honeypot93 Honey Girl

Obesidad. Ansiedad y fobia social. Park JiMin y Min YoonGi en realidad nunca fueron tan distintos. Cada uno recorrerá un camino con un único propósito: la autoaceptación. Es complicado amarte cuando has sido tan duro contigo mismo. Sin embargo, ambos descubrirán que la ayuda de quienes amamos, puede ser siempre, una gran bendición y la luz que nos hace falta para cumplir nuestro objetivo. ♥ One Shot♥ ♥ No se permiten traducciones♥ ♥ No se permiten obras derivadas♥ ♥ No se permiten adaptaciones♥


Fanfiction Bandas/Cantantes Todo público.

#fluff #minyoongi #parkjimin #boyxboy #yoonmin #soft #loveyourself
Cuento corto
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Capítulo único: "Love yourself".

Me has demostrado que tengo razones

Debo amarme a mi mismo

Mi aliento, el camino por el que caminé, son todas respuestas para mi

El yo de ayer, el yo de hoy, el yo de mañana

(Estoy aprendiendo cómo amarme a mí mismo)

Sin perderme una sola parte, sin dejar un solo hueco, todo, de mí ...》






¡Oye ya déjalo! — chilló indignado el niño antes de propinar un fuerte empujón al muchacho que no dejaba de reírse del castaño que yacía recostado en el piso, incapaz de moverse.


El enorme pelinegro se tambaleó y su risa cesó al instante, se irguió por completo y sus gruesas cejas oscuras se fruncieron con ira. JiMin tragó fuerte. Los ojos miraron fijamente al pequeño rechoncho delante de él que se había atrevido a empujarlo.


Tú qué te metes, cerdito — canturreó burlesco — ¡Hey todos! — gritoneó. — Miren como el cerdito defiende a su novio el chico raro.


Las blancas y suaves mejillas del pelinegro enrojecieron y se mordió el abultado labio inferior para no llorar. Miró a todos lados, sintiéndose indefenso cuando unos cuantos rostros comenzaron a rodear a los tres, al enorme mastodonte delante de él, a su pequeño amigo aún en el piso y así mismo, quien en su cabeza, intentaba buscar desesperadamente una salida a todo eso.


Escúchame bien cerdito — el enorme niño se acercó a él y lo sujetó por las blancas solapas de la camisa del uniforme escolar — no te atrevas a tocarme o te daré una paliza tan fuerte que desearás haber terminado en el matadero... ¿Me oíste?


JiMin asintió frenéticamente.


Asqueroso cerdo — musitó el muchacho antes de soltarlo con brusquedad. JiMin retrocedió trastabillando y cayó sentado, observando como todos comenzaban a marcharse entre pequeñas risitas.


JiMinie... — El castaño gateó jadeando hasta el — ¿Estás bien?


Eso creo — murmuró — ¿Tú lo estás?


Si... me golpeó un poco el estómago pero... no es nada


El pequeño pelinegro se levantó y sacudió sus pantalones, extendiendo sus manos hacia Taehyung, quien las tomó agradecido en busca de ayuda. JiMin quitó unas cuantas ramitas que se habían entreverado entre las finas hebras castañas antes de echar un vistazo a la camisa blanca y los pantalones grises del flacucho y pequeño niño.


Siempre se metían con TaeHyung por eso. Era bastante pequeño para tener trece años. JiMin estaba seguro de que crecería en cualquier momento. Esperaba que les diese una paliza a todos en cuanto eso pasara.

Tras su pequeño examen, asintió para sí mismo.


Parece que solo fueron golpes — sonrió, pero aquel gesto se desvaneció con rapidez — ¿Cómo es que fácilmente podrían matarnos y nadie lo notaría?

Taehyung se encogió de hombros.


Quizá sea algo sobre la cadena alimenticia.


¿Eh? — preguntó JiMin sin comprender.


Ya sabes, el plantón es devorado por peces, esos peces por otros peces más grandes y esos peces por ballenas.


JiMin rió suavemente y negó con la cabeza.


Si eso fuera así, me los comería a todos y esto terminaría — afirmó divertido. El castaño puso mala cara mientras sus dedos alisaron gentilmente el cuello de la camisa del pelinegro.


No digas esas cosas — reprendió.


En serio, Taehyung — suspiró el pelinegro.


En serio, ¿qué? — insistió el castaño mirándolo reprobatoriamente.


Mírame — instó JiMin señalándose.


Los ojos ambarinos observaron sin atisbo de risa alguna el ligeramente ondeado cabello negro azabache, el rostro de piel lechosa, redondas mejillas y los ojitos café ocultos tras ellas. Había un pequeño puchero en los gruesos labios sonrosados. Taehyung admiró la suave y esponjosa piel en los brazos de su amigo, siendo resaltados por la camisa blanca que le llegaba hasta poco más abajo del antebrazo. Ese era el lugar favorito de TaeHyung cuando se sentía triste, el blando pecho del JiMinie.


El pelinegro daba los mejores abrazos del mundo. Podía componer tu alma con solo abrazarte.


Te veo, JiMinie — asintió seriamente.


¿Y? — presionó el pelinegro.


Y, ¿qué? — graznó el castaño.


Odiaba los ojos con los que solía verse Park JiMin. El pelinegro rodó los ojos ansiosamente.


Y solo puedo decir... — Taehyung se inclinó hacia él y presiono con dulzura sus mejillas — Aegyo que mejillas tienes, bombón. — Canturreó sonriendo.


¡Tae! — chilló JiMin entre pucheros involuntarios ocasionados por las manos del castaño. — Shueltah mi ca...ra.


¡Jamás!


Ya bashta... — Taehyung rió con suavidad y asestó un pequeño beso en la naricita de su mejor amigo.


Escúchame bien, Park JiMin, nunca los escuches. Jamás los escuches. Tú eres más que todo eso.


JiMin asintió débilmente antes de que el castaño lo rodeara en un abrazó asfixiante meciéndolo de un lado a otro entre risas.


Sentado en una banca de madera fuera del aula, un tímido niño pálido de ojos rasgados y mechones azabache observaba la escena, presionando un poco más de la cuenta la pasta dura del libro que hacía ya mucho tiempo, había dejado de leer.






JiMinie... aguarda... — exclamó con el corazón acelerado mientras corría tras él —¡Detente por favor!


Pero el pelinegro no se detuvo, a pesar de que le faltaba el aliento y se sentía desfallecer. El sudor comenzaba a pegarle la enorme playera verde militar al cuerpo y sentía sus piernas incómodas embutidas en esos pantalones deportivos grises.


¡JIMIN! — chilló el castaño justo a tiempo, a la par que extendía una de sus manos para sujetar con firmeza el brazo de su amigo. JiMin parpadeó, levantando la mirada del piso y observando finalmente la autopista frente a él. Jadeó asustado cuando notó que el semáforo acababa de cambiar de color y los autos comenzaron su avance por el acceso. — Santo cielo, JiMin... ¿Acaso quieres morir?


El pelinegro se giró levemente hacia el apuesto joven de piel canela y hermosas facciones, que - por el momento - se hallaban turbadas. JiMin observó las gruesas pero armoniosas cejas castañas de Taehyung y como estas se encontraban elevadas con preocupación, sus enormes ojos ambarinos y el bonito perfil, los labios entreabiertos que - producto de la pubertad - se habían amoldado perfectamente a una mandíbula cuadrada pero de mentón afinado. El cabello castaño caía despeinado sobre la frente. Apreció la sencilla camisa azul y los jeans que envolvían su esbelta figura y suspiró. JiMin no supo cuándo su mejor amigo creció tanto, o se volvió tan guapo. Solo pasó y aunque dolía y deseaba que aquello también le ocurriese a él, se alegraba sinceramente por Taehyung. Al menos ahora ya no debía soportar burlas.


