ignarodriguez Ignacia Rodríguez

Colección de relatos cortos que surgen del proceso creativo de otras historias. Los relatos no tienen relación entre sí. Todos los relatos y sus personajes forman parte de universos de historias registradas bajo mi autoría. Todos los derechos reservados.


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Raizan y Terani

Herramientas. A final de cuentas eso eran todos ellos para la nación, independiente de su estatus. Su padre le había explicado su destino desde que era pequeña, exactamente el mismo destino que había tenido él y todos los suyos: Servir y defender a la nación con su vida. En su ingenuidad creía que solo era un discurso preparado por él para que ella continuara con la tradición familiar y que en realidad podría elegir, pero con el tiempo todo se hizo más claro y ahora era evidente el por qué. Con solo trece años ingresaban al internado de la Academia de la ciudad donde comenzaban con su entrenamiento militar. Ahora, a sus quince, era bastante claro que todos los que ingresaban estaban igual de marcados que ella. A los adultos solo les permitían tener descendencia útil, es decir, que mantuviera la genética especial que servía en el campo de batalla.

—¡Dreagan!

La voz del instructor a cargo la sacó de sus pensamientos. Dejó de mirar a los hombres trabajando en los pedidos de embriones que las familias solicitaban y corrió hasta reunirse de nuevo con su grupo.

—Como pueden ver, en el Centro de Fertilidad se encargan de que cada habitante tenga lo necesario para el rol que le ha sido asignado en la sociedad —continuó el instructor—. Como soldados Clase A ustedes han heredado las características genéticas que les permitirán continuar con el legado de su linaje.

Una de las gemelas Deiran se tensó con el comentario y la otra le sonrió con ternura, ambas estaban justo delante de ella y parecía que tenían una conversación sin mover los labios. En esa familia tenían habilidades extrasensoriales como entrar en la mente de los demás y por lo mismo evitaba acercarse a ellas, pero ahora no tenía opción porque si se volvía a quedar atrás o dejaba su posición el instructor le asignaría castigo de vuelta en la Academia.

La charla le resultaba de lo más aburrida. No comprendía por qué tantas explicaciones respecto a cómo creaban a los soldados como ella si todo se resumía a tomar el ADN de una pareja y seleccionar las características más útiles de cada quien. La chica que estaba junto a ella en la nueva formación que tomaban para continuar rio por lo bajo, solo entonces notó que se trataba de Terani Kron.

—Tienes razón, esto es no es necesario, Raizan.

El pálido rostro de Raizan se encendió tomando un tono casi tan rojo como su cabello, se cubrió la boca por reflejo sabiendo que su intento de guardarse sus pensamientos para sí era inútil. La chica volvió a reír, le sonrió con sus ojos verdes y luego se enfocó en las indicaciones del instructor. Raizan también miró al frente tratando de no pensar en la tez tostada de Terani, ni en su olor, ni en su hermoso cabello negro, ni en esos enormes ojos verdes. Puso toda su energía en escuchar cada palabra que salía de boca del instructor, estaba casi segura de que el infeliz la había puesto junto a Kron y detrás de las Deiran a propósito para asegurarse de que pusiera atención.

—Kron, te encargo vigilar a Dreagan —dijo el instructor dedicándole una sonrisa maliciosa a Raizan al terminar.

«Desgraciado», pensó Raizan mirándolo con ojos entornados y con las mejillas ardiendo ante la risilla de algunos de sus compañeros, incluyendo a Kron y a la mayor de las Deiran.

Continuaron su trayecto y la cabeza de Raizan estaba a punto de explotar. Era demasiado esfuerzo concentrarse en las palabras del instructor y del genetista que los acompañaba en el recorrido, en esencia porque le resultaba aburridísimo, pero también porque no quería pensar en nada vergonzoso alrededor de esas tres chicas, sobre todo de Terani.

—No te tortures, te prometo que no voy a leer nada —susurró Terani en su oído, haciendo que toda la piel se le erizara por la cercanía.

—Pero yo no te prometo nada —murmuró la chica de cabello rubio platinado que iba delante de ellas mirándola con malicia.

—No la molestes —murmuró su gemela tirándole de una oreja y obligándola a mirar la frente.

—¡Silencio! —ordenó el instructor.

—Tranquila, no lo dijo en serio —susurró Terani una vez más y luego se apartó para continuar atendiendo al recorrido.

Raizan la miró por el rabillo del ojo, sin atreverse a decir palabra y con miedo de sus propios pensamientos. No importaba que ella prometiera no leer sus pensamientos ni que la chica Deiran no indagara en su mente, es que simplemente no podía relajarse con Kron cerca. Ni siquiera entendía por qué, nada más eran conocidas. Nunca habían tenido mucho contacto más que un par de veces en los simuladores o en los recorridos como el que seguían ahora donde al parecer ella disfrutaba de torturarla susurrando comentarios en su oído, leyendo uno que otro pensamiento por sorpresa o provocando uno que otro roce "incidental".

«Y después ni me habla», pensó en medio de un suspiro.

