patheticglow Neechan 作家

Yua, que vivía sus días tranquila en la casa de su abuela, de pronto es perseguida por unos hombres en traje. Mientras escapaba, conoce a un chico que la toma en brazos y la lleva a una mansión a fuera de la ciudad. Ahí junto con otros chicos, le dan la noticia de que es dueña de todo lo vea bajo el nombre de "Yúngen". Sin embargo, como dueña de una gran cantidad de cosas, también es responsable de buscar a el acompañante con el que seguirá el legado que su difunto padre ha dejado. Con la responsabilidad de encontrar a un sucesor, la competencia entre grupos por la mano vacía en matrimonio de Yua comienza. Lamentablemente para quienes codician el poder de "Yúngen", seis chicos están bajo la sombra de Yua protegiéndola. ¿Yua aceptará todo lo que su difunto padre preparó para ella? ¿O decidirá trazar su propio camino?


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13. © Todos los derechos de trama reservados.

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En un día tranquilo.

Capítulo 1: En un día tranquilo.


Yua corrió hasta dejar sus zapatos desgastados. Respiró abiertamente entre sus jadeos, cuando verificó que aquellos hombres misteriosos habían dejado de seguirla.


Cuestionando el por qué de la situación, sostuvo su corazón. Como era costumbre, Yua había llegado de la escuela. Como cualquier tarde, se había relajado mirando la televisión y cuando por fin había conciliado el sueño para una siesta, escuchó un ruido fuerte en la entrada principal de su casa. Cuando se levantó a verificar que todo estuviera bien, un hombre desconocido quiso dejarla inconsciente, pero sus movimientos y reflejos fueron más veloces que, sin pelear mucho, pudo zafarse para correr desesperadamente por las calles.

Trató de pedir ayuda, pero tenía tanto miedo de detener sus pasos, que solo siguió corriendo hasta perderlos. Sus piernas, que por la falta de ejercicio eran débiles, dejaron de responder y se quedaron inmóviles una vez que tocaron el suelo. Sus manos al igual que la mayoría de su cuerpo, temblaban. Tenía miedo. Miedo de saber que buscaban de ella, que era lo que querían hacer con ella, y sobre todo, saber que le pasaría si en ese momento la encontraran. Indefensa, cerró los ojos y lloró amargamente.


Le reprochó a su desgracia, pero como era obvio, nada le respondió. Tomó sus piernas y se refugió en ella misma. La calle en donde se encontraba, extrañamente estaba vacía, por lo que sus sollozos y lágrimas resonaron. No podía entender que era que querían de ella, pues no tenía nada de valor. Ni dinero, ni joyas, ni una familia. Era simplemente ella, y por lo que sabía, su existencia no significaba mucho.


—Calle 304A, unidad de protección—una voz suave y tranquila, la alarmó.


Levantó la mirada y trató de levantarse fallando en el intento. Un chico de cabello ligeramente rubio la miró y le sonrió.


—¿Quién...—trató de cuestionar, pero el chico sin mencionar ninguna palabra más, la tomó entre sus brazos.


—Cleoh, ese es mi nombre —pronunció con una sonrisa tranquilizadora.


Yua quien no entendía nada, relajó su cuerpo y se dejó llevar por el chico que se llamaba así mismo, Cleoh. Sus manos que eran claramente el doble del tamaño que las de Yua, aseguraron su agarre al estilo princesa. Con pasos pequeños, pero seguros, dieron luz verde a su camino. Entre sus brazos, Yua cerró los ojos. Sintió como el viento jugó con su cabello, y el sueño la alcanzó.


No sabia si lo que estaba haciendo era lo correcto, pero lo único que quería hacer era descansar. Su respiración subió y bajó lentamente, ocasionando un sentimiento de alivio en Cleoh.


—Cleoh —otro chico de cabellos castaños se acercó al nombrado.

—Cayó dormida —afirmó Cleoh, el castaño suspiró entendiendo el cansancio de la joven.

—Dejémosla descansar lo que se pueda. Cuando despierte tendrá que lidiar con muchas cosas —tomando del hombro a Cleoh, a paso lento caminó a su lado.


