sophiayletras SophiaRuiz Di

¿Qué pasaría si la persona que más has amado en tu vida, no sólo resucita del pasado, si no que ahora reúne todo lo que alguna vez juraste destruir?. Valery descubre que ha vivido ocho años de su vida engañada y que el amor de su vida, no sólo está vivo, sino que también es la reencarnación de todo lo que odia; la mafia. Valery se siente dolida, pero más allá de eso, teme poner en peligro a la persona más importante en su vida; su hija. Decidida a evitar que su pequeña sea víctima de las decisiones de su padre, acepta la misión de embaucarlo y arrestarlo sin que el se entere de su identidad en el proceso. ¿Será capaz de hacerlo sin que Lucifer se entere que está frente a su Lilith y descubrir el secreto que ella guarda celosamente? ¿O sus sentimientos terminarán por delatarla?.


Drama Sólo para mayores de 18.
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PRÓLOGO

—Pero que bonita estás, gordita. Cómo me encantaría estar entre esas piernotas y probarte todita— acelero el paso al escucharlo.

Sentí que estaba detrás de mí, cada vez más cerca y el miedo y la adrenalina me invadieron. No debí quedarme tan tarde en el gimnasio.


—¿Por qué tan solita? ¿No quieres que te acompañe?.

Cerré mí puño alrededor de la llave de la pieza donde vivía y la coloqué en forma de puñal. Si me iba a morir a menos debía llevarme algo de este desgraciado.


Me abrazó por detrás y me pegó a su pelvis. Casi vomito al sentir su erección en mí trasero. Entré en pánico. Le pisé el pie y aproveché la distracción para voltearme y clavarle la llave en el ojo.


—¡Agh! ¡Maldita hija de— le di una patada en los testículos.


—¡Auxilio!— grité con todas mis fuerzas.


Me sentí aliviada al ver que una patrulla venía a lo lejos y corrí hasta ella. Al vernos, se detuvo.


Suspiré. Todo había acabado.

•••••

—Esto es increíble. ¡Esto es verdaderamente increíble!— grité exaltada a través de las rejas para que pudieran escucharme pero fui garrafalmente ignorada por todos los oficiales de policías.

Fui arrestada y acusada. Ese depravado estaba en un hospital siendo atendido como un rey mientras a mí ni una manta me dieron.

Uno de los oficiales se acercó a la celda e inclinó su cabeza mirándome con reproche.

—Eres menor de edad así que necesito los datos de tu representante legal para que venga a rendir declaraciones y haga todo el papeleo.

Si mí mamá llegaba a enterarse de las razones por las que estaba aquí iba a quemar la comisaría y luego estaríamos encerradas las dos. Ella vivía a seis horas de aquí así que estaría preocupada en todo el viaje. Esa no era una opción y tampoco quería preocupar a la señora Martha, mí arrendataria.

—No voy a darle nada. ¡Yo soy la víctima!. ¡No entiendo porqué estoy encerrada!.

—Agredió físicamente a un hombre y ahora es posible que pierda la vista.

—Pues le hago un favor a las mujeres de este mundo— expuse calmada—, ese hombre me estaba diciendo cosas horribles.

—¿Esa es razón para agredirlo? Si anda vestida de esa forma en la calle a altas horas de la noche, ¿qué esperaba?— me mira de arriba hacia abajo.

Tengo un short deportivo que usualmente usan los atletas de pistas y una camisa larga abierta a los lados que deja ver mí tío deportivo. Estoy sudorosa y despeinada. Es obvio que es una vestimenta deportiva.

¿Qué tiene que ver mí vestimenta con la agresión que sufrí?¿Acaso se sintió atraído por mí agrio sudor?.

—¿Está diciendo qué debía dejarme violar entonces?— sacó mis manos de las rejas e intentó llevarla a su cuello. Voy a matarlo—. ¡¿Está usted loco?! ¡¿Por qué no viene aquí y le añadimos otra víctima al expediente eh?!— le grité. El policía se alejó espantado al verme en mí faceta de desquiciada—. ¡Venga aquí! ¡De seguro es primo suyo y por eso lo defiende!— saqué mí rostro por las barandillas hastiada de la situación—. ¡Soy inocente! ¡SOY INOCENTEE!.

Era en vano. Todos fingían no escucharme.

Así que ahí estaba yo; una adolescente que sólo había salido para hacer ejercitarse un rato y había terminado en la cárcel.

En una fría, escalofriante y solitaria celda.

Me agaché y abracé mis rodillas e hice lo que cualquier jovencita en mí situación haría; comencé a llorar.

