hermaire Mairene Torres

Los Eisenberg, una familia judía que, despojada de sus bienes entre los que destacan lo que había sido una próspera floristería y desesperados por el exterminio que ha estado sufriendo su pueblo durante la guerra, tratan de sobrevivir en pleno Berlín y se ven en la necesidad de aceptar el ofrecimiento de la familia Müller de esconderse en su casa; después de todo Benjamin Eisenberg y Hanna Müller estaban comprometidos y planeaban casarse cuando acabara la guerra. Desgraciadamente son descubiertos por Dedrick Schneider, un Standartenführer ambicioso, recién nombrado comandante de Auschwitz - Birkenau. Herr Schneider, que había estado terriblemente obsesionado con Hanna Müller, decide llevarla junto con la familia judía a Auschwitz en calidad de prisionera como castigo por haber protegido a una etnia considerada por los nazis como una de las mayores amenazas para el tercer Reich. A causa de los acontecimientos Hanna y Benjamin ven cada vez más lejano el día de su boda y en cambio tendrán que aprender a sobrevivir dentro de uno de los peores campos de concentración y exterminio del holocausto tratando de no perder la esperanza.


Histórico Sólo para mayores de 18.

#romance #guerra #nazis #alemania #rosas #obseción #Campos-de-Concentración #Judíos
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Tiempos difíciles

¿Qué es la esperanza? ¿Por qué tanta gente se aferra a ella en momentos de adversidad? Para algunos puede ser una palabra vacía, un placebo para soportar el dolor o un eufemismo para describir una fantasía, pero sin lugar a dudas los que le han dado a la palabra la definición de confianza de lograr un anhelo, son los que han salido victoriosos en cualquier empresa. Sea lo que sea, la esperanza es un sentimiento fuerte, capaz de impulsar a quién sea a lograr lo que se proponga y de no haber sido por ella quizás esta historia jamás hubiese sido contada.

Hanna se encontraba acostada en su lecho de muerte, había vivido ya cien años y dentro de ellos muchos acontecimientos históricos que marcarían su vida. Muchos fueron negativos y tantos otros bastante positivos pero siempre tuvo presente que la esperanza era la última que se debía perder y si lo hacía pues entonces había que buscar la forma de recuperarla.

Los ojos azules y cansados de la mujer buscaron por instinto las hermosas rosas carmesí que yacían plantadas (por petición de ella misma) en un macetero blanco sobre la cómoda que estaba junto a su cama, aunque a duras penas distinguía un bulto rojo en medio de la bruma que le causaba la degeneración macular de sus ojos. Bajó los párpados y aspiró el perfume de las flores, ese que le traía tantos recuerdos de un pasado que ya no le parecía tan lejano.

Alrededor de la cama de la anciana como siempre estaban sus hijos, nietos y bisnietos cuidando de ella, vigilando cada respiración, sobre todo el doctor Waldo Hoffmann, su cardiólogo además de nieto.

Todos sabían que su querida viejita se estaba yendo, que su luz se iba extinguiendo conforme pasaban las horas pero la sonrisa que tenía en los labios les hacía pensar que al menos se estaba yendo feliz.

Hanna siempre había sido una madre y una abuela dulce a pesar de todo lo que le había tocado experimentar. Había vivido la vida con gallardía e incluso, a diferencia de otras personas, ella jamás había tenido problemas en rememorar incluso los hechos más difíciles por los que había pasado.

Ella vio arder su país en los años más álgidos de la guerra, fue recluida en un campo de exterminio, se vio forzada a abandonar su país por muchos años para huir de los desmanes y atrocidades cometidas por los soldados que invadieron Alemania al final de la guerra. Eran demasiadas las cosas que los ojos cansados de la abuelita habían visto en su larguísima vida pero nunca tuvo reparos en atestiguar los hechos, se los contaba a todo el que quisiera saber.

Muchas veces sus hijos, nietos o los hijos de estos se habían amontonado a su alrededor para escucharla hablar de los tiempos de la guerra. Por su casa habían pasado periodistas, historiadores, gente curiosa. Estuvo en varios documentales para National Geaografic y Discovery respectivamente. Incluso en los últimos años se había dedicado a escribir sus memorias porque pensaba publicarlas. En realidad se dedicó a dictarlas para su nieto Alfred (el poeta) un joven bohemio que estudiaba literatura y artes dramáticas en una prestigiosa universidad de Berlín y uno de los que más amaba escucharla.

