36912151821 Freth Londoño

La inspiración puede llegar de cosas tan simples como la luna y de cosas tan inconmensurables como el amor, la felicidad, el deseo, la desdicha. Acompañame a tratar de inspirar por medio de estos relatos el deseo fuerte de querer conocer cada uno de los sentimientos y emociones que nos componen y nos permiten relacionarnos con nuestro entorno.


Fantasía Medieval Todo público.

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Fatalidad

Recuerdo que hoy por la tarde, mientras venía de camino a casa de mi habitual caminata por el bosque de mis desdichas, vi a lo lejos el rostro más dulce y resplandeciente que jamás hubiera imaginado, y en ese efímero instante se detuvo, y luciendo una hermosa sonrisa me preguntó.

- ¿por qué estás triste?, ¿por qué caminas solo?, a lo que solo respondí .

- Acaso tengo yo un solo motivo para ser feliz o un solo motivo para no caminar en soledad.

Reinó el silencio por un breve momento, me sentí asustado amén de absorto ante la inconmensurable belleza de ese ser.

En ese instante moraba pues el silencio más abrumador, un silencio como de muerte y cual si fuera un soplo desprendido a voluntad del reino celestial, un soplo del mismísimo Dios, llegó a mi un acogedor viento, con el que era a su vez el olor más dulce y delicado del mundo, al cual por supuesto no me resistí, estaba ofuscado, obnubilado ante la sublimidad de aquella presencia, era una aurora, una poesía, un manantial de aguas diáfanas,un edén, era un cúmulo de excepcionales promesas, promesas vívidas.

Atónito y temeroso busqué la más sutil forma de agradarle, pero ya era tarde, ese hermoso y dulce ser a quien mis palabras no consiguen describir en su totalidad me dio la espalda y se alejó desapareciendo en el horizonte.

Hoy aún continuó siguiendo sus huellas, con la esperanza de volver a tenerla tan cerca de nuevo.

Me hago muchas preguntas tras lo ocurrido, sería posible que ella quería acompañarme, sería ella la mismísima felicidad encarnada a quien yo mismo me otorgué la desdicha de rechazar.


En los brazos de la muerte.

Renato Lanscat como siempre esa tarde estaba leyendo su libro favorito y bebiendo una taza de café mientras la brisa del ocaso primaveral acariciaba su rostro con el aire contaminado del olor nauseabundo que producíanle los humanos, a quienes tanta aversión tenía.

Renato sufría de múltiples trastornos, entre ellos el de la bipolaridad.

Esa tarde los vecinos lo veían feliz como si algo majestuoso hubiera pasado o estuviera por pasar en su vida a pesar de que nunca lo habían visto feliz. Disfrutaba de todos y cada uno de los renglones de su libro y aprendía de ellos nuevas ideas en especial una muy oscura, la de torturar. En sus ataques de bipolaridad le gustaba hablar con los niños y esa tarde no fue la excepción, les leía cuentos, lecturas nada agradables y luego les explicaba detalle a detalle a esas pequeñas criaturas las macabras ideas que quieren transmitir esas historias. También a menudo les leía y mostraba poemas y dibujos que escribía él mismo, sin dudarlo era un buen escritor pero su público era un público inocente e ingenuo de las más atroces y descabelladas ideas que este tenía en su mente y que dibujaba además por que sabia que así atraía más la atención de los pequeños.

Los niños a pesar de saber lo terrorífico que mostraba ser él, como hipnotizados cada tarde acudían a merodear su casa, era la última casa del callejón Luxury Street en la ciudad de Nueva Provincia del Sur, la casa parecía más una mansión digna del mismísimo conde drácula que la de un modesto hombre solo, sus paredes no tenían color alguno, los muebles estaban empolvados, el comedor y la cocina parecían estar siempre vacíos, como si en ese lugar no hubiera vivido nadie en años.

