wonderwhy Samantha Wolf

TaeHyung es un joven bibliotecario en un pequeño pueblo de Oriente, su singular belleza exterior como interior lograba derretir el corazón de hombres y mujeres por igual. Pero el muchacho sólo tenía su mente y corazón metido en los libros y su familia, que sólo constaba de su viejo padre inventor y su fiel caballo Phillippe. Un desafortunado acontecimiento obliga a TaeHyung a cambiar el rumbo de su vida, y se encontrará con un cuento de hadas disfrazado de pesadilla. TaeHyung sería capaz de abrir su corazón ante una temible...¿Bestia? El joven muchacho jamás creyó que los cuentos que tanto amaba leer, pudieran hacerse realidad. ✦Adaptación de «La Bella y la Bestia» de Disney al KookTae (Jeon JungKook x Kim TaeHyung) ✧Historia corta de tres partes. (¡Tan simple como para pasar el rato!) ✦Capítulos medianamente extensos. ✧Fantasía, Romance. PROHIBIDA LA COPA TOTAL O PARCIAL DE LA OBRA. 190720. © wonderwhy.


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

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PRIMERA PARTE


Nota: Esta es una adaptación específicamente a la película animada de Disney, los cambios siendo acoplados a mi estilo hacia los personajes y situaciones. No se sigue al pie de la letra cada suceso en la película, en la mayoría de las escenas. ¡Espero lo disfrutes mucho!


-wonder.





Una noche de aquellas, el palacio se vio oscurecido por una terrible tormenta. Los rayos retumbaban dentro de los amplios salones y el frío arrasaba en un viento escandaloso debajo de las puertas y ventanas.


El príncipe retozaba en su silla con su usual ceño fruncido, cubierto por un manto caliente, mientras las flamas ardientes en la chimenea calentaban los dedos de sus manos y pies. Y entre el ruido de los rayos afuera, tres golpes se hicieron sonar en la puerta de entrada.


Gruñendo, se levantó. Sólo para saber quién osaba de interrumpir en su castillo tan tarde por la noche, en medio de una tormenta.


Al abrir la puerta, una vieja mendiga esperaba empapada por la lluvia, y el príncipe se dirigió a ella con una mueca de puro disgusto.


—¿Tú quien eres y qué haces aquí? —Preguntó el príncipe, altanero. La mendiga lo miró a los ojos y suplicó.


—Por favor, joven muchacho, permítame tener un refugio esta noche en su hogar durante esta tormenta, y a cambio, yo le obsequiaré esta hermosa rosa. —La anciana le tendió la flor, la cual guardaba dentro de sus desgastadas ropas.


El príncipe rió en su cara, jactándose del miserable pago que la anciana le ofrecía. Y negó.


¿Cómo podía dejar entrar a una anciana tan decrépita, fea y desconocida dentro de su castillo? ¿Y cómo tenía la valentía de ofrecerle algo como una simple rosa a cambio de una noche en su hogar? ¿No tenía una idea de quién era él?


—Por favor, acéptelo… —dijo una vez más la pobre mujer, con un destello en sus ojos cansados, que el príncipe de cabello azabache no supo identificar.


—Largo de aquí, usted no es bienvenida a mi palacio. —espetó el príncipe furioso, dispuesto a cerrar la enorme puerta de madera en sus narices, pero…


Hubo un rayo en particular que lo hizo saltar en su lugar, estruendoso y brillante; cayó tan cerca de ellos, que sus ojos azules pudieron captar el momento en el que un árbol a las afueras del castillo se incendiaba.


Pero no pudo reaccionar más fuera de eso, puesto que un destello de color amarillo deslumbró el lugar, y cuando sus ojos enfocaron, la anciana mendiga se había convertido en una hermosa y etérea hechicera, quien, con su dedo índice, lo apuntaba acusatoriamente.


El príncipe cayó sentado al suelo, maravillado, asustado y confundido. La hermosa mujer se aseguró de pronunciar en alto las palabras correctas.


—Eres un príncipe malcriado, cruel y poco amable, la belleza de tu exterior fácilmente opacada por tu podrido corazón, en donde no hay amor, y por eso, te arrepentirás de tus actos viles y superficiales, cuando te des cuenta de que siempre hay algo más detrás de la apariencia—. El joven se sintió enormemente arrepentido, preso del miedo y la culpa, arrodillándose.