—No puedo imaginar que será de nosotros sin ti, abue —dijo el pobre Alfred mientras le tomaba la mano.

—La vida sigue, mi pequeño Alfred —respondió la anciana con debilidad pero al mismo tiempo con una gran entereza nacida de su espíritu—. De alguna forma estaré con ustedes en mis memorias...

—Alfred, deja descansar a la abuela, mi cielo —solicitó su madre mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo.

—Déjalo, Anke —respondió la propia Hanna—, ya descansaré después. Ahora quiero que sepan que me siento muy afortunada de tenerlos a todos conmigo ahora, cuando saben que por mucho tiempo no creí poder tener el privilegio de morir así.

—Abuela...

—Lo único que les pido es que sean felices y... que no dejen morir el rosal, ya saben lo importante que es para mí.

—Te ayudó tantas veces, mamá —musitó su hija Heidi acariciándole el rostro—. Lo sabemos. Puedes estar tranquila.

Hanna volvió a sonreír y a cerrando los ojos. Sus recuerdos fueron haciéndose cada vez más vívidos, incluso casi pudo oler el perfume floral de su madre o escuchar el caminar firme y certero de su padre por toda la casa, o la voz dulce de Benjamin y su sonrisa angelical cuando llegaba a su casa para visitarla, quitándose el sombrero mientras le ofrecía un ramo de rosas rojas, las favoritas de Hanna.

La mujer se entregó a sus recuerdos, estos la jalaban inexorablemente hacia el pasado...

Los Müller eran una familia cristiana católica a diferencia de los Eisenberg que eran judíos. No obstante esas diferencias culturales y religiosas jamás habían sido un obstáculo para que ambas familias forjaran una maravillosa amistad desde hacía algunos años atrás y desde luego tampoco empañarían los sentimientos que con el tiempo fueron naciendo entre Hanna Müller y Benjamin Eisenberg, el hijo menor de la familia.

A nadie parecía importarle la estrecha amistad entre la familia alemana y la judía, al menos no en ese vecindario. No obstante con el pasar del tiempo el antisemitismo férreo comenzó a intensificarse en todo el país debido a la propaganda esparcida en ese entonces que de alguna forma hacía ver a las personas de origen hebreo como gente astuta, malvada e indeseable, que solo buscaba ganarse el favor de los demás. Posteriormente, con los años fueron obligados a registrarse en un gran censo para que en sus identificaciones personales apareciera reflejado su origen étnico. Más tarde se vieron forzados también a identificar sus negocios, colocando carteles en las vidrieras.

«Negocio judío»

La floristería Schöner Garten (bello jardín) era una de las más grandes y prósperas de todo Berlín, fundada hacía varios años. Diariamente despachaban desde una simple rosa solitaria hasta ramos enteros para agasajar damas y adornar salones de fiestas. Ocupaba toda la planta baja de un edificio de tres pisos y era atendida por la propia familia. Fue bastante venturosa desde su fundación cuando Deborah y Joseph se instalaron en la ciudad al emigrar desde su natal Fránfort del Meno pero lamentablemente, dado a los últimos acontecimientos políticos su productividad había bajado considerablemente, mucho más cuando se vieron obligados a identificar la vidriera de la tienda (muchas personas influenciadas por las propagandas antisemitas o por convicción propia ya no estaban interesadas en comprar productos a los judíos)

Los Eisenberg vivían en los dos pisos superiores de la propiedad y, a pesar de que tenían espacio suficiente para los seis miembros de la familia, Noah (el hijo mayor de Joseph y Deborah) estaba intentando comprar una nueva vivienda para mudarse con su esposa Judith y sus hijos gemelos de tres años: Jared y Joshua pero desgraciadamente ningún agente inmobiliario, al conocer su origen étnico quiso venderles un hogar.

—Todo esto es un atropello. Cuando regresaba del restaurante vi que unos chicos estuvieron arrojando piedras a una sinagoga —reprobó Franz Müller cuando entró a la floristería de su amigo Joseph, ubicada a unas cuantas cuadras de su casa. Bajó la voz hasta convertirla en un murmullo para que solo su amigo escuchase—, y hay otros que se han plantado afuera de los negocios judíos a gritar improperios. No debieron haberlos marcado.

