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luna_ausente Andrea B. Bethlehem

Recuerdos de una vida de felicidad, en la que el amor y la plenitud se vé opacada por el invierno.


Cuento Todo público.

#ausencia #vida #romance #pérdida #dolor #amor
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Invierno

Invierno. Una estación muerta que da paso a la vida misma de la naturaleza. Observo la ciudad cubierta por una gruesa capa de nieve; los autos, calles y edificios tienen millones de copos de nieve en sus superficies, protegiéndolos como una manta. A esta hora no hay muchas personas deambulando por ahí ya que la temperatura ha bajado estrepitosamente en estas últimas semanas. Una época como esta me entristece demasiado. Acordarme de las desgracias en mi vida no ha sido tan difícil los últimos días. Recuerdos que me atormentan poco a poco. Suspiro ruidosamente, al recordar el momento en el que el anillo fue puesto en mi dedo, justo cuando Matt decidió querer unir su vida con la mía, para encaminarnos juntos. Solucionando los obstáculos en la vida.

—¿Es necesario que sea privada la ceremonia? —Matt se mostraba ansioso por mi decisión. Yo quería una ceremonia íntima, solo con la familia y amigos más cercanos, nada más. Sostiene una rosa roja en su mano y me la entrega antes de besarme.

—Cariño, quiero una ceremonia solo para las personas más importantes para nosotros. Además, ¿eso es lo más importante? —Me abraza con la intención de besarme pero frunce el ceño.

—Sí, hay algo más importante que una estúpida ceremonia. —Sonríe revelando sus dientes y me besa con desesperación, olvidando el listado que estábamos haciendo hace unos minutos. —Una persona más importante que mi vida, la mujer que será mía para siempre, la que será mi mejor amiga...—susurra besándome el cuello—mi mejor esposa, mi amante...la madre de mis hijos...

—¿Hijos? —pregunto perdiendo el aliento cuando muerde levemente mi cuello.

—Sí, no creas que tardarán en llegar. —acaricia mi vientre plano mirándome fijamente a los ojos. —Quiero todo de ti, Jeny. Tu boca, tu corazón...tu cuerpo. Quiero algo que demuestre nuestra unión, un ser que nos hará ver que lo que tenemos es puro.

—Si es así...quiero una niña. —Anuncio con orgullo tomando su rostro con mis manos para besarlo profundamente.

—Entonces, hay que ponernos a trabajar.

Esos momentos felices en los que con solo unas palabras, Matt lograba que mi corazón se derritiera y esté en un charco a sus pies. Lo amaba y lo sigo amando porque él fue más que mi esposo. Fue el único que logró hacerme feliz, hacerme olvidar de la dura vida que me tocó. Una lágrima solitaria se derrama por mi mejilla al recordar su sonrisa y sus palabras. Pero muchas cosas cambian, situaciones que nos ponen a prueba si de verdad merecemos esos momentos. Si merecemos vivir ese sentimiento.

—¡Aléjate de mí! —Grito con todas mis fuerzas empujando al hombre que amo lejos de mí. Me siento tan perdida ahora. Tan inútil para él.

—Jeny, por favor, entiende...Lo hago por nosotros, amor, necesito que...

—¿Qué necesitas? ¿Un hijo, Matt? ¿Eso es lo que necesitas? —Susurro totalmente doblegada por el dolor. —No quiero esto, Matt, —digo derrotada—Te amo, pero no puedo hacer esto por ti...solo...no me hagas esto. Ya es suficiente con lo que tengo que lidiar.

Matt se acerca con determinación para abrazarme pero me alejo lo suficiente para que no me alcance. Me abrazo la cintura y miro la foto de los dos en nuestra boda. Ambos sonriendo completamente felices, amor reflejando nuestras miradas brillantes de emoción. Las lágrimas aparecen cuando la mano de Matt toma la mía con firmeza para llevársela a los labios.

—Mi vida, sabes que no me interesa lo que digan los médicos, tú y solo tú serás quien lleve a mi hijo dentro de ti, lo sabes. Solo te estoy pidiendo que consideres el embarazo por inseminación, solo te digo que lo intentemos...

—¿Para qué? —Lo miro con todo el dolor que tengo, intentando no lastimarlo. —Matt, no puedo darte lo que más has deseado tener. No puedo darte una familia. Simplemente no puedo. La inseminación es solo un medio para alargar la verdad de mi situación.

—De nuestra situación, Jenna. Si no funciona, no importa, igual te amaré. —Sus palabras, aunque eran verdad, no hicieron nada para tranquilizarme. Me dolía el corazón no poder darle la felicidad que se merece. Pero no podía hacer nada.

—Jeny, por favor...

—Solo vete, Matt, déjame sola. —Los exámenes ya habían llegado y me mostraban los mismos resultados de las últimas veces. Negativo. Quiero verlo, quiero ver la desilusión en su mirada que tantas veces intenta esconder de mí. Lo que más me duele es saber que nunca podré darle su sueño. —Por favor, Matt.

