suncastillo14 Sun P. Castillo

Cassie se cambia de instituto con la esperanza de poder huir de los errores de su pasado. Completamente renovada y decidida a jamás volver a caer en la presión social, ni mucho menos aguantar a los acosadores, conoce a Sol, una chica poco empática con los demás, a quien no le importa los problemas del resto y a Lexa la pareja no oficial de Sol, quien no perderá ninguna oportunidad para interponerse entre ambas. Las dos chicas trataran de enfrentarse a sus problemas mientras caen enamoradas, ¿Podrá Sol dejar su inclinación a las relaciones tóxicas y su mentalidad autodestructiva?, ¿podrá Cassie perdonarse por lo que hizo y sacar fuerzas para enfrentarse a lo que se le avecina?


LGBT+ Todo público.

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Capítulo 1

—¿Cuál es tu problema? — La empujé lo más fuerte que pude, pero mis labios seguían sintiendo sus labios. Ella me miraba de una manera en la que jamás me habían mirado, como si me pidiera ayuda y la vez me recriminara mis acciones. Sus ojos no estaban furiosos, estaban confundidos y avergonzados. Bajó la mirada y en ese momento supe que la había lastimado. Mi corazón seguía latiendo muy fuerte y el oxígeno comenzaba a escabullirse alrededor de las dos así que solo hui, y mientras lo hacía, regresé la vista, solo para poder ver que ella no se había movido ni un centímetro, verla así me dolía, sabía que me arrepentiría si la dejaba de esa manera, pero tenía tanto miedo.

En cuanto crucé la puerta del baño, quise regresar de inmediato, quería entrar de nuevo y abrazarla, decirle que todo estaba bien, pero algo dentro de mí no me lo permitía.

●●●

Meses atrás...

En cuanto abrí los ojos quise cerrarlos de nuevo, y es que aún me cuesta entender como existen personas que son capaces de levantarse en cuanto la alarma suena, el sonido repetitivo y fuerte que emanaba de mi celular era insoportable sin importar que tipo de tono fuera, era peor cunado utilizaba una canción, porque terminaba odiándola con todo mi ser.

Debía salir temprano de casa quería ubicarme un poco en el nuevo instituto, o por lo menos eso es lo trataba de decirme para no admitir que en realidad quería evitar el incomodo momento de entrar en la clase una vez iniciada o peor aún, equivocarme de clase.

Terminé de bajar las escaleras a la vez que cepillaba mi cabello y trataba de recordar si algo me faltaba, cuando el olor del desayuno se interpuso en mi camino y me provoco unas increíbles ganas de vomitar.

El día apenas había comenzado y yo ya estaba sufriendo, y sé que esto sonara exagerado, pero enserio quería probar los pancakes con chispas de chocolate que mi papá había preparado en conmemoración al primer día de clases, con la intención de que comenzáramos con el pie derecho, pero al final lo único que pude hacer fue tratar de no vomitar en todo su esfuerzo.

El clima por otro lado estaba mejor que en mi antigua ciudad, con un abrigo bastaba para estar a la temperatura adecuada, y el vecindario también era muy bueno, por lo que de alguna manera se podía decir que mudarnos había sido una buena decisión, pero, el camino no se volvió más ameno con solo considerar las nuevas ventajas que mi situación actual presentaba, de hecho, me hacía sentir culpable, y esa sensación mezclada con el nerviosismo persistente desde la noche anterior, me hacían querer rezar para pedir que mis manos sean la única parte de mi cuerpo que este sudando.

Estaba tan concentrada en mis divagaciones matinales, que toparme con la gigantesca puerta de vidrio de la entrada al instituto me dejo pasmada por un momento. Se podía ver el interior con solo acercarse un poco y no fue difícil notar que mis futuros compañeros aun no llegaban, de igual forma atravesé la puerta y comencé a avanzar con una lentitud propia de alguien que no tiene ni idea de a donde está entrando y mi extrañeza debió ser tan obvia, que enseguida llamo la atención del conserje, que se encontraba terminando de limpiar la pizarra de anuncios, no era un hombre muy alto, tenía la piel bronceada y por sus mejillas se podía notar que recientemente había tomado demasiado sol, lo que contribuía o dotar a su rostro de un aire cálido y gentil.

