viam29 Victoria RZ

Olivia siempre creyó que el final era la mejor parte de hacer algo porque significaba llegar a la meta... Hasta que la realidad del final de su vida universitaria le dio un golpe en la cara. De pronto se dio cuenta que también sería el final de la vida como la conocía... bueno, al menos de la vida que vivió durante cinco años. Ya no solo debía preocuparse por pasar los exámenes y sobrevivir a las clases de los profesores más exigentes, sino que debía preocuparse por su futuro, por buscar un trabajo, por sus amigos, por todo lo que con tanto esfuerzo armó en cinco años de universidad. Olivia ya no cree que el final sea la mejor parte. Ahora el final significa decir adiós, y ella nunca ha sido buena para decir adiós.


Romance Romance adulto joven Todo público.

#universidad #amistad #amigos #romance
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Capítulo 1

Sé que mi tarea es la siguiente en ser leída frente a todos. No dormí por hacer la transcripción y el análisis de mi entrevista, bueno sí dormí, pero sólo dos horas y eso no era suficiente para mí. Y me había dormido convenciéndome a mí misma que había hecho un buen trabajo y que la profesora no me llamaría la atención ni resaltaría todos mis errores. Pero la verdad creo que fue fácil convencerme a mí misma porque realmente quería irme a dormir.

“No es una mala entrevista, Liv, tranquila”, me dije a mí misma mientras limpiaba discretamente mis manos sudadas en mis jeans. Pero no importaba que haya hecho las preguntas correctas o que mi análisis estuviera mal, esta clase estaba llena de personas a las que les encantaba comentar y hacer preguntas que demostraban que no lo habías hecho bien.

En la primera fila de asientos estaba Jazmín anotando en su cuaderno despreocupadamente, yo había escogido estratégicamente mi asiento, sentada en la cuarta fila, detrás de un grupo de amigos que se sentaban juntos y que tenían la perfecta altura para cubrirme y pasar desapercibida. Me gustaba la materia, pero no me agradaba la idea de que me dijeran que había hecho algo mal, me ponía roja y no podía responder bien.

— ¿Qué fue lo que dijo? — me preguntó Andrea.

Negué con la cabeza para hacerle saber que no sabía. Y la verdad no lo sabía, no estaba escuchando.

La lectura de casos siempre me ponía nerviosa porque si me distraía en alguna parte no lograba entender todo y no estaba preparada para cuando me preguntaban qué opinaba. Intentaba concentrarme tanto en algunas frases que me parecían interesantes para comentar que terminaba olvidando el resto.

— ¿Comentarios? — preguntó la profesora, levantando su vista de las hojas que había leído. Su mirada me asustaba, era como si tuviera rayos laser y te pudiera matar con ellos si te equivocabas al responder. Ella siempre decía, “¿han estudiado cinco años para eso?”, y yo aún no había recibido esa frase, y prefería no hacerlo.

Bajé mi mirada a mi cuaderno lleno de frases sueltas de las entrevistas que habían leído en esta clase. Ésta era la técnica del avestruz, consistía en esconder la cabeza lo suficiente para que no te vean y así no te pregunten nada. Mamá me la había enseñado cuando era pequeña y me vio llorando porque no entendía el texto que estaba leyendo y tenía miedo de quedar en ridículo frente a toda la clase, ella me había asegurado que la técnica tenía un 50% de efectividad, pero yo logré que el porcentaje subiera a un 64%, según yo.

Nadie hablaba y eso me estresaba aún más porque en cuestión de segundos la profesora empezaría a hacer preguntas uno por uno y eso acrecentaba su crueldad.

— A mí me parecen… curiosos algunos de sus comentarios, — comenzó Jazmín y suspiré de alivio. A ella le encantaba hablar y era la que salvaba esos silencios incómodos. Jazmín me agradaba, aunque muchas veces me exasperaba cómo quería resaltar… aunque también se lo agradecía en momentos así. — por ejemplo, cuando dice que en su trabajo todo el mundo está esperando que pise la piedrita y se caiga, me hace pensar en que quizá eso es una percepción muy persecutoria de lo que le pasa, y si tiene ese delirio de persecución podríamos estar hablando de una psicosis.

A Jazmín le encantaban las psicosis, cada caso que ella presentaba o comentaba decía que podía considerarse psicosis.