—¿Sabes Jenna? Siempre que sucede este tipo de situaciones me alejas. Me importa un carajo lo que digan esos exámenes, si no puedo tener un hijo sigo teniéndote a ti, cariño. ¿No puedes entenderlo? Lo que me duele es que cada vez te alejas de mí, esto nos está cambiando. Te dejaré sola el tiempo suficiente para que pienses con tranquilidad. Pero escucha esto —sostiene mi rostro entre sus manos cálidas juntando su frente con la mía— piensa en lo importante que eres para mí, piensa en como tu corazón late frenético como el mío cada vez que estamos unidos. Piensa en que te amo, Jeny, te amo y lo seguiré haciendo pase lo que pase. Eres lo más importante en mi loca vida, lo mejor que me ha pasado.

Sus labios se juntan con los míos en un ligero beso, pero que demuestra la verdad de sus palabras.

—No me alejes, nena, no lo hagas cuando lo único que quiero es borrar esa tristeza de tus hermosos ojos. Quiero volver a ver esa chispa de vida en tu mirada, Jeny. Espero encontrarla cuando regrese a casa después de un paseo de compras en la dulcería.

Sonrío y lo atraigo contra mi cuerpo, besándolo con intensidad. —Te amo.

—Yo también te amo, nena. Más que a nada.

Recuerdo la sensación que vino después de que él se saliera por la puerta principal de la casa. Desde la ventana de la sala de estar, podía verlo caminando con dificultad por la nieve que cubría el jardín delantero. Recuerdo la impaciencia y el miedo cuando después de dos horas no aparecía por más que lo llamaba y no contestaba. Pero con cada minuto que pasaba sentía un nudo en la garganta que no se disipaba por más que intentaba respirar con tranquilidad. Los nervios me carcomían con lentitud hasta que el teléfono sonó con la foto de Matt parpadeando en la pantalla.

—¿Matt? ¿Qué sucedió? —La línea del otro lado queda en silencio por unos segundos, pero luego la voz de Matt suena haciendo que mi corazón ralentizara la carrera mortal que está dando en mi pecho.

—Jeny, te amo, nena. Nunca lo olvides, ¿quedó claro?

—Cariño, yo también lo hago y no lo olvido, pero ya regresa a casa. Te necesito.

—No, no, solo escúchame. Linda, yo...—Un quejido de dolor y de angustia hace que me desespere. Algo anda mal con él.

—¿Matt? Cariño, ¿dónde estás? —Pregunto con desesperación. Matt queda en silencio muerto que me eriza la piel.

—Ayúdame, nena, yo...lo siento, cariño. —Susurra conteniendo el dolor—Estoy en la carretera, al norte, cerca del puente...—Su voz suena trabajosa y débil. —Yo...perdóname. Lo siento tanto...yo...

—¿Matt? Espera ahí, llamaré por ayuda, ¿sí? Trata de respirar con tranquilidad, cariño.

Agarro el teléfono convencional y marco al 911. Indico con voz temblorosa el sitio donde Matt me dijo que estaba. No espero a que me llamen para saber algo. Manejo con el celular aún en mi oreja, hablando con Matt y escuchando como su voz se hace más baja a medida que pasan los minutos. Cuando llego, freno de golpe y bajo a trompicones del auto. Todo el camino está con partes de dos vehículos esparcidos por la calzada congelada. El auto de Matt es al primero donde me dirijo precipitadamente. Su cuerpo está fuera del auto en posición fetal bajo un charco escarlata que hace que mi estómago de un vuelco. Sus ojos están fuertemente cerrados y su piel está blanca. Me acerco lo más rápido que puedo, agachándome para acomodar su cabeza en mi regazo, sus ojos revolotean hasta abrirse pero no duran mucho abiertos, el pánico comienza a surgir en mi interior al ver que la sangre no deja de salir de algún punto en su cuerpo.

—Matt, cariño...—Susurro con voz temblorosa acariciando sus mejillas con mis manos. No me contesta, solo se aprieta más a mi cuerpo. —No, no, no, no...Mírame.

Las sirenas se escuchan tan lejanas y a la vez tan cerca pero no me importa. Sacudo a Matt solo para obtener una mirada de él. Lo hace, abre los ojos y me observan con detenimiento, con dolor y miedo. Beso sus labios helados, intentando que hablara, pero solo susurra mi nombre una y otra vez. Un hilillo de sangre invasora sale de la comisura de su boca justo como mi cordura va saliendo de mí ser. Grito desesperada, aferrándome a él con todas mis fuerzas. Negándome a que me deje, que destruya mi corazón con su partida.

—Matt por favor, no. Te amo, cariño, no me dejes sola. Matt...lo prometiste.

Los paramédicos llegan demasiado tarde. Me encuentran balanceándome, con el cuerpo de Matt aún aferrado en mis brazos. El frío se colaba por mi ropa pero no me importaba, necesitaba estar cerca de Matt de una u otra manera. Aún puedo sentir sus besos en mis sueños, sus palabras susurradas. Los días que siguieron no fueron fáciles. En tan poco tiempo mis sueños murieron con él, así como murió mi corazón y mi vida. Sus padres intentaban estar cerca de mí porque temían que haga alguna estupidez y tenían razón. Si no fuese por ellos, estoy segura que hubiese hecho mi camino directo a Matt en un abrir y cerrar de ojos.

