gonzalo-baleato1558951351 Gonzalo R Baleato

James Mattco es un joven que fue abandonado por sus padres por nacer con una condición que como muchas, no era bien vista en Cidadforth, la ciudad en la que vivían, y que se pagaba con la muerte al estar adueñada por una organización criminal cuyas ideas de un lugar libre de rarezas, es el asesinato indiscriminado. James tendrá que viajar a su ciudad natal para encontrar a sus verdaderos padres y eliminar a esa organización denominada Esfera Negra. Lo que aún desconoce, es que apenas un año después vivirá el inicio de una pandémia en la que puede ocasionar que todo el mundo sufra un importante cambio, y tal vez esté vinculado a toda su historia. LIBRO COMPLETO EN: https://www.bubok.es/libros/263373/DEFFORHIUMAN


Cuento Todo público.

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DEFFORHIUMAN

...Un domingo, después de quedar con Sheily, llegando la hora de la cena, regreso a casa. En cuanto llego me adentro en ella, voy a la cocina y está toda la familia preparando la cena, y parece una buena cena.

— ¿Qué pasa zorro? —Ya empieza Ricky a venir a por mí.

—Zorro lo será tu padre —contraataco sin haberlo pensado bien.

— ¡Niño! —Me alza la voz, papá.

—Perdón, perdón, papá —le pido disculpas mientras veo a mis hermanos y a mamá reírse— La culpa es de Ricky que no hace más que provocarme. Te voy a partir las piernas —me dirijo al instante a mi hermano con una sonrisa.

—Ya lo harás después —habla nuestra madre— ahora poned la mesa, que la cena casi está.

Mis hermanos le hacen caso y comienzan a llevar platos, cubiertos, vasos y todo lo que hace falta. Yo me sitúo entre mis padres y les pregunto:

— ¿A qué viene toda esta comida? ¿Que se celebra?

— ¿Tu hermana no te lo dijo? —Me pregunta mamá.

—A mi no me dijo nada. ¿Decirme el qué?

—Va a venir un amigo suyo.

— ¿Un amigo? —Les pregunto irónico y vacilante—. ¿Pero un amigo… amigo, o un amigo… amigo? —Continúo cambiando el tono de voz y con una expresión de picardía en el semblante.

—Eso se lo tendrás que preguntar a ella —contesta mi padre—. Y borra ese rostro antes de que lo haga yo.

— Vale —obedezco con un ligero toque de humor y al instante voy al salón.

Al entrar, me sitúo delante de mi hermana para preguntarle.

—Aparta del medio, cabezón. —Comenta jocosa y de forma desagradable.

— ¿Quién es ese amigo tuyo que viene a cenar?

—Ya lo vas a conocer, ten paciencia.

— ¿Pero cómo se llama?

Antes de que me contestara, escuchamos la deceleración de un coche y al momento un bocinazo. Eliza sabe que es el chico y va a abrirle el portal de afuera. Mientras, mis padres traen la comida que prepararon, y después nos situamos de pie en el salón mirando la puerta de la entrada para recibir a ese joven.

—Familia, —habla Eliza una vez que entra en casa con su amigo— os presento a Korak.

Al verlo, el asombro que se produce en mi rostro por descubrir de quien se trata, me impide reaccionar a tiempo. Miro a Carlt, y él me devuelve la mirada con la misma expresión en su cara.

—Es un placer conocerte, Korak. —Se presenta mi madre acercándose a él para darle dos besos y dar luego a conocer al resto de la familia— Soy Keira. Este es mi marido; Jonh y mis hijos; Ricky, Carlt y James.

Después de que mi padre le estrechara la mano, Ricky fue el siguiente en saludarlo.

— ¿Cómo lo llevas, tío?

—Bien, gracias —responde el joven—. Un gusto conoceros.

Sé que Korak nos ha reconocido, a Carlt y a mí. Pero lo que no entiendo es porque actúa normal. Hasta nos ha saludado con una gran sonrisa. Esto no tiene buena pinta.

—Venga —prosigue mamá— vamos a sentarnos que la cena se enfría.

Todos nos sentamos, no obstante, yo no aparto los ojos del chico. Me parece demasiado raro y casual esto. Puede que sea un paranoico, pero algo me dice que está aquí por mí. Algo me hace pensar que tiene que ver con la Esfera Negra. Debo sacar información,

En la mesa hay varias bandejas de comida y boles con algunas salsas y otros condimentos. En cada una de las cinco bandejas puedo ver; macarrones, pechugas de pollo, croquetas, hamburguesas de cereales y pan. Y en cada uno de los cuatro boles, hay; carne picada, salsa de tomate, vegetales para las hamburguesas y salsa picante.

—Y dinos, Korak —habla nuestra madre mientras todos nos servimos— ¿Cómo os conocisteis tú y mí hija?

—Mamá, —interrumpe Eliza— ¿Ya vas a someterlo al tercer grado?

