lihuen Lihuen

Dos hermanas aprovechan a escapar de su casa, cuando su madre que es una bruja viaja para el ritual que iniciaría a la hermana menor en la magia. Un día les llega la noticia que su hermana menor a sido asesinada, lo cual hace que una de las hermanas regrese al pueblo.


Cuento Todo público.

#remordimientos #venganza #brujas #hechizo
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el nacimiento


No podremos irnos sin nuestra hermanita, insisto mientras tiro del bolso de mi hermana.

Yao me clava sus ojos negros y me da un fuerte empujón.

Si quieres quedarte por ella adelante, pero yo no lo haré. Es ahora o nunca hermanita, y lo sabes bien.

Es una noche sin luna y las nubes languidecen trayendo la lluvia. Me estremezco cuando veo a Yao cruzar el portón y desaparecer dejándome aquí toda moreteada.

La casa de piedra en la que vivo se hace más fría sin Yao mi lado. Ella era mi guardiana y protectora, su fuerza y su valor me ayudaban a espantar mis miedos que me deterioraban día a día.

Es ahora o nunca hermanita, me había dicho ni bien nos quedamos a solas. Y por un lado tenía razón. Era el momento de escaparnos sin impedimentos. Nuestra madre había partido con nuestra hermanita para darle el bautismo de la magia lo cual sabíamos bien que la mantendría lejos por unos cuantos días. Pero por otro lado, partir y dejar a la pequeña en sus manos macabras me llenaba de culpa.

Entiende que no somos responsables de nuestra hermana, me había dicho mi hermana unas mil veces. Es nuestra madre la responsable de cuidarla y también debería hacerlo con nosotras. Pero a ella no le importamos. Nos tiene aquí como sus esclavas porque le damos vergüenza y porque nos odia. ¡Nos odia tanto que tarde o temprano nos destruirá! Pero yo no le daré el gusto.

¿Y no te importa que destruya a nuestra hermanita?

No lo hará. Ya sabes que la adora, ella nos lo ha dicho muchas veces.

Pero la hará malvada como ella.

Yanela crecerá como lo hicimos nosotras y podrá escapar si le place. Ahora quítate de mi camino.

No lo hago. No me muevo. Y cuando me empuja de nuevo le salto encima haciendo que caiga hacia atrás. Los puños vuelan y la sangre salpica mi cara ella me hace un lado y pasa por enzima mío directo a la puerta.

Es la primera vez que Yao me ha pegado y por eso quizá me duela tanto. Me arrincono en un manojo de frazadas que no logran sacarme el frío de la soledad. No podré sobrevivir sin Yao, sollozo. No podré hacerlo sin ella.

Los símbolos mágicos que cuelgan de las paredes se hacen sombras gigantes que no me dañan pero tampoco me protegen. ¿y porque deberían hacerlo? Después de todo mi madre siempre reniega de nuestra sangre.

¡Preferiría mil haber sido estéril que haber tenido escorias como ustedes! Ya tienen trece y doce años y aun poseen la sangre roja! ¡Roja! Vómitos humanos. Esos son. Menos que los desechos que flotan en las cloacas.

Me cubro los oídos para no oír su voz chillona, ni sus carcajadas hirientes. Ella no odia, me dice Yao. No odia tanto que no destruirá.

Me paro y empiezo a recoger mi ropa que pongo en una mochila. Mis manos tiemblan y mis lágrimas me ciegan. Tomo una foto del cuarto de Yanela y la aprieto contra mi pecho. me voy hermanita pero prometo volver por ti.

En la foto la pequeña me sonríe bajo una mata de rizos que ahora se ven como una cascada de bucles que le llegan hasta la cintura. Han pasado diez años. Diez años que nos han separado de aquella niña de seis añitos que ahora nos llega en la foto de una adolescente que encabeza la noticia más triste que he leído.

Aun no puedo creer que esté muerta, le digo a Yao mientras me limpio las lágrimas.