Jazmín y yo estábamos haciendo la práctica de la materia en la misma institución: un centro de salud en un barrio alejado. Atendíamos a pacientes que querían atención psicológica y en nuestro tiempo libre solíamos compartir nuestros casos. Siempre me parecía que ella sabía más que yo, pero al parecer es algo común en mí. Según mi terapeuta y mi papá, no suelo darle mucho crédito a lo que sé y siempre asumo que el otro sabe más que yo. En fin, ella siempre consideraba sus casos como psicóticos. Pero tenía un punto bueno para hacerlo, ¿y si tratábamos a un psicótico como un neurótico y ocasionábamos su desencadenamiento y, en palabras comunes, enloquecía?

— Yo preguntaría cómo es la relación con su madre. — comentó Miguel. Él sí entraba en mi lista de personas desagradables. Él si comentaba algo solo por comentar y por intentar mostrar que tu trabajo estaba mal hecho, se creía mucho porque “le estaban ofreciendo un puesto de trabajo en la universidad apenas se titulara porque era un estudiante excepcional”. Claro, excepcional en meterse en cosas turbias. Miró a Patricia, la chica a la que le pertenecía la entrevista. — Me parece que no has llevado bien la entrevista, necesitamos saber sus datos familiares, aún no sabemos nada de ella además de sus peleas en el trabajo.

— Nosotros no hacemos entrevista estructurada. — dijo un chico que estaba sentado en la última silla de la primera fila. La profesora lo había presentado como Noé, un estudiante de último semestre que pidió asistir a las clases para estar practicar su “escucha” mientras trabajaba como becario en el consultorio psicológico de la universidad. — No puedes estarle preguntando sobre su relación con su madre o sus hermanos si ella no menciona algo sobre eso. Nosotros trabajamos con lo que ellos deciden contarnos y a partir de allí vamos armando todo. Si habla sobre su trabajo es porque eso le parece insoportable, y a partir de eso vamos a ir descubriendo por qué o qué posición tiene ella en todo eso.

¡Boom! Toma eso Miguel.

Me olvidé de mi papel de avestruz para mirar a Miguel. Él se puso serio y disminuyó mínimamente su postura pedante.

— Solo digo que deberíamos saber más de ella. — intentó defenderse.

—Es la primera entrevista, Miguel, no podemos saber todo de ella de inmediato. — intervino la profesora. — Patricia, sigue hablando con ella, e intenta ir con cuidado…. ¿Olivia?

Diablos.

— Sí, mi caso es Daniel, 4 años… — empecé presentando mientras buscaba mi copia.

— Sí, Olivia, pero quería pedirte si es posible leer el caso de Noé primero y si no nos da tiempo para el tuyo y es urgente podemos darnos un tiempo después de clases.

— Oh, no, no es urgente, es un caso que puedo llevarlo sola. — me apresuré a decir. La profesora asintió y puso todas las tareas a un lado para recibir el caso de Noé.

Bendito seas, Noé. Salvando el día dos veces.

Miré mi reloj. Faltaba poco tiempo para acabar la clase, así que no había forma de llegar a mi caso y había sobrevivido otra semana sin ser destruida. No podía ocultar mi sonrisa y me propuse intentar prestar atención esta vez.

— Silvia, 59 años. Tiene cáncer de mama con metástasis en pulmones y riñones. —introdujo él.

Creo que todos hicimos una mueca con esa introducción. A veces nos tocaba escuchar o atender a personas que tenían problemas demasiado complicados y, particularmente a mí, me hacían sentir mal por no poder hacer algo más que escucharles.

Esa era la parte más difícil de la carrera y era la parte más importante y la que nos recordaron desde el primer día en que inició esta materia: no podemos intentar resolver los problemas de cada paciente que entra a nuestro consultorio y no podemos dejar que esos problemas nos invadan.

La psicología era complicada.

No hubo tiempo para comentarios del caso, aunque lo cierto es que dudo que alguien pudiera comentar algo de un caso tan bien llevado.

A Noé solo lo conocía de lejos… bueno, conocer de lejos es una expresión para dar a entender que llegamos a un punto en la carrera en que somos tan pocos que necesariamente nos hemos tenido que ver. Siempre me pareció sorprendente cómo la universidad inicia con tantos estudiantes y al final solo un porcentaje mínimo logra titularse. En mi caso nunca pasó por mi mente la opción de no llegar hasta el final, de no titularme, así que nunca abandoné materias ni las repetí. De hecho, podría sentirme muy orgullosa de mi record académico… de no ser por algunas materias que arruinaron mi promedio general… en fin, el punto aquí es que Noé no era una cara desconocida para mí, aunque nunca tuvimos una conversación personal porque sospecho que me vería como una tonta al intentar hacerme la interesante para llamar su atención.

Porque sí, Noé es como un crush intelectual.