—Bueno, hija, estamos en familia. Aquí nada es irrelevante.

—No te preocupes, Eli, —pronuncia palabra su amigo— no me importa, tranquila.

Cada vez me está gustando menos. Va de samaritano y temo que a mi familia le guste. Ya solo faltaría que viniese más a menudo. Tengo que impedir que los camele.

—Pues nada, —reanuda la palabra Korak— voy a su misma clase. Y como desde el primer día me pareció una chica simpática y graciosa, quise acercarme a ella.

— ¿Por qué no nos hablaste nunca de él, Eliza? —Pregunta mamá.

—No creí que fuera transcendental para vosotros. No voy a hablar de todos los amigos que tengo, ¿no?

—Mujer, claro que no. Pero sí de los que te traes a casa, ya que eso indica que tienen una cierta importancia en tu vida.

Tras el comentario de mamá, todo se queda en silencio a la espera de alguna respuesta. Mi hermana mira a mamá sin pestañear y sonrojada. Korak sonríe mirando a Eliza. Ricky continúa comiendo sin inmutarse por nada. Carlt y yo nos miramos atentos al grave peligro que podría suponer si Korak formase parte de la familia. Nuestra madre sigue esperando a que Eliza conteste y papá al ver que su hija está incómoda, decide hablar.

— ¿Alguien se va a comer la última hamburguesa?

Todos comenzaron a reírse, Carlt y yo también, aunque de forma forzosa. Lo que dijo nuestro padre y en el momento que lo hizo, sí que fue gracioso. Sin embargo, no nos hace ninguna gracia el asunto de Korak y mi hermana.

—Perdonad, ¿dónde está el baño? —pregunta el chico.

—Subiendo las escaleras al fondo. —Responde mamá.

—Yo le acompañaré, —digo ofreciéndole mi ayuda— que tengo que mirar una cosa en mi habitación.

—Gracias, James. —Me gratifica el joven.

Los dos subimos las escaleras y dejo que entre en el baño mientras yo me dirijo a mi cuarto. Apenas un minuto después, lo escucho salir del servicio, y al pasar por delante de mi habitación, me abalanzo sobre él, empujándolo por el pecho contra la pared de enfrente.

— ¿Ha que has venido? ¿Qué es lo que quieres de mí? Ya he dejado de investigaros, por lo tanto dejadnos tranquilos.

—Controla ese temperamento, James —me responde reflejando una sonrisa perversa en su rostro—. No eres el centro del universo. Estoy aquí por tu hermana, ella me gusta.

—Aléjate de ella y de toda mi familia

—Está bien, puede que le haga una visita a tu amiguita la vecina.

—Será mejor que no juegues conmigo, sabéis de lo que soy capaz. Por vuestra culpa ya no quiere saber nada de mí. Me habéis quitado lo que más me importaba, ¿Qué más queréis?

—Asegurarnos de que no nos vas a intentar joder. Porque alguien sigue cascando a los nuestros y esto lleva ocurriendo desde que tú apareciste.

—Tal vez haya inspirado a otros valientes para acabar con vosotros.

—Te vamos a vigilar de cerca, James.

— ¡¿Que está pasando aquí?! —Nos sorprende Eliza al aparecer por las escaleras— ¡¿Qué estás haciendo, James?!

Miro a mi hermana boquiabierto y balbuceando incoherencias buscando una respuesta lo más rápida y creíble posible.

—No se ha secado las manos y está mojando el parqué.

No ha sido una de mis mejores interpretaciones, pero espero que lo crea.

—James, deja de hacer el idiota y bajad los dos ahora mismo.

—Claro hermanita —obedezco.

—Ahora mismo, Eli. Lo sentimos. —Dice Korak.

Suelto al chico y le coloco bien la chaqueta al mismo tiempo que lo miro de manera desafiante. Eliza por su parte, sigue esperando a que bajemos primero, y así lo hacemos. Al pasar por su lado, puedo observar cómo me mira enfadada.

—Pasa delante que te deshago —me riñe en voz baja propinándome a la vez un golpe en el costado.

— ¡Ay! —me quejo.

Continuamos bajando las escaleras en dirección al salón. Una vez sentados de nuevo en las sillas, mamá trae el postre; gofres con nata acompañado con tarta helada. Tiene una pinta increíble, pero también tiene mucho azúcar, grasas saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas, carbohidratos y colesterol. Eso al menos, todo lo malo que recuerdo, y me estoy cuidando mucho como para meterme en el cuerpo esas explosiones calóricas, por lo tanto, no gracias. Me comeré un plátano que es más sano.

—James, pon el plato. —Me dice mi padre al coger una porción de gofre con la espátula.

—Papá, —lo miro con calma y apacible recordándole de nuevo mi postura ante ciertos alimentos— en el caso de que no fuera un postre fabricado con ingredientes de origen animal industrializado, tengo dos buenas manos para cogerlo yo mismo. Así que, no quiero, gracias.