Optó por poner atención durante el resto del recorrido. No desconfiaba de Kron, quien parecía ser de palabra, sino de Deiran... quien también parecía ser de palabra.

De vuelta en la Academia regresaron cada quien con su sección, Kron se despidió de ella con la enigmática sonrisa usual haciéndole desear tener las mismas habilidades que ella y poder saber de una vez por todas qué demonios estaba pensando.

Regresaron a tiempo para el entrenamiento de combate. Por lo menos no había nadie de quien tuviera que preocuparse entre sus compañeros, pero se aburría como una ostra. Ella era la única "Clase A" de la sección así que los demás no suponían un desafío cuando los hacían combatir unos con otros, prefería las simulaciones en el gimnasio que resultaban mucho más desafiantes.

—Señor —llamó a su instructor después de derribar a Pell por enésima vez. El hombre miró al chico adolorido en el piso con algo de lástima y luego se enfocó en ella—. Esta sección no es un desafío para mí, prefiero entrenar en el simulador.

—Adelante —dijo el hombre encogiéndose de hombros y dándole la venia con una mano, la chica tenía razón—. Te recomendaré para los entrenamientos con los otros Clase A. No tiene sentido que esperes un año más.

Raizan asintió sonriente y se marchó hasta el simulador más animada de lo normal. El lugar estaba vacío como de costumbre, así que sería un entrenamiento tranquilo y silencioso como siempre. Ya se había resignado a tener un año de aburrimiento insoportable porque aún le faltaba un año de formación básica antes de medirse con los otros Clase A, pero si el instructor lo conseguía podía hacer de su vida algo un poco más llevadero.

«Además, si me adelanto un año en los entrenamientos no tendré que enfrentar a Kron»

—¿Me vas a decir que me tienes miedo? —preguntó inocentemente a sus espaldas.

Raizan dio un salto y la miró atónita.

—¿De dónde saliste? —preguntó sin comprender cómo es que no la había sentido.

—Tu olfato no funciona conmigo —Le dio un pequeño toque en la nariz—. Puedo ocultar mi olor y energía.

—Ah, así que además eres sensorialmente invisible —dijo Raizan con algo de incomodidad. Trató de pensar en algo más, pero su cerebro parecía dejar de funcionar cuando estaba con ella.

—No respondiste mi pregunta —le recordó Terani.

—No tengo por qué responder si lees mi mente sin permiso —comentó Raizan fingiendo molestia para tratar de zafar de la respuesta.

—Supongo que tienes razón —dijo Terani algo pensativa. Luego sonrió y la miró algo avergonzada—. Lo siento, es una mala costumbre. Es más fácil saber lo que los otros piensan a tratar de empezar una conversación de la nada. Especialmente contigo.

—¿Conmigo?

—Eres una persona reservada, ¿no?

—Supongo...

—Ya ves —dijo riendo suavemente y provocando el sonrojo de Raizan. Luego apuntó al panel de control—. ¿Te parece si vamos juntas? Tenemos que aprender trabajo cooperativo.

—C-claro, pero...

—¿Pero qué? —interrumpió clavando sus ojos en ella.

—Esto... Cuando nos topamos aquí tú generalmente entras con una de las Deiran. ¿No tienes que esperarla? —preguntó sintiéndose algo intimidada.

—Hoy practica con su hermana y ya estoy harta de su inmadurez —respondió poniendo los ojos en blanco—. No se toma nada en serio y tampoco sabe cuándo parar de molestar.

—Parece tener ese perfil —murmuró Raizan con una media sonrisa, más para ella que para Kron.

—Sí, a veces me gustaría entrenar con Aura. Supuestamente puede hacer lo mismo que Ayri y es más centrada, pero es demasiado nerviosa para el simulador.

—Parece que las conoces bien —comentó Raizan sintiendo un extraño malestar en el pecho que nunca antes había experimentado.

—Estoy en la misma sección que Ayri, es solo eso —dijo Terani con la misma sonrisa enigmática que a Raizan le quitaba el sueño—. Ahora entiendo —Comenzó a dar vueltas a su alrededor con una mirada analítica—, sentidos mejorados y modificación estructural voluntaria, pero cero inteligencia emocional.

—¿Perdón? —preguntó algo ofendida.

—No sabes reconocer las emociones que sientes —Se acercó al panel y comenzó a programar el escenario—. Bueno, según mis tíos tu padre es igual.

Raizan cruzó los brazos molesta y desvió la mirada sin decir palabra, últimamente le fastidiaban las comparaciones con su padre. Terani le pellizcó una mejilla y se atrevió a reír cuando ella le respondió con una mirada de irritación.

—No es nada que no se pueda mejorar, ¿sabes? —dijo Terani sonriéndole con afecto—. La inteligencia emocional es algo que se aprende, no algo que se hereda.

Raizan iba a responder, pero en ese instante un destello apareció en la habitación.

—¡Eh! ¡Me duele ver que tardaste tan poco en reemplazarme! —comentó Ayri dramáticamente con un falso gesto de dolor en el rostro.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Terani dedicándole una mirada de muerte.

—Perdón, ¿interrumpo algo? —preguntó con una sonrisa pícara.

