mr_riz_rhymer Riz Rhymer

A veces la guerra es inevitable, y cuando esta llega, las pérdidas son más que inminentes. Cuando sufrimos una, tenemos dos opciones: amargarnos por haber perdido a nuestros seres queridos, o alegrarnos por aquellos que aún comparten vida con los suyos.


Cuento Todo público.

#2020 #covid #pandemia #guerra #espada #ciego #japón #Ishida #katana
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El reencuentro

Indiscutiblemente, era sorprendente el hecho de que Ishida no hubiera olvidado su rostro, pero dejaba de serlo cuando se recuerda que sus manos nunca olvidan una superficie que ya han recorrido antes. Sus ciegos ojos comenzaron a despedir cristalinas lágrimas de alegría, y mientras estas caían, el brillo de la luna se reflejaba en las vainas de las espadas colgadas en su espalda.


Yo los veía con tal envidia, con tales celos, pero a la vez con tanta felicidad de que se volvieran a encontrar al fin. Tal vez no fue correcto sentir lo primero, pero aún así yo quería ver a mi esposa. Todos perdimos a alguien en esa guerra. Youken perdió a sus padres, Nikita perdió a sus amigos, y yo perdí a mi mujer. Ishida fue el único suertudo que pudo recuperar a aquella persona que creía muerta tras haberla perdido en la Segunda Guerra de Clanes.


Tan solo podía ver cómo las manos de Ishida y de su hermana se unían, entrelazando sus dedos, mientras sus frentes se tocaban y sonrisas de extrema felicidad adornaban sus rostros. Ella prácticamente había vuelto de entre los muertos, después de tres años, y ahora aparecía reluciente, como si nunca le hubiera sucedido nada, pero con todas las heridas, tanto físicas como emocionales, que el estar en combate le había dejado. La cicatriz en la mejilla de la chica seguía ahí, al igual que las de los tajos en el brazo, y las del cuello. No cabía duda de que era ella, pero… ¿A caso eso significaba que a quienes perdimos también podrían estar con vida?


La respuesta es no.


Nuestros familiares y amigos eran fuertes y tenaces, sí, pero ninguno tenía el poder que tenían esos dos hermanos que celebraban su reencuentro frente a mí. Nadie en este mundo más que ellos dos posee el poder de sanar un corte directo a la garganta antes de morir desangrado, y nadie tiene el poder de invocar habilidades mágicas ancestrales. Irónico es que a veces esos dos, los seres más fuertes y poderosos del mundo entero, sean tan frágiles e indefensos como una rosa ante las tijeras que la cortan para llevarla a un ramo, el cual pronto marchitará aunque se lo ponga en agua…


Aún después de todo eso, de toda la envidia y los celos sanos, ellos dos son lo que me queda de familia. Son mis únicos amigos, y pienso proteger a mis amigos sin importar el costo, así como ellos alguna vez me protegieron a mí, a pesar de que yo intenté matarlos varias veces, y algunas estuve a punto de lograrlo.


Hoy me aterra pensar en el qué hubiera pasado si lo hubiera hecho, si hubiera empujado un poco más mi espada, en si hubiera atacado cuando mi oponente estaba en el suelo… pero hoy también me alegra que ese no fuera el caso, y me alegra que yo no tengo el poder de cambiar el pasado, y me alegra que el único que tenga ese poder divino sea mi hermano de armas, aquel hombre que recibía a su hermana de su regreso de entre los difuntos, porque sé que con él, el tiempo está a salvo.

31 de Agosto de 2020 a las 15:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Riz Rhymer Poeta, escritor, una pizca de filósofo y gran amante de una buena historia. Si, suena muy ñoño, pero es cierto, y me apasiona la literatura, así como me gusta que a la gente le guste lo que escribo.

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