E-estoy muy feliz por ti. En verdad — aseguró el pelinegro asintiendo con rapidez — solo recordé... que debo ir a casa cuanto antes...


El castaño rodó los ojos y tiró de su amigo hacia su pecho, abrazándolo con toda la fuerza que tenía. JiMin no pudo soportarlo más, cuando sintió los pequeños pedazos de su corazón que habían sido sostenidos durante casi dieciocho años, dispersarse.


Ya... ya, JiMinie — canturreó Taehyung sin soltar su agarre mientras el pelinegro lloraba oculto en su pecho. — No es como si... como si no fuéramos a vernos jamás...


Pero te iras — afirmó JiMin desconcertado.


Taehyung suspiró profundamente.


Lo intenté — susurró sobre sus húmedos cabellos pelinegros — En verdad intenté que me dejaran aquí para estudiar juntos... pero mis padres vendieron la casa.


¡P-pero...pu-puedes... quedarte en... la mí-mía! — exclamó JiMin entre hipidos.


Mamá no quiere incomodar a tu familia. Quedarme unos días no es un problema JiMinie y lo sabes — asintió comenzando a acariciar con suavidad las hebras oscuras — pero es muy diferente vivir ahí hasta que termine la carrera y sé que lo entiendes.


Taehyung sintió a su amigo asentir contra su pecho.


Anda ya... Vendré en vacaciones, y volveré en cuanto termine la universidad... no es como si fuese a irme mañana — musitó con una pequeña sonrisa — aún queda el último año.


Los sollozos entre los brazos del castaño se intensificaron. Cómo si el necesitara sentirse humillado un año más.


Perdona. — susurró TaeHyung.


¿Qué voy a hacer sin ti, Tae? — murmuró desconsolado.


Jamás se había sentido tan asustado. Con TaeHyung ahí todo era fácil, sabía que podría enfrentar cualquier asunto. Cualquier burla.


Finalmente, había tomado la decisión de convertirse en maestro. Anhelaba con todo su ser, evitar que otros niños - sin importar su talla, peso, altura, ropa o lo que fuere - sean tan mal tratados como él. La mayoría de personas solían creer que los niños no eran malos y a veces el también deseaba hacerlo. Era complicado cuando toda su vida, durante dieciocho años, niños se aseguraron de demostrarle lo contrario solo por su peso.


Eso era lo peor.


Solo. Por. Su. Peso.


JiMin no recordaba haber sido malo con nadie. Él siempre saludaba y sonreía a todos. Siempre intentaba ayudar en lo que podía. El era una buena persona a pesar de todo. Eso era algo que jamás comprendería.


¿Cómo voy a hacerlo sin ti? — repitió, sintiendo sus ojos aguarse nuevamente.


Hey, hey... ya no llores. — Pidió el castaño apartándolo lentamente de su pecho y observando aquellos ojos cafés fracturarse adoloridos. TaeHyung limpió las lágrimas del rostro y le sonrió con dulzura — Vas a ser un maestro increíble.


¡Nadie va a quererme! — exclamó el pelinegro adolorido — ¡Nadie nunca me ha querido!


Hey, no digas eso o vas a herirme terriblemente.


JiMin quedó en silencio un instante y sus ojitos divisaron los autos que nuevamente se habían detenido a la espera de que el semáforo cambiara de color.


Además, no puedes olvidar las flores — canturreó el castaño.


Eso... — JiMin ladeó el rostro, apartando la mirada cuando el sonrojo de su llanto se vio intensificado — fue un accidente — susurró avergonzado.


Oh... — jadeó horrorizado el castaño, llevando una de sus manos a su pecho en un gesto de clara indignación. — Que durante cuatro años hayas recibido distintos tipos de florecitas en tu casillero para nada fue un accidente, Park JiMin.


Siempre creí que las habías dejado tú — admitió apenado el pelinegro — Para que no me sintiera tan mal.


Pues no... — confesó — No lo hice. Pero qué es lo que quieres, niño bonito... — susurró el castaño sujetando sus mejillas con delicadeza. —Dime, ¿qué es lo que quieres?


Eso — asintió JiMin en voz baja.


¿Qué, JiMinie?


Quizá suene tonto y superficial, pero quiero eso.


¿Qué? — inquirió confuso TaeHyung, sintiendo que sin importar lo que el pelinegro le pidiese, él se lo daría. Costase lo que costase. — Dime qué es, y será tuyo. Aunque tenga que subir al cielo para traerlo. Cruzaría cualquier océano y lo traería solo para ti, JiMinie.


JiMin bajó la mirada, sintiéndose pequeño. Sus ojos café encontraron una pequeña mancha roja de pintura en la calzada de la cual le fue imposible despegar sus ojos.


Quiero ser bonito, Tae — susurró. — Eso es lo que siempre he querido.


TaeHyung suspiró sintiendo su corazón doler. El no entendía cómo es que su mejor amigo no veía la belleza que su sola existencia encerraba. Estaba completamente convencido de que nadie merecía más la felicidad que él. Dio un vistazo nuevamente al rostro un poco más juvenil de redondas mejillas y bonitos ojos rasgados y compuso una enorme sonrisa cuadrado.


Ya lo eres, JiMinie — sonrió cegadoramente — Solo falta que lo notes y voy a ayudarte en eso, pero te advierto... no será fácil.


JiMin entrecerró los ya achinados ojos cafés - resultado del llanto - sin comprender.


Nada que valga la pena, lo es — murmuró encogiéndose de hombros.






En cuanto hubo ingresado al ambiente en el que impartirían su primera clase universitaria, siendo este un gran salón blanco con muchas carpetas grises que - gracias al cielo - eran individuales, sus pálidas manos se aferraron fuertemente a la mochila de mezclilla, presionándola contra su pecho.


Había optado por la ropa menos llamativa, unos sencillos jeans celestes y una camiseta gris, no quería llamar la atención, intentó llegar lo más temprano posible con la esperanza de que el lugar estuviera desierto, por lo que solo encontró a uno que otro joven, eligiendo asiento.


YoonGi miraba fijamente las grandes baldosas de cerámica color crema mientras caminaba, estaba completamente seguro de que si no miraba a nadie, nadie lo miraría a él y no intentarían hablarle. Se dirigió con prisa hasta una de las sillas al final del salón, de esas que estaban más próximas a la pared del lugar.


Suspiró aliviado en cuanto hubo tomado asiento y abrió la mochila despacio para sacar el grueso volumen de pasta violeta que había comenzado a leer hace poco más de un par de días y que aún estaba inconcluso.


El libro estaba dividida en dos partes y la trama había rápidamente llamado su atención, en un pequeño pueblecito, la muerte se sentía ofendida porque todos se quejaban de ella, entonces anunciaba que iba a detener su actuar y durante al menos un mes, las personas dejan de morir. Lo que había iniciado como algo "bueno" para todos, comienza a desencadenar problemas en los hospitales, problemas políticos, incluso comienza a cuestionarse la realidad sobre la iglesia, religión y otros seres. La segunda parte, que era la que se encontraba leyendo en ese momento YoonGi, era narrada por la misma muerte y como esta había decido retomar su labor, pero esta vez antes de acudir a uno, enviaba un sobre lavanda en el cual informaba que tenías siete días para solucionar cualquier asunto antes de que llegara tu hora final. La muerte enviaba cada día sobres, hasta que uno de ellos es enviado y rápidamente devuelto. Sin importar lo que la muerte hiciese para enviar aquella carta, esta terminaba volviendo a ella una y otra vez, razón por la que decide ir a averiguar sobre el destinatario.


YoonGi paseaba sus ojitos grises con rapidez sobre las páginas cuando sintió un suave toque en el hombro.


El efecto fue instantáneo.