—Por favor, perdóname, dame otra oportunidad… —rogó con sus manos juntas y sus hermosos ojos celestes cristalizados.


—Tú y tu palacio estarán bajo mi hechizo, como un castigo, y tu apariencia no te permitirá encontrar el amor que te falta, hasta que empieces a apreciar el interior de las personas y el valor de las cosas —frente a él, un espejo de mano plateado apareció junto a la misma rosa que se le había sido ofrecida, y la hechicera continúo—, Esta rosa está encantada, y ella será tu propio reloj de arena, recordándote que tienes hasta tus veintiún años de vida para que el último pétalo caiga, y si para ese entonces no encuentras el amor y ese amor no te es correspondido, estarás condenado a ser una bestia… Para siempre.


—¿Una bestia? —el príncipe se levantó, y los rayos cayeron más estruendosos que nunca.


—Una bestia es lo que refleja tu interior, y una bestia es lo que serás.


Esa fue su sentencia, y el príncipe cerró los ojos con fuerza cuando todo a su alrededor se iluminó, pronto sintiendo algo diferente recorrerlo, algo distinto y malévolo, algo incorrecto.


Para cuando abrió sus ojos, intentando adaptarse al cambio de luz a oscuridad, la hechicera ya no estaba, y todo pareció volver a la normalidad. Pero… miró sus manos, y un rugido devastado hizo temblar el castillo entero, descubriendo que, en efecto, el apuesto y privilegiado príncipe había quedado a la sombra de una horrenda y temible Bestia.


«Este espejo podrá mostrarte lo que quieras, podrás mirar el mundo desde tu castillo, sin el privilegio de poder vivir fuera de tu oscuridad»


La voz de la hechicera, como un eco deslizándose por sus oídos, mientras corría dentro de su palacio cual animal, para esconderse donde nadie pudiera apreciar su terrible apariencia.


Y desde entonces, el tiempo comenzó a correr… condenando al pobre muchacho a encontrar un amor casi imposible… Su castillo siendo cubierto por penumbras y miseria.


Como su frío corazón.






[…]






TaeHyung salió tarareando su canción favorita al salir de la panadería, colgando de su brazo, una canasta llena de bollos calientes, recién salidos del horno, y en la mano, el libro de pasta marrón que contenía la historia de amor que tanto adoraba leer. Tres, cuatro, ¿Diez? No sabía cuántas veces había leído aquellas páginas, pero él estaba seguro de que no dejaría de suspirar al releer aquel fantasioso cuento.


«¿Sería posible? —Se preguntaba con emoción al brincar por las calles empedradas, sonriendo y esquivando con avidez a las personas que cruzaban por su camino, aún enfocado en cada página que pasaba con sus finos dedos.


Las quejas e insultos brotaban de las bocas de los pueblerinos, pues el joven muchacho, perdido en su mundo, había provocado un caos al bailotear entre los puestos, sin reparar en fijarse por dónde iba. Gritó un avergonzado “lo siento” a los pobres hombres afectados, dedicando una brillante sonrisa y continuando con su camino.


TaeHyung se detuvo sólo cuando llegó al colorido puesto de flores recién cortadas, fascinado por el olor fresco y los colores brillantes. Pidió un par de gardenias, y un momento después, se dirigía a su hogar, pensando que quizá pueda ser un buen regalo para su padre. Últimamente trabajaba mucho y seguro estaría cansado. La feria era un evento demasiado importante para él.


Sus planes se vieron interrumpidos, pues, aquel hombre se había interpuesto en su camino. Rodó los ojos y cruzó los brazos, a la espera de las próximas tonterías, que estaba seguro, el molesto de SeokJin estaba listo por soltar.


—Pero qué apuesto te ves hoy, mi querido TaeHyung. ¿Qué es esto? ¿Para mí? No debiste molestarte… —SeokJin paseó a su alrededor, mirándolo de arriba abajo. De sus manos, el ramo de flores fue arrebatado. TaeHyung frunció sus cejas.


—¿Quieres darme eso SeokJin? Son para mi padre. —Espetó con tranquilidad, fingiendo una dulce sonrisa que no le quería dedicar—. ¿Por favor?


