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Salvador Villalba


desde mi error con Milly en aquella calenturienta noche de marzo, las cosas no han vuelto a ser lo mismo, pero no puedo darme por vencido, mirar a otro lado y hacer como si nada hubiese ocurrido, no... ese no es mi estilo


Historias de vida Sólo para mayores de 18.
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Capítulo 1

La camarera se acerca con una brillante bandeja plateada, mis papilas gustativas gritan por probar ese delicioso café humeante que se aproxima

-Aquí está su late señor, buen provecho-

dice la mujer de cabellera azabache y ojos esmeralda

-Gracias- respondo secante agarrando la hirviente sustancia marrón. Mi atención se centra en el celular de mi bolsillo que empieza a vibrar y sonar - ¿Alo? -

- Pensé que nunca contestaría Salvador ¿Tiene idea de cuánto tiempo he estado llamando? - dice Daniel al otro lado de la línea

-Perdón, he estado ocupado con trabajos universitarios- me excuso

-Como sea...- hace una pequeña pausa - ¿Se acuerda de Milly? - pregunta

- ¡Cómo no la voy a recordar si la presume cada rato! - burlo

-No empecemos de nuevo por Dios... Pero hablando del rey de Roma. Me urge hablar con usted-

-Claro, cuénteme ¿Qué sucede? -

-Pero quiero que sea frente a frente ¿Me entiende? - su pesada respiración hace que apenas pueda entender lo que dice

Le doy un breve trago al moca que reposa frente a mi -Estoy en "Sri Lanka coffee" ¿Qué le parece intercambiar palabras con unas bebidas aquí? Como todos los fines de semana -

-Allí estaré- contestó e inmediatamente cuelga la llamada

Guardo nuevamente el celular en mi bolsillo ahora intrigado por la forma en la que finalizó la conversación y lo que sea que me quiera decir. De seguro es otro de esos consejos para un regalo de Milly, tal vez quiera mi punto de vista para saber quién de los dos tiene la razón, o tan solo me necesita para acompañarlo en una cita doble otra vez. No, en esta ocasión es diferente, nunca había escuchado a Daniel tan agitado y no creo que el sexo reciente provoque algo tan repentino.

Por unos minutos, no se escucha más que el jazz suave de fondo y las meseras yendo y viniendo con los pedidos del resto de los comensales que esperan con ansias, permanezco en completo silencio viendo a la nada, seguramente con cara de estúpido, soy ese tipo de persona que piensa las frases una y mil veces buscando todas las variantes posibles que podrían suceder, aunque solo sean nimiedades.

La campanilla de la entrada anuncia a un nuevo cliente, y no mucho tiempo después escucho como alguien da largas y rápidas zancadas sobre las rústicas escaleras de madera que rechina a su pasar - ¿Daniel? - digo sorprendido al ver al ario chico de cabello alborotado y gafas de Harry Potter - ¿Cómo ha llegado tan rápido? Su casa queda a por lo menos 15 minutos de aquí- termino mi moca

El chico jala la silla de cedro oscuro y procede a sentarse -He tomado un taxi desde la casa de Milly- responde ahora con un tono nervioso

- Como raro usted por allá– miro de reojo a la mesera que se aproxima a nosotros y le hago una seña para que traiga dos cafés más -Bueno… ¿Qué lo hace venir por estos lados un miércoles por la noche? - como si fuera extraño que nos encontráramos aquí

-La he cagado hermano- se pasa su mano por su melena desordenada -Durante estos tres días estuve en la morada de mi chica, me había dicho que se sentía mal y que tenía vómito y demás, como le dije en una ocasión, ella se encontraba sola en casa por un viaje de negocios de sus padres, así que me pidió el favor de que cuidara de ella por estos días- la camarera se hace presente nuevamente para dejar las bebidas sobre la mesa -Nos empezamos a preocupar cuando la situación no mejoraba con el pasar de los días, así que esta mañana nos largamos al médico para ver que mierda era lo que sucedía- dio un gran sorbo al café

- ¿Qué les dijo? – pregunté algo conmovido por el relato

- ¡Está embarazada! - azota la mesa con un grito de rabia en el aire: atrayendo la atención de todos a nuestro alrededor

-No puede ser… ¿Dónde está ella? – ignoro el hecho de que las miradas ajenas nos fulminan -La deje en su casa antes de venir, su ánimo se vino abajo cuando se enteró de que un engendro hospeda su vientre- responde

El mundo a mi alrededor se detiene por un breve lapso, Daniel sigue relatando entre sollozos y lamentos, pero mi mente se encuentra en otra nube apartada de este multiverso

“Salvador…” escucho mi nombre a lo lejos -Salvador… ¿Se encuentra bien? – pregunta obligándome a volver de aquel viaje astral - ¿De nuevo en el planeta filosófico? No pensará en aprovechar la situación para crear un libro acerca de esto ¿Verdad? – atrapa la oreja del pocillo entre sus esqueléticos dedos.