Su boca se sintió repentinamente seca y su rostro palideció, un frio inclemente baño su cuerpo producto del nerviosismo. Sus manos temblaron ligeramente y su respiración se aceleró ante el enorme pánico que comenzaba a aplastarle el pecho. Sus ojos café se movieron con rapidez, levantó tímidamente la mirada y solo entonces notó que el salón ya se hallaba parcialmente lleno.


Hey, ese sí que es un buen libro — saludó un joven alto con una sonrisa llena de hoyuelos. Tenía el desordenado cabello castaño que - aunque algo revuelto - se veía elegante, y la piel ligeramente morena, los rasgados ojos chocolate miraron con timidez al pelinegro que parecía estar al borde de un colapso.


YoonGi examinó la simple camisa verde de manga corta y los jeans oscuros del chico frente a él. Estaba muy cerca... si tan solo se alejara un poco... Parpadeó, buscando la voz que había perdido en cuanto el moreno lo había tocado.


Uh... — lamió nervioso su labio inferior — Sí... — asintió — L-Lo es.


¿Puedo, sentarme aquí? — preguntó amablemente señalando la silla que se hallaba delante del pelinegro — Sé que en realidad podría sentarme en cualquier lugar — se apresuró a aclarar — pero no hay muchas personas por aquí y creí que quizá te molestaría si me sentaba en esta silla, por eso pregunto.


N-no... — musitó YoonGi — pu-puedes sentarte... donde prefieras.


Gracias — sonrió nuevamente mostrando los bonitos hoyuelos en sus mejillas — Oh, por cierto. Soy Kim Namjoon. — Le ofreció la mano y YoonGi sintió que se echaría a llorar ahí mismo. Pero debía ser fuerte, debía superarlo. Si planeaba ser maestro tenía que pelear contra eso.


Tardó un instante en asentir y extender tímidamente su mano hacia el moreno, para apretarla con suavidad. NamJoon sonrió un poco más.


Min... YoonGi — repuso débilmente.


¿No es un poco funesto leer Las Intermitencias de la Muerte en el primer día de clase de la facultad de Educación? — preguntó el castaño girándose un poco hacia él en su asiento. YoonGi levantó la mirada encontrándose con los ojos chocolate, pero la desvió con rapidez.


Eh... — musitó. Alguien acababa de cuestionar sus gustos... no se sentía muy seguro de lo que debía hacer... pero el libro iba siendo de su agrado, así que estaba listo para defenderlo. — Es... es buen libro. — susurró — A-aun no... no lo termino. Pe-pero creo...en re-realidad... que es una... historia de amor.


NamJoon sonrió.


Lo es — asintió el castaño. — De hecho, es una excelente historia de amor.

YoonGi se sintió extraño de repente cuando se encontró a si mismo curvando las comisuras de sus labios en una pequeña sonrisa tímida. El castaño no parecía haber sido tan malo después de todo. Quizá todavía existían personas amables que no se burlaran de su fobia.


Recordó al pequeño niño pelinegro y algo gordito que había estudiado con él a lo largo de su infancia y adolescencia y como su actuar había movido agradables hilos de calidez en su interior, impulsándolo a tomar una de las decisiones más importantes de su vida cuando eligió la carrera de educación. Su madre lloró, porque YoonGi pudo haber elegido cualquier otra carrera en la que no tuviese que luchar constantemente con la aterradora crisis de pánico que se presentaba producto de la ansiedad social que padecía, sin embargo YoonGi la había tomado de la mano y le había dicho que él podía.


Él podría hacerlo. Iba a pelear por eso. Ningún niño merecía ser maltratado - se repetía a si mismo constantemente - ningún niño merecía ser humillado. Ningún niño merecía llorar de aquella forma en los baños de una escuela. Y recordaba a Park JiMin y sus pequeños sollozos en el cubículo de al lado. Y recordaba a Park JiMin defendiendo siempre al mismo niño castaño más pequeño que él. Y recordaba a Park JiMin siendo ignorado por todos y aun así sonriendo y sentía que podía.


El, podía.


¡Park JiMin!


YoonGi frunció el ceño con evidente desconcierto en cuanto escuchó la voz del que - supuso - sería su nuevo profesor, diciendo el nombre que colmaba sus pensamientos.


En la misma fila que él, sentado unas carpetas más arriba, YoonGi pudo apenas divisar una cabellera rubio cenizo y la pequeña espalda de un joven. El pelinegro se encogió de hombros, pensando que quizá Park JiMin no era un nombre tan extraño, podían haber más Park JiMin por esa zona, ¿cierto?


¡Aquí! — contestó con voz aguda el rubio levantando el brazo.


Eso fue todo.


Suficiente para que el corazón de YoonGi cayera perdido dentro de su pecho. Sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa, sus finos labios se hallaban abiertos en una perfecta "o" por la impresión de ser nuevamente unido a junto a él en una clase. Junto a Park JiMin.


Ese, JiMin.


YoonGi sonrió tan pequeño que apenas fue perceptible. El destino podía ser verdaderamente curioso cuando se lo proponía.






Anda, no tengas miedo — habló esbozando una gran sonrisa tras sus carnosos labios. — Sujeta mis manos.


YoonGi sintió el pulso acelerarse tras sus oídos, su corazón latiendo frenéticamente en su pecho. El tirón en el estómago mientras intentaba regular su respiración. Sus ojos café vieron fijamente ambas manos de largos dedos algo torcidos extendidas en su dirección.


YoonGi extendió tímidamente sus manos y las colocó sobre las palmas del joven de cabello achocolatado.


Eso — alentó el joven, ejerciendo apenas un poco de presión sobre los dedos contrarios, entrelazándolos suavemente con los suyos. YoonGi inhaló y exhaló con brusquedad, intentando deshacerse del ataque de pánico que oprimía su corazón.


Cierra los ojos — pidió Seokjin.


N-no... creo...


Estas a salvo — aseguró — lo prometo.


YoonGi asintió levemente y cerró los parpados con lentitud. Lo último que vio, fue la chaqueta azul eléctrico del uniforme de psicología de su nuevo amigo, quien se hallaba sentado - al igual que él - en posición de loto sobre los jardines de la facultad de educación.


¿Podrías describir que sientes? — preguntó en voz baja SeokJin. — Concéntrate en las sensaciones de tu cuerpo, tu corazón, tu respiración e intenta describirlas. Vamos — alentó — puedes hacerlo.


YoonGi centró su atención en cada sensación que era percibida por su cuerpo. El suave gras sobre el que estaba sentado, la cálida luz solar que acariciaba su cabello, parte de su rostro y de la piel de sus pálidas manos. La fresca brisa que en ese momento despeinó unos cuantos mechones suyos, el suave perfume de los pequeños arbustos del jazmín y solo entonces logró enfocarse en los fuertes latidos en el interior de su pecho, una extraña sensación en la boca del estómago...


Mi c-corazón late — susurró — muy... fu-fuerte y rápido...


Continua — instó SeokJin.


Siento co-como algo en el estómago... des-desagradable... y un pitido su-sua

ve en los oídos y no pu-puedo controlar mi res-respiración... siento que... hace frio.

¿Sabes qué es?


Ansiedad... — murmuró con tristeza.


¿Sabes por qué? — aun con los ojos cerrados, el pelinegro asintió — ¿Podrías por favor decirme?


YoonGi dudo un instante. Lo sabía, pero no quería decirlo. Podría herir a SeokJin.


—Puedes decirme, no voy a enojarme contigo, lo juro— aseguró el castaño.


Estas... muy cerca... Y-yo... yo lo si-siento, SeokJin — murmuró apenado, temiendo haber ofendido los sentimientos del contrario.


Abre los ojos, YoonGi.


