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Sempiterno.

Me cansé de buscar su cara por todos lados, ¿sabes?


Hasta el bar termina siendo como un tipo de prisión, como también un refugio. Cuando la cabeza empieza a dar vueltas y mezcla tus pensamientos no tienes ni idea de donde estas parado; aunque hay veces que si lo sabés, pero no quieres ver esa realidad, te la niegas y seguís cayendo en un pozo que cavaste por años.


¿Qué hago en este bar?¿Por qué sus luces están apagadas? No había luz dentro de aquí y la que había afuera no pasaba por los cristales; como si estuvieran tintados de un negro opaco.


La busque por tanto tiempo que me termine perdiendo en el camino. Estoy jodido hace rato, lo sé. Corrí tanto en un sin fin de calles repletas de fotos nuestras que nunca me pare a verlas. Volteaba para ver la puerta del bar cada cinco minutos mientras estaba sentado en la barra solo para verte entrar y no salir, pero nunca se me ocurrió que solo tal vez estabas del otro lado... ¿Pero como salir si yo mismo trabe la única puerta?


Mis ojos solo me mostraban una escala de grises, pero esas fotos colgadas en la pared las podía ver a todo color.

Joder, me olvidé todo; desde tus besos a tus gritos y siento que nunca exististe, que solo eras una tormenta dando vueltas en mi cabeza, pero se que no es así.

Busqué amor como defensa y recurso, aunque callarse estos problemas hacen que hablen los insultos. Me plantee olvidar todo pero ahora estoy atrapado en un manicomio que mi propia cabeza creo.

Me abracé en tu aliento en cada café mañanero pero ahora estoy abrazado en la nada con un frío descontento.


-Esto es un limbo. Musité mientras tomaba lo que quedaba del vaso de ron mientras veía como todo cambiaba a mi al rededor. Ya no estaba en el bar, si no que ahora, estoy en el living de mi casa.


Ya no recuerdo cuándo la conocí, o si tampoco llegué a conocerla realmente. El tiempo, como tantas otras cosas, se ha vuelto notablemente esquivo.

Los días no me envuelven. No son míos. No pueden contenerme. Yo soy quien transita por esta abstracción denominada muerte y no al revés. Pero no sé el camino y me perdí. Lo debería haber sabido, ahora es demasiado tarde. No tenía que enamorarme de ella, estaba tan aterrado de que encuentre mi corazón y lo haga pedazos que olvide enfocarme en lo que hacía.

Esa noche, no lo recuerdo tanto. El rocío profetizaba un amanecer glorioso. Me senté junto a ella en una de las sillas que estaba en el balcón de nuestro piso mientras la madrugada se deshacía en un silencio apenas roto por el distante y soñoliento ruido de los automóviles.

Ella estaba fumando, pude verla justo cuando el humo salía de su boca y apartaba ese cigarro de sus labios con los dedos de su mano. Su cabello largo y castaño despeinado me llamaba la atención. Quería hablarle pero las palabras no salían de mi boca. No se percataba de que estaba a su lado, o simplemente me estaba ignorando, no lo entendía en ese momento. Me había limitado a ver el horizonte junto a ella, viendo como el sol aparecia entre los edificios de la ciudad.

No podía dejar de verla cada dos minutos, estaba llorando; esas lágrimas negras que se había combinado con su delineador y esos suspiros ahogados que escuchaba me lo decían todo, matandome por dentro con una ansiedad que me corroía el alma, como un grito angustioso que nunca se termina de proferir pero que sigue latiendo en la imaginación con una intensidad que no deja lugar para otro pensamiento.

Intenté hasta gritar pero parecía que me habían arrancado la voz. Ella seco sus lagrimas y aplastó el cigarro en el cenicero.


El frío del invierno combinado con el de tu ausencia congela las agujas del reloj, parando el tiempo dentro mio y obligandome a cuestionarme tantas cosas seguidas que me hace terminar suplicando a mi cabeza que se duerma de una vez.

Vagan pensamientos y mueren en las hojas marchitas de un otoño efímero, como aquellas miradas que nos dabamos después de habernos besado. Es el fuego de un demonio que no puedo apaciguar y me obliga a recordar todo, pero no quema; congela.


No hay ningún consuelo, no puedo buscarte por ningún lado y muerdo el anzuelo una vez más, cayendo en el mismo abismo sin saber donde estoy parado.

Es de valiente llorar cuando las lágrimas no son tuyas. Pero el humo del tabaco me ayuda a esconderlas, en una madrugada plena con el frío abrazando mi espalda y mis recuerdos condenandome por la mañana.

Intento recordar cada cosa que vivimos pero parece que se borra lentamente de mi memoria con el pasar de los días y me aterra la posibilidad de olvidarte por completo.


Supongo que me gustaba la forma que me ayudabas a escapar de mi propia cabeza. Un mundo tan grande que se achicaba en nuestra cama, un dolor tan incomprendible que por alguna razón nosotros lo comprendiamos, se termino de desvanecer como si de polvo se tratase.

Jugamos con "el para siempre" pero ambos ya sabíamos cual era el jodido costo de todo esto y odio que no pareciera ser suficiente para ambos. Pensabamos que nos comiamos el mundo pero este nos termino comiendo a nosotros y tu fantasma todavía esta durmiendo en mi casa y no puedo cerrar mis ojos porque dentro de mi cabeza es donde más me persigue, pero sufriría esto para siempre si me garantizara absolver todo tu dolor, haciendote desaparecer de mi de una vez por todas; con los remordimientos todavía frescos y con la mente adormecida con el ron.


¿Donde estoy? No lo sé.


Pero cuando se levanto de esa silla, me quise poner enfrente de ella para detenerla pero simplemente me atravezó, dejando mi mente en blanco. No puedo resolver este acertijo para recordarte, tampoco puedo escapar de aquí. Y el maldito reloj no para hacer ruido en la misma hora, esos números que hacen que este bucle no pare de repetirse; 07:30 AM, la hora en que mori.


5 de Agosto de 2020 a las 19:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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