—¿Para tu padre? ¿Por qué tu padre querría flores? Tu casa está repleta de ellas, debe estar cansado de las gardenias, TaeHyung… —SeokJin se acercó aún más, invadiendo su espacio personal como siempre, robándole un bollo de la canasta para metérselo a la boca. TaeHyung abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido—. Pero para tu suerte, yo amo las gardenias, se verían perfectas adornando mi anaquel de trofeos de cacería.


Tarareó, guiñándole un ojo. TaeHyung ya podría decirle adiós a sus flores.


—Hey, ¡dame eso! —dijo, cuando SeokJin arrebató también su libro y lo ojeó sin cuidado, maltratando las páginas.


—¿Qué es esto? Ugh, aún no entiendo tu gusto por los libros sin dibujos. Los chicos lindos como tú no deberían leer, sólo les dará ideas, les hará… pensar. —exclamó dramático el cazador, con una mueca de disgusto.


TaeHyung le quitó el libro de las manos y lo sacudió en su pantalón. Pasando a su lado.


—Que tengas un buen día, SeokJin. —Despidió TaeHyung, tan amable como podía ser. Pensando cuándo sería el día en que ese hombre se rendiría. No estaba ni un poco interesado en el cazador arrogante.


SeokJin podría tener a todos a sus pies, pues era cierto, era muy apuesto, perfil duro y afilado, una estructura facial ósea propia de un hombre varonil, dentro de lo que cabe. Pómulos altos, labios gruesos, barbilla partida y cabello largo y negro siempre bien atado en su nuca. También tenía un físico envidiable, alto y musculoso, TaeHyung a veces reía a sus adentros con el pensamiento de que ese hombre podría tener músculos en los músculos, pero no era algo que realmente le llamara la atención.


Y todo lo atractivo que SeokJin tenía, se iba completamente a la basura cuando lo escuchabas hablar. Dios mío, TaeHyung ya podía rodar los ojos sólo de pensarlo. Era un macho mujeriego con todas sus letras, arrogante, soberbio y egoísta. TaeHyung no tenía tiempo para perder en un hombre hueco y superficial, tosco y poco amable. Le tenía especial pena a las pobres muchachas que le seguían a todos lados, suspirando por él y babeando el suelo que pisaban.


Todas esas chicas eran lindas, y bien acomodadas, entonces… ¿Por qué SeokJin seguía tras él?


—Oh TaeHyung, no te vayas tan pronto, no es como que tengas algo más importante que hacer... ¿verdad? —SeokJin se colocó delante de él nuevamente, limpiando sus pulcros y rectos dientes con su lengua —. Podrías enfocarte en lo que es realmente importante, por ejemplo... yo.


TaeHyung sonrió, sólo porque le pareció ridículo. Acomodó un mechón de su cabello dorado detrás de su oreja.


—Tengo que ayudar a mi padre, SeokJin —repuso suavemente.


—¡Y vaya que necesita ayuda!


El –incluso más molesto– amigo de SeokJin apareció detrás de él, y ambos hombres comenzaron sus risotadas. TaeHyung frunció las cejas, molesto.


—¡Hey! ¡No hables así de mi padre! —exclamó con las orejas rojas. SeokJin dejó de reír y le pegó un buen golpe en la nuca a su compañero.


—¡Si! ¡No hables así de su padre!


—Mi padre no está loco.


TaeHyung apenas dijo, y a sus espaldas pudo escuchar un estruendo, mirando hacia atrás, en su casa, la fumarola gris saliendo del cobertizo. Corrió tras él, dejando a SeokJin y EunGi detrás.


—¡Eres un imbécil! ¡Te dije que esas bromas son sólo cuando él no está! —Le gruñó el cazador, golpeándolo en el brazo. Su mano derecha se quejó con dolor.


—Pero fue divertido, ¡te reíste! —La mirada que le dedicó le hizo ahogar su risa, y pronto cambió de tema—. ¿Y ahora que harás? Otra vez se te escapó.


—Aún no lo sé, pero tarde o temprano, TaeHyung será sólo mío. Ya verás.


.

.

.


—¡Papá! ¿Estás bien?


TaeHyung bajó los escalones corriendo, tosiendo como un loco por la fumarola negra en el interior. Pronto encontró a su padre con la cara llena de hollín, tosiendo de igual forma.