—Así están las cosas ahora, pero mi familia y yo estamos muy orgullosos de lo que somos y no pretendemos esconderlo —afirmó Joseph en el mismo tono de voz.

—No se trata de eso sino de lo que pretenden en el fondo —comentó Franz—. Quieren marcarlos, tenerlos identificados quién sabe con qué macabro fin.

—Deborah opina igual que tú —reconoció su amigo mientras recortaba los tallos de algunos girasoles para ubicarlos en un ramo—, incluso le prohibió a Benjamin que siguiera paseando con Hanna por Postdamer Platz. No te ofendas, querido amigo —se apresuró a añadir y después de echar un nuevo vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie los escuchaba continuó—: Es para protegerla porque quien sabe que podría pasar si se enteran de que tu hija alemana anda en amores con un joven judío.

—Benjamin también es un ciudadano alemán —le recordó Franz aunque no hacía falta la aclaración.

—Pero quién sabe por cuánto tiempo más.

—¿A qué te refieres?

—Vamos, Franz, las cosas no pintan nada bien para la gente como nosotros desde que... ya sabes.

—Desde que el Führer se hizo con el poder —completó Franz con un dejo de rabia en el tono de la voz aunque sin dejar de susurrar. No obstante Joseph se escandalizó.

—¡Shhh! Alguien podría escucharte. Será mejor que cambiemos el tema. —lo interrumpió.

—Está bien, será mejor que cuando termines vayas a casa para que conversemos con más tranquilidad —propuso Franz.

Franz Müller que era chef y contador, había heredado de su abuelo un exitoso restaurante ubicado en la avenida Under den Linden al que llamó Ragweed que era su plato favorito. Tenía a cargo varios empleados y sin ser extremadamente rico, Franz era un hombre acomodado debido a que su negocio era visitado por muchas personas (quizá por su privilegiada ubicación) pero lamentablemente y desde que el Führer había ascendido tras ganar la ley habilitante que le dio pleno poder sobre el país, también era frecuentado por los paramilitares Nazis.

A diferencia de Joseph, no podía quejarse de su prosperidad pero lo que sí lamentaba profundamente era que el gobierno le había prohibido tajantemente recibir en su negocio a cualquier persona perteneciente a etnias minoritarias, especialmente a los judíos.

Hanna también amaba la cocina como su padre e incluso se hacía cargo del negocio familiar por las tardes cuando regresaba del colegio donde trabajaba como maestra.

De Angelika, su madre, Hanna había heredado la belleza, esos expresivos ojos azules y su nobleza. De Franz el orgullo y ese carácter impetuoso que muchas veces les trajo problemas. Simplemente no toleraban las injusticias, pero últimamente ser «irreverente» podría resultar muy peligroso y esa era la razón por la cual Angelika le había suplicado a su marido no resistirse a la resolución de abstenerse de recibir a los considerados «indeseables» por más que esto le causara pesar hasta a ella misma.

Lo único a lo que los Müller no estarían dispuestos a renunciar jamás era a su amistad con los Eisenberg, así tuviesen que mantenerla en secreto. Hanna y Benjamin mucho menos estaban dispuestos a terminar su relación por muy peligrosa que se estuviese volviendo dado a los acontecimientos. Por consejo de Deborah la pareja ya no paseaba abiertamente por las calles o avenidas de la ciudad y Benjamin se abstenía de reunirse con su novia a las afueras de la escuela donde trabajaba.

Toda esa situación los sacaba de quicio pero nadie imaginó que todo iría de mal en peor.

En una ocasión, cuando Hanna casi llegaba al restaurante de su padre notó que se había formado en la puerta un altercado. Observó atónita como un grupo de cinco miembros de la SS golpeaban a un par de hombres.

Ella corrió para llegar más rápido y cuando lo hubo hecho se dio cuenta de que los agredidos no estaban tan lastimados como pensaba pero aun así sangraban: uno por la nariz y el otro por la boca .

—¿Qué sucede frente al restaurante de mi padre? —preguntó la muchacha atónita e indignada.

