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gd_bls Golden Dick

Adler solo quería liderar un caso, y Jason le dio toda una serie de asesinatos para investigar. Un policía fracasado, comienza a seguir una secuencia de pistas que lo llevan a una serie de asesinatos relacionados, indirectamente, con su compañero sexual.


LGBT+ No para niños menores de 13.

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Prólogo

La mujer llevaba una blusa anaranjada y una falda a cuadros. A Jason le hubiese gustado que su víctima se vistiera de una manera menos llamativa, pero, bueno ¿Acaso podía él negarle a una persona elegir que vestimenta usar el día de su muerte?


El asesino bebió su taza de café con calma. Tenía todo el tiempo del mundo. La victima parecía esperar a otra persona. Una cita, tal vez. Aunque la única cita que tendría al final del día sería con la muerte. Jason había preparado todo para que fuese una reunión especial. Diría que iba a ser una noche inolvidable, aunque solo para él.


Ella iba a morir, después de todo.


Pero, hay que aclarar algo. Jason no tenía ningún problema con aquella mujer. Para nada. De hecho, en los últimos días en los que la estuvo siguiendo, se dio cuenta que Diana era una mujer bastante agradable. Una joven de 22 años, carismática, amable y extrovertida. En teoría, tenía toda la vida por delante. En la práctica... bueno, no.


Pobre Diana. Lo único malo que hizo fue nacer como la hermana mayor de una envidiosa perra que la había mandado a matar. Cosas de la vida. Tampoco es que Jason pudiese cambiar algo. Su trabajo era matar, y él era realmente trabajador.


En la otra punta de Cheyenne, en una comisaría, se encontraba Adler. Su nombre completo era Adler Frederick Dakere. Y estaba frustrado, tan frustrado como una persona podía estar.


Cuando se graduó en la academia de policías pensó que tendría un futuro brillante por delante, pero la realidad era otra. Habían pasado dos años desde que empezó a trabajar ahí, y no había sido capaz de liderar ningún caso aún. Era un fracaso. Todas las investigaciones se las quedaban sus colegas con más años de experiencia. Eran como leones peleando por un pedazo de carne y Adler no tenía oportunidad entre tantos luchadores.


Observó las esposas de metal que tenía sobre el escritorio. Lo único que podía hacer con ellas era usarlas para jugar con sus amantes durante la noche. Ni siquiera lo llevaban a patrullar, lo mantenían preso haciendo el papeleo de los demás. Él no era un oficinista, era un policía, pero todos parecían haberse olvidado de ello. Incluso su jefe, que hacía caso omiso a sus pedidos ¿Tan difícil era llevarlo a la calle a poner multas a algún idiota que hubiera aparcado el coche donde no debía? Se estaba aburriendo allí adentro.


Terminó con el registro de una denuncia y luego miró el reloj de la pared. Aún faltaban alrededor de tres cuartos de hora para irse. Tomó su celular y abrió la aplicación que tenía el símbolo de un antifaz. En ese momento, lo único que podía hacer para no aburrirse era hablar con Engel, un usuario bastante divertido de Anti-World.


Había descargado Anti-World hace relativamente poco. Menos de medio año. A Engel lo había conocido al poco tiempo de ingresar. La función de la aplicación era sencilla: hablar con desconocidos solo sabiendo su edad y su género. Podías entrar en chats grupales o buscar algunas conversaciones al azar.


< ¿Qué estás haciendo? >


El mensaje llegó, pero no obtuvo respuesta. Al parecer Engel no estaba disponible ahora. El policía decidió entonces abrir su última opción: Instagram.


Anti-World era una aplicación que podía reunirte con gente de tus mismos gustos, incluso si estos eran oscuros. Adler, al ser un policía fracasado, la había descargado con la Ilusión de encontrar algún asesino, pedófilo, ladrón, traficante de órganos, un hacker... Lo que sea. Sin embargo, lo único que había encontrado hasta el momento —aunque no poco interesante— era a Engel.


Engel era un tipo en sus treinta con los mismos gustos que Adler ¿Crímenes por resolver? No. Sino algo mucho más mundano que no estaba para nada relacionado con su trabajo: el BDSM.


Es decir, sexo sadomasoquista.


Pero como no recibió respuesta de su sumiso virtual, decidió que era mejor buscar algo más en lo que concentrarse.


Horas más tarde, Adler recibió una respuesta por parte de Engel: una dirección junto a un Emoji que guiñaba un ojo. El policía busco la dirección en Google Maps y descubrió que llevaba a un motel.


< habitación 203. ¿Vienes? >


No tardo en contestar:

< Por supuesto. >



Jason se encontraba en "Vintage Hotel". El baño de la habitación que había alquilado era bastante espacioso, pero lo único que le importaba al rubio ahora era lavarse las manos. La sangre comenzaba a decolorarse por el agua y terminaba por desaparecer en las cañerías. Había usado guantes, sin embargo, el material de látex ya no era de confiar, se había roto por las uñas de la preciosa Diana, en un momento en el que intentó defenderse.