Sentirme juzgada y señalada sin la posibilidad de ser escuchada por las personas que se suponían debían protegerme, me hizo sentir muy mal. Estaba decepcionada.

—Al menos estoy viva— me consolé. Eso era lo bueno, al menos mamá no sufriría por mí muerte.

Luego de media hora, escuché unos pasos por el pasillo. Limpié mis lágrimas y miré hacia el suelo.

Observé unas botas del otro lado de la celda y me levanté de inmediato. Conocía esas botas. Las limpiaba todo el tiempo.

Dylan me veía del otro lado y sonreí emocionada por dos cosas: Porque él estaba ahí y porque por fin podía ver otro gesto suyo que no fuese de indiferencia. Era enojo.

¡Se veía tan guapo enojado!.

—.¡Dylan, estás aquí!— de seguro mis ojos brillaban emocionados al verlo.

Dylan era el hijo de la señora Martha, la persona que me alquilaba la pieza donde vivía. Desde la primera vez que lo vi cuando me ayudó con la mudanza, quedé prendada de él. Me gustaba. Era tan guapo, caballeroso y muy inteligente. Se había graduado con honores en la escuela de policías y era tan…

—¿Qué demonios haces aquí?.

…Dylan.

Yo no le interesaba en lo más mínimo.
Pero las esperanzas son las últimas que se pierden y yo era muy perseverante y optimista.

Sabía que tenía muchas pretendientes— y muy guapas—por eso, luego de mis clases en la universidad, iba al gimnasio y me ejercitaba. Era por salud, pero también era para verme más linda y llamar su atención.

Hice un puchero. Volví a sentirme triste al recordar porqué estaba encerrada aquí.

—Me han arrestado por clavar una llave en el ojo a un depravado—me observó esperando a que le siguiera contando—. Iba camino a casa cuando ese hombre me dijo cosas horribles y luego se puso detrás de mí y…— el pánico me invade, de sólo recordarlo y pensar en lo que pudo ocurrir mí piel se erizaba.

—Basta, ya no digas nada. Yo resolveré esto— asentí conteniendo mis lágrimas.

No quería que pensara que era una niña llorona. Pero estaba tan asustada.

Caminó por el pasillo y al verlo irse cerré mis manos alrededor de los barrotes con fuerza. No quería que se fuera y me dejara nuevamente sola.

—Capitán, ¿Por qué esa menor está encerrada?.

—Ha agredido a un hombre.

Podía escuchar su conversación desde el lugar donde estaba.

—¿No acaba de declarar que fue en defensa propia? No debería ser tratada como una criminal sino como una víctima. ¿Al menos el hombre en cuestión está esposado en el hospital?.

—No podemos saber a ciencia cierta que fue lo que pasó y el hombre está herido, declaró que sólo le había dicho unas cuantas palabras. ¿Cómo pretende—

—¿Entonces la menor si puede estar puesta en custodia pero no el hombre porque está herido?. Con todo el respeto capitán, ¿Le hizo exámenes médicos a la menor?. ¿Revisó las cámaras de seguridad más cercana para asegurarse de la declaración del hombre?. Se ha saltado todos los protocolos reglamentarios.

— Oficial Reynolds, que haya sido el mejor de su clase y tenga talento no quiere decir que usted se las sepa todas, mucho menos le da el derecho de decirle a su jefe inmediato como debe hacer su trabajo. Mida bien lo que dice— hubo un largo silencio.

«Dylan, ya no intercedas por mí, estaré bien».

No quería que pusiera en peligroso su trabajo por causa mía. La decepción creció aún más al escuchar cómo la persona que debía defenderme, me atacaba.

—De acuerdo, Capitán. En ese caso, levantaré un informe para presentarse lo a su jefe inmediato y le avisaré de la negligencia de su trabajo.

Abrí mis ojos apenas lo escuché. ¿Dylan podía hacer eso?.

Oí pasos nuevamente venir hacía la celda. Era Dylan.

Si casi me dio un infarto cuando lo vi enojado, mí corazón se saltó varios latidos cuando lo vi sonreírme.

Mis miedos de pronto se volvieron diminutos al ver su sonrisa deslumbrante. Me sentí protegida, cobijada.

—Pronto saldrás de aquí. Por favor, no quiero que pienses que todos los policías somos así. Existimos muchos que elegimos este trabajo para ayudar y proteger a personas como tú. Nunca voy a dejar que alguien te haga daño ¿De acuerdo?.

