Cuento corto
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Un rostro nuevo, como zapatos viejos

Un rostro nuevo, como zapatos viejos


Vuelven a ser las 4 am en la celda de recompensa. La cucaracha del tedio pasea por mis vértebras marcadas. La humedad me saluda y alfombra el suelo. Un ratón se ha comido a un elefante que se balanceaba sobre la tela de una araña. Me ignora. La luz de la luna ilumina el baile de dos motas de polvo mientras mi respiración marca el compás. El rito de apareamiento de la nada, cuando encuentra nada.


La cucaracha me susurra y no me habla de nada, por eso es mi amiga. Llega la primera comida y es ácida. Me quiero mover y salto y me golpeo contra el techo. Saludo al sol que me ilumina la clavícula. Saludo al viento que quiere entrar por donde el Sol y no cabe. Y no me da aire y me apaga, poco a poco.


Tengo un vis a vis con el espejo roto y aparece un hombre que sonríe y tampoco me habla. Y me quiere. Y me abraza y me besa. Me roza...me teme.


Me busco la libertad entre las costillas y encuentro un hueco. Entro y entro y me doblo sobre mí. Y entra mi cabeza y entran mis hombros y abro esas costillas para que todo en mi pueda entrar.


Y hallo un prado. Y corro y respiro. Y siento libertad.

2 de Agosto de 2020 a las 17:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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