Los pálidos parpados aletearon antes de dejar al descubierto unos rasgados ojos café que solo podían mirar hacia las manos que aun sujetaban las suyas.


YoonGi, mírame — pidió el joven de bonitos ojos almendrados. YoonGi tragó con fuerza antes de elevar la mirada hacia él, ahí donde había temido encontrarse juzgado, solo pudo divisar una cálida sonrisa — No soy muy diferente de ti. ¿Ves a cada persona que pasea distraídamente por aquí?


YoonGi asintió.


Ellos tampoco lo son. Nadie es muy diferente entre sí. Tengo un corazón, que late como el tuyo. Tengo sentimientos, pensamientos, hay felicidad, tristeza y miedo en mi interior, buenos momentos y malos momentos, como todo ser humano en el planeta — los ojos rasgados le miraron atentamente. — Cuando alguien se acerque demasiado a ti, no te concentres en las diferencias o en el temor, eso es lo que al final, termina por distanciarnos del prójimo. Concéntrate en las similitudes que puedes encontrar con tu alrededor.


— susurró el pelinegro


SeokJin señaló un pequeño diente de león que crecía entre el gras.


¿Ves eso?


YoonGi asintió.


Tiene un propósito. Todo en este universo existe con un propósito. Tú también tienes el tuyo, YoonGi. No dejes que esto sea un obstáculo para que alcances tu sueños. Piensa en tu propósito antes de actuar, respira profundo y recuerda las similitudes. No diré que el miedo desaparecerá de la noche a la mañana, pero podrás lidiar con esto. Eres fuerte — alentó — sé que podrás hacerlo.


Gracias, Seokjin — habló sorprendiéndose a sí mismo de que el tartamudeo hubiese desaparecido, al igual que la sensación en su vientre, la cual, si bien no se había disipado por completo, se había vuelto mucho más suave, siendo fácil de tolerar. Sus ojos volvieron a enfocarse en los cálidos dedos que aún se encontraban presionando sus manos y se permitió sonreír ampliamente, haciendo que sus ojitos desaparezcan un poco y mostrando las pequeñas encías rosadas en una gummy smile.Mi corazón... se siente mejor.


Me alegro — contestó Seokjin significativamente — en verdad lo hago.


SeokJin elevó la mirada sobre las largas pestañas cuando sintió el roce de unos labios sobre sus cabellos chocolate.


Hey — susurró NamJoon extendiendo un vaso grande, blanco y con tapa en su dirección — Cappuccino. Perdona la demora cariño, habían muchas personas.


Descuida — sonrió SeokJin sorbiendo un poco de café — gracias Joonie.


Hey Yoons, aquí tienes — sonrió el castaño pasando otro vaso al pálido antes de sentarse en posición de loto junto a su novio. — Descafeinado sin azúcar.


Muchas g-gracias, Nam — sonrió el pelinegro. — SeokJin es-estaba ayudándome.


¿Ah sí? — sonrió el castaño dando un pequeño vistazo a su novio, quien tenía una pequeña sonrisa en los labios. — Estoy feliz de haberlos presentado.


YoonGi asintió. Él también se sentía feliz por eso.


Al final NamJoon no había sido malo en absoluto. Terminó siendo su compañero en los proyectos, exposiciones y solían reunirse en su casa. Era el único amigo que YoonGi había logrado hacer, y este no tardó en presentarle a su novio. SeokJin era tres años mayor que Nam y estaba en los últimos años de la carrera de psicología, y, a parte de NamJoon, era la única persona que conocía parte de sus sentimientos por JiMin y quien había prometido ayudarle a perder el temor que lo sobrecogía cada vez que intentaba acercarse. Los avances eran lentos, aunque parecían prometedores y YoonGi sentía como la esperanza iba poco a poco floreciendo en su pecho, había recorrido un trecho aceptable y ahora se sentaba a espaldas del rubio, incluso el pánico había disminuido notablemente en sus exposiciones frente a todos. Tartamudeaba y a veces solía quedarse en blanco, casi siempre su corazón amenazaba con estallar y su respiración se volvía tan fuerte que los de la primera fila le observaban asustados pero lo estaba logrando, él no iba a rendirse.


Estaba, aunque de forma lenta, aprendiendo a manejarlo. A lidiar con sus demonios.


Oh — musitó SeokJin observando el sencillo reloj de pulsera negra que traía consigo — tengo clase, debo irme. Recuerda lo que te dije, Yoons. — Sonrió en dirección al pelinegro, quien asintió con una sonrisa — ¿Me esperas a la salida? Podemos ir a ese restaurante tailandes y comer algo... — pidió al castaño.


Te esperaré en la entrada de tu facultad, ¿sí? — SeokJin asintió, posando esta vez sus grandes ojos en YoonGi.


Ven con nosotros, YoonGi — pidió — será divertido.


El pelinegro se heló un momento, recordando lo que implicaba salir. Muchas personas que no conocía y un ambiente al que no estaba acostumbrado. Quizá alguien intentaría hablarle o tendría que cruzar mareas de personas en las calzadas, al cruzar las autopistas, los cuerpos muy cerca de él ... SeokJin adivinó con rapidez la dirección de los pensamientos de YoonGi y extendió una de sus manos, colocándola sobre las rodillas del pelinegro.


No te rindas. Puedes hacerlo.


— asintió YoonGi. — T-te esperaré con Nam.


De acuerdo — asintió el joven poniéndose de pie y sacudiendo sus pantalones de tela azul marino de las pequeñas pajitas que pudiesen haber quedado en este.






YoonGi llevaba poco más de medio año sentándose detrás de JiMin, aun así era imposible para él, olvidar la primera vez que había podido ver su rostro con total claridad en aquel salón, se sintió cohibido, sin aliento ante quien parecía ser el nuevo Park JiMin.


YoonGi apenas podía reconocer al pequeño niño con sobrepeso que siempre reía, tras el suave delineado marrón en los ojos rasgados - ahora mucho más grandes producto de su nueva figura - divisó las pequeñas pecas doradas regadas sutilmente por las blancas mejillas redondeadas teñidas de un suave rubor coral, armonizando hermosamente con la varonil mandíbula de afinado mentón. Ahí, debajo del brillo cereza sobre los gruesos y bonitos labios, todavía podía ver a aquel niño y adolescente, en quien tantas veces había pensado. JiMin llevaba una sencilla playera blanca cuando se giró hacia él y le observó con esos ojos que YoonGi recordaba cafés, pero producto de las lentillas, ahora resaltaban en un tono verde olivo.


¿YoonGi? ¿Cierto? — preguntó con una pequeña sonrisa.


YoonGi por poco se cae del asiento.


El corazón corriendo lejos de su pecho mientras ese molesto tirón en la boca del estómago que sentía cada vez que estaba al borde un ataque de pánico, le dejaba sin aliento. Quiso hablar, decir algo, lo que sea, pero no encontraba su voz dentro del nudo en la garganta, así que únicamente asintió.


¿Tienes un lápiz? Creo que perdí el mío. — Pidió con una cegadora sonrisa que no ayudó en lo absoluto a calmar los ya frágiles nervios del pelinegro.


YoonGi asintió rápidamente sujetando la mochila que yacía sobre sus muslos, la abrió y sus manos tantearon el interior en busca de un lápiz. Extendió hacia el rubio tres lápices y dos lapiceros. JiMin ocultó una risita tras sus palmas mientras sus ojos sopesaban las opciones en las temblorosas manos del pelinegro, se decidió finalmente por un sencillo lápiz de madera.


Este... estará bien. — Asintió. — Gracias.


El pelinegro volvió a asentir. JiMin ya había vuelto la vista a la pizarra, pero se giró de repente.


YoonGi, sé que quizá suene extraño pero... ¿nos hemos visto antes? — preguntó con extrañeza. —Tu rostro... me parece... familiar.