Mí corazón latió con violencia al escuchar sus palabras y ver aquella determinación en sus ojos. Jamás lo había visto así, tan apasionado por algo. Era evidente que Dylan había escogido ese camino para ayudar, para hacer de este mundo un lugar mejor.

Asentí. Él se fue, pero ya no sentía miedo, estaba gratificada y tranquila. Cómo me debí sentirme desde un principio.

Le agradecí a Dios por hacer que Dylan estuviese ahí en ese momento y deseé que muchas otras chicas se cruzarán con personas como él.

Esa noche habían ocurrido dos cosas que cambiaron drásticamente mí vida:

Había decidido ser una oficial de policía para ayudar al resto. Ser una de esas personas que hicieran prevalecer la justicia por sobre cualquier otra cosa.

Y me había enamorado perdidamente de Dylan Reynolds.

Sonreí melancólica al recordar. Es increíble como pasa el tiempo y como cambia todo; los sueños y las aspiraciones.

Caminé por todo el salón con una copa de vino en la mano. Me hice paso entre la gente envuelta en un sensual vestido rojo que enaltecía todas mis curvas y que se abría a la mitad de mí muslo izquierdo.

Es increíble como cambia todo…

Pasé de ser una regordeta estudiante de psicología, a una teniente de las fuerzas especiales y finalmente me volví blanco de todas las miradas depravadas que tanto me esforcé en destrozar con el pasar de los años.

Es increíble como cambia todo…

Y sin embargo, mis sentimientos nunca cambiaron, se mantuvieron congelados en el tiempo con la misma intensidad de la primera vez. El amor que sentía por la persona que me había convertido en lo que era, que me había impulsado en hacer el bien y luchar por la justicia de los desfavorecidos, aún seguía ahí, latente en mí corazón y en mí día a día.

Él había sido la razón por la cual me despertaba y seguía luchando sin rendirme contra una masa inmensa de corrupción, violencia y putrefacción.

Subí las escaleras e intenté abrir una de las habitaciones,la puerta estaba cerrada, así que la forcé. Estaba vacía pero las puertas deslizables que daban hacia el balcón estaban abiertas y me dirigí allí.

El viento pegó en mí rostro y cerré los ojos volviendo recordar aquel dolor.

Su muerte me había destrozado, había pasado años de luto, de dolor y de sufrimiento, atormentándome con sus recuerdos, consolándome con la imagen de su mente y en el sonido de su voz. Una voz que se repetía en mí mente y que jamás olvidaría.

—¿Qué demonios haces aquí?.

Es increíble como cambia todo…

Como una historia de amor pudo iniciar luego de esa pregunta hace algunos años y luego terminarla y destruirla por completo ahora.

Mis pensamientos, toda mí ideología y la imagen que tenía de él— añadiéndole el dolor de una pérdida que nunca existió—Todo se desmoronó al oír esa voz.
Me volteé aún con la esperanza de que todo fuera mentira.

Egoístamente lo prefería muerto a verlo sumido en un mundo que nos juntamos destruir. Prefería seguir cargando su pérdida a soportar verlo convertido en lo que más detestaba en este mundo.

Pero ahí estaba.

Lucía fuerte, muy sano, con las facciones más marcadas debido a la edad y como siempre sin ninguna emoción reflejada en su rostro más que la indiferencia. Vestía un traje blanco y tenía un arma en la mano, dispuesto a matarme si hacia un movimiento en falso.

Los sentimientos que pensé nunca cambiarían, lo hicieron de sólo mirarlo.

Mí amor de pronto se convirtió en una terrible ola de odio y enojo que lo abarcaron todo dentro de mí. Él no podía reconocerme, mis ojos no eran de colores diferentes, mí cuerpo no era tan robusto como antes, y no lucía como la jovencita inocente e ingenua de antaño.

La persona que amaba ya no existía. Frente a mí solo había un enemigo, un enemigo que debía derrotar a como diera lugar. Para protegerme a mí y a mí hija.

Me acerqué con sensualidad a él, mí corazón se rompía a cada paso que daba, tendí mí mano y le sonreí coqueta, soportando las ganas que tenía de llorar y de destruirlo todo. Le sonreí como de seguro muchas otras mujeres lo hicieron todos estos años mientras yo lloraba frente a una lápida vacía.

Le sonreí conteniendo todo lo que tenía para decirle y sólo soltar unas simples y sensuales palabras.

—Es un placer conocerte, Lucifer.

12 de Agosto de 2020 a las 23:06 0 Reporte Insertar Seguir historia
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