Los niños solían llamarle por el apodo de “el ermitaño” un apodo no tan acorde a su apariencia y personalidad, pues él era solo un joven y además vivía en la ciudad y residía en esa mansión hace ya muchos años. Esa tarde por fin podía llevar a la cúspide el plan macabro que desde hacía años había elaborado, era un perverso ser humano, una máquina de la maldad, planeaba hacer dóciles a los niños y en cuanto tuviera la oportunidad raptar a uno de ellos y jugar con su vida dejando volar su imaginación sobre los muchos proyectos pseudocientíficos solo comparables con las más atroces narraciones de ficción que pretendía realizar con su rata de laboratorio humana. Termino de leer la página número sesenta y nueve de su libro la cual finalizaba con la frase, “morir en manos de un loco es abrazar una muerte muy misteriosa” y rápidamente se puso en pie tomando por sorpresa al pequeño Mauricio el cual no se imaginaba que ese juguete electrónico que tanto lo atrajo para que entrara a esa macabra casa, era en realidad un señuelo puesto por “el ermitaño” para atraparlo y hacer quien sabe que cosas con él luego de cerrarla, y en efecto eso paso, “el ermitaño” cerciorándose de que nadie lo vio cerró la puerta y una vez logrado lo que quería se inco a llorar del placer, reía y bailaba, parecía esa casa un circo maniático, el pequeño Mauricio intento gritar y huir pero no le quedó más opción que esconderse bajo la cama de la primera habitación a la izquierda de las escaleras. Renato muy deprisa se abalanzó en su búsqueda tomando un hacha de mango corto y un filo de navaja, colocó a sonar en su fonógrafo una pieza muy fortuita para la ocasión, una melodía como de muerte compuesta por él en sus momentos de mayor fruición al ver sufrir a los animales a menudo gatos, mientras los descuartizaba para conservar sus órganos internos. Caminaba muy despacio y en primera instancia pronunciaba con descaro el nombre de Mauricio seguida de una frase muy usual para llamar la atención del pequeño, Mauricio donde estas, soy tu amigo, solo quiero jugar contigo, ven Mauricio que no ves que soy tu amigo. El pequeño Mauricio se acurruco fuerte contra sus rodillas y empezó a sollozar muy despacio, Renato arrastrando su hacha contra la pared empezó a recitar un poema de su autoría acompañado de la música siniestra, el pequeño Mauricio oía cada vez más cerca su voz y difícilmente podía disimular no escuchar y repetir en su mente los versos que Renato exclamaba en voz alta y con voz de psicópata - ¡Mauricio repite conmigo! Esta tarde veo la muerte muy cerca, merodea los altos robles quizás buscando alguna víctima o solo admirando el paisaje, sus alas todas negras al batirlas dejan ver su alma, su cuerpo negro visto de otra forma es bello en un mundo blanco, sus plumas, plumas de agravio, de nostalgia, de pavor, de desconsuelo y de olvido no son en realidad tan terrorificas. !Oh muerte¡ no quisiera que me abrazaras tan pronto, pero si en mi está puedo demostrarle al mundo que morir es un arte, y al pronunciar este último verso lo hizo con voz más suave y se pudo escuchar en la funesta mansión la melancólica y entrecortada voz del pequeño Mauricio repitiendo la última frase del poema, de inmediato Renato se dirigió al lugar de donde provenía la voz y tratando de disimular la presencia del niño para no espantarlo empezó a cantar y a hablar cosas aparentemente normales mientras se acercaba a la puerta de la habitación, una vez estando ahí y para deleite suyo decidió derribar la puerta con el hacha, solo para hacer sufrir al pequeño y gozar de ello, el pequeño al oír semejante estrépito y verse sin oportunidades se lanzó a llorar con gritos ensordecedores, en ese momento Renato entró en la habitación y descubriendo al niño asustado y llorando en una de las esquinas de la habitación lanzó una carcajada diabólica y de inmediato dejó descubrir el filo de su hacha y asestando un golpe áspero contra el niño le cercenó la cabeza, Mauricio alcanzó a ver la cara de su homicida por última vez. Renato se arrodilló y lloró amargamente reflexionando sobre lo que hizo y unos instantes más tarde se puso en pie, descuartizó a Mauricio, envasó su sangre en un recipiente de metal y sus órganos tras arrancarlos con la delicadeza de un cirujano los guardó en el sótano de su casa en donde tenía los cadáveres conservados de su padre y de su madre que hacía ya entre seis y nueve años daban por desaparecidos y tras hacer todo esto se acostó con una gran sonrisa en el rostro, Renato había descubierto el placer en algo muy horroroso para la sociedad y lo sabía muy bien, por eso sabía cómo y cuándo debía actuar desde ese momento en adelante. Una semana más tarde tras catalogar como desaparecido a Mauricio y descartarlo a él como sospechoso por sus buenas técnicas para ocultar las pruebas, se decidió entonces por otra víctima y de ahí en adelante Renato hasta el fin de su vida a los noventa años acabó con ciento treinta y tres niños, según testimonios de los que estuvieron en su mansión el día en que este murió, se dice que este murió abrazado de el cadáver de Mauricio que ya no eran más que huesos a quien él vestía con la misma ropa con la que vestía el niño el día que se encontró con su asesino.



14 de Agosto de 2020 a las 20:18 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Freth Londoño Soy supremamente curioso, leo desde los nueve años de edad y ahora que creo que he leído sino suficientes al menos bastantes libros me interesa escribir. Me gustan las ciencias exactas, estudio matemáticas, me gusta química y física, soy apasionado por los tatuajes y por los lugares misteriosos. Mi sueño es graduarme de la facultad de ciencias exactas y obtener un doctorado. Aspiro ser un buen escritor y aportar un legado intelectual al mundo.

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