—Oh Tae, estás aquí… —Su padre corrió a abrazarlo, pero se separó rápidamente cuando recordó que estaba sucio—. ¿Qué haces aquí tan temprano?


—Bueno, no había mucha gente en la librería hoy así que decidí cerrarla temprano para venir a verte, y qué bueno que lo hice, parece que estás teniendo problemas. —TaeHyung le echó un vistazo a la nueva máquina que su padre estaba preparando para la feria de mañana, un sistema de poleas que debería ser útil para cortar madera.


—¡Y sí que los tengo! ¡Estoy considerando abandonar esta chatarra inútil! —Manoteó al aire, frustrado. TaeHyung se acercó a él.


—Papá no hables así, apuesto a que tu invento ganará el primer lugar en la feria y serás el mejor inventor del país. —animó el muchacho.


—¿De verdad piensas eso? —TaeHyung le sonrió, asintiendo repetidas veces.


—Siempre lo he pensado. —Su padre dio un salto.


—¡Entonces qué esperamos! ¡Voy a arreglar esta cosa lo más rápido posible! Tae, pásame la pinza opresora divergente, ¡vamos, vamos!


Su padre volvió a su invento, más emocionado que antes, TaeHyung rió divertido y buscó entre sus herramientas, dejando su canasta en el mueble.


Pronto se puso a pensar.


—Papá, ¿Crees que soy extraño? —dijo pasándole la pinza. Su padre detuvo todo y le miró estupefacto.


—Mi hijo, ¿Extraño? —se burló con ironía—. ¿Quién te metió esas ideas a la cabeza?


TaeHyung hizo una mueca, desanimado de repente.


—No lo sé… nunca me he sentido feliz aquí. Todos me miran extraño y nunca hay nadie con quien hablar. —suspiró, soplando el mechón de cabello dorado que caía por su frente.


—Pero ¿Qué hay de ese muchacho? Ese… el cazador —dijo, intentando recordar su nombre—. Ah sí, ¡SeokJin! Es un joven guapo y acomodado.


TaeHyung rodó los ojos.


—Sí, es guapo… y tosco, rudo, engreído, soberbio, malcriado y…


—Tae, Tae, tranquilo hijo, no creo que sea tan malo.


—Es sólo que creo que no es para mí.


—Bueno, bueno, pero deja de preocuparte, este invento será el comienzo de una nueva vida para los dos. Confía. —espetó, terminando los últimos ajustes—. Listo, veamos si funciona.


Jaló la palanca, y efectivamente, el hacha había rebanado los troncos con facilidad y rapidez, TaeHyung aplaudió feliz y abrazó a su padre con emoción.


—¡Lo lograste! ¡Te lo dije!


—Prepara a Phillipe, TaeHyung, ¡Me voy a la feria!


Se despidió de su padre un par de horas más tarde, una vez terminado su invento y juntado sus cosas para la feria.


—Cuídalo bien, Phillipe —besó al caballo y agitó su mano hacia su padre—. ¡Mucha suerte, papá!


—¡Nos vemos pronto, cariño! —gritó el hombre, alejándose ya.


Una vez en el camino, revisando su mapa después de unas cuantas horas de viaje, estaba teniendo la ligera sospecha de que se habían perdido. Enfocó los ojos en el papel, acercando más la luz.


—Estuvimos aquí hace un rato, estamos yendo en círculos, Phillipe. —se quejó el hombre mayor, mirando preocupado el camino lleno de neblina.


Siguieron derecho, la oscuridad cada vez más densa en el bosque. Pronto se encontraron con dos caminos y el hombre quiso jalar de sus cabellos, desesperado.


—Creo que es por allá —dedujo, el camino más oscuro y tenebroso. El caballo relinchó y retrocedió un poco—. Vamos Phillipe, no seas miedoso. Es un atajo, llegaremos en un dos por tres.


Terminaron yendo por ese sendero. El frío estaba calándole los huesos y la neblina ahora a la altura de sus ojos no le permitía ver ni siquiera un poco, y comenzó a preocuparse. Ya era tarde, se supone que ya debieron haber llegado hace tiempo. El crujido de las ramas cerca de ellos le puso alerta, tanto a él como a su caballo. Los búhos a lo lejos eran un sonido extra en el mismo lugar, y entonces... escuchó los gruñidos.


Lobos.