Ella no llora pero intenta consolarme agarrándome las manos.

Léeme la noticia, me pide y yo lo hago aunque por momentos me quedo sin voz.

Una joven adolescente que luego sería identificada como Yanela Martínez ha sido encontrada muerta en el bosque cerca del lago Los Cisnes…al parecer la joven ha muerto de una forma misteriosa ya que no tiene marcas ni heridas….la policía seguirá investigando la causa de su muerte…

Mis manos tiemblan, el diario se rasga y yo ya no puedo seguir leyendo. La culpa me quema por dentro. Es la culpa por no haber cumplido mi promesa. Y ahora ya es tarde.

Voy a ir al funeral le digo a Yao.

Sí que estás loca, me dice y se levanta para marcharse a su hogar.

Yao siempre ha sido una mujer desapegada y poco sentimental. Ya cuando eramos chicas y sufríamos el bulling de la escuela ella nunca se sentía herida, además de que jamás le tuvo miedo a nadie.

Ya es suficiente este infierno que nos toca vivir en casa, como para que enzima les permita lastimarme. Yo admiraba su valentía amazónica que la fue convirtiendo en un icono de rebeldía en la escuela.

Yao era la mayor y como tal era la más sobre cargada en la casa. Yo como la del medio pasaba más desapercibida a los ojos de mi madre. Eso era algo que Yao me recriminaba, no obstante ser la del medio también tenía sus desventajas.

Por ser la del medio siempre era la más incapaz, la más inservible, la no confiable y la menos querida ni siquiera como enemiga.

Después de dos días, el colectivo finalmente a llega al pueblo Las Sombras, nombre que le viene bien dado toda la oscuridad que en él se esconde.

Camino casi sin rumbo por las calles de tierra observando que después de diez años el pueblo ni ha crecido ni ha menguado. Y por la poca la gente que pasa, me da la sensación que las personas mayores ahora están más viejas, que los niños pequeños ya han crecido y que los que eran jóvenes se han marchado. Es como si una generación se hubiera perdido.

Me detengo al frente de un kiosco para comprar uno de los diarios y de paso intento sacarle información al hombre.

Entonces, ¿usted vivía en este pueblo?

Así es, me fui cuando tenía doce años.

Me observa de forma curiosa. Sus pequeños ojos marrones parecen escrutar mi cara.

Te veo cara familiar, me dice. Me haces acordar a alguien pero sería imposible.

Soy la hija de Greta Faron

¿l-la hija de Greta? Creí que sus hijas habían desaparecido

Pues nos escapamos, eso es verdad.

Entonces has vuelto por la muerte de tu hermana pequeña.

Sí. Digo con un hilo de voz.

Sé que no es de mi incumbencia pero se dicen muchas cosas sobre tu madre y las artes oscuras que practican ella y sus seguidoras.

Lo sé, por eso nos fuimos

Me extiende un una piedra que parece cuarzo, solo que al sol cambiaba su color.

¿Qué es?, pregunto eclipsada por la belleza de la piedra y su calidez.

Es un amuleto. Se abre la camisa y me muestra la que lleva colgada de su cuello. Es igual a la que me ha entregado solo que sus tonos parecen más intensos.

¿Por qué me obsequia esto?, le pregunto, usted apenas si me conoce.

Has sufrido mucho en manos de tu madre pero así y todo has vuelto para el entierro de tu hermana. Eso demuestra que eres una niña de un corazón sensible y bueno que merece tener una oportunidad, y si este amuleto no ellos no te dejaran en paz.

Me alcanza el diario y me desea buena suerte. Yo me alejo sintiéndome una extraña no tan extraña en aquel lugar.

