vlad_4th Vlad Tepes

Selene es una chica universitaria, es bella, popular y bastante «geek». Ama la cultura japonesa y sobre todo el cosplay. Por desgracia, esa afición la ha puesto en la mira de un siniestro personaje que parece estar obsesionado con ella. Aun no la ha lastimado, pero la ha obligado a presenciar perturbadores actos de sadismo y masoquismo en otras jóvenes mujeres. Ella no puede contarle a nadie por miedo a que tome represalias. Y lo que más la aterra es no saber cuándo terminará ni hasta dónde llegará…


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

#adultos #sexo #erotica #shibari #fetiche #esclava-sexual #tortura #sadomasquismo #disfraces #azotes #ataduras #cosplay #secuestro #misterio #suspenso #bondage #bdsm
4
3.0mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

OBERTURA

«Todo hombre alimenta un secreto sueño, que no es la bondad ni el amor, sino un desenfrenado deseo de placer y egoísmo.»

Gabriele d’ Annunzio





En un cuarto de motel barato solo se escucha el sonido de un viejo y desbalanceado ventilador de techo y una respiración acelerada. En el centro de la habitación hay un extraño artefacto de madera maciza que contrasta con el desgastado y corriente mobiliario del motel: se trata de un cepo, uno de esos instrumentos de tortura y humillación pública utilizados en la antigüedad; donde los acusados eran expuestos al escarnio del pueblo sujetos por el cuello y las muñecas con gruesos tablones.

A diferencia de esas deterioradas y enmohecidas piezas de museo, éste era nuevo y reluciente. Hecho de madera de roble sólido, perfectamente pulido y lacado. Con brillantes tornillos y bisagras de acero inoxidable.

Prisionera de dicho aparato estaba una joven mujer, de cuerpo delgado y atlético, con una larga cabellera color carmesí. Los agujeros del cepo estaban un poco más abajo que la altura del pecho, por lo que tenía que estar inclinada hacia adelante con la espalda casi en posición horizontal. El cepo contaba, además de esos tres orificios principales, con otros dos en la base para sujetar también los tobillos.

Su cara, hermosa por naturaleza, estaba distorsionada en una mueca grotesca. Había una mordaza en su boca. Pero no era un pañuelo o algún otro objeto que cubriera o llenara la cavidad; al contrario, consistía en un anillo de metal colocado entre sus dientes, tan grande que hacía que su quijada se abriera de una manera antinatural y pareciera que se iba a dislocar. Debido a que no podía cerrar la boca y que el cepo la mantenía mirando hacia abajo, su saliva no podía hacer otra cosa que escurrir hacia el suelo. Frente a ella, un charco de líquido cristalino y resbaladizo iba creciendo poco a poco.

Su cuerpo desnudo mostraba claros signos de haber sido azotado con un objeto largo y delgado. Incontables líneas rojas y blanquecinas entrecruzadas se marcaban en la piel como una red envolviendo sus glúteos, muslos y espalda.

Junto a ella, un hombre de pie observaba complacido su obra. Estaba vestido de negro, usaba una máscara de plástico rígido que ocultaba todo su rostro. En su mano aún sostenía la fina vara de madera de un metro y medio que había utilizado.

Sobre la cama, alguien había arrojado de manera despreocupada unas prendas de vestir, aún conservaban la dulce fragancia de la piel de la joven.

Por último, a unos metros de distancia sobre un trípode, una cámara encuadrando toda la escena.

Él se paró frente a ella, la chica levantó el rostro con lentitud para verlo directo a los ojos; aunque solo pudo ver su propio reflejo sobre unos lentes de acrílico tintado. Estaba exhausta, apenas podía sostener su cabeza, respiraba jadeando por la boca y lágrimas corrían en abundancia por sus mejillas pintando surcos con delineador corrido. Pero ella no parecía haber perdido del todo su brío. Sus ojos mostraban un fuego ardiendo en ellos. Su actitud aún era desafiante a pesar del predicamento en que se encontraba. Trató de decir algo, se escuchó como: «Ya déjame.» Pero la mordaza convertía cualquier palabra que intentara decir en gemidos guturales ininteligibles.

