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nica-87 Mónica Gómez

Izan, un joven de 27 años que sueña con ser criminólogo. Pronto comenzará a trabajar en una importante empresa de detectives, pero mientras, sus sueños y objetivos se verán perjudicados al descubrir que posee una extraña condición que le hace ver la oscuridad de las personas. En su camino se cruzará Nayra, una morena de mirada intensa y un pasado complicado con su misma condición. Ambos viajaran a Santander para que ella le pueda ayudar a controlarlo y aprender a vivir con él. Conforme pasen los días se darán cuenta que la línea que separa la amistad y el amor es muy, pero que muy fina. ¿Qué harías si de pronto el amor se cruzase en tu camino y pusiera tus objetivos y metas patas arriba? ¿Lo dejarías todo o seguirías tu camino? ¿Podrías vivir ignorando tus sentimientos? ¿Conseguirá Izan sobrellevar su don o tirará la toalla? Esta es sin duda, una bonita, dulce y maravillosa historia de amor, energía y luz que hará que cada momento sea especial.


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

#familia #luz #energia #criminologo #verano #don #amistad #amor
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Capítulo 1

Finalmente, después de cuatro años interminables y muy duros, Izan terminaba la carrera de criminología. Unos años complicados a los que había dedicado muchas horas de estudio y dedicación. Era un chico de ideas claras y con la cabeza en los hombros.

Desde pequeño, inspirado por series policíacas, siempre supo a qué quería dedicarse cuando fuera mayor. Sabía que debía ser criminólogo. Le fascinaba la idea de ayudar a las personas después de su muerte. Dar paz a sus familiares. Soñaba con resolver casos importantes de asesinatos.

Su padre, Mateo Hernández, fue un gran apoyo a lo largo de su carrera estudiantil ya que era un reconocido abogado. Trabajaba para un bufete situado en el centro de Madrid: Brown y asociados. Mateo se dedicaba a la defensa contra la violencia de género y protección al menor. Siempre ayudo a su hijo aportándole material sobre leyes y consejos profesionales que en su día a día le podrían venir bien. Se enorgullecía de su hijo, el futuro criminólogo. Pero lo que más le hacía feliz era que Izan siguiera sus pasos de alguna manera; que su objetivo en la vida era ayudar a los demás, y eso significaba que su querido hijo tenía un gran corazón.

Para Izan no todo había sido estudiar y estudiar. La vida universitaria también tenía sus cosas buenas. Dedicaba la mayor parte de su tiempo a estar en la biblioteca. Otra parte del tiempo se encerraba en su habitación aislado de todo lo que le rodeaba.

Vivía en un piso compartido con tres compañeros de clase. De lunes a viernes prácticamente no se veían aun viviendo bajo el mismo techo. Pero una vez llegaba el fin de semana, organizaban fiestas en casa para evadirse de tanto estudio. Y cuando no organizaban fiestas en casa acudían a casa de algún compañero que los invitase a su fiesta, bebían y bebían hasta el amanecer. Otras veces se iban de copas a algún puf del centro en el que pusieran buena música o simplemente quedaban en algún bar con sus amigos para charlar y tomar unas birras.

Y bueno, respecto a mujeres…no es que le faltase. Era evidente que por donde Izan pasaba llamaba la atención. Era lo que se dice un chico diez. Uno setenta y seis de estatura, moreno, ojos verdes…

Su pelo castaño era corto, pero no demasiado. Era lo bastante largo como para hacerle hondas hasta las orejas. Siempre iba bien peinado, bien vestido…

Cinco días a la semana, una hora por día es lo que dedicaba de tiempo al gimnasio. Gracias a ese tiempo y a la comida saludable disfrutaba de buena salud y un cuerpo digno de cualquier criminólogo que se aprecie. Un cuerpo que no estaba muy marcado, pero si lo bastante musculado como para que las mujeres lo admirasen y devorasen con la mirada. Él lo sabía y disfrutaba con ello. Sabía cómo lidiar con las mujeres.

En la universidad conoció a muchas con las que creó una bonita amistad. Otras eran amigas para toda la vida, con las que podía hablar de cualquier tema sin pudor y sabiendo que ellas solo lo veían como un amigo. Y luego estaban las de la fase tres, sí, esas eran las que lo deseaban. Lo buscaban por los pasillos con la mirada y dejaban sus números de teléfono para que las llamase. Otras las conocía en fiestas. Entablaban conversación unos minutos con él y al rato desaparecían de la fiesta para ir a casa de alguno de los dos y pasar una larga y placentera noche.

Pero lo cierto es que detrás de toda esa diversión añoraba tener a alguien con quien poder compartir su vida; sus inquietudes, sus sueños, las aventuras que se le pasaban por la cabeza. Alguien con quien poder ir al cine, a cenar, jugar a los bolos o simplemente hacer cualquier plan en casa.

Lo pasaba bien, disfrutaba de cada momento. Pero por la mañana lo único que sentía era la soledad. Algunos de sus amigos ya estaban hasta casados. Y ahí estaba él, con 27 años y sin una pareja estable todavía.