No pasó mucho, cuando una vagoneta negra se estacionó justo en frente de ellos. El castaño ayudó al rubio a subirse al automóvil para finalmente hacerlo él. El chico que conducía el automóvil, miró de reojo a la chica en brazos de Cleoh. Sonriendo ligeramente, piso el acelerador y trazó su camino al único lugar al que pertenecía. La mansión Yúngen.


El camino fue relajado y sin complicaciones. Yua aún no despertaba, y Cleoh seguía teniéndola en brazos. Tener al fin a la hija del que consideró su padre, lo hacia feliz. Sin embargo, al mismo tiempo temeroso. El castaño que se encontraba a su lado, chasqueó los dedos ligeramente al percatarse de la mirada del rubio hacia la castaña.


—Nuestro deber es protegerla —cruzándose con su mirada, prosiguió —. Y nada más —finalizó.


Cleoh devolvió su mirada a Yua y asintió. Algo dentro de él quería protegerla. Entre sus brazos, su cuerpo era pequeño, a pesar de que Yua no fuera lo que a primera vista se consideraría delgado. Sus mechones castaños de un tinte más oscuro que el de su compañero, lo llenaban de ganas de jugar con él. Inexplicablemente en su primer encuentro, estaba cautivado con Yua. Aspecto que pareció notar Noah, del quien siempre había sido su más cercano amigo.


—Llegamos —anunció Nichol, el chico que se había encargado de conducir.

—Espera, te abriré la puerta —murmuró Noah.


Cleoh esperando a su mejor amigo, miró por ultima vez el rostro adormilado de Yua. Algo dentro de sus pensamientos, consideraba impresionante la capacidad de dormir de la joven. No era algo malo, de hecho lo consideraba tierno, pero por esa misma razón, tenía miedo de que siendo tan indefensa, se involucrara con ellos.


—Cleoh... —Noah llamó su atención con la palma de sus manos en su rostro.

—Oh sí, perdón —cuidadosamente y tratando de no moverse tanto, pudo bajar del vehículo con éxito.


Una vez con sus pies tocaron la tierra, la mansión que tanto había visto por los últimos años, se manifestó ante sus ojos. Una construcción tan grande como un parque completo de color azul oscuro con reflejos blancos.


—¿Se adaptará? —con esa pregunta, miró a su mejor amigo.

—Deberá —le contestó angustiado.

—Dean me informó que nadie nos siguió, por lo que podemos estar tranquilos por ahora —informó Nichol que venía a penas de estacionar la vagoneta en un pequeño estacionamiento que la mansión incluía.

—Eso es bueno, estaremos en paz por algunos meses —reafirmó Noah.


Sin agregar nada más a la conversación, Cleoh caminó hasta la entrada de la mansión. Miró hacia la parte de arriba ligeramente, y una luz verde se encendió. Click, fue el sonido que hizo la cerradura de la puerta para finalmente abrirse. Noah y Nichol que no tuvieron más remedio que seguirlo, entraron detrás de Cleoh. Una vez adentro, el color blanco y negro llenó su visión. La recepción de la mansión que solo contenía algunos sillones y una mesa central, tenía como invitado a Lucas.


Rápidamente al escuchar a sus compañero entrar a la habitación, se levantó emocionado. Curioso se acercó a Cleoh que seguía teniendo entre sus brazos a Yua.


—¿Es ella, es ella? —cuestionó emocionado tratando de tocar el rostro adormilado de la joven.

—Lucas, baja la voz —el nombrado miró con recelo a Cleoh que lo había regañado.

—Wah, como era de esperar del jefe —todos miraron expectante a Lucas —. Tiene los rasgos de su madre, que por supuesto, es una mujer hermosa.


Riéndose un poco por la inocencia de Lucas, Noah jugó con el cabellos del que era el menor de todos por el halago involuntario que le había hecho a la joven durmiente.


—La dejaré en la habitación principal —todos miraron a Cleoh, y afirmaron con la cabeza.


Había llegado.


La única persona que decidiría quien sería el próximo jefe.


Todos los chicos se estremecieron ante ese hecho.
















23 de Septiembre de 2020 a las 13:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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