La cabaña que he elegido para mi residencia de solo un día es acogedora. Tiene un hermoso ventanal que da al lago de Los Cisnes que está justo debajo del faldeo de la montaña. Es un paisaje que me trae muchos recuerdos. El bosque es sobre todo la cuna las prácticas ocultistas de mi madre. Prácticas que tienen siglos de existencia y que aunque las mamé de pequeña nunca pude entenderlas; tal vez porque no nací bruja como mi madre pretendía; no nací para ser bruja y por ende mi sangre nunca se volvió negra. Quizá porque cuando debí amar la magia, le tuve pavor. Los rituales sangrientos, las danzas con los espíritus y las evocaciones a las fuerzas me parecían demasiado feroces que resquebrajaba mi alma sensible. No soportaba los sacrificios y ni siquiera podía aprenderme las palabras del idioma en el que hablan, cosa que enervaba a mi madre.

¿Cómo es que pude engendrar dos hijas que no pueden pronunciar ni media palabra? ¿Porque me castigas Cernunnos? ¿En qué te he fallado?

Yao ni se inmutaba antes sus lamentos y desprecios. Yo sabía que ella no deseaba complacerla y que no se esforzaba por seguir sus órdenes. Por eso yo me sentía peor. Porque yo si me esforzaba solo que no podía manejarlo. No podía y no me salía. Me paralizaba y terminaba en fracaso.

El teléfono suena y la vos de Yao me pone contenta. Hablamos solo por un rato pues sus niños le demandan su atención. Le cuento sobre el hombre y el amuleto y también le cuento que el funeral será al otro día a las tres. Ella me dice algo que no alcanzo a comprender y entonces corta el teléfono dejándome sola otra vez.

De pronto, el aire que respiro se pone denso, y es como si no pudiera respirar. Tomo el diario para abanicarme cuando en eso veo que algo que estaba oculto entre sus hojas cae al piso.

Es un papel doblado en cuatro que, cuando lo empiezo a leer, veo que es un escrito en un idioma antiguo seguido de algunas explicaciones en una letra más pequeña.

Si quieres alejar un espíritu maligno que te acosa dirás:

Milezque tres veces y la tres al revés mientras que con tu manos sostendrás el amuleto para que la energía protectora fluya.

También se recomienda rosear de sal las ventanas, puertas y la cama además de cubrir con mantas blancas los espejos y encender trece velas.

No tengo sal ni velas, pienso, ¿cómo se supone que me protegeré si no tengo esas cosas?

Los nervios me traicionan a medida que sigo leyendo así que me guardo el papel en el bolsillo y decido no darle más importancia.

La noche me asalta con los nervios de punta. El aire parece sisear cosas incomprensible y las sombras se amontonan formando figuras que me atemorizan. Pienso que es mi imaginación y que ni bien me relaje todo volverá a la normalidad, pero los susurros se hacen más potentes y ahora veo extrañas formas moverse y retorcerse sobre las paredes, arriba en el techo, cayendo en forma de lluvia que se escurre por las ventanas, y retornan por el piso, donde se arrastran como serpientes.

Cierro los ojos y me tapo los oídos diciéndome que veo lo que mis miedos quieran que vean. Pero entonces la cama se sacude y las sabanas vuelan cual aves fantasmales. Ya no hay forma de detener esta locura que toma la figura de dos manos que jala mi pelo y me eleva hasta el techo. El terror me enloquece y me anuda la garganta como si me estuviera estrangulando, la respiración me abandona y mis manos caen se acalambran de luchar en vano.

Di Milezque tres veces y la tres al revés mientras que con tu manos sostendrás el amuleto para que la energía protectora fluya

No tengo el amuleto pero hago un esfuerzo por decir la palabra de derecha a izquierda.

La pronuncio en mi mente con fuerza y potencia mientras imagino que el amuleto esta en mis manos. Euqzelim, euqzelim, euqzelim. Y la energía fluye y las manos esqueléticas me dejan caer.

Caigo y despierto como si hubiera tenido una pesadilla. Pero cuando prendo la luz veo las sabanas desparramadas por todas partes, que mi garganta tiene marcas moradas y también me doy cuenta que tengo el amuleto apretado en mi mano.