YoonGi asintió, sintiendo un suave rubor cubrir sus mejillas. JiMin se acordaba de él. Oh Dios, JiMin lo recordaba.


Fuimos... co-compañeros en la escu-cuela. — Habló YoonGi bajito, intentando ocultar su tartamudeo. Maldijo interiormente cuando no lo logró.


¡Oh sí! — sonrió nerviosamente JiMin antes de girarse lo más rápido que pudo hacia la pizarra.


Y eso fue todo.


JiMin no volvió a hablarle más. Incluso parecía evitarlo, pues a la siguiente clase, se cambió de sitio lo más lejos que pudo de un confuso YoonGi, quien no comprendía que era lo que había hecho mal. Con el pasar del tiempo, la actitud de JiMin comenzó a ocasionar una pequeña fractura en el corazón del pelinegro, quien solo podía ver de lejos, como una de las personas con las que más se esforzaba por hablar, parecía intentar por todos los medios, pasar de su existencia.






JiMin huyó lo más rápido que sus piernas permitieron recorrer los pasillos de la universidad. Cuando por fin, encontró un baño, se metió a uno de los cubículos y trabó la puerta. El dolor se expandió desde su pecho, comprimiendo bruscamente el nudo en su garganta. Sus ojos picaron y llevó una de sus palmas a sus labios, intentando ahogar el fuerte sollozo que brotó de él.


Había sido descubierto.


Algún tipo, de no sabe que semestre, se enojó con él. Parecía que la novia del muchacho se había mostrado interesada en JiMin, quien ni siquiera la conocía. Y debía admitir, que entre tantas burlas recibidas, el jamás se había sentido atraído por nadie. Tenía demasiado miedo de terminar herido. Demasiado miedo a que rompieran su corazón.


Bueno... quizá si había existido alguien. En caso de que Taehyung no mintiera respecto a las flores en su casillero, por supuesto que había existido alguien.


Obviando eso, el joven se había sentido tan amenazado por JiMin, que había conseguido fotos antiguas de él, y ahora estas descansaban en casi todas las superficies - sobre las que se pudiera adherir cinta - de la facultad de Educación. En cuanto el rubio acudió esa mañana a clase, lo primero que le saludó fue una foto suya con la leyenda "Has visto a este Park JiMin".


El antiguo él.


En unos enormes pantalones deportivos y una gran camiseta vieja. Apenas y podía ver sus ojos en aquella foto por lo redondas que habían sido sus mejillas. Negó aterrorizado cuando las vio. No podía ser. Por qué... ¡por qué tenía que ser todo tan injusto! Se había esforzado hasta la muerte para perder peso, TaeHyung lo ayudó con la dieta, ejercicios. Aun corría, iba al gimnasio constantemente, aun había días en los que el temor de volver a pesar más de setenta kilos podía con él y no comía en lo absoluto. Aun cuando se miraba al espejo... aun, no lo veía, aun el no lo creía...


No creía que pudiese ser el hermoso joven rubio que le devolvía la mirada desde el espejo cada mañana cuando despertaba.


¿Por qué tenían que ser tan malos? ¡Incluso a él aún le costaba trabajo quererse! ¡Aún le costaba trabajo notar lo que había logrado! ¡¿Por qué todos tenían que recordarle algo con lo que aún lidiaba?!... ¿Por qué no podían dejarlo en paz?... ¿Por qué tenían que ser... malos?


Escuchó pasos fuera del cubículo, y apresuró ambas manos hacia su boca, intentando amortiguar el sonido ahogado del llanto que surgía de él. La puerta de uno de los cubículos chirrió al ser abierta y JiMin oyó como claramente la cerraban. De pronto, sintió suaves toques a través de la fina pared.


He-hey — llamó una voz gruesa que reconoció al instante. — ...Ho-hola.


¿YoonGi? — murmuró con voz quebrada.


SÍ... ¿Estas bien? — preguntó. Sonaba preocupado y aun así, el pelinegro no había podido evitar sonreír. No había tartamudeado. Quizá la pared entre ambos era de ayuda.


— respondió rápidamente JiMin — ¿Sabías que estaba aquí?


Sí.


¿Cómo? — murmuró curioso.


Te vi... en-entrar.


Oh — susurró sintiéndose avergonzado.


¿Seguro que estas... b-bien?


JiMin aguardó un momento, sus dientes mordiendo ansiosamente la suave piel de su labio inferior.


N-No... tienes que... mentir — insistió el pelinegro. JiMin suspiró.


Siempre tengo que hacerlo — soltó de repente.


No. N-no tienes q-que.


¿Sabes todo lo que tuve que hacer para que las personas me aceptaran? — murmuró secamente. YoonGi frunció el ceño con suavidad, sus nudillos golpearon levemente la pared de nuevo.


¿P-por qué... no te aceptaste tu p-primero? — preguntó curioso. — Qui-quizá habría sido más fácil.


YoonGi se sobresalto cuando la puerta del cubículo en la que se encontraba fue abierta de golpe.


JiMin le miraba fijamente con grave indignación marcando sus lentillas verdes, el rostro sonrosado por el reciente llanto, las suaves hondas rubias algo despeinadas. Parecía herido. YoonGi se sintió sin aliento, pero inhaló y exhaló intentando contener el tornado en su pecho.


No te atrevas a decir que hubiera sido fácil. Jamás fue "fácil" — exclamó haciendo comillas en el aire en la última palabra. YoonGi solo podía ver los esponjosos labios brillantes y abultados — Ni siquiera mi madre me aceptaba... las personas me miraban como si fuera... —JiMin torció sus bonitos labios en una mueca — Como... si... ¡Solo era un niño! — chilló comenzando a romperse, ocasionando que YoonGi diera un brinquito allí sentado — ¡Y ellos me veían como si fuera...


A-amable — cortó con timidez el pelinegro.


JiMin parpadeó, deteniéndose súbitamente. Sus ojos se vieron enormes, reflejando sorpresa. Sus abultados labios quedaron entreabiertos mientras exclamaba su indignación. El joven pelinegro parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para hablarle, pero una vez hubo comenzado fue incapaz de detenerse.


Re-recuerdo... en te-tercer g-grado, cuando tuvimos que ha-hacer un sis-sistema planeta-tario. A ese niño... Ta-Taehyung... un niño le rompió su... su maqueta... y to-todos se burlaron de... él. Quise ayudar... de verdad qui-quise hacerlo... pe-pero sabía que todos... me observa-varían y... tendría u-una de e-esas crisis de ansie-edad, con las que... suelo tra-trabarme. Tenía mi-miedo...


Las cejas de JiMin se curvaron con tristeza cuando por fin pudo comprender el recuerdo del solitario niño pelinegro que apenas hablaba en voz alta. Ansiedad social... Oh Dios, pobre YoonGi. En ese momento ya no sabía quién estaba más asustado, si él o el pelinegro que peleaba con las palabras para poco a poco poder decirlas.


Me que-quede ahí... aguardan-do... — Los ojos de YoonGi ya no le miraban, habían retrocedido al pasado — Hasta que... tú te mo-moviste y mi corazón se de-detuvo en mi pecho... Si-siempre se reían de... ti. Y... y-yo no quería que... te hirieran. Recuerdo que se r-rieron cuando lo ayudaste, pero e-eso no... te de-detuvo. Le... sonreíste y le dijiste a e-ese niño q-que... no llorara, que le a-ayudarías... lo r...re-recuerdas?


La mano de JiMin que sostenía la puerta del cubículo, afianzó su agarre, mientras sus ojos seguían mirando fijamente a YoonGi. Sentía como si alguien le hubiese tirado una fuerte bofetada. Era verdad, así había conocido a Taehyung.