—Sí, estábamos a punto de empezar. Lárgate —respondió Terani de la forma más hostil posible.

—Eh, Raizan. ¿Tú qué dices? —preguntó Ayri, fijando sus ojos ambarinos en ella e ignorando a Terani.

—Pues —Raizan miró a Kron quién le decía que se negara con la mirada—, la verdad es que ya habíamos planeado una excursión para dos.

—Claro, entiendo —dijo Ayri sonriente y afirmando con la cabeza. Luego la miró con suspicacia—. Pero, dime, Raizan. ¿No sería más divertido si tenemos un combate real?

Eso le hizo olvidarse del simulador, la verdad es que no podía esperar para practicar con alguien de su nivel y ahora una de las herederas de los Deiran se lo proponía. Los ojos le brillaron y estuvo a punto de decir que sí, pero Terani la agarró de la muñeca y la arrastró fuera de la habitación.

—¿Qué haces? Me encant...

Guardó silencio y tragó nerviosa cuando los ojos verdes de la chica le lanzaron una mirada que pudo dejarla 30 metros bajo tierra si las miradas mataran. Se detuvieron cerca de los dormitorios, en un conocido punto ciego para las cámaras de vigilancia. Entonces procesó lo que había pasado y por qué Terani la miraba con tanta severidad.

—Esto... Gracias... Me dejé llevar y me olvidé de que ninguna de las dos tiene autorización para combates.

—A partir de mañana pasas tus horas libres conmigo.

—¿Y eso? —preguntó sin poder contener la sonrisa que se dibujó automáticamente en su rostro.

—Eres un libro abierto —respondió dándole un toque en la frente—. Ayri se metió allí y estuvo a punto de manipularte para que dijeras que sí sin pensar.

—¿Por qué haría eso? —preguntó sorprendida.

—Porque lo único que quiere es pelear contigo que eres la hija del Comandante General —respondió poniendo los ojos en blanco—. Lo único que sabe hacer es meterse en problemas.

—Supongo que aprender a tener privacidad no sería malo —murmuró Raizan. Sonrió—. Me parece bien.

Su rostro volvió a encenderse cuando cayó en cuenta de la escasa distancia que las separaba. Algo le decía que redujera aún más esa distancia, pero se contuvo porque iba en contra de todas las normas de proximidad y podía espantar a la chica.

—¡DREAGAN!

Terani se apartó automáticamente cuando esa voz potente irrumpió en el pasillo, miró al hombre con ojos entornados en una clara expresión de fastidio.

Raizan adoptó una posición firme y miró al enorme hombre que dirigía la Academia. El General Karit la observaba como si le hubiera ofendido profundamente, parecía hasta personal.

—Nos estábamos escapando de Ayri Deiran y sus odiosos juegos mentales, ya estábamos por volver a los simuladores —informó Terani.

—Dreagan. Castigada por insubordinación. Informaré a tu instructor, regresa con tu sección —dijo él con voz firme y notoriamente irritado.

—Espere... ¡¿Qué?! —Raizan lo miró incrédula.

—¡AHORA! —rugió el hombre y no le quedó más remedio que obedecer.

«¡¿Y yo qué hice?!», se preguntó mientras regresaba.

A sus espaldas Terani se mordía los labios, furiosa con él.

—¿Te das cuenta de lo inmaduro que eres?

—No voy a dejar que una flor delicada como tú termine con una bestia como esa. Soy tu tío y es mi deber protegerte, incluso de ti misma —respondió él dando media vuelta.

—¡Lo que esta flor haga con su vida no es asunto tuyo! —protestó sumamente molesta. Siempre era lo mismo, al ser la única descendiente de la familia tanto él como su tío Eidan querían mantenerla casi en una burbuja.

—¡CASTIGADA! —rugió él irritado.

—¡CON GUSTO! —respondió y se marchó dando pisotones—. ¡Ya la escogí a ella y me valen los genes que quieras para mi descendencia!

—¡TE ESCUCHÉ!

—¡ME ALEGRO! ¡PARA QUE TE VAYAS HACIENDO A LA IDEA!

El General la observó incrédulo, Terani era lo que se diría una estudiante modelo y jamás desobedecía una regla, ni mucho menos le respondía así en la Academia. Suspiró resignado, iba en serio. Si su sobrina quería a Dreagan entonces lo más seguro era que la tendría y no le quedaba más que aceptarlo, llevarle la contraria iba resultar en un desastre seguro.

—No puedo creer que de entre todas las chicas que hay aquí te tuvieras que fijar precisamente en la hija de Retzan —Se tomó el puente de la nariz. Suspiró otra vez—. Solo recuerda que existen reglas que debes respetar. No porque seas mi sobrina tienes privilegios. Ahora, ve al castigo.

Terani le sonrió, en un movimiento rápido besó su mejilla y se alejó a toda velocidad por el pasillo. Tendría que esperar un tiempo, pero definitivamente iba a llegar al corazón de Raizan ese año.

9 de Agosto de 2020 a las 21:42 0 Reporte Insertar Seguir historia
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