La mujer del mercadito me con extrañeza cuando le pido que venda varios kilos de sal y trece velas. Es usted una turista muy extraña, murmura, a estas horas comprando llamando a mi puerta para comprar solo sal me resulta raro.

No espero que me entienda pero necesito esto para mi protección.

¿Protección de qué?

Me descubro a garganta y ella me mira espantada. Luego me pregunta quién soy. Le explico que soy Lucero, hija de Greta y que he venido para al funeral de mi hermana.

Lucero la pequeña desaparecida. Ha sido una niña inteligente al irte pero has sido estúpida al volver. Todos en el pueblo sabemos que tu madre era una bruja poderosa desde la muerte de su hermana se rumorea que padece gravemente por su perdida.

Me quedo callada sin saber que decir o que creer. Me toco el cuello y cuento lo que me paso en la noche:

Si cree que mi madre padece gravemente entonces quien me ha hecho esto. Solo mi madre tiene un motivo para hacerme daño, solo ella sabría que estoy aquí.

Ella sacude la cabeza y me entrega las cosas que le pido. Luego me dice que tenga cuidado porque en este pueblo se ha desatado una guerra.

La miro dubitativa pero antes que puerta decir algo me cierra la puerta en la cara no si antes pedirme que no vuelva nunca más.

Rocío de sal siguiendo las instrucciones, prendo las velas cubro los espejos y me meto en la cama con el amuleto en mis manos.

Los espíritus no regresan pero yo no me puedo dormir.

Pienso en mi hermanita y en su muerte, pienso en el hombre que me dado las armas para enfrentar al mal y pienso en las palabras de la mujer del mercado.

Me pregunto muchas cosas. ¿Cómo un hombre que vende diarios es, de pronto, un hechicero tan poderoso? ¿Y porque me ha ayudado sin conocerme? ¿Y luego, aparece esa mujer con esa advertencia?

El amanecer me encuentra tumbada con los ojos bien abiertos en un mar de sal que rodea y trece velas consumidas.

Camino resuelta hacia el quiosco dispuesta a enfrentar al hombre para demandar una explicación. Las calles se me hacen muy pequeñas y el calor de verano se me hace sofocante.

Preferiría que lloviera, pienso, como corresponde a un día de entierro.

El hombre que me atiende me dice que su contra turno ha enfermado y se lo ha llevado la ambulancia de urgencia. Yo le pido la dirección y el me mira con sospecha.

¿Quién es usted y por qué esta tan interesada?

Mi nombre es Lucero y he venido a un entierro.

Entonces usted es la hija de Greta.

Si, lo soy y es urgente que hable con el señor….

Roberto García, así se llama.

En el hospital se niegan a dejarme verlo alegando que el hombre está muy grave y necesita descansar.

¿Qué le ha pasado?, les pregunto.

Se le han reventado algunas venas. Y aún no sabemos la causa.

Puede decirle que ha venido Lucero la hija de Greta, le pido a la enfermera que me mira con sospecha.

¿La hija de Greta?, No me diga que usted es la chiquilla desaparecida.

Asiento con la cabeza y pronto soy la noticia del hospital.

¿Por qué quiere ver usted a eso hombre?, me pregunta el médico que lo atiende.

Solo necesito hacerle una pregunta pero no se puede no insistiré

Bueno mi paciente sabe que usted está aquí y me ha pedido que la deje verlo, aparentemente es de suma importancia. Solo le pido señorita que sea breve pues él está muy delicado, ¿entiende?

Roberto luce como una sombra que agoniza. Sus ojos están rojos y su piel luce violácea. De su cuello cuelgan unos tres amuletos a los que su mano se aferra con fuerza.

Don Roberto que le ha ocurrido?, le pregunto poniedome de rodillas junto a èl.

El me mira con ojos lagrimosos y hace un gran esfuerzo por hablarme pero no puede.