Me refiero a que te das cuenta que esa persona es tu crush porque abre su boca y tus oídos producen las mariposas que terminan en tu estómago. Aunque mis ojos también podían producir esas mariposas.

Pero estaba contra mis leyes el tener un crush, debía estar plenamente enfocada en sacar buenas notas, hacer buenas prácticas y ganarme un lugar en el mundo para no terminar la universidad y ser una desempleada.

Ahí estaba el tema que me estresaba cada noche que tenía tiempo para pensar: el fin de la universidad. Para mi significaba que oficialmente sería una adulta y debía encontrar un trabajo y hacerme una imagen para poder tener pacientes, y ahorrar lo suficiente para tener un departamento propio y poder vivir como en las películas y hacerme cargo de mis viejos padres…

Todo eso me daba miedo porque, ¿y si no lograba nada?

— ¿Vamos a desayunar? Laura nos está esperando en el puesto de café. — me dijo Nicolás, sacándome de mis pensamientos en los que ya estaba armando una historia en la que mis padres me botaban de la casa porque ya no querían mantenerme.

— Me muero de hambre.

La clase era tan temprano que para llegar a tiempo y que no nos cerraran la puerta en la cara nos íbamos sin desayunar. Yo podía sentir que en los silencios de la clase se escuchaba cómo mi estómago me reclamaba por no haberle alimentado. Mi mamá siempre había dicho que el desayuno puede no ser la comida más importante del día, pero es la que te va a poner de buen humor para empezar un día de mierda. Mi papá le decía que no dijera mierda delante de mí, pero mamá lo siguió haciendo.

— ¿Qué tal tus pacientes? — preguntó Nicolás mientras caminábamos por el sol para intentar calentarnos. — ¿Has logrado retenerlos?

— Tengo unos cuantos que son constantes, pero es una población que quiere la respuesta ese rato, así que no siempre logro que se queden, he intentado terminar mis sesiones con una pregunta y decirles que me respondan la siguiente sesión, pero me dejan sin la respuesta. En el hospital estoy bien, pero en el voluntariado vino un niño que no quería que le tomara la prueba y terminó lanzándome el marcador y me llegó justo en la frente. — Nicolás festejó la buena puntería del niño.

El voluntariado era otro de mis intentos por conseguir un buen currículum, atendía niños para hacerles un diagnóstico y determinar si tenían algún trastorno de aprendizaje, o algún trastorno de atención o lo que fuera. En mi imaginación tomaba pruebas a niños, las calificaba y tenía el diagnóstico fácil, pero la realidad era que me explotaban, me hacían calificar pruebas que ni siquiera yo había administrado, me hacían ir a los colegios a entrevistar a las maestras, y siempre me asignaban niños que me tomaban varias sesiones tomar las pruebas, me habían mordido, lanzado cosas, me ignoraban, me contaban historias sobre personitas en sus cabezas que les decían que hicieran cosas malas… en fin, gran experiencia, pero trabajo cansador.

— ¿Por qué no lo dejas? Te ves mal. — me dijo Laura después de que Nicolás le contara sobre el niño marcador.

— Porque tal vez si convenzo a los jefes de que soy buena, ellos puedan explotarme por algo de dinero cuando tenga el título de licenciada.

— No sé si lo vale, Liv. Tu salud mental también es importante.

— Estoy bien, esos niños no me van a vencer.

— ¿Cómo les fue en su clase, amor? —preguntó Laura a Nicolás. — ¿Molty destrozó a alguien hoy?

Nicaura, el nombre que les había puesto a mis amigos, eran pareja desde hace dos años, y yo ya me había acostumbrado a ser el mal tercio cuando estábamos sin Eli.

— No, pero Noé le hizo un comentario a Miguel para callarlo.

— Bien hecho, ojalá ese idiota aprenda.

Laura odiaba a Miguel desde que él se había empeñado en destrozarla en una defensa de trabajo y, si bien Laura logró responder todo, le declaró la guerra. Y yo por solidaridad también lo odiaba.

—Liv, el Centro de Estudiantes va a hacer el análisis de 1922, van a pasar primero la película y después harán comentarios, pero es una buena idea para ir a ver la peli en pantalla grande y gratis, ¿quieres venir? Le diremos a Eli y todos iremos.

La verdad es que quería irme a dormir, pero ¿cuánto tiempo más iba a tener a mis amigos antes de terminar la universidad? Debía aprovechar cada oportunidad que teníamos, y con los voluntariados, los trabajos, las materias era difícil que encontremos tiempo para estar los cuatro juntos.

— Está bien, pero me llevan comida.

22 de Septiembre de 2020 a las 22:19 0 Reporte Insertar Seguir historia
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