Chasqueó la lengua de recordarlo. Luego de matarla tuvo que limpiarle las uñas para no dejar ninguna muestra de ADN. ¿Saben lo molesto que era eso? Él no era estilista de cadáveres. Ni siquiera le gustaba matar. Jason se miró al espejo, casi como si se estuviera acusando a si mismo con la mirada. ¿No se había prometido en año nuevo dejar esta mierda?


Bueno, no es como si pudiera hacerlo así de fácil. Su jefe lo mataría. Literalmente. Después de todo, Jason era un peón de la mafia. Si tan solo hubiese tomado otras decisiones cuando fue joven, no estaría allí quitándose la sangre de las manos. Decidió no pensar más en su víctima, a pesar de que aun podía escuchar el eco de sus gritos en sus oídos.


Alguien golpeó la puerta.


Jason miro sus manos, completamente limpias, y las sacudió un poco. Con una sonrisa confiada fue a abrir la puerta. Ahí estaba la única persona que le traía paz mental.


—Bastante rápido — comentó el rubio ante la presencia de su nuevo invitado.


—Bueno, si tan solo me hubieses dicho que tenía que pedir la llave en la recepción hubiese sido más rápido aún —la voz del contrario sonaba un poco irónica—. Engel es un nombre peculiar ¿No te parece?


—Peculiar, sí —admitió el asesino, mientras exploraba el cuerpo de Adler con la mirada. Parecía devorarlo con los ojos—. Pero fue gracias a ese peculiar nombre que tú y yo estamos aquí esta noche. Deberíamos ser agradecidos, Damon.


Era un chiste privado. Ni Damon, Ni Engel eran sus nombres reales, pero hacían juego y a ellos le encantaba bromear con eso. Un demonio y un ángel en la cama ¿No era algo tentador?


—Pero antes… —Engel se acercó, rozando su nariz contra el cuello de Damon. Su colonia era encantadora. Subió una de sus manos y lo acarició lentamente—. Antes de que empecemos, deberíamos poner una palabra de seguridad. Edén. Va con nuestra onda.


Damon sonrió divertido mientras se dejaba acariciar. Se preguntaba si Engel podría pronunciar esa palabra, mientras que él lo ahogaba dulcemente en una tortura placentera. Cuando Engel retrocedió un paso para dejarlo entrar, el moreno camino con confianza por la habitación. Al parecer, su compañero había alquilado un cuarto lleno de elementos y juguetes para que no tuviesen que privarse de nada.


—¿Qué te gustaría esta noche? ¿Little? ¿Slave? ¿Prey? ¿Tal vez Bondage? — Pregunto Damon observando al rubio, sosteniendo una correa en sus manos, enredándola en su brazo con maestría.


Engel no lucía para nada como un tipo que deseara ser sometido. Pero las apariencias engañan ¿No es así? Era alto, musculoso, tenía un cabello rubio que siempre llevaba hacía engominado atrás. Sus facciones eran duras, de mandíbula cuadrada y nariz recta.


Damon, al contrario, era cinco años más joven. No tenía mucha masa muscular, era más bien delgado, alto, de facciones más finas. Muchas personas de su círculo social le habían dicho que debería ser modelo.


El menor decidió sentarse en el sillón que había en el cuarto. Engel, con una mirada teñida de deseo, se acercó lo suficiente para quedar frente a él. Se arrodillo ante el moreno con elegancia. Las manos del rubio tocaron la correa que Damon tenía en las manos, una caricia sutil, sus manos bajaron por las piernas de su acompañante para luego llevarlas atrás de su propia espalda. Subió su mirada y le sonrió a Damon, una sonrisa llena de picardía.


—Seré un sirviente leal, amo. — Pronunció con su voz ligeramente ronca. —Puede hacer conmigo lo que quiera. Lo único que le pido es que no me deje escapar. Si va a atarme, hágalo fuerte.


La satisfacción de Damon ascendió por su garganta en un gruñido leve. Al ver a Engel tan dependiente, sumiso e incluso indefenso entendió lo que su compañero deseaba ¿Y para que negarlo? Él también estaba esperando por ello con la emoción a flor de piel.


Se inclinó hacia adelante y tomó la barbilla de Engel.


—¿Complacerás a tu amo de la manera adecuada? Porque juro que no te voy a soltar, aunque supliques. — Siseó con voz ronca sobre el oído de Engel. Se tomo un tiempo para poner la correa alrededor de su cuello y tiro de ella con brusquedad para atraerlo.


Aquella iba a ser una noche larga.

Y ambos estaban ansiosos porque así fuera.


—Sí, amo.

6 de Agosto de 2020 a las 16:48 0 Reporte Insertar Seguir historia
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