La única estabilidad que tenía era quedar con Verónica una vez cada dos semanas si llega o cuando a ella le daba la gana. Era de la fase tres, pero con la que repetía. Y así llevaban dos meses. Él no quería distracciones, y ella sólo buscaba sexo. Porque como decíamos antes… no todo iba a ser estudiar.

Ahora todo eso ya había acabado. Iba a empezar una nueva etapa en su vida llena de experiencias inolvidables. Iba a cumplir su sueño de ser un criminólogo de verdad.

Gracias a su esfuerzo, sus noches en vela, su perseverancia y ¿por qué no? a la ayuda de algunos contactos familiares… una vez llegase septiembre comenzaría a trabajar en la empresa de detectives privados que ayudaba al bufete de abogados donde trabajaba su padre.

Esta empresa se dedicaba principalmente a investigar a los acusados de violencia de género, violencia infantil, protección al menor, asesinatos, etc. Para empezar en su carrera profesional estaba muy bien ya que podría aprender de grandes profesionales que habían resuelto casos importantes.

Él se encargaría de acompañar en todo momento a uno de los detectives y a su equipo para así poder estar en primera línea viendo cómo funciona todo aquello y adaptarse.

Pero hasta entonces, lo único que iba a hacer es disfrutar del verano que bien merecido se lo tenía.

Sabía que a finales de agosto tenía que mudarse a Madrid, por lo que estaría los primeros meses en casa de sus padres y luego buscaría un piso cerca del trabajo.

Después de cuatro años en Valladolid se le hacía raro tener que dejar la ciudad definitivamente. Se había adaptado muy bien a esa ciudad, a su clima, las amistades que había realizado. Echaría de menos a sus compañeros de juerga y locuras, pero ahora, en apenas una semana volvería a casa de sus padres para pasar el verano con ellos y prepararse para esa nueva etapa de su vida que tanto ansiaba.

La semana se le hizo muy corta. Aprovechó para preparar las maletas y guardar todas sus cosas en cajas. Había contratado una pequeña furgoneta de mudanzas para que el sábado por la mañana se llevasen todas sus pertenencias a Madrid. Cuando vives en un piso compartido tampoco es que tengas mucho, lo necesario para el día a día. Pero él había acumulado libros, ropa y más libros a lo largo de los últimos cuatro años. Y por poco que fuera, en su coche no cabía todo y no podía arriesgarse a que lo multaran por exceso de equipaje.

La mañana del sábado llegó. A las 11:00 am la furgoneta de mudanzas llamó al timbre, guardaron las cajas y pusieron rumbo a Madrid.

Izan ya había llamado a sus padres para avisarles de que comprobaran que todo llegaba sin problemas. Él, sin embargo, iría en su coche hasta Madrid, tardaría alrededor de tres horas en llegar.

—¡Hora de despedirse chicos! —dijo eufórico a sus tres compañeros de piso, de carrera y de batallas — No quiero ponerme melancólico, ya sabéis lo poco que me gustan las despedidas. Os echare de menos. En lo que pueda os haré una visita.

—Disfruta de las vacaciones. ¡Nosotros también te echaremos de menos! —le decía Jake dándole un fuerte abrazo.

—¿Qué tienes pensado hacer cuando llegues a Madrid? —preguntaba Martín.

—¡Ojalá te eches una novia y dejes de darnos el coñazo con tus sentimentalismos! —puntualizó Dustin.

—¡ja, ja, ja! Habló el Don Juan. Sentimentalismos dice… De momento lo único que quiero es disfrutar del verano y pasar tiempo con mis padres. Hace ya casi un mes que mi abuela falleció y cada vez que hablo con mi madre la noto apagada, esta triste. La echamos mucho de menos —la voz de Izan sonó apagada. Aún no estaba preparado para hacer frente a la muerte de su abuela paterna.

—¡Anda ven aquí dramático! ¿ves que eres un sentimental? —Dustin abrazo a su querido amigo fuertemente entre risas.

Izan quedó paralizado. Sin mediar palabra. Sintió una corriente tan fuerte recorrer su cuerpo que empezó a tener miedo. ¿Qué había sido eso? En apenas segundos vio a su amigo Dustin, un adolescente, en el cementerio junto a su familia. Llorando desconsolado mientras sus padres lo abrazaban. Era el funeral de su abuelo. Veía imágenes de Dustin roto de dolor por la perdida.

Sintió que el corazón se le encogía al ver a su amigo así. Que mal lo debió pasar y sin embargo ahí estaba él, abrazándolo y consolándolo.

Con las manos sudorosas y abrumado por lo que acababa de pasar; a punto de romper a llorar, se separó del abrazo de su querido amigo .

—¿Izan estás bien? —preguntó Dustin.

—Sí, sí. Perdonad, pero tengo que ir saliendo ya sino se me hará tarde. Nos vemos pronto chicos.

Sin más despedidas salió hacia el coche y puso rumbo a la carretera sin dejar de pensar en lo que acababa de suceder.

3 de Agosto de 2020 a las 10:43 0 Reporte Insertar Seguir historia
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