Por suerte tuvo la amabilidad de indicarme el camino a la cafetería y como llegar a la oficina del consejero estudiantil, pero me advirtió de antemano que no podría encontrarlo tan temprano porque tenía la mala costumbre de llegar siempre tarde, “lo que le falta de puntualidad, le sobra de amabilidad” me dijo apaciguando mi nerviosismo.

Comencé a caminar por el pasillo asegurándome de enfocarme en la señalética disponible para evitar perderme en el futuro y mientras giraba a la derecha para entrar a la cafetería, me detuve un momento para observar al chico que estaba atravesando el pasillo que yo estaba a punto de dejar, su mirada estaba centrada en el suelo y caminaba por pura inercia, seguramente porque el camino que estaba transitando ya debió haberlo cruzado miles de veces, su mandíbula estaba apretada, y sus manos estaban cerradas en dos puños, que trataban de relajarse pero que volvían a demostrar el enojo que los manejaba, creo que de no ser por su apariencia de estar a punto de explotar me habría acercado para tener a alguien con quien hablar, pero prefería seguir mi camino y alejarme de los problemas que seguramente también venían tras de él.

Cuando entre en la cafetería lo primero que capto mi atención fue el increíble ventanal que estaba en toda la pared lateral, de hecho, la mayor parte de la pared era ese ventanal, no sé a quién se le ocurrió esa idea, pero era tan hermoso poder ver el bosque que delimitaba la escuela y poder sentir la frescura de la mañana, hasta podía imaginarme los sonidos de los pájaros cantando desde las ramas. No era la única en ese lugar, pero me importaba tan poco, porque me encantaba poder sentir la libertad tan cerca de mí. Decidí sentarme en una de las mesas que estaba más cercana al escape mental que representaba ese bosque y aunque aún hacía frio, valía completamente la pena, pero la paz no duraría mucho, porque los reclamos de un chico me obligaron a centrarme en la realidad.

Era el mismo chico que había visto hace un rato, estaba de pie con la cara roja gritándole a una chica que no parecía importarle menos sus reclamos, lo que hacía que él se enojara aún más. La pelea unilateral duro solo unos minutos, y terminó con la salida de ese chico, acompañada por un golpe a la pared, que si bien era una acción que detonaba enojo, no estaba segura cómo funcionaba para calmar el estado de ánimo, aunque si tomas en cuenta que el dolor físico puede apaciguar el emocional, podría tener lógica, aun así, ¿no es demasiado exagerado golpear la pared por una pelea?

Aunque la pelea ya había terminado, mi mirada no pudo despegarse de ella, quería saber su nombre y escuchar como sonaba su voz por alguna razón que aún no entendía. Se mantuvo de pie con la cabeza fija en la puerta, viendo como él se alejaba, por un momento llegue a pensar que lo seguiría, pero dio la vuelta y comenzó a caminar con dirección a donde yo estaba sentada, mientras buscaba algo en su bolso, para cuando llegó a mi mesa y me miró, mi corazón ya estaba al borde del precipicio.

Lo único que pudo salir de mi boca fue un nervioso “Hola”, que modulo mi voz de una manera un tanto chillona, aclare mi garganta esperando a que me contestara, pero su respuesta fue inspeccionarme con su mirada, seguí hablando explicándole que era nueva y no sabía que esta era su mesa, mientras en silencio ella esperaba a que me callara para poder hablar. Al final se sentó al frente mío en la otra silla de la mesa, y tras ofrecerme un poco de café comenzó a concentrarse en su lectura, yo por otro lado no podía dejar de verla, estaba concentrada en la manera en la que el sol entraba por el ventanal y se incrustaba en su cabello, veía como pasaba las hojas de su libro y como de vez en cuando alzaba sus ojos, solo para bajarlos enseguida, al darse cuenta que yo no podía dejar de mirarla.

28 de Septiembre de 2021 a las 21:15 2 Reporte Insertar Seguir historia
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