No se esfuerce debe descansar, le digo y le pongo una mano sobre su mano.

El me sonríe con una dulzura que lo dice todo. Luego toma mi mano y me la one sobre los amuletos mientras me susurra: este es tu legado.

Las convulsiones de su cuerpo hacen las enfermeras me saquen de allí a los tirones pero yo no me voy. Es una lucha de espíritus pienso cuando escucho las ventanas abrirse y cerrarse y las puertas golpear aunque no haya viento.

Èl ha muerto luchando. Ha dado la vida por mí, lo sé. Camino lento sobre los caminos que se achican y bajo ese sol de verano que ha dejado de calentar.

¡Señorita Gracia!, escucho que me gritan desde atrás

Me vuelvo y me encuentro con hombre del quiosco.

Esto es para usted me dice y me entrega un paquete.

¿Para mí? ¿Por qué?

No lo sé, señorita solo sigo las órdenes de mi amigo.

Me fijo en el reloj y veo que son casi las tres la hora del funeral así que coloco el paquete en una bolsa y me encamino al funeral.

Las mujeres que rodean la tumba van de negro con capuchas y velos que cubren su identidad. Por detrás hay algunas almas del pueblo y mucho más atrás un joven en silla de ruedas parece estar sufriendo de verdad.

No sé por qué pero me acerco a él y me quedo muy allí en silencio durante todo el funeral. El sol es un haz de fuego que yo lo siento como hielo, y aunque haya silencio, escucho canticos que resuenan en un idioma muy antiguo.

Aseo mi mirada por todas las personas en busca de mi madre. Sin embargo me doy cuenta que ella no está presente.

¿A quién buscas?, me pregunta e joven

Busco a mi madre, le respondo

¿Quien es tu madre?,

Es la madre de la difunta.

¿Eres hermana de Yanela?

Asi es.

El ataúd baja y las mujeres dejan sobe el rosas negras. Yo no tengo flores así que dejo un puñado de tierra mientras que el muchacho deja una rosa roja.

Un rosa roja, que extraño, pienso.

El chico me alcanza en mi camino de regreso y me ofrece llevarme. Todo me ha parecido tranquilo en el entierro, le digo. Muy tranquilo para ser el funeral de una bruja asesinada.

Él se seca las lágrimas y me cuenta que Yanela y él habían vivido un romance prohibido.

La conocí en la escuela secundaria, me contó, pero pertenecíamos a dos grupos diferentes.

Yanela era parte de los que se hacían llamar los hijos de las sombras y yo era parte de los que hijos de la luz.

¿Los hijos de la luz?

Somos un grupo reciente que hemos comenzado a experimentar con la magia en una forma diferente…

Diferente en qué sentido...., le pregunto.

En una forma más positiva, sin dañar a nadie. Lo tomamos más como una forma de conectarnos a la naturaleza. Hace una pausa y suspira mientras mira hacia la ventana. A Yanela comenzó a interesarle nuestra comunidad y poco a poco nos fuimos enamorando. No lo planeamos, solo sucedió.

¿Y que ocurrió?,quiero saber.

Mi padre se opuso y la madre de Yanela también. Hicieron de todo para obstaculizar nuestra relación hasta que ambos decidimos escaparnos. Quedamos en encontrarnos en un lugar pero sucedió que mis piernas dejaron de funcionar y no pude llegar. Y luego supe que ella si fue al lugar porque fue ahí donde la encontraron muerta.

¿Sabía alguien adonde iban a encontrarse?, inquiero.

Habíamos acordado no decir nada y eso hice yo al menos. Peor nunca debí subestimar a su madre, ella debió descubrirlo y prefirió matarla…

Me dejaron a unos metros de la cabaña y luego vi al auto perderse en el bosque. Mi corazón latía de dolor al saber que era cierto que Yanela había sido asesinada por desear escapar.