Sea lo que haya dicho ella, pareció provocar al hombre aún más; bajó la cremallera de su pantalón sacó su pene y lo puso frente a su cara. La salivación incontrolable de ella lo empapó por completo. Él frotaba con su mano para distribuir el viscoso líquido por toda la superficie de su miembro. Cuando creyó que era suficiente, colocó una bolsa de plástico transparente sobre la cabeza de la joven y con cinta adhesiva la selló alrededor de su cuello sin dejar ningún espacio para que circulara el aire.

La chica quiso gritar, pero sabía que eso agotaría el poco oxígeno que le quedaba; así que trató de controlar su ansiedad e hizo un gran esfuerzo para respirar lo más lento posible.

El sujeto se colocó detrás de ella, y sin más preámbulo insertó su miembro erecto dentro de su hendidura. El sorpresivo intruso provocó que ella inhalara con brusquedad y echó por tierra sus intenciones de hacer durar el aire que le quedaba.

El hombre embestía cada vez más rápido, ella también respiraba más deprisa. Cada inhalación hacía que el plástico cubriéndola se pegara a su rostro. Pero cada respiración era más difícil que la anterior. El oxígeno era cada vez más escaso. El pánico comenzó a llenar cada neurona de su cerebro. Las zonas más básicas de este iniciaron una angustiada lucha por su vida. Su torrente sanguíneo se inundó de adrenalina, todos sus músculos se tensaron. Luchó por liberar sus manos o sus pies de sus confinamientos, pero el diabólico artefacto estaba muy bien construido y no cedió. No iba a ir a ninguna parte a menos que él la soltara, y no parecía tener intenciones de hacerlo. Ella estiró los dedos de sus manos, trató de acercar lo más posible su cabeza hacia ellos para tratar de arrancar el plástico, primero a la derecha, después a la izquierda, pero nada, no pudo librar la distancia que los separaba.

La batalla parecía excitar aún más a su verdugo, quien acariciaba su espalda, sus costados, alcanzaba sus pechos y los apretaba con fuerza y cambiaba de ritmo. Quería aplazar al máximo su clímax.

Ya no le quedaba más aire respirable. La bolsa humedecida por su aliento, saliva y sudor se había quedado adherida a su piel. Ella succionaba con toda la fuerza de su tórax, lo que hacía que el plástico sobre su boca se hundiera hasta casi tocar su paladar. Si tan solo pudiera morderlo y rasgarlo con los dientes, pero el anillo no permitía mover la quijada ni un milímetro. Sus músculos se tensaron dejándola inmóvil como una estatua. Sus dedos congelados en una posición que los hacían parecer garras de animal. Sus ojos, a pesar de estar abiertos, desorbitados, comenzaron a dejar de ver y poco a poco todo se volvió negro.




5 de Septiembre de 2020 a las 04:10 2 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo PRIMER ACTO - Cayendo en la telaraña

Comenta algo

Publica!
K. H. K. H.
¡Hola! No sé si te acuerdes de mí. JAJAJAJA hace unos años leía tu historia en Wattpad y hablamos un par de veces por mensajes. (Mi usuario era Filos o Púrpura Profunda) recién volví a entrar y recordé la historia y que no la seguí así que espero que no la hayas dejado o me muero. :')
October 02, 2020, 03:17

  • Vlad Tepes Vlad Tepes
    ¡Saludos, que gusto! Gracias por haberme encontrado de nuevo, jeje. Apenas hace unas semanas regresé a estos lugares, tenía años que no subía nada, desde que me borraron esta historia de Wattpad jeje. Todavía no la termino de subir, apenas llevo el primer acto, me falta subir los otros dos, pero sí la voy a seguir subiendo aquí. Muchas gracias por seguirme acá también y por tu comentario. XD October 02, 2020, 03:57
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 42 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas