mr_riz_rhymer Riz Rhymer

Al ritmo de la pluma y el papel, el sobreviviente de la Caída de Titanes narra su lado de la historia de una de las batallas navales más icónicas en la historia de los Estados Unidos. Tras haber sido miembro de la tripulación de más de 6 navíos diferentes, su experiencia a bordo de distintos buques de guerra le permite salvar su vida para contar la anécdota, pero con un terrible precio a pagar para salir de ahí sano y salvo.


Acción Todo público.

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La entrevista más silenciosa

Bueno... me pidieron que contara mi versión de la historia con respecto a lo sucedido en el enfrentamiento naval conocido como la Caída de Titanes. Yo no quería, pero bueno… no se puede tener todo lo que se quiere. Es decir, al haber sido miembro de la tripulación de tres navíos de guerra en un solo día, era de esperarse que me quisieran entrevistar. Como me opuse a tener una entrevista oral, me dijeron que contara por escrito mi historia completa en la Marina. Me sentaron en una sala vacía dentro del USS Arcángel y me dieron una pluma y un fajo de hojas de papel.


Supongo que ahora procederé a contarles lo que escribí acerca de lo sucedido con respecto al USS Nimitz, el USS McAlister y el USS Centinel.


Lo que supuse que sería lo adecuado para comenzar a escribir fue pensar cómo llegué a formar parte de la Marina Norteamericana y cuál es mi historia dentro de la misma hasta los eventos del 19 de octubre de 2045.


Pues empecemos por lo primero. Mi nombre es Stephen Phoenix. Me enlisté en la marina a los 19 años. Inmediatamente me asignaron al destructor USS Vector. Tras dos años sirviendo en ese navío, fui transferido al USS Silverado, un portaaviones de tamaño más que decente. Ahí es donde empieza lo divertido, porque ese era un portaaviones de la clase Enterprise el cual fue renombrado como Silverado debido a sus remodelaciones debido a un combate en el que estuvo presente.


En ese portaaviones serví por unos tres años, y fui parte de múltiples programas cooperativos internacionales, con la participación de Japón, Alemania, Inglaterra, México, Argentina, Rusia e incluso Egipto. Conocer las tácticas de otros países me sirvió bastante para mejorar en mi trabajo, así como a los demás países les sirvió también.


Para una extraña triada muy poco usual, terminé siendo transferido al USS Centinel un acorazado ampliamente conocido por su icónico número de la suerte: el número 13. Todos a bordo tenían un número 13 tatuado a su propio estilo, y yo no fui la excepción.


Todos ahí tomaban el 13 como un número de la BUENA suerte, porque ese navío había visto más combates que cualquier otro en toda la Armada estadounidense, y a todos los había sobrevivido. Algunos le dejaron cicatrices bastante notables, como los patrones de pintura en los costados del casco, incompletos debido al cambio de placas de coraza por las reparaciones, y otras más pequeñas, como la icónica bala de cañón incrustada en el muro del puente. Nadie sabe cómo sucedió, pero al intentar repararlo, los ingenieros descubrieron que si quitaban la bala, toda la estructura se vendría abajo, así que decidieron dejarla.


Serví en el USS Centinel hasta que se terminó mi tiempo de servicio mínimo, pero yo quería seguir siendo parte de la tripulación, así que me quedé. Otros dos años pasaron, y fue cuando los sucesos del enfrentamiento del 19 de octubre del 45 que mis días de estadía en el Viejo Trece se acabaron. Sinceramente, el Trece siempre fue mi favorito. De los múltiples navíos en los que he estado como tripulante, el Trece siempre fue, y será mi preferido.

31 de Agosto de 2020 a las 16:23 0 Reporte Insertar Seguir historia
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