Uno de ellos que parecía ser de rango superior a los demás debido a las condecoraciones de su uniforme lucía una sonrisa de satisfacción al mirar a los muchachos que había mandado golpear, sangrando mientras se sujetaban las costillas.

Era un hombre atractivo, de ojos grises, cabello rubio engominado y peinado hacia atrás, con un aire de arrogancia cuando hablaba al dirigirse a los hombres que estaban en el suelo, a sus pies. Resultaba evidente que a su parecer ese era el lugar más indicado para ellos.

Sin embargo cuando elevó la mirada, al encontrarse con la de Hanna, furiosa pero atractiva se apresuró a quitarse la gorra a modo de respeto. Por unos breves segundos se quedó prendado de la belleza de la joven hasta que reaccionó.

—Este par de ratas estaba intentando ingresar a pesar de la advertencia —respondió el hombre señalando un cartel que representaba la caricatura de un judío ortodoxo rodeado por un círculo rojo y una tachadura del mismo color—. En su identificación figura la estrella ¡Son ratas judías! Y no conformes con eso intentaron sobornar a mis hombres pagandoles cincuenta Reichsmarks a cada uno.

Sus subordinados rieron al escucharlo pero Hanna suspiró hondamente para tratar de llenarse de paciencia.

—No entiendo cuál es el propósito de todo esto. Al fin y al cabo son clientes y si seguimos así nuestra economía se verá seriamente afectada —respondió la mujer para intentar ayudar a los hombres de alguna forma.

El militar rió con el comentario, contagiando a sus compañeros.

—No se preocupe, señorita. Estoy seguro de que a su padre no le faltarán clientes mucho más apropiados

—Pero no somos delincuentes —alegó uno de los hombres mientras se levantaba del piso con dificultad, sin dejar de sostenerse las costillas—. Soy un abogado respetable y mi amigo es médico.

La respuesta de uno de los soldados fue un puñetazo que provocó que Hanna ahogara un grito. No obstante el uniformado hizo una seña a su subordinado para que se detuviera mientras se acercaba al abogado.

—Son judíos y con eso es suficiente. ¡Lárguense! —exclamó mientras arrojaba al piso las identificaciones que ellos se apresuraron a recoger antes de marcharse con la moral y el cuerpo adoloridos.

Posteriormente suavizó el tono al mirar de nuevo a Hanna.

—Es un placer conocerla, no sabía que el dueño de este restaurante tuviera una hija tan hermosa. Siempre vengo aquí con mi amigo Carl —dijo señalando a uno de los hombres de uniforme, cuya presencia destacaba del resto al igual que la suya—. Mi nombre es Dedrick Schneider, Oberstrumbannführer de la SS —dijo señalando una de las insignias que tenía en el hombro de su uniforme—. Jamás la había visto aquí.

—Mi nombre es Hanna Müller. Quizá no me ha visto porque viene cuando estoy en las oficinas, en las cocinas o en otro lado —respondió la muchacha con un tono de voz áspero. Ese hombre le desagradaba mucho y con justa razón.

—Ustedes tres quédense aquí y ya saben que no quiero a ninguna rata inmunda infectando el restaurante. Ahora con más razón —ordenó el hombre a sus subordinados, sonriendo nuevamente para Hanna mientras se hacía a un lado para permitirle el paso.

Él entró detrás de ella acompañado de su amigo.

Después de ese día Hanna veía al desagradable militar nazi en el restaurante de su familia todos los días. Franz le dijo que lo conocía porque efectivamente siempre iba a almorzar o a cenar allí. El hombre siempre le ofrecía una sonrisa a Hanna o le obsequiaba cajas de chocolates que ella acumulaba sin abrir o se los traspasaba a su madre que parecía no darle importancia.

Con el pasar del tiempo en lugar de mejorar, la situación fue volviéndose cada vez más difícil para los judíos pero aun así Benjamin continuaba visualizando un futuro al lado de su novia a la que pronto quería hacer su esposa.

Benjamin ya tenía incluso el anillo de compromiso que pensaba obsequiarle a Hanna esa noche durante la cena a la que él y su familia fueron cordialmente invitados por los Müller. Lo había obtenido en una joyería perteneciente a la familia de un amigo suyo y que estaba pasando por el mismo trance que la floristería de los Eisenberg y todos los comercios de origen hebreo. Tal parecía que lo único que podían hacer los judíos para subsistir en esos tiempos era apoyarse entre ellos.

