Cuenta regresiva para La Copa de Autores 2020. Regístrate ahora y ten la oportunidad de ganar premios!. Leer más.
phtrespalacios Fred Trespalacios

El 8 de marzo del 2013, a las nueve horas de la mañana en aproximación, un padre dejó una carta explicando un atroz crimen. El hecho escandalizó a toda Roma y las autoridades archivaron el caso de inmediato. Sin embargo, luego de leer la carta una vez más, algo extraño se levanta patente


Cuento Sólo para mayores de 18.

#violencia #sangre #confesión #giallo #crimen
Cuento corto
1
1.4mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

8 de marzo del 2013

Hago presente bajo la confesión de esta carta, mi única responsabilidad con las muertes y posteriores vejaciones acá detalladas. Mi nombre es Massimo Pompetti, y asesiné a mi familia. Tengo 46 años y nací un 20 de noviembre. Mis padres fueron Guido Pompetti y Lorenza Sabatini, oriundos de Roma y Nápoles, respectivamente. Nací y crecí en esta ciudad. Estudié en la escuela de varones y me gradué en La Sapienza, en la facultad de medicina. Conocí a Simonetta Caruso un 6 de enero. Era la hermana de unos de mis compañeros, y nos casamos. La boda sucedió dos años después, el 28 de julio, a las horas de la tarde, no recuerdo muy bien. Tuvimos nuestro primer hijo, Gianfranco; luego nació Donato; y el ultimo, Flavio, de cuyas edades se cuentan en 16, 9, y 2 años. Hace tiempo había querido hacer esto, pero siempre sentí una contrariada tardanza de voluntad. ¿El motivo? Quizás no existe. Y espero, que no se vuelva demasiado tarde para que yo también lo descubra.


Sellé la puerta como todas las noche. Revisé la gasolina del auto, le di de beber a Tobby y encendí el televisor. No sé en qué momento me quedé dormido, ni recuerdo lo que había soñado, o si esto formaba parte de un sueño o si era el sueño más vívido del mundo. Subí la escalera y examiné las habitaciones de cada uno. Gianfranco seguía despierto, movía su pie mientras escuchaba música de los auriculares. Donato hacía su tarea de matemáticas. En el cuarto de Flavio se oía su profundo resuello. Simonetta leía un libro, imperceptible a su destino. Yo bajé a la cocina y me serví un vaso de agua. Me pregunté si verdaderamente este era el día, o si debía de esperar una seña más. La luz, no me tocó como hubiera querido que me tocara, puesto que, no sentí ningún toque. Si usted, el que recogió esta carta quiere seguir leyendo, de antemano le prevengo de los horrores cometidos.


Tomé el cuchillo de la gaveta, el más grande de todos, y me dirigí al cuarto de Donato. La primera puñalada se la di en el pecho. Se levantó de la silla y cayó al suelo, despavorido. Él inquirió, pero yo lo agarré de los cabellos y lo acosté boca arriba sobre la cama. La segunda estocada se la causé en el hombro. Gritó con lágrimas y sacudió las piernas. Luego me dirigí a su barriga. Le efectué un corte limpio que no provino en sangre. Le rayé en repetidas ocasiones. Se desperdigaron por todas las paredes como trozos de cebo despilfarrados. Donato me miró inerme, y aún podía mover los labios. El tercer y último movimiento fue un certero sablazo que le abrió el cuello. Donato se fundía en rojo, pero no fue tanto ello, como los gritos de otrora producidos, lo que quebrantó el sueño de Flavio. Flavio corrió y se escondió en el baño de su habitación. Yo logré derribar la puerta, pero el pequeño con su poca gravedad, se oponía a que entrara. Lo así de una pierna y lo arrojé frente al borde del retrete. Sonaba como zancadas de caballos ralentizados. Era sumamente sencillo, debido a su delgadez, y lo agarré de nuevo y lo tiré contra el suelo. Le puse un pie en la cara, gritó entre el dolor y el llanto, y lo pisé con fuerza. Me dijo: "papi, ya no más", y tenía razón. Le hendí la cabeza con un rápido corte y Flavio se quedó tranquilo. Cuando hube terminado, oí la reacción de Simonetta al revisar el cuarto. Huyó por las escaleras, pero yo acerté en herirla por la espalda. Yo caí detrás de ella. Con una fuerza ligera me aventó unas de las lámparas y me volvió la cara. Yo le respondí, el cuchillo quedó insertado en su pierna y corrió a la cocina. Allí la retuve. Lancé su persona al juego de platos y recogí para mí un pedazo de cerámica. Le zanjé el pecho, el abdomen y la cara. Fue más difícil, porque no paraba de retorcerse. Vencida ya, por el desangramiento que la empapaba, le cercené el cuello de un lado a otro hasta conseguir la yugular.