Re-recuerdo en... q-quinto grado cuando uno de... e-esos chicos... le q-quitó la mo-mochila... y co-comenzaron a arro-arrojarla por to-todos lados... solo porque decían q-que el e-era raro y p-pequeño... T-tu... los enfren-enfrentaste y... te... te gol-golpearon — las cejas oscuras se crisparon con molestia, pero la mueca se suavizó, terminando en una pequeña sonrisa — pero ga-ganaste. Y supe que n-no solo eras a-amable... E-eras valiente.


Yoon-


No im-importa cuánto qui-quisiera ayu-yudar, yo no... era capaz de en-enfrentar mi fo-fobia por... o-tros. Tu... — YoonGi susurró — Tu... sin em-embargo... parecías — rascó nerviosamente su nuca antes de encogerse de hombros — ate...ate-rrorizado... pero eso n-no impedía q-que... los enf-enfrentaras.


YoonGi yo no soy...


Re-recuerdo en se-sexto curso... cu-cuando... pla-planeaban una... bro-broma a una pobre ma-maestra suplente y... t-te... en-enteraste... te es-escuche... hablar con Ta-Taehyung... te sentís-sentiste tan mal por e-ella... que fuiste a c-contárselo y en el salón to-todos excepto tu... a-amigo... de-dejaron de ha-hablarte y si-siguieron moles-molestándote por...musitóya s-sabes, tu... p-peso. Llo...lloraste... mucho p-por eso.


¿Cómo lo...


T-te... es-escuche en el b-baño... qui-quise ha-hablarte ent-entonces... ¿sabes? — aseguró YoonGi levantando la mirada café y posándola apenas un instante en los ojos verdes. — De verdad... qui-quise ha-hacerlo... Pero no... tienes... i-idea del... mi-miedo que se a-apoderaba de mi c-cada vez... que... inten-intentaba hablar con a-alguien... Aún está a-ahí, pero ahora... soy m-más valiente, gra-gracias a ti... Yo... Uh... — Las mejillas de YoonGi se colorearon aún más cuando admitió — d-dejaba una pe-pequeña... flor-florecita dentro de tu... cas-casillero cada ma-mañana... lo hice una vez... y... y t-te... hice... te hice f-feliz... y seguí... si-siempre a-aguardaba tras... m-mis... li-libros para v-verte... sonreír cu-cuando la encon-encontrabas...


Los ojos de JiMin se abrieron enormemente.


Entonces... si había existido alguien.


Durante todo ese tiempo, alguien - además de su mejor amigo - había sentido algo tan lindo por él, como para desear verle sonreír cada día.


E-eras... tú.


P-perdóname — pidió profundamente. — Hu-hubiera... querido... ha-hacer más...por tí.


JiMin negó con la cabeza.


No había nada que perdonar.


Le pareció un gesto tan tierno que no se atrevió a deshacerse de ellas. Había secado con sumo cuidado las pequeñas florecillas y las atesoraba en las libretas en las que solía escribir. Las observaba diario, preguntándose quien podría haber sido, no estaba muy seguro respecto a la sinceridad de TaeHyung sobre eso, pero ahora...


D-descubrí... durante ese ti-tiempo, que eras... res-respetuoso y que podían d-dañarte con... fa-facilidad y a... p-pesar de eso, n-no querías mostrar... de-debilidad. E-Eso me... hizo fuer-fuerte... —confesó el pelinegro. — Y e-en ti... P-Park JiMin... e-encontré una bo-bonita isla... soli-solitaria de... a-amor, en la cu-cuál hubiese q-querido... refugiarme... No en-entendía como... nadie más lo v-veía, ade-además de... e-ese amigo tu-tuyo, claro. Siem-siempre... envidié un p-poco a... Ta-TaeHyung, por... lo afo-afortunado q-que era... No sé q-que... pasó o po-porqué tu p-peso... pareció vol-volverse más... impor-importante de lo q-que... tú eras... — señaló con el ceño fruncido.


Y-yo no...


N-no... eras solo t-tu... peso. Ja-Jamás lo... h-has sido. — YoonGi sonrió sutilmente — no voy a n-negar... que casi m-me... da algo cuan-cuando... te vi entrar al s-salón ha-hace u-unos... meses... y te ve-veías así... Supe... q-que eras tú, ¿sabes?, in-incluso yo... qui-quise... qui-quise ha-hablarte... — YoonGi negó con la cabeza — pero es-estaba ahí... esa sen-sensación que... pre-presionaba mi... p-pecho... co-como si me... estu-estuviera asfixi-asfixiando... cada vez que iba a intentarlo. — YoonGi llevó una de sus manos a su pecho y rió con suavidad - Di-Dios, aún la... siento...


JiMin recordó al pálido en clase y se reprendió mentalmente por haber impuesto distancia con YoonGi en cuanto este le había recordado que lo conocía de la escuela, que idiota había sido. Ahora no podía más que mirar anonadado los bonitos ojos cafés que habían vulnerablemente derramado sus sentimientos.
Después de que YoonGi le dijera que habían sido compañeros durante tanto tiempo, el rubio no tardó mucho en ubicarlo entre sus recuerdos, pero aún así había decidido no darle mucha importancia y alejarse para prevenir. YoonGi le había parecido demasiado atractivo para poder si quiera tener una oportunidad con él, quien, aunque parecía no hablar mucho, definitivamente había tenido algo que decirle.


YoonGi se puso de pie, inhaló y exhaló fuertemente antes de levantar una de sus manos en dirección al cabello rubio, sus latidos se incrementaron con violencia, así que bajó el brazo, sintiéndose cohibido.


Tu c-cabello... lo tintu-tinturaste y u-usabas... esas... esas lenti-lentillas verdes... esas que traes a-ahora... y tu ma-maquillaje... y uh... esa ro-ropa... — las cejas oscuras se crisparon y YoonGi pareció asustarse — N-no... no llores... Yo... no... q-quería... eso...


JiMin jadeó y llevó una de sus manos a su mejilla, sintiendo la cálida humedad reciente producto de sus lágrimas. Solo entonces, notó su rostro completamente humedo.


Estoy bien — murmuró débilmente. — No te preocupes por mí.


— Ah... p-perdona — Susurró YoonGi — Uh...yo... me... si-siento... te-terrible... p-por esto.


No... — habló suavemente JiMin — No... No tienes porque.


Era verdad. Esas lentillas, tener que maquillarse, cambiar su guardarropas, tod

as esas cosas, incomodaban como el infierno.


Te-tengo... una...exposición... ma-mañana... y de-debo... practicar... y pensaba... re-regresar... a-ahora a... c-casa.


El rubio asintió algo decepcionado, ya que eso significaba que no lo vería el resto del día. Los estúpidos afiches habían quedado en el pasado junto a su anterior imagen y era hora de aceptarlo. Ya podría quitarlos con una sonrisa más tarde. Él había ganado, con todo su esfuerzo, él había ganado. Lo que no podía creer era que alguien lo hubiese amado aún a pesar de eso. A pesar de que no había sido capaz de aceptarse a sí mismo, al menos, no todavía.


Oh... y-yo... — llevó una de sus manos al bolsillo superior de la camisa negra y sacó de este un pequeño botón de una lila — L-lo... recogí pa-para ti... yo... me pre-preguntaba si... t-tendría el valor de... dártela. — sonrió.


JiMin extendió la palma para recibir la pequeña florecilla y sintió un enorme soplo de calidez y tranquilidad colmar cada rincón de su ser.


Gracias — susurró con todo su corazón.


P-perdona... el... tar-tartamudeo... — susurró YoonGi. JiMin negó con la cabeza rápidamente.— A-amate, JiMin... — se despidió YoonGi con una pequeña sonrisa. Uno de sus hombros rozó con suavidad el hombro del rubio al salir del cubículo.