—¡Cielos, es hermoso! —dijo Judith, su cuñada, analizando la joya mientras le daba vueltas entre los dedos—. Siempre a tu lado —leyó mientras veía la leyenda escrita en idioma hebreo en el interior de la sortija.

תמיד לצידך

—¿Para qué lo mandaste a grabar en hebreo? —preguntó su hermano Noah quitándole la pieza a su esposa Judith de las manos para analizarla—. Ella no habla el idioma y ni siquiera es judía.

—Pero le gusta nuestra cultura y lo sabes bien. Sé que lo va a apreciar —comentó Benjamin recuperando la joya para meterla dentro del estuche.

—De eso no cabe duda —reconoció Noah con una sonrisa—, los Müller siempre han sido grandes amigos nuestros y lo han demostrado al no renunciar a nuestra amistad a pesar de todo, como sí lo han hecho muchos de nuestros conocidos.

—Y clientes —añadió Judith—. Todo esto se ha vuelto tan... hostil. Son tiempos difíciles.

—Y creo que se pondrán aún peores después de lo que sucedió antier —analizó Joseph que llegó en ese momento acompañado de sus nietos gemelos—. Los nazis no perdonarán eso.

—¿Te refieres al asesinato de Ernst Vom Rath? Escuché la noticia en la radio —dijo Benjamin con un dejo de preocupación— ¿Será por eso que la gente estaba un poco alterada hoy? Habían algunos con pancartas gritando consignas ofensivas en contra de nuestra gente.

—¿Quién es ese? —preguntó Judith contrariada, mirando a su esposo en busca de respuestas.

—Es él, mejor dicho, era el secretario de la embajada alemana en París. Fue asesinado por un tal Herschel Grynszpan, un judío polaco pero de origen alemán —explicó Noah con un semblante sombrío.

—¿Creen que las cosas puedan empeorar debido a eso? —preguntó Judith nuevamente.

—Con toda honestidad sí que lo creo pero... —Joseph echó un vistazo alrededor en busca de su esposa—. ¿Dónde está Deborah?

—Descuida, Mamá está bordado en la habitación —respondió Noah, echándole un vistazo a sus hijos que jugaban a lo lejos con un camión de bomberos de juguete.

—No le comenten nada por los momentos —dijo Joseph—, pero estoy seguro de que lo que hizo ese joven hace dos días en París traerá graves consecuencias a nuestro pueblo.

—Es bastante probable debido a como están las cosas últimamente pero ¿Qué tan graves podrían ser? —preguntó Benjamin.

—No lo sé, hijo pero no me gustaría quedarme para averiguarlo, ninguno de nosotros.

—¿A qué te refieres, papá? —preguntó Benjamin un tanto alarmado mientras se levantaba de la silla—. Yo tengo planes, tenemos planes, ¿recuerda? Esta noche voy a pedirle a Hanna...

—Ben, las cosas no están fáciles —argumentó Noah tratando de conciliar.

—Tenemos el apoyo de los Müller —argumentó el muchacho.

—Es cierto, ni a Hanna ni a sus padres les importa que seamos judíos. Ellos han sido amigos de la familia por muchos años, según me ha contado usted —dijo Judith mirando a su suegro.

—Lo sé, hija pero en ningún momento he hablado de renunciar a ellos o a tus planes, hijo —dijo después mirando a Benjamin mientras le colocaba una mano en el hombro—. Hablo de que deberíamos ir contemplando la posibilidad de abandonar Alemania. ¡Escúchame, Ben! —añadió luego al ver que su hijo se preparaba para interrumpirlo—. Esta misma noche durante la cena con los Müller podremos evaluar qué hacer.

Todos sabían que la situación estaba en verdad difícil pero nadie imaginó que tanto empeoraría a partir de esa noche cuando toda la campaña de propaganda antisemita y desprestigio comenzara a surtir efecto en todo el país. A partir de entonces habría un cambio radical para todos, a partir de esa noche sus vidas cambiarían para siempre.

1 de Agosto de 2020 a las 02:37 0 Reporte Insertar Seguir historia
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