Dio marcha nuevamente, el caballo asustándose, pues los animales comenzaron a rodearlos.


—¡Phillipe, no te detengas! —gritó asustado. Los lobos alcanzándolos por detrás.


Casi caen por un acantilado intentando escapar, Phillipe volviéndose loco, parándose en dos patas, y él había caído al suelo, la lámpara de keroseno rompiéndose al impactar con el suelo también y su única luz se había terminado. Phillipe salió corriendo, dejándolo sólo, los lobos yendo tras él.


—Ay no, no... —se lamentó, agitado y asustado, sosteniendo su capa para cubrirse del frío. Iría en busca de un refugio en una noche tan peligrosa.


Caminó un rato, luego de que la lluvia le mojara hasta la consciencia, pero, para su suerte, se topó con una enorme reja oxidada, y al levantar la vista, abrió la boca sorprendido. Un castillo. Era su salvación.


La reja se abrió para su sorpresa, y caminó por el sendero largo hasta llegar a la enorme puerta.


Tocó ésta un par de veces, llamando a quien pudiera escucharlo, pero la puerta se abrió, y él, tontamente, asomó la cabeza.


—¿Hola? —Llamó nuevamente, sus dientes castañeando por el frío—. ¿Hay alguien aquí? Lamento tanto interrumpir, la puerta estaba abierta. ¿Hola?...


Nadie respondía, así que dio un rápido vistazo a su alrededor. Estaba vacío y polvoriento, la única fuente de luz era la de la luna que entraba por algún lado en el techo.


—¿No hay nadie? Mi caballo fue ahuyentado por los lobos y estoy lejos de casa, no tengo donde refugiarme. —y nada. Tal vez estaba abandonado.


.

.

.


Hey, ¿escuchaste eso? Oí algo.


Yo no escuché nada.


—¿Hola? —el hombre llamó de nuevo y ambos jadearon sorprendidos.


¡Es un hombre! —exclamó, emocionado. Su amigo le calló.


No, no, no... esto no puede ser, debemos ahuyentarlo, si el amo se entera de que está aquí, él... —se calló, pues el señor estaba acercándose a ellos. Volvieron a su posición, cerrando los ojos y quedándose bien quietos.


Tomó el candelabro encendido, aliviado de hallar algo de luz, y siguió caminando, hasta que una risita le alertó.


—¿Quién fue? ¿Hay alguien ahí? —exclamó, mirando a todos lados.


Sea bienvenido, caballero —Se congeló en su lugar.


—¡¿Quién dijo eso?!


Aquí. —Volteó y el simpático candelabro le había regalado una sonrisa— Aló.


Lo dejó caer, dando un brinco y echándose para atrás. ¡Había hablado! ¡El candelabro habló!


—¡Te dije que te quedaras callado, HoSeok! ¡Estaremos en problemas por tu culpa! —El viejo hombre cayó sentado al suelo, mirando como un reloj de cuerda bajaba de un mueble con el ceño fruncido.


—¡Es un pobre hombre que necesita refugio, YoonGi! No puedes ser tan cruel… —musitó el candelabro, sacudiéndose el polvo.


—Pe-pero, ¿Qué está pasando? —tartamudeó el pobre hombre, tallando sus ojos al creer que estaba alucinando.


—Señor, lo siento, pero usted debe regresar a casa —El reloj espetó de brazos cruzados.


Quiso decir algo, pero su nariz picó y un estruendoso estornudo hizo eco por las paredes.


—No, no… Pero ¿qué estás diciendo? Míralo, este pobre hombre seguro ya atrapó un resfriado. No pasará nada con que se quede esta noche. —Se puso de pie, sorbiendo la nariz—. Venga conmigo, acérquese al fuego, caballero.


El candelabro saltó hasta el salón contiguo, donde la llama de una chimenea se encendía. El hombre sonrió ladino, y le siguió, aún confundido pero aliviado.


Supuso que esto sería un simple sueño y mañana despertaría para ir a la feria y ganar su ansiado premio.


—¡No! ¡no en el sillón del amo! ¡HoSeok! ¡¿Perdiste la cabeza?! —El reloj llegó detrás de ellos, intentando hacer algo por evitar el desastre, que sabía, estaba a punto de ocurrir.


Por la puerta escuchó unos agudos ladridos, y pronto sus pies estaban sostenidos por un reposapiés que… ¿ladraba y movía la cola?


—Oh vaya, este sueño es extraño en verdad… —dijo, más fascinado que asustado ahora y se dejó atender por los muebles que extrañamente se movían.


Se dejó calentar por la manta y el fuego lento de la chimenea, incluso pudo conversar con una simpática tacita de té que le preguntaba cosas, como un niño curioso.


De pronto, una ventisca helada entró por la puerta, apagando las llamas de la chimenea y logrando que sus vellos se pusieran en punta.


La habitación se tornó oscura y comenzó a temblar.


—Ay, no… —exclamó tembloroso el reloj y fue a esconderse detrás de su compañero.


Un gruñido grave y ronco invadió el salón y el pobre hombre no pudo moverse de su lugar, quedándose pegado al asiento con los dientes chasqueándole como castañas.


A su costado, una enorme sombra apareció, bufando un vaho caliente que salió por las fosas nasales de la enorme criatura, y volteó, encontrándose con unos ojos celestes brillantes y aterradores, unos colmillos grandes y afilados en un hocico, el cual se abrió, gruñéndole con una voz casi de ultratumba.


—¡¿Qué haces en mi castillo?! —Pronto salió de su asiento, cayendo al suelo, pues sus piernas no respondieron y pudo sentir que se orinaría encima.


—A-amo, permítame explicarle, este hombre estaba... —Otro gruñido, y esta vez —irónicamente—, hasta los muebles se escondieron donde pudieron.


El hombre escuchó un estruendo, cerrando los ojos con fuerza, antes de ser levantado en el aire y llevado a lo que él creía, sería su fin.






[…]






SeokJin acomodó su saco y peinó su cabello una vez más en el reflejo de su escopeta. Mientras EunGi iba de aquí allá preparando lo que sería el festejo.


—¿Estás listo?


—Qué pregunta tan más estúpida, he estado listo desde el primer momento que ese chico pisó el pueblo. No sabes la alegría que le voy a causar a TaeHyung con mi propuesta.


SeokJin había hecho —sin consentimiento alguno de nadie— los preparativos para su boda con TaeHyung, mientras éste, por supuesto, no estaba enterado, ni mínimamente interesado, como muchas veces ya lo había dejado claro el muchacho. Pero el cazador, como el completo imbécil que es, estaba seguro de que el chico sólo se estaba haciendo del rogar, y eventualmente, cuando apenas pronunciara el sí, afuera de su hogar estaría lista la boda para ambos.


—Voy a entrar, recuerda tener listo todo. —El hombre caminó decidido hasta la puerta, y tocó una sola vez, a la espera de su...


TaeHyung abrió la puerta, luego de rodar los ojos al ver quién estaba detrás. SeokJin se abrió paso dentro de la casa, sin permiso.


TaeHyung tuvo que contar hasta diez y cerró la puerta—. SeokJin, qué bonita sorpresa...


—Lo sé, además de que soy bastante oportuno. —TaeHyung apretó los labios, queriendo soportar las muecas que quería dedicarle a aquel hombre.


—¿A qué te refieres?


—Bueno, esta mañana estaba pensando en venir a darte la noticia de tu vida. —TaeHyung corrió hasta donde SeokJin había tomado lugar, para quitar su libro de la mesa antes de que sus sucias botas lodosas mancharan las hojas al subir los pies en ella.


—¿Tan así? —espetó TaeHyung, guardando el libro en el mueble a su lado.


—¡Sí! Verás, estaba imaginándome esta mañana la vida perfecta, ya sabes, un arduo día de cacería, la cabeza de un enorme alce colgando arriba de la chimenea, yo sentado cómodamente en mi silla, y mi lindo esposo… masajeando mis pies. —SeokJin le guiñó un ojo y TaeHyung levantó sus cejas, incrédulo.


—Oh, ¿En serio? —TaeHyung dio un par de pasos atrás cuando SeokJin se levantó y caminó hacia él.


—Sí, TaeHyung, ¿No te parece perfecto?


—Uhm, claro SeokJin. Realmente espero que lo consigas. —TaeHyung se hizo el desentendido, esquivando al hombre por su sala, hasta que terminó acorralado contra la puerta.


—Oh TaeHyung, esa es tu buena noticia, adivina quién tendrá la dicha de ser mi esposo… —TaeHyung tragó saliva y miró a otro lado, nervioso.


—No me digas…


—¡Exacto! Este es tu día de suerte, precioso, ¿Qué dices?


—Wow, SeokJin… me halagas, en serio, pero yo creo… creo que no te merezco, ¿Cómo podría? —Excusó TaeHyung amablemente, abriendo la puerta cuando SeokJin se inclinó con la intención de besarlo.


Se hizo a un lado cuando la puerta abrió y SeokJin cayó de bruces al suelo. TaeHyung cerró la puerta con seguro de inmediato, disculpándose antes.


El muchacho suspiró, soplando el mechón color caramelo que cayó rebelde por su frente y esperó a que SeokJin se fuera para salir.


—¿Yo? ¿Esposo de ese patán arrogante? ¡Está loco!


Minutos más tarde, se asomó por la puerta, y al ver que todo estaba despejado, salió con su canasta, justo para darle de comer a las gallinas. Tarareó nuevamente una canción mientras caminaba hacia el pastizal detrás de casa y se sentaba en el suelo, para poder mirar la puesta de sol.


Su tranquilidad duró muy poco, cuando Phillipe llegó relinchando hacia él, alterado como nunca.


—¿Phillipe? —Acarició el hocico del caballo, intentando calmarlo, hasta que vio que detrás, cargaba el invento de su padre, pero él…— ¿Dónde está papá? ¡¿Qué fue lo que pasó?!


TaeHyung se deshizo de la carreta que llevaba a cuestas y subió a su caballo, pidiéndole que le llevara donde se encontraba su padre.


.

.

.


Su destino no fue mejor de lo que imaginó, pues ahora se posaban frente a una enorme reja de un sombrío castillo. Tan lúgubre como el sonido de los búhos entre los árboles.


TaeHyung corrió dentro, al encontrar el sombrero de su padre en el suelo. La enorme puerta estaba abierta, y llamando a quien sea que pudiera encontrarse, caminó por los pasillos del castillo.


—¡¿Hay alguien?! Estoy buscando a mi padre… ¿Hola? —levantó la voz, mirando hacia todos lados. Nada, sólo frío y silencio.


Unos curiosos ojos miraron con sorpresa al muchacho, quien con la mirada preocupada recorría el salón. Una sonrisita y salió saltando de regreso a la cocina.


—¡Mamá, mamá! ¡Hay un niño en el castillo! —La tacita de té saltó hasta su madre, mientras ésta estaba con sus hermanos en la alacena, preparándolos para dormir.


—¿Qué fantasías te inventas ahora, Jimin? Ven ya a dormir.


—¡No! ¡No son fantasías, te lo digo en serio! —En ese momento, una de sus compañeras, el plumero, se asomó entusiasta.


—¡Hay un chico! ¡Vi a un chico en el castillo!


—¡¿Ves, mamá?! ¡Te lo dije!


.

.

.


TaeHyung escuchó unos ruidos extraños venir de unas escaleras en caracol. Sin dudarlo, siguió los murmullos hasta dar con un oscuro lugar.


—¡Papá! ¡¿Pero qué te pasó?! —El rubio corrió hasta la pequeña reja situada al fondo, donde su viejo padre tosía y temblaba de frío. Se agachó para tomar su mano— ¿Quién te hizo esto?


—Tae… vete de aquí, ¡Vete! —El pobre hombre rogó a su hijo, pero TaeHyung no cedería.


—¡No me iré a ningún lado! ¡Dime quién lo hizo!


Sus palabras quedaron atoradas en su garganta, cuando alguien le haló con fuerza del abrigo, arrastrándolo lejos. Un gruñido bajo retumbando por las paredes.


TaeHyung jadeó, sus palmas resintiendo el golpe contra el suelo al intentar sostenerse de algún lado. La luz de la luna entrando en un halo resplandeciente por el ventanal del techo. Dejándole ver apenas la sombra de la persona que estaba frente a él.


—¡¿Qué haces aquí?! —Una voz bestial le heló la sangre, TaeHyung tembló en su lugar. Sin embargo, se armó de valor y habló fuerte.


—Vine a buscar a mi padre, ¿Qué te ha hecho para que lo tengas encerrado? ¡Vengo a llevármelo!


—Tae… —el hombre advirtió, pero TaeHyung lo ignoró. Sus rosados labios temblando.


—Él no irá a ningún lado, es mi prisionero. —Gruñó.


—Pero ¡¿qué ya hecho?! ¡¿Quién eres?! —Volvió a preguntar, pero fue inútil, esa persona no contestaba.


TaeHyung sabía que su padre estaba enfermo, y estar en un lugar así iba a acabarlo. La preocupación y el miedo le arrastraron a tomar una decisión en ese momento; no tenía idea si se arrepentiría pronto, pero no podía dejarlo morir ahí.


Volteó, decidido, y tragando el nudo en su garganta, habló: —¡Yo me quedaré! Pero a cambio, tienes que dejarlo ir...


Un silencio les envolvió, como si esa persona estuviera pensando seriamente su sacrificio.


—Tú... ¿tomarías su lugar? —La profunda voz apaciguó su tono un rato después, y una de las cejas de TaeHyung se levantó con duda. Se acercó un poco más.


—Sal a la luz… —inquirió Tae, entre asustado y curioso.


Un bufido, y después… una pezuña arrastrándose a su vista. TaeHyung abrió los ojos y dio un paso hacia atrás cuando frente a él, una criatura enorme, casi como si fuera un animal, le miraba con ojos nublados y colmillos sobresalientes.


Cayó sentado al suelo, más sorprendido que asustado, mirando fijamente los ojos celestes de la bestia.


—Tae, no hagas esto… por favor… —su padre le rogó a sus espaldas. Pero TaeHyung no iba a permitirse echarse haca atrás, él debía hacer lo que debía hacer.


—Si es así, tú… tendrás que quedarte... para siempre. —espetó la bestia, gruñéndole nuevamente. TaeHyung miró a su padre una última vez y se levantó, sacudiéndose el polvo.


Respiró hondo y apretó los puños.


—Te doy mi palabra.


En un parpadeo, la bestia sacó a su viejo padre del confinamiento y lo arrastró por el suelo hasta las escaleras.


—¡No, Tae, yo me quedaré! ¡Yo soy viejo, yo ya viví mi vida! ¡Tae!


TaeHyung cayó de rodillas, llamando a su padre en un intento inútil, pues ya había desaparecido de su vista. Se echó a llorar, escuchando cómo los gritos de su padre se ensordecían conforme la lejanía, hasta perderse y no escuchar más que sus amargos hipidos, en medio de la oscuridad de aquel castillo.


Y estaba hecho, ese iba a ser su lugar, encerrado como prisionero de una Bestia, de ahora, hasta siempre...


27 de Septiembre de 2020 a las 22:33 9 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará… Nuevo capítulo Cada 15 días.

Conoce al autor

Samantha Wolf ¡Hey! mi nombre es Sam, pero puedes llamarme Wonder. Soy fotógrafa y artista digital que disfruta de escribir historias por pura diversión. Mis géneros son el fluff, romance y fantasía, pero algunas veces... escribo cosas un poco retorcidas. Gracias por leerme y entrar a mi mundo. Y si te gusta lo que hago, puedes apoyarme económicamente en Ko-fi: https://ko-fi.com/wonderwhy ¡Cambio y fuera, forastero!

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Salet He Salet He
Amo mucho la bylb y también am tk osea esto es más que perfecto para mi 😔💜
Kimberly García Kimberly García
¿Sabias que hay una versión francesa de la bella y la bestia pero en película?
Kimberly García Kimberly García
Esto está interesante.
SB Sandra Boom
Me encatoooo ❤❤❤❤
October 01, 2020, 01:14
Kiki Kiki
Que hermoso 💕 Dios! Lo ame
September 30, 2020, 23:20
J.L J.L
Ohhhh. Si esto es una adaptación de la película. En si te estás guiando por la vieja y la nueva, no? La que Emma Watson hizo? Pregunto.
September 28, 2020, 00:10

  • Samantha Wolf Samantha Wolf
    No realmente, en este caso únicamente me estoy basando en la película animada, honey. September 28, 2020, 04:47
  • J.L J.L
    Ohh ya, ahora si que entendí un poquito. Gracias por responder! :3 ten lindo día/tarde/noche September 29, 2020, 15:19
Cyhellth Ghx Cyhellth Ghx
Pobre Tae bebé ♡
September 27, 2020, 23:03
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