JiMin permaneció allí, admirando el contraste entre el brillante purpura del pequeño botón en su nívea palma.






Pedaleó hasta que sintió sus músculos arder y cuando por fin divisó la casa, JiMin arrojó la bicicleta a un lado y corrió sobre la hierba del jardín. Sus ojos recorrieron el perímetro quedando fijos en el pequeño balcón que sobresalía de una de las habitaciones. Enfocó la mirada y sonrió al ver al pálido, quien llevaba una gran camiseta en suave tono hueso y unos pantalones deportivos negros, apoyaba ambos brazos en la baranda que resguardaba el pequeño espacio, mientras sus ojos admiraban los bonitos botones blancos y una que otra hermosa florecita del árbol de cerezo justo al lado.


No iba a ser difícil subir hasta allí.


A medio camino hacia el balcón, JiMin se detuvo abruptamente cuando escuchó una voz profunda y algo grave hablar con completa fluidez.


Si analizamos el trasfondo de la Obra de Choi In Hun, podemos encontrar que intentaba transmitir el dolor en el sentimiento de pérdida que habita en la guerra. No solo por perder a un ser amado... ese sentimiento de ser despojado por completo de tu hogar, tu ciudad, todo lo que conoces... como si todo se marchara y fuera brutalmente sustituido con...


Oh, Dios.


JiMin parpadeó completamente en blanco.


Era YoonGi.


Era realmente YoonGi. Así sonaba.


Así es como se escuchaba cuando estaba solo. Sin personas a su alrededor. Confiado y seguro de sí mismo. Alto y fuerte. Sin temblores, sin tartamudeos, sin miedo alguno. Sus manos se aferraron aún más al tronco del árbol y continuó subiendo hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para sujetarse a la baranda e impulsarse al balcón. El suave resonar de la suela de sus tennis contra la madera del piso no fue percibido por YoonGi, ya que el ventanal que brindaba acceso hacia su habitación, se encontraba cerrado y con las vaporosas cortinas crema apenas abiertas.


JiMin se acercó a los cristales y observó por entre las cortinas, el cálido espacio que era la habitación del pelinegro. Un amplio, pero sencillo espacio pintado en suaves tonos lavanda azulado. Sus ojos recorrieron el estante largo y bajo, el cual se hallaba repleto de libros, sobre la superficie descansaban tres pequeñas macetas de barro rojo que resguardaban pequeños cactus, reconoció una de las flores que había recibido en su último año en la secundaria en una de las diminutas plantitas. Había también un escritorio de madera, en el que el rubio observó una laptop cerrada y los cuadernos que - supuso - serían los que usaba para tomar nota en la universidad.


JiMin sofocó con torpeza una risita cuando vio al pelinegro de pie a pocos metros de su escritorio, dándole la espalda, mirando fijamente su cama, en la cual descansaban muchos peluches de diferentes tamaños y colores. El rubio vislumbró desde gatitos, hasta un pequeño peluche redondo muy muy amarillo, que parecía ser un pollito.


Esto no está funcionando... ¡Soy demasiado bueno frente a ustedes! — exclamó indignado —¿Podrían darme algo de emoción? Es decir, parece que JyHuo va a desmayarse cada vez que debo hablar en público...


JiMin frunció ligeramente el entrecejo.


Era verdad. La castaña en la primera fila parecía estar lista para correr hacia YoonGi en cuanto este comenzaba a quedarse en blanco e inhalar y exhalar fuertemente.


YoonGi se llevó las manos a los cabellos azabaches y tiró de ellos suavemente en medio de una pequeña rabieta.


— ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué tengo que congelarme cuando estoy frente a las personas? Deben pensar que soy un idiota, por qué no puedo simplemente hablar... Puedo hablar ahora Kumamon — aseguró señalando al gran oso negro de rojas mejillas que le miraba directamente — ¡Responde! ¿Por qué puedo hablar ahora si están mirándome? — puchereó.


El rubio no pudo evitarlo más.


YoonGi giró sobresaltado con una mano en su pecho, intentando detener los alocados latidos de su corazón en cuanto la risa llegó a sus oídos. Sus ojos se abrieron como platos cuando vio a Park JiMin espiarlo tras los cristales agitando entusiasmado su palma hacia él, en forma de saludo. YoonGi parpadeó atónito antes de frotar el dorso de sus manos sobre sus ojos rasgados para asegurarse de que, efectivamente era real. Creyó que desaparecería, pero no. En cuanto sus ojos se hallaron libres de nuevo, pudo ver que el rubio seguía ahí. Aguardando.


JiMin elevó una de sus manos y las yemas de sus dedos se posaron apenas sobre el cristal. YoonGi dio un pequeño saltito.


Ji-JiMin... — dirigió sus pies descalzos hacia el balcón. Tiro de una cuerdita blanca y abrió por completo las cortinas antes de abrir aquellas enormes ventanas de cristal.


Hola, YoonGi. — saludó con una enorme sonrisa en cuanto el pelinegro estuvo frente a él.


¿Q...qué... — musitó YoonGi con la incomprensión llenando sus orbes café — ¿C-cómo?


¡Oh! — sonrió aún más el rubio — dije que eras mi compañero en un proyecto y como no habías asistido hoy a clase, necesitaba tu dirección. No fue muy complicado que me la dieran...


Pe-pero... ¿Por qué? — preguntó sin comprender.


Quería verte — respondió, encogiéndose de hombros, como si fuera lo más natural del mundo. YoonGi quedó sin aliento. El sentimiento comenzó nuevamente a agobiarlo, obligándolo a hacer esfuerzos para sosegar su respiración.


Ma-mañana... íbamos a... ve-vernos... en c-clase.


¡Lo sé!... Es solo... que... No quería esperar... — la sonrisa desapareció de los abultados labios — Quería agradecerte, YoonGi. Por lo que dijiste, hoy.


El pelinegro sonrió nervioso.


N-no... tienes n-nada que... a-agradecer.


Tengo que — insistió — ¿Estabas preparando tu presentación de mañana? — YoonGi asintió mientras se adentraba nuevamente a su habitación, indicándole al rubio con un ademan de cabeza, que lo acompañara — lo hacías muy bien — sonrió. El pálido se ruborizo suavemente.


Ah... ¿M-me... escu-escuchaste? — cuestionó avergonzado girando levemente el rostro hacia él. JiMin asintió — Eso... es p-porque no... ha-había nadie.


Son... son muchos libros — exclamó sorprendido el rubio repasando con sus dedos la superficie de los lomos gruesos, delgados, y de diferentes colores. — ¿Los leíste todos?


Gr-gran... parte. S De-debería ayu-ayudarme... con el... ta-tartamudeo... son... las pe-personas... uh... me... — YoonGi negó con la cabeza, limitándose a sonreir.


Lo siento — susurró JiMin. — ¿Quieres que escuche tu presentación? Quizá practicar con alguien más podría ayudar.


¿E-en serio? ¿Lo... h-harías por mí?


JiMin asintió emocionado, sentándose entre los peluches del pálido y abrazando al pequeño pollito redondo.


Voy a escucharte.


B-bien.


El pálido repitió torpemente su presentación tres veces frente a los atentos ojos café, quienes no dejaban de observar el tenue rubor que se mantuvo durante casi hora y media en sus mejillas, como las grandes manos níveas gesticulaban con delicadeza entre las explicaciones, como las afiladas cejas oscuras se torcían frunciéndose apenas cuando parecía olvidar algo y como las comisuras de finos labios rosas se elevaban casi invisiblemente cuando volvía a recordarlo.


YoonGi era atractivo.


Y tímido.


Parecía tierno, y JiMin se sorprendió a si mismo perdiéndose un momento en los rasgados ojos café frente a él.