—Pues no sabes lo que te pierdes.

—Lo sé perfectamente, en el pasado comí alguno que otro, y no se me hace la boca agua al verlo.

La verdad es que sí se me hace la boca agua. El olor que desprende el gofre me activa de tal manera las papilas gustativas que hasta duele.

—Lo que te pierdes. —Insiste sin expresar mejores argumentos.

Después de cenar, soy el primero en levantarme para recoger los platos y cubiertos de la mesa. Mis hermanos y mi madre se levantan y me ayudan, hasta Korak se levanta para hacer lo mismo, pero mamá le dice que no se preocupe, que se siente.

Papá tiene la "brillante" idea de ponernos a ver una peli, por suerte Korak tiene que irse y a los demás no nos apetece verla, a excepción de mamá. Todos nos despedimos del amigo de Eliza, incluso Carlt y yo, aunque yo a disgusto. Al fin se ha ido ese indeseado, pero he visto muchas cosas como para no creer que vino solo a cenar. Si se piensa que soy idiota y que no sé lo que creo que hizo, no me conoce bien.

Voy al salón a coger mi teléfono móvil y veo una notificación del Lix-orewa informándome del ataque de un software espía, lo elimino y me las ingenio para cogerle los teléfonos a mi familia e instalar en ellos el programa. Con mis padres viendo una película de comedia romántica, no me cuesta mucho tomar prestado sus teléfonos. Ricky me somete al tercer grado pero al final lo convenzo diciéndole que lo necesito para restablecer mi correo electrónico porque lo tengo bloqueado. Carlt ni siquiera me mira cuando le pido el teléfono, me dice que lo coja de encima de la cama. Él está con su dichoso juego y apenas hace caso. Lamentablemente no puedo convencer a Eliza, sigue un poco enfadada y además está chateando con no sé quién. Pero al menos tengo el resto de teléfonos y me voy a mi habitación a inspeccionarlos. Ando primero con el de Ricky, le instalo el programa y efectivamente tiene el software espía, se lo elimino y oculto el programa en el administrador de archivos del dispositivo, ahí se almacena todo, no creo que mi hermano se le dé por ojear cada carpeta. Hago lo mismo con el resto de teléfonos y se los devuelvo a sus dueños.

Le doy primero las buenas noches a mis padres, y en ese preciso instante me pregunta mama:

—Un momento, hijo. ¿Tú no tenías que irte hoy para Cidadforh? Mañana trabajas.

— ¡Ah! Que no os lo dije. Mañana empiezo más tarde, ya le digo a Ricky que me lleve.

Ellos me creen y sin más me voy a la cama, no sin antes decirle a mi hermano que mañana me voy con él a Cidadforh. El motivo de ir mejor mañana que hoy es que necesito pasar aunque sea un poco más, tiempo con mi familia. Para la semana ya tengo que terminar con todo; destruir a los malos y encontrar a mis padres biológicos, y el bienestar que siento al estar con ellos me dará fuerzas para conseguir mi propósito, y bueno, tampoco sé lo que me va a pasar a mí.

Debo esperar a que todos se vayan a dormir y poder quitarle el teléfono a mi hermana. Pongo el despertador para las cinco de la mañana y me pongo a dormir.

Me acabo de despertar al oír la alarma. De puntillas me dirijo al cuarto de Eliza y sin hacer ruido. Abro despacio su puerta y un sudor frio recorre mí frente al escuchar el chirrido procedente de las bisagras. Todo en orden, no se ha despertado. Puedo entrar aunque con dificultad en el cuarto y voy a su escritorio para coger el teléfono móvil. Aprisa regreso a mi habitación y soluciono el problema. Ya está, todo arreglado. Vuelvo de nuevo a su habitación y muy despacio dejo el teléfono donde estaba. Al acercarme a la puerta para salir de su cuarto, me golpeo el dedo meñique del pie derecho con el armario que está al lado de la puerta. El dolor es casi insoportable, pero para no gritar me muerdo los dedos cerca de los nudillos y solo suelto un leve grito interno. Voy a mi habitación y me tiro en la cama agarrándome el pie y soplando en donde recibí en golpe. En cuanto se va el dolor me pongo a dormir, pero antes sonrío y me enorgullezco por haber salvado la privacidad de mi familia y sobre todo de la mía, algo que si no fuera así, ocasionaría demasiados problemas. Sin embargo, esto se tiene que acabar. No debo estar a la defensiva constantemente, es demasiado molesto y agotador. Tengo que hacerlo esta semana, cueste lo que cueste.

...

LIBRO COMPLETO A LA VENTA


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8 de Septiembre de 2020 a las 11:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Gonzalo R Baleato Llevo escribiendo algunos años, al principio empecé con un libro, luego con frases y reflexiones y hoy en día continúo con lo mismo y hace un tiempo que empecé a escribir historias cortas.

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