Sabes que mamá la adora, había dicho su hermana en aquella noche en la decidieron alejarla de sus vidas para siempre.

En la cabaña antes de ir a la terminal abro el paquete que ha entregado el hombre del quiosco. Hay una carta escrita a mano y me sorprende que este dirigida a mí.

“Lucero, verte hoy después de tanto tiempo me ha dado una inmensa felicidad pero también me dio mucho miedo porque seque aquí corres un gran peligro. Primero, antes de continuar quiero decirte que tú eres mi hija. Quizá te preguntes como lo sé, y también te preguntes porque nunca me he acercado a ti. Dejame contarte antes que me juzgues.

Tu madre pertenece a un circulo de brujas que solo admiten mujeres. Y por esa razón buscaban hombres en otros pueblos para que mediante relaciones furtivas pudieran embarazarse de una niña. Poseedoras de un gran conocimiento, estas mujeres lograban siempre lo que deseaban, y con eso me refiero a que siempre tenían solo hijas. Yo era en ese entonces un mozuelo de veinte años, que me dedicaba a la pesca y a divertirme. Tu madre que era mucho mayor y de gran belleza me engatusó con sus grandes ojos verdes y su pasión fueguina. Pensó que podría escaparse de mi así como había hecho con otros pero yo la seguí hasta su pueblo y me quede en el para poder reconquistarla. Al poco tiempo supe que por otras personas que tu madre era considerada una bruja de mucho poder y que si me acercaba me mataría sin dudarlo. No sé por qué decido quedarme, supongo que siempre me habían gustado los desafíos, pero entonces ella empezó a hacer llover las desgracias sobre mis padres y mis hermanos. Me fui enterando de sus muertes en cada noche sin luna. Al principio creí que era por alguna plaga contagiosa pero luego me di cuenta que era porque estaban malditos. Viaje a verlos pero cuando llegue ya no quedaba ninguno con vida.

Regrese dispuesto a cobrarme mi venganza pero entonces supe que estaba embarazada. Se buscarlo en mi cara y me dijo que si no desea morir la maldición me alcanzaría. Yo le dije que hiciera lo que quisiera porque igual yo ya estaba muerto.

Nunca supe porque me dejo vivir. Pero lo hizo. Tal vez leyó en mi mente que yo jamás me acercaría a ti.

De cualquier forma comencé a estudiar las artes ocultistas. Viaje a lugares donde sabía que podría instruirme y me hice de amistades que me fueron aportando muchos conocimientos. Leí e hice anotaciones las cuales encontraras en el libro que de este paquete.

Cuando volví supe que te habías escapado. Me puse feliz pues mis poderes me decían que estabas bien. Ella vino a verme y me maldijo. Pero mis poderes me protegieron, como también te protegieron a ti y a tu hermana.

Yo siempre te he mantenido bajo mi ala Lucero, hasta que pusiste un pie en este pueblo maldito.

Siempre supe que si regresabas se desatarían fuerzas que buscarían destruirte. Y eso a ocurrido hija pero créeme que esta vez no ha sido tu madre.

Tu hermana se enamoró del hijo del hombre más poderoso de este pueblo, tanto en lo económico como en la hechicería.

La mayor parte del pueblo lo obedece y sus posesiones no tienen límites. Tu madre cayó bajo sus encantos pero cuando él quiso dominarla a ella su círculo tu madre se puso en su contra.

Ella era un alma indomable y por eso él la odiaba y la amaba a la vez. Parece que con el tiempo llegaron a un arreglo y èl dejo de provocarla. Lo cierto es que este hombre era además padre de familia y tenía un hijo al que trajo en uno de sus viajes. No conto conque el muchacho se enamoraría del lugar ni le pediría quedare un tiempo. El joven un líder nato comenzó con un movimiento nueva Erista que llamo la atención de la bella Yanela. Y así fue como se enamoraron.

Ahora podrás entender por qué eso no le agrado ni a su madre ni su padre.