E-eso sería todo... respecto a mí a-análisis — habló con más seguridad. JiMin le sonrió. — ¿Mu-muy mal?


Lo hiciste muy bien — alentó sinceramente, sus labios se curvaron con ternura.


G-gracias, JiMin. A-aveces... Namjoon viene a... ayu-ayudarme. P-pero estuvo... ocupado, hoy.


Si quieres puedo venir a ayudarte — sonrió. — De hecho, me gustaría venir a ayudarte.


¿E-en serio? — El corazón del JiMin latió cálidamente cuando los ojitos rasgados desaparecieron y pudo ver parte de las pequeñas encías rosadas en la adorable sonrisa que YoonGi le obsequiaba.


Me gustaría — afirmó JiMin asintiendo. — Creo que... ya debo irme — se puso de pie — van a ser las diez.


Si...


Descuida, bajaré por el árbol — rió.


¿C-cómo lo... su-subiste? — preguntó curioso mientras acompañaba al rubio al balcón y sus ojos examinaban la longitud del grueso tronco del cerezo. — E...es muy... alto.


TaeHyung tuvo un... extraño programa de entrenamiento cuando me ayudó a perder peso. Incluía escalar y trepar arboles. — rió — Lo odié en ese momento, jamás creía que pudiera ser útil en el futuro.


Oh...


También sirve si te persiguen perros furiosos... Solo bromeo... — se apresuró a aclarar en cuanto vio la expresión en el rostro del pelinegro — además, eso solo pasó una vez — murmuró riendo por el repentino recuerdo y por el terror en la cara de YoonGi.


JiMin se colocó en cuclillas a punto de escurrirse bajo el barandal, pero se puso nuevamente de pie y sus ojos buscaron al pálido quien le observaba con una pequeña sonrisa en los labios.


YoonGi, sé que sonará precipitado, pero... Yo... ¿Te gusté alguna vez?

Los ojos rasgados se abrieron enormemente por la sorpresa y YoonGi sintió su corazón, al cual le había llevado algo de tiempo acostumbrarse a la cercanía del rubio, volver a acelerarse con brusquedad. Sintió la sequedad, producto del nerviosismo comenzar a expandirse por su boca, lamió su labio inferior sintiéndose expuesto.


E...es difícil... que tu... no le g-gustes a... alguien.


JiMin sonrió ampliamente.


No es lo que pregunté.


¿N-no?


Me refiero a... — susurró — en la escuela. Cuando no... no me veía así.Rodó los ojosYa sabes... En algún momento, yo... ¿te gusté siendo JiMin?


YoonGi bajó la mirada sintiéndose tímido de sus propios sentimientos y solo atinó a encogerse de hombros. Hubo un silencio, que se prolongó por unos minutos. JiMin creyó que no respondería, cuando la voz de YoonGi sonó clara y segura.


Siempre... fuiste JiMin. Sí.


Oh — JiMin se sonrojo suavemente, cuando habló, su voz fue apenas audible — Y... que me dices de ahora... Yo... ¿Crees que tenga alguna oportunidad?


YoonGi jadeó y sus mejillas se ruborizaron con violencia ante la existente posibilidad de ver sus sentimientos expuestos frente a otra persona. JiMin vio el terror en los orbes cafés y le sonrió, buscando calmarlo.


Descuida — apresuró el rubio, negando con las manos — no tienes que decírmelo aún, está bien.


El pelinegro bajó la mirada avergonzado.


De todas formas, iba a pedirte que vinieras a cenar conmigo mañana.


¿C-cenar?


Sí, podemos ir a una cafetería o a un restaurante, hay uno muy bonito a unas calles de aquí en realidad, yo quisiera... — JiMin se detuvo en cuanto vio los bonitos ojos café fracturándose desilusionados. — No deben gustarte mucho esos lugares... ¿cierto?


N-no... no está mal... es...


YoonGi se gritó a sí mismo una y otra vez que estaba a salvo, no había absolutamente nada por lo que debería preocuparse, sus uñas se incrustaron un poco en sus palmas mientras intentaba calmar los latidos de su corazón. Park JiMin estaba invitándolo a cenar. Como una cita. Una persona por la que había sentido algo desde que tenía memoria... él quería... lo anhelaba tanto...


M-me... cuesta ma-más... hablar... cu-cuando hay... mucha... gente — confesó con tristeza.


Oh, entiendo — susurró comprensivo.


YoonGi apretó fuertemente los párpados intentando alejar el persistente picor de las lágrimas que comenzaban a formarse en ellos, y las imágenes de SeokJin tomando sus manos con calidez y NamJoon rodeándolo con uno de sus brazos acudieron rápidamente a él.


Abrió los ojos completamente decidido. Tenía que hacerlo, iba a avanzar directo a ello, aunque muriera de miedo en el camino. YoonGi supo que se arrepentiría una y mil veces si rechazaba la invitación.


P-ero... quiero ir.


¿Seguro? — JiMin se acercó un poco más a él — Si es muy incómodo, podemos cenar en el parque o...


Quiero... hacerlo — el rubio le obsequió una enorme sonrisa, de esas en las que sus ojos solían ocultarse tras sus mejillas en cuanto escuchó la respuesta.


Eres muy valiente, YoonGi. — JiMin se inclinó y el pelinegro cerró los ojos en cuanto los suaves labios rozaron sutilmente su mejilla — pasaré por ti mañana, a las seis, si te parece bien.


S-sí.


JiMin asintió sonriente antes de deslizarse grácilmente por el árbol, en cuanto sus pies tocaron el piso, volvió a hacer un ademán con una de sus palmas para despedir al pelinegro, quien lo observaba desde el balcón. YoonGi lo vio inclinarse sobre el gras y recoger una bicicleta antes de marcharse pedaleando por el asfalto casi desierto.


En cuanto JiMin desapareció brotaron de sus labios cortas risitas de emoción, que fue incapaz de controlar, mientras sus ojos escaneaban las resplandecientes estrellas en el firmamento.


¿Era real? No podía creerlo. Tendría una cita con Park JiMin. El.


Después de haberlo observado mudamente por casi catorce años, siendo incapaz siquiera de hablarle... Y todo lo que había tenido que hacer, fue luchar con su propio temor y acercarse un poco. En cuanto peleaba con sus propios miedos, podía conseguirlo, todo estaba ahí, al alcance de sus manos...


YoonGi suspiró sintiéndose extasiado.


¿Crees que tenga alguna oportunidad?


Olvidó por un momento la sensación estremecedora de vació en su interior, el temblor que lo sobrecogía cuando se enfrentaba a una multitud. El incómodo tirón en el estómago. Los fuertes latidos en su pecho, el ensordecedor pulso que se instalaba tras sus oídos y se arrojó a ello sin red alguna de seguridad para resguadarlo de la caída. Se lanzó por completo al vacío.


Iba a tener una cita con Park JiMin.


Ya se preocuparía por la ansiedad en cuanto llegara. Por ahora, su corazón parecía a salvo, latiendo acompasadamente en su pecho.


YoonGi cerró los ojos permitiéndose disfrutar de la fresca brisa que acariciaba sus mechones pelinegros y se extrañó un poco con el agradable sentimiento que comenzaba a inundarlo cuando carcajadas de pura felicidad hicieron vibrar sus hombros.


Era libre.


Por primera vez en veintidós años, era libre.

7 de Agosto de 2020 a las 04:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
4
Fin

Conoce al autor

Honey Girl Amante de las primeras horas de la mañana y música indie. Alma suave. Escribo fanfics. 24 años. Advertencia: En mis historias o te enamoras de Min Yoongi, o te enamoras de Min Yoongi, porque adivinen qué, estoy enamorada de Min Yoongi. Soy Kim Seokmaru en Wattpad :) Gracias por leerme ;)!

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