clase; aunque no necesité de esos conocimientos para ser abogado, mi mente ociosa generaba esa curiosidad. El sonido de un claxon desesperado sacudió el trance en el que estaba, eso hizo que se caldearan los ánimos en automático, ¿no podía haber hecho un solo pequeño pitido cortés para avisarme? Permanecí inmóvil, a lo que el conductor de atrás reaccionó con una mentada pitada, yo apagué el auto, tomé mi pistola, bajé dispuesto a darle un buen susto, en lo que caminaba vi que bajaba el vidrio, cuando llegué a su ventana noté el arma apoyada en la pierna apuntando a mi cara.

En ese preciso momento fue cuando sucedió; dicen que cuando encaras la muerte pasa tu vida frente a tus ojos, pero lo que me pasó fue más bien que el tiempo se detuvo, ¿será que cuando ves la muerte frente a tus ojos cambia la perspectiva del valor que le das a las cosas? ¿por eso cambia la percepción del tiempo? Podía ver la bala congelada justo dejando la punta de la pistola, un halo de humo alrededor como si fuera algodón de azúcar gris, vi las caras chismosas de los conductores de los carriles aledaños con la expresión curiosa y tranquila, aun sin reacción a la posterior tragedia que se avecinaba, vi la quijada tensa de mi agresor con los ojos encendidos, ¿así se verían los míos? Vi todo estático a mi alrededor incluido yo, menos mis pensamientos, pensamientos que empezaron a remembrar los hechos pasados de mi vida, un rebobinado de película en reversa. Primero di un salto hacia un par de semanas atrás, me detuve en una escena, donde mi recuerdo también se congeló, estaba yo a punto de darle una bofetada a mi esposa, vi su cara llena de terror, el plato de comida en la mesa derramado por mí, estaba molesto porque dejó salada la comida, fue una falta de respeto, con la acción en pausa pude percatar a mi pequeño hijo, agarrado al marco de la puerta viéndonos con ojos afligidos, no había sido consciente de ese diminuto detalle. De ahí volvió a pasar todo rápido nuevamente unos años atrás, humillaba a mi secretaria por haber hecho mala una redacción, pero sobre todo porque no quiso acostarse conmigo, ¿cómo pudo rechazarme? Lo único que ella sabía hacer era arreglarse coqueta, ¿por qué fue a pedir trabajo arreglada así si no era para despertar pasiones al jefe? En la escena detenida observé detrás de ella un portarretrato con la foto de su hijo, recordé que era madre soltera y que también quise usar eso para presionarla, que tampoco sirvió, por eso la despedí. Diez años atrás llegué a otro momento con mi grupo de cuates, le echábamos carrilla al mandilón del grupo, le decíamos cómo se podía permitir eso, que debía mostrar su hombría y demostrar quién manda, lo obligábamos a tomar más cerveza y a llegar lo más tarde posible, al ver esto con calma, como fotografía, vi el miedo en sus ojos. De ahí di otro brinco hasta encontrarme encima de un compañero de escuela, de uno que me molestaba siempre, lo había sometido al fin, todos a coro gritaban para que lo siguiera golpeando, tenía que demostrar que no me dejaría más, sus ojos se mostraban derrotados, también cansados. Todo corrió más rápido hasta mi infancia, cuando fui testigo de cómo mi papá golpeaba a mi madre, yo recargado junto al marco de la puerta.

Es extraño poder recordar cómo nací, mamá me platicó que fue por cesárea, en este viaje por mi mente lo pude volver a revivir, estaba plácidamente flotando cuando sin avisar fui violentado a nacer, fui sustraído a la fuerza del vientre de mi madre, todavía no era mi tiempo, ¿por qué ese doctor decidió que tenía que ser en ese momento? El recuerdo llegó, la primera vez que vi la luz, fue abrumador, volví a sentir mis ojos encandilados, me dolieron al abrirlos, enfoqué lentamente a mi alrededor, cuando al fin pude ver claramente ahí estaba la bala, vi la escena congelada con la que empezó este viaje, escuché el sonido de la detonación, pasó por un lado de mi ojo rozándome la cara, el reflejo no me hizo esperar, disparé mi arma, el conductor no tuvo oportunidad, de ahí todo avanzó demasiado vertiginoso, cuando recapacité estaba aquí, tras las rejas, tendré 20 años para reflexionar lo que pasó en esa fracción de segundo.

29 de Septiembre de 2020 a las 23:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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