Lo cierto es que no sé quién de los dos ha matado a tu hermana o si lo han hecho ambos. Mi poder siempre ha estado enfocado en protegerte a ti Lucero, por eso quizá no me di cuenta que para protegerte debí haber extendido mi ala hacia tu hermana

Mis poderes me dicen que Don Ronaldo intentara destruirte, y como es un gran hechicero no sé si podré sobrevivir a su poder. De cualquier forma, hija, te defenderé hasta la muerte y también te dejaré mi legado. Tú sabrás que hacer. Eres una gran mujer, yo le he podido ver y no porque eres mi hoja sino porque lo he visto en tu aura.

Finalizo la carta con un nudo en la garganta. Busco en el paquete el libro de mi padre y lo aprieto contra mi pecho. Es el tesoro más grande que he tenido en la vida.

Yao me observa con suspicacia.

Me alegra que este viaje no hayas sido en vano, hermana, al menos has conocido a tu padre. De las tres, tú eres la única que lo ha conocido. Ahora si me dejes que te aconseje, quema ese libro y quema esos amuletos que solo son símbolos que atraen desgracia. Hazlo por tu bien y olvida tu pasado como lo he hecho yo. Es lo único que permite que siga con mi vida en paz.

No puedo hacerlo, Yao. Yanela ha sido asesinada, mi padre también y no puedo dejar que los asesinos se salgan con la suya,ademas de continuar controlando el destino de tantas personas. Lo siento pero debo regresar.

¿Pero estás loca?,exclama Yao con los ojos desorbitados. ¿No ves que si regresas ellos te mataràn a ti también? Estamos hablando de gente que domina la magia, hermana, de espíritus a los que un simple un humano jamás podría vencer.

Yo no soy un simple humano.

Claro que lo eres, y también lo ha sido nuestra hermana por eso la mataron, y por eso el chico le tiro una rosas roja. El lo sabia.

Tal vez pero yo ya no soy la misma. Mi madre siempre me hizo sentir una inservible, y al lado tuyo nunca me hizo falta protegerme. Pero mi padre me ha mostrado quien soy, él ha creído en mí, él me ha mostrado que quien quiere luchar puede hacerlo, y que cada uno es lo que quiere ser.

¿Y como lo sabes si lo conociste solo por un momento?, o vas a decirme que crees en todo lo que te dijo sobe sus viajes y sus estudios sobre la el ocultismo. ¿No te das cuanta que es puro verso?, ¿que él solo intentaba impresionarte?

Pues ha sido un momento que ha tenido un efecto muy memorable, afirmo. ¿Recuerdas las palabras que debí decir al revés?

Mi hermana asiente.

Bueno en su libro dice que ese hechizo solo tiene efecto en un bautismo de magia, son palabras para una conversión, solo que para que esa transformación ocurra debe haber otros hechiceros en el circulo.

No entiendo adonde quieres llegar.

Lo que quiero decir es que mi padre debió prever que yo usaría las palabras cuando las presencias de los espíritus me hostigarían, lo cual ocurrió...

Mi hermana me mira y sacude la cabeza fastidiada

Y lo que ocurrió es que tuviste un ataque de sonambulismo, eso ocurrió, ¿no es verdad? Por que sino recuerdas que tù sufres sonambulismo.

Si al principio pensé lo mismo también. Sé que sufro de sonambulismo y que yo misma podría haberme hecho las marcas y desparramado las sabanas. Sin embargo, puedo probarte que no ha sido así. Me subo la manga de mi camisa y me arranco una venda que lleva puesta. Mi hermana se tapa la cara con cara incrédula cuando ve que de la herida brotan gotas de sangre negra.

16 de Agosto de 2020 a las 23:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Lihuen Me gusta escribir novelas de misterio, fantas�a y ciencia ficci�n tambi�n me encanta escribir cuentos. Leo todo tipo de g�neros. Me fascinan los cuentos de misterio y terror.

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