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Las pesadillas a veces parecen reales ¿Qué tanto lo son?


Cuento No para niños menores de 13.

#pesadillas #lucifer #posesion #terror #cuento-corto
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La caída

Mi cabeza esta embotada, confusa de desesperación, escucho en mi oído un susurro intenso e insistente, como si fuera una grabación infinita que se repite una y otra vez, presiona y me enloquece.


— ¿Qué está pasando?—busco una explicación lógica de ese torbellino de emociones, no todas agradables, interminables y agobiantes.


Mis pensamientos vagan sin detenerse en mi mente, siento la cabeza pesada, como una roca gigantesca sobre mis hombros. No puedo mover mi cuerpo, las extremidades están congeladas, mi pecho se hunde en un intento desesperado por respirar y un grito acallado por una fuerza desconocida en mi garganta se queda suspendido. Quiero gritar pero no puedo.


— ¡Que alguien me ayude, por favor! —se queda atrapado en mis labios.


Esa voz se vuelve cada vez más clara y profunda, una brisa tibia roza mi oreja y por cada palabra que pronuncia, mis pensamientos parecen aplastar aún más mi cerebro.


¡Di mi nombre!—resuena en mi oreja estallando en mi mente— ¡Di mi nombre!—repite una y otra vez.


El miedo se apodera de mí, mis piernas y brazos están atrapados por cadenas invisibles y fuertes y siguen sin moverse. Mi voz no pronuncia ni si quiera un quejido. No puedo escapar.

Esa voz quiere apoderarse de mi mente, de mis pensamientos, de mi alma… y la tiene atrapada entre garras de fuego, y es tanta mi desesperación que a ratos me doy por vencida, mi alma se deja arrastrar solo para evitar la desesperación de la agonía.


El recuerdo de mi madre y mi hermana me hace notar que en este momento estoy completamente sola. No puedo llamarlas, no puedo pedir su ayuda. Estoy sola en el silencio de la noche.


No puedo despertar.


Los latidos de mi corazón se vuelven erráticos, feroces, como si fuera a morir en cualquier momento. Voy a morir, pienso, viene por mí. No hay plegarias que puedan salvarme, no hay una oración que me rescate.


¡Di mi nombre! ¡Hazlo! —Sigue resonando en mi mente, quiere enloquecerme. La voz se filtra por mis oídos, invadiendo con pesadez cada uno de mis sentidos.


En la oscuridad de la habitación, el silencio inquietante y aterrador de la madrugada parece entregar un solo mensaje en medio de la noche interminable.


Abro mis ojos, o por lo menos es lo creo hacer, porque todavía mi cuerpo no reacciona, sigue inmóvil sobre la cama, incapaz de mover un dedo, intento levantar la cabeza con la esperanza de que al hacer ese movimiento, todo terminará. Tengo miedo de lo que puedo encontrar al salir del letargo, del sueño, de la maldita pesadilla que se niega a abandonar mi cuerpo y mi mente.


Sigo aterrada.


Lentamente a mi cuerpo cansado vuelve la movilidad, los dedos de la mano, los pies, las piernas, logro girarme sobre mi cuerpo en la cama y los músculos se relajan, mi mirada se pierde en el cielo de la habitación aun con la respiración agitada y el sudor frio recorriendo mi espalda. Tengo miedo de moverme más. Como si mi instinto me dijera que si intento prender la luz y ver a mí alrededor, voy a encontrar algo más en ese cuarto.


Pero la necesidad de claridad se vuelve demandante. Necesito de la luminosidad, de la luz artificial de la lámpara para tranquilizar mi alma, que aún sigue atrapada en un escalofriante silencio que hace estremecer hasta el más diminuto de mis poros.


Muevo mi brazo con dificultad hacia donde está el interruptor en medio de la oscuridad que persiste, me cuesta encontrarlo hasta que por fin palpo el cable y el botón de encendido. Con los dedos de mi mano aun entumecidos, consigo finalmente apretar y el clic resuena como el único sonido en la noche silente y por fin la luz cálida de la lámpara me salva de las penumbras.


Inhalo con fuerza el oxígeno llenando mis pulmones mientras los latidos de mi corazón empiezan a aquietarse lentamente. Observo en derredor, la habitación sigue en paz, solo estoy yo en esa cama, giro mi cabeza nuevamente hacia la mesa de noche y veo mi celular.


Quizás si me distraigo un poco, puede que olvide el miedo.


Algo me dice que no debo mirar. Sospecho que si me atrevo a verlo me asustará más. Mi imaginación recorre cada secuencia de las películas de terror que alguna vez vi y que súbitamente asocio en ese minuto con mi celular, con la pesadilla de la cual acabo de despertar.


“No, no lo hagas” pienso mientras resisto el impulso de tomar el aparato. En un arranque súbito de cordura, me burlo de mi misma asegurándome que sería ridículo que justo pasara lo que mi cabeza está imaginando.


“Déjalo estar… duérmete” —me repito—“Ya pasó…”


Respiro con más tranquilidad. La paz nocturna, excesivamente silenciosa, me indica que aún me quedan unas horas de sueño más antes de levantarme. Pero temo volver a dormir y repetir esa pesadilla horrible en la que me perdía en un abismo del que no podía escapar.


Miro el móvil nuevamente sobre la mesita de noche.


Ya me desvelé, no hay nada que hacer. Coloco una almohada en mi nuca para acomodarme, aun inquieta, mirando las sombras y los reflejos que hacen contraste en la pequeña habitación y que solo provocan que mi mente desvaríe aún más.


Tomo el aparato entre mis manos y miro la hora. Mi estómago se aprieta. Mis latidos se aceleran una vez más.


—Esto debe ser una broma… —pienso presa del asombro pero también del miedo –


3:33 am.


Ja.


¿Acaso las tres de la mañana no es la hora del demonio según el mito religioso? , me sonrío con incredulidad tratando de convencer a mi cerebro que todo eso no son más que tonterías alimentadas por el cine.


Es lo que quiero creer.


De pronto, la habitación se empieza a encoger, se vuelve más pequeña, más claustrofóbica y la sensación de agobio se apodera nuevamente de mis pensamientos.


¡Di mi nombre! ¡Dilo!— el susurro atraviesa mí oído una vez más y percibo en mi oreja que algo o alguien sopla en mi oído y en ese momento estoy consciente.


¡Dilo!—ordena en un susurro estremecedor.


No puedo resistir, por alguna razón inexplicable, lo sé.


Lucifer… —trago saliva, giro mi rostro y una sombra oscura está a mi lado.


Entonces caigo.


Mi alma le pertenece.

23 de Septiembre de 2020 a las 02:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Nekki Nekki Escritora, locutora y bibliotecaria. Aspiro siempre a mejorar mis escritos. Uno de mis relatos (A-5) participó en la #Antología #Imaginarias y actualmente me encuentro corrigiendo la novela que espero llegue a ser publicada.

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