El dolor de haberlo perdido es como una carga emocional. Me recuerdo que tengo que seguir respirando y haciendo un intento de vida por él, porque estoy segura que Matt lo hubiese querido de esa manera. Camino, como y respiro por su recuerdo. Intento cada vez mantener una sonrisa en mis labios en el día, pero en la noche es diferente. En casa, me acurruco en la cama y lloro sin poder evitarlo más tiempo. Las lágrimas empapan su almohada recordándome su ausencia. Las fotos son un recordatorio de lo que nunca más tendré, las miro sin comprender cómo es que terminé así. Perdiendo todo lo que me importa, lo que más amé en mi vida. El invierno se convirtió en mi infierno personal.

Unos golpecitos en la puerta me saca de mis cavilaciones. Estar en el trabajo. Me alejo del ventanal de mi oficina y me siento en la silla detrás del escritorio siguiendo con mi trabajo.

—Adelante. —Digo abriendo unos folios en los que estaba trabajando hace unos minutos. Códigos y bocetos llenan cada hoja que voy revisando llenándome de orgullo por mi trabajo.

Un hombre de metro ochenta entra por la puerta de la oficina. A pesar de su edad, el señor Jhonson, mi feje, su salud es como la de un adolescente, lleno de energía y un físico envidiable para los demás hombres de setenta años. Estira su mano y con cuidado cierra la carpeta, sonrío ya sabiendo hacia dónde quiere llegar con eso.

—Ya es hora de que te vayas a casa, Jen. —Suspira con cansancio pero sus ojos brillan con diversión. No es la primera vez que me quedo trabajando hasta tarde.

—Está bien, solo quería dejar concluido el diseño de la campaña del lunes.

—Eso está bien, pero no debes quedarte hasta la medianoche, hija, quiero verte fuera de esta oficina en diez minutos.

Sin más preámbulos, sale de la oficina, dejando la puerta semi-abierta. Suelto una leve risa, negando con diversión. Recojo mi bolso, el celular y la carpeta para terminar el trabajo en casa. Al salir, me despido de mis compañeros del turno nocturno. A pesar del calefactor, se puede sentir el frío del aire gracias a los enormes ventanales por lo que decido entrar en calor bajando las escaleras desde el quinto piso del edificio. Salgo veinticinco minutos después al garaje subterráneo. Lanzo mis cosas al asiento del copiloto de mi auto, inhalando el familiar aroma de goma de mascar de menta y canela en el interior. Enciendo el auto, el calefactor y conecto mi reproductor de música. La canción Glory and Gore de Lorde llena el ambiente con sus acordes. Salgo del garaje y conduzco por las iluminadas calles resbaladizas de la ciudad hacia la carretera cantando a todo pulmón la canción.

Manejo con cuidado y lento por las rampas mortales en que se han convertido las calles por el hielo en su superficie, mantengo el auto en línea recta por las calles iluminadas por las farolas. Pronto ya estoy fuera de la ciudad rumbo a casa. Un lugar aislado, en donde puedo estar en paz. La carretera está escoltada por árboles a ambos lados, cubiertos por nieve, dándoles un aspecto tenebroso y mágico en la oscuridad de la noche. A pesar de aquello, disfruto de la vista, admirando como el blanco hace contraste con todo.

Freno a fondo haciendo chirriar las llantas cuando un venado aparece en media carretera. Las llantas no se mantienen fijas al suelo y termino saliendo del camino hacia un pequeño barranco. El impacto hace que mi cabeza rebote contra el volante; cierro los ojos por el impacto, sintiendo el olor acre de la sangre que gotea desde mi frente. Otra vez no. Pienso rememorando el accidente de hace años. EL dolor se esparce por todo mi cuerpo justo cuando la lluvia de cristales de las ventanas cae sobre mí, sin llegar a lastimarme. La sangre gotea por mi mentón, mareándome con su aroma.

Pasan los minutos, quizás horas cuando logro que mi cuerpo responda, busco a tientas el seguro del cinturón de seguridad, presiono el botón pero no abre el seguro; me frustro, mi respiración se acelera por el temor inminente de que esta vez no pueda salir respirando de aquí. Respiro hondo como me enseñaron mis terapeutas. Inhalando y exhalando rítmicamente, manteniendo mi mente despejada para buscar una salida. Pero las garras del pánico se apoderan de mi mente evocando los gritos de auxilio que imploraba.

Tengo tanto sueño, un signo más de mi debilidad. Escucho de fondo el tono de llamada de mi celular pero no hago un esfuerzo para buscarlo, debo mantenerme quieta y con los ojos abiertos, no quiero morir, al menos, no ahora. Horrorizada, veo el cielo aclararse poco a poco a medida que el sol se eleva en el horizonte. Ya es de mañana, un día oscuro de invierno por lo que me está sucediendo. Me duele el cuerpo, lo siento entumecido. Y es ahí cuando el sueño me reclama y todo se vuelve oscuridad en un día frío de invierno.

5 de Agosto de 2020 a las 17:54 0 Reporte Insertar Seguir historia
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