Me levanto del asiento intentando no mostrar las repercusiones del impacto de la noticia -Discúlpeme, debo ir al baño- plancho con las manos mi camiseta blanca y me dirijo con paso apurado en dirección al váter. Cierro de un portazo, perdiendo toda la hipócrita tranquilidad que había logrado transmitir, apoyo los codos en el lavamanos de porcelana caoba, me agarro de las mechas y despeino mi cabello medianamente arreglado en un silencioso arrebato. Abro la persiana elevada sobre mi frente, saco la cajeta de piel roja junto al encendedor, inhalo y exhalo exageradamente intentando desquitarme en el aspirar del humo. Tomo el teléfono del jean oscuro, busco desesperado el número de Milly entre los pocos contactos que poseo

-M… M… M…- repito bajando de desliz en desliz con mi pulgar buscando la letra, hundo la foto de la chica morena y extensa sonrisa. Giro la perilla del grifo con el fin de crear una laguna mientras que espero a que atiendan del otro lado-Maldita sea Milly… no ahora- maldigo para mis adentros. La contestadora responde después de unos segundos de duelo interno conmigo mismo, apago teléfono y lo dejo sobre el mesón. Sumerjo la cara en aquel pequeño lago, pasado un tiempo después vuelvo a la superficie, observo mi aspecto descuidado en el reflejo del espejo con gotas de agua deslizándose por toda mi facción, diría que tengo un aspecto similar al de un ebrio que acaba de llegar a casa afectado por un desamor. Pero no puedo darme el lujo de caer en la derrota, de hundirme en el alcohol y la melancolía viendo como las cosas van de mal en peor hasta un punto en que no haya arreglo, no… ese no es mi estilo. Apago el cigarro con el agua restante: produciendo un ruido seco parecido al de pisar el heno, intento volver a peinarme para pasar desapercibido ante los ojos de la sociedad

-Gracias a Dios- dice Daniel retirando su vista del celular y trasladándola a mi persona -Pensé que me había dejado solo-

Vuelvo a mi lado de la mesa, advierto la falta de vaho en el moca que disfrutaba hace unos minutos -No hermano, no suelo ser ese tipo de persona- me acomodo en la butaca con una pierna sobre la otra

El vidrio empieza a ser bombardeado primero pocas gotas de agua, después más y luego muchas, hasta que en un abrir y cerrar de ojos se crea un vendaval que opaca la serena melodía de fondo

-Entonces respóndame ¿A que se debe su apariencia desarreglada? Y ese olor a humo- se quita los lentes en un gesto algo dramático - ¿Estuvo fumando? Eso es algo que no es normal en usted Salvador-

-Tiene toda la razón- Es imposible engañar a este chico, cada que yo miento o intento acomodar algo a mi favor él lo sabe con solo mirarme a los ojos. Desde que estuvimos en el bachillerato su intelecto siempre fue superior al mío. No importaba cuantas veces me esforzara o cuantas veces lo intentará, el siempre entregaría los ejercicios de matemáticas antes que yo, y no era solamente en lo académico, abarcaba desde la improvisación en grandes obras de teatro hasta hablar con las mujeres por las que yo siempre anhelaba y babeaba ¡Era en absolutamente todo! Pero en esta ocasión, mi reputación y amistad dependían de una falacia lo suficientemente efectiva para salir de este dilema -Creo que el café me ha caído mal y he acudido al baño tan pronto me fue posible- pretendo tener una mirada fría e inexpresiva, si sabe que se trata de otra de mis mentiras no tendré una cuartada que me respalde

-Hemos venido a esta cafetería casi todas las semanas desde el año pasado- menea el pocillo en un movimiento circular, puedo escuchar suavemente como el líquido café se pasea por las paredes del recipiente -Me parece curioso que a estas alturas del partido algo como esto pudiera cogerlo mal parado-

-Bueno ¿Qué tema es mas importante ahora mismo? ¿Mi cuestionable intoxicación o su problema de niño en camino? - juego mi última carta -Tenemos que buscar una solución lo antes posible y usted lo sabe-

-Lo sé… pero comprenda mi situación, no tengo idea de que hacer. Ya de por si mi imagen con mis suegros es bastante desfavorable, ahora imagine que se enteren de que el “extraño novisucho” de su hija le dejó una cría dentro de ella- se apoya en los codos sobre la mesa -Estoy desesperado, incluso pensé en proponerle el aborto- dice ahora más tranquilo - ¿Será muy costoso? ¿Qué sabe usted sobre eso? –

-Es un tema muy delicado este que está proponiendo, primero que todo ¿Está de acuerdo en realizar dicha operación? ¿O solo es por salir del enrollo? – Cuestiono analizando de igual manera la idea. -Además, existen las distintas consecuencias que pueden atentar contra su integridad- y la mía