Gritó enfurecido cuando observó el cuerpo de su madre en el suelo.

Inevitablemente, Gianfranco se arrojó a mí de forma combativa.

Antes que pudiera herirme, le asesté un golpe y le arrebaté el diente.

No tuve aprensión de que mi hijo pudiera matarme.

Finalizar con mi deseo, tan rápido como la alegría de una eyaculación.

Rasgó mi cara con un trozo más grande de porcelana y corrió a la puerta.

Absorto de su cerrojo, comenzó a vociferar ayuda por la ventana.

No sintió cuando lo devolví a rastras y pegué su cabeza con el rodillo.

Crujió en mí un escozor, y es que a pesar que yo continuara, él seguía vivo.

Olvidó lo que estaba sucediendo, y me suplicó que no lo matara.


Saqué a Gianfranco al patio mientras Tobby ladraba. Ya inútil de oponer resistencia, fui al auto y recogí un poco de gasolina. Él jadeó y se cubrió los ojos. Y antes que pudiera gritar de las llamaradas, volví a asestarle en su cabeza unas cuatro o cinco veces una piedra. Mi mano izquierda se quemó al instante, pero lo que todavía me sorprendía, fue saber que eso tampoco parecía matarlo. Por suerte no salió nada de su boca, solo se retorció en el suelo y rodó unos cuantos metros alrededor. Solo con el hedor de carne podrida, pude sostenerme en calma, pero no lo vi suficiente. Tomé los maderos del depósito y las abandoné encima. Eché más candela y petróleo. No sé cuánto tiempo me costó realizar todo eso, ni cuánto para elaborar esta carta. Solo puedo decir que me siento bien de cualquier forma. No es júbilo, ni placer, es aquello que inevitablemente estás obligado con la máxima pesadez de tu espíritu, aunque eso te resulte en un inminente vacío.


Yo soy el único culpable de estos hechos. Yo fui siervo del demonio para cometer estos crímenes. No me preocupa padecer ningún tipo de castigo, pues al nacer, ya estaba condenado al mismísimo infierno.


—Muy bien, excelente —dijo—, ahora, suelta la carta y arrodíllate.


—Te van a encontrar, a donde quieras que te escondas, te van a encontrar.


—Para cuando la policía venga ya yo me habré ido, y tu cadáver, expuesto como el demente que asesinó a su propia familia.


—¡Vas a pagarlo todo! ¡Lo juro! ¡Juro que lo vas a pagar! ¡Así sea desde el infierno, te lo juro!


—Eso lo dudo, así que, ¡arrodíllate!


Massimo le obedeció. Cerró los ojos con una posición columbina y aguardó un breve instante en el piso. Recordó a Simonetta totalmente pura en su memoria, y luego recordó a sus hijos, solo la imagen más primitiva, y tembló. Desconocía ese trémulo tan inoportuno, pero no soportó la fatalidad que lo embargaba. No pasó nada, ni ahora ni nunca, excepto el disparo que le destapó el hueso temporal.

10 de Agosto de 2020 a las 20:08 13 Reporte Insertar Seguir historia
15
Fin

Conoce al autor

Fred Trespalacios Escritor, estudiante de publicidad y amante de la nueva literatura https://www.instagram.com/phtrespalacios/

Comenta algo

Publica!
Cecilia A. Cecilia A.
Muy bueno!

JR Jetzabel Rodriguez
Wow! Caramba pero que final tan épico, cualquiera pensaría que en verdad es un patricida, y era solo una víctima más 😲😲😲. Alucinante, estoy flipando!

𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑 𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑
Estoy en shock. ¡Piel de gallina! Increíblemente escalofriante. ¡Me encantó! De mis favoritos.
August 23, 2020, 22:45

𝓜𝓮𝓵  𝓥𝓮𝓵𝓪𝓼𝓺𝓾𝓮𝔃 𝓜𝓮𝓵 𝓥𝓮𝓵𝓪𝓼𝓺𝓾𝓮𝔃
Esto es aterradoramente fantástico!
August 18, 2020, 07:04

Nataly Calderón Nataly Calderón
Escalofriante, me mantuvo todo el rato en la orilla del asiento. Genial.
August 17, 2020, 19:12

Is Bel Is Bel
Desgarradora... me ha gustado mucho. Muy bien escrita. Solo puedo decir una cosa...¡Bien!
August 15, 2020, 19:43

Jancev Jancev
Te la has rifado con esta historia Fred. Oscura, bien escrita, bien narrada y con un final excelente. ¡Me ha encantado!
August 14, 2020, 02:46
~

Más historias

Sueño tétrico Sueño tétrico
gatuna venganza gatuna venganza
La melodía del sol de Medianoche La melodía del sol d...