- ¿Usted qué dice hermano? -

- No quisiera dar mucha carreta sobre este asunto, así que solo diré que estoy de acuerdo- giro mi mirada hacía la tormenta fuera del local - ¿Pero está usted seguro? – Mi respuesta veo, lo hace dudar de sí mismo. Se toma la barbilla entre sus dedos pulgar e índice, evita mi mirada, abre la boca, pero no dice nada, esta es la primera vez en que lo dejo sin palabras y no al revés (No lo voy a negar, es satisfactorio ganar). Me levanto del asiento, agarro mi americana sobre la silla, dejo el dinero y el recibo de pago bajo el pocillo -Venga, lo llevaré con Milly- la excusa perfecta para verla, me apoyo en el barandal de madera (según yo) recientemente pulido, los cuadros de paisajes cafeteros a mi alrededor me hacen dudar de la elección de salir con semejante diluvio y no quedarme a tomar otro delicioso late caliente, no obstante, ignoro mis antojos y bajo por las escaleras que crujen como si de un baguette se tratase -Necesitamos pensar en una solución y no creo que venga en forma de café- Entreabro la puerta del lugar: una ráfaga de aire me azota, el piso de leño y la alfombra carmesí a mis pies se empapan casi al instante del abrir del portillo. Salimos de “Sri Lanka coffee” pegados a la pared negra del local decorada con una que otra maceta cargadas con Perennes, nos dirigirnos a mi auto que se encuentra en el estacionamiento adyacente, la lluvia nubla en gran medida mi visión, obligándome a caminar casi a ciegas por las oscuras y expuestas calles de Bogotá. En lo único que quiero pensar ahora es en llegar al interior del automóvil y reposar un rato este delirio. A medida que nos dirigimos al Mitsubishi color zafiro a unos metros de nosotros, pienso en una manera eficiente de distraer a Daniel (Otra vez) –El somnífero- recuerdo el spray de la guantera del automóvil. Hundo el botón del llavero, enseguida se escucha un “beep beep” de respuesta junto a un parpadeo de luce blancas que revelan la posición del único auto en el estacionamiento.

Cruzo el cinturón por mi inundado chaquetón, giro la llave y prendo los parabrisas

-Lo siento por su tapicería- se disculpa Daniel

-No se preocupe por eso- conduzco suavemente directo a la salida del parking –Yo no estoy muy seco que digamos-

El sujeto enciende la radio, conociéndolo, intenta olvidarse del mundo por completo mediante los variantes ritmos de la música y sé que es mucho más eficaz si se trata Bruno Mars, no soy quien para arrebatarle su momento de efímera tranquilidad y más cuando soy yo el malo de la historia, así que dejo al estéreo teñirme en todo tipo de colores neón e iluminar el interior del vehículo

-Entonces… ¿Qué debería hacer? - retoma el hilo de nuevo, siento como la débil armonía existente se desvanece de golpe - ¿Cómo anhelo llegar a ser un buen músico si ni siquiera puedo ser responsable con pequeñeces como esta? –

-No se castigue tan duro, es un error que cualquiera de nosotros puede cometer a la hora de la calentura- paso mi mano por mi rostro para limpiar algunas gotas que cuelgan de mis pestañas

-Si, lo sé, pero no estoy listo para cargar con una responsabilidad tan grande maestro- “Maestro” esa palabra retumba en mi mente, siempre me ha gustado que me llamen así, aunque considero que no soy lo suficientemente importante como para merecer dicho cargo

-Que no me diga maestro- digo, no obstante, por dentro genera un estado de éxtasis inmediata –Mejor tranquilicémonos con un poco de ambientador- estiro el brazo a la guantera sin quitarle los ojos al camino –Esto siempre ayuda a pensar mejor- bajo la ventana al lado mío y con el frasco de spray apunto a Daniel –No querrá oler a perro mojado cuando lleguemos a la casa de Milly ¿Verdad? -

-Creo que tiene razón, el olor a interior de auto excita a cualquiera- una media sonrisa se dibuja en su rostro

Baño al ario chico en cloruro de etilo, cerciorándome de no oler el somnífero y mantenerme cuerdo por el resto del trayecto. Intento permanecer callado y no buscar conversación para que, en cuestión de minutos, la música junto a los efectos del sedante deje fuera del camino (temporalmente) a Danny

El tráfico… el maldito embotellamiento a una esquina de la casa de Milly logra ponerme nervioso, el sedante no demora mas de 15 minutos y yo debo hablar lo antes posible con ella. Atisbo un pequeño callejón que seguramente no conduce a ninguna parte a nuestra derecha -No hay de otra- digo timoneando, cayendo en el desespero. Detengo el automóvil frente a la casa magenta con dos postes de luz a sus laterales. Tengo idea de la ubicación del conjunto de apartamentos de Milly por las repetidas ocasiones en las que he acompañado a Daniel, así que no será un problema llegar, observo al chico que ronca fuertemente una vez más, me lleno de valor, no por la lluvia, sino por afrontar los problemas con ella, abro la puerta del auto, y salgo corriendo.

8 de Agosto de 2020 a las 19:15